viernes, 30 de enero de 2009

El espectador

-Ya, campeón, hagámoslo; tengo que levantarme temprano mañana.

Su pareja le da un par de manotazos a la parte que ha dejado descubierta el pantalón y se la lame; puesto de pie, se quita el calzoncillo y le saca de un jalón la prenda de su chica. Mientras, revisa de refilón el terreno donde soltará la carga. Calcetines afuera, se tumba y ella se lo para con la izquierda, le pasa la lengua, cuando está lo suficientemente dura, se encaja con ella; luego es silencio. Unos cinco minutos de silencio se caen y se rompen de la cama al momento en que ella le dice que le duele un poco el cuello; es ahí cuando sale como un relámpago de la cama y se coloca detrás suyo, la acerca y, ya dentro, se acomoda. Ahora el silencio no es el mismo, hay un ruido de pieles chocando que lo altera, al cabo de un rato la respiración es un resuello y el golpe de pieles, una batería de jazz repetitiva y sin descanso. Uno muge, o eso es lo que parece, la otra no dice nada, guarda silencio como si éste significara algo.

- ¿Puedo usar tu ducha?

No responde, se acomoda en su lugar y se relaja, mantiene su mente en blanco, despejada. Durante la caída del agua y la tos acuosa del tipo que parece de 40 años, ella duerme... Y una persona extraña la observa con obsesión desde afuera, por la ventana...

1 comentario:

Enredada dijo...

todo un placer leerte...
porqué te faltan dos días???
te extraño amigo