miércoles, 31 de diciembre de 2008

No muestres las fotos

- ¿Qué es esto?
- Son fotos, mujer, qué otra cosa van a ser...
- ¡Me dijiste que no las había sacado!
- Las saque, pues, las saqué, quiero mirarlas, ¿eso es tan malo?
- ¡Pero están repetidas!
- Claro, debo tener varias, sino pues...
- Para venderlas a tus amigos, ¿o crees que no lo sé? Mierda, por eso cuchicheaban cuando los saludé. ¡Eres un pendejo, un puto!
- No, mi amor, eso lo será tú o tu madre.
- ¡Hijo de puta, no te metas con mi madre!
- Deja de molestar; además cachamos rico, ¿o no? Te pusiste a gemir como una perrita... ¡Ahora no me vengas con huevadas!

Le aparta con un manotazo. Toma las fotos regadas por la cama. La mujer lo ha sabido desde antes, y ahora está segura. El cuchillo lo saca por debajo del colchón. Su amante está distraído con las fotos. Lo hace. Un movimiento rápido para abrirle todo el cuello. Serrucharlo. Una vez tras otra, como el pollo en algunos mercados. Cartílago que suena a plástico. El cuerpo cae sin su cabeza. Alivio. No se arrepiente de nada.

martes, 30 de diciembre de 2008

No murió el argentino

El monoplano estaba fuera del hangar; los que le veían sospechaban que una máquina como esas no podía ser dirigida por alguno de los presentes, menos por una persona argentina. "El boludo va a creer que está en las nubes con su compadre cada vez que el motor suelte un "che" que tanto le gusta...", dijo uno. "No olvides que uno se siente mejor en su lugar. No por nada dicen que los de su patria tienen el ego tan grande que necesitan jorobar a otros para meterlo"; disparó el que estaba con ojos bien puestos en las ruedas. Y es que a nadie le caía bien el argentino, como es natural; el que estuvieran presentes no era ajeno al hecho de que el avión se impactara más allá de dos metros, tampoco estos exageraban. Ni bien llegó los mandó a hacerse a un costado; el paso hacia atrás fue más por todos en menos de lo que inspirase su volada. Poco a poco comenzó a acelerar; el venezolano notó que algunos militares estaban desde su palco oteando lo que pasaba. Retomamos cuando todo estaba en marcha, hasta el viento que lo tenía bien en alto, subiendo y subiendo, aunque todavía se miraba. Fue la mala maniobra la que los puso contentos, o quizá era la ráfaga inesperada: las dos alas se proyectaron al lado opuesto, lo que quedó giraba, subía para irse inclinando, pronto bajando, rápido; estaba lejos para escuchar el grito, sólo nos dejó el estruendo. ¡Y a pesar de todo estaba vivo!

Declaraciones de un insomne

Era un poco tarde, según las radioemisoras, para empezar algo largo y tendido -según yo-. Lo mejor que podía hacer era iniciar algo que seguiría luego, cosa que para nada era costumbre mía; tal vez por eso recordé que si no hacía algo, no terminaría algo; un poco similar era el asunto de los tiempos y de acabar con lo que se había empezado. La idea de seguir era inútil: muy temprano, en la mañana, tendría que estar tomando un taxi para ir al aeropuerto; una cara feliz me tendría que brotar para lo que me esperaba. Tenía una segura impresión que todo el sexo que no había tenido se me iba a mostrar en la cara (¡Es que eran casi tres años!). A ella ni le molestaría notarlo, a eso la duda de que ría antes que se moleste y entristezca o lo contrario. Bajaría del avión con una de esas ropas americanas que dejan ver el alma americana de las chicas que las usan y a mí me daría rabia, después estaría callado hasta que la deje sola en un lugar que no recuerdo; no obstante, soy un tonto para estas cosas: hasta le pediría hacer el amor en ese momento, tal vez a mitad de la autopista, sería algo tan rápido, para que así no justificar la abstinencia no compartida... No sé qué me tenía levantado; la estupidez, supongo, era cosa de ir a la cama, de ser grandecito y oírlo de sus labios. ¿Qué es para mí una semana? Ahora no es nada, y la verdad que tampoco lo es tres años. Empecé con los versos. Todavía no empiezo, y mejor voy apurando.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Confesión; diantres, no se entiende bien...

Yo a todos los hermanos que quiero
decir verdad tengo, qué duda cabe,
habrán sentido peso de mi llave
que llevo apretada todo el cuello.

Así va la cosa: "Yo hace tiempo
amé tan tontamente el detalle
de la fiesta morisca de Levante
a la que fui por el aburrimiento".

"A mitad de ella, dentro de gasa,
bailó con todos los que la miraron;
que conmigo al final fue la gracia".

"Baste resumir que luego amamos;
fruto de eso razón de palabras:
agrego que fortuna va a sus manos.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Un padre orgulloso

- Disculpe, ¿usted el papá del alumno Lorenzo?

El padre lo mira con la libreta de notas de su hijo. Los números rojos ocupan la mayoría de casilleros y de venas resaltadas de su cara. No está de más decir lo mal que se sentía el padre.

-No disculpe, mi hijo no es un borrego- soltó sin medirse en sus palabras.

Transformaciones

Un respiro
y luego salta hasta los mares;
ahí es una sirena de cola brillante,
empedrada con las gemas marinas.
Pero el fondo del océano es aburrido
y salta como un salmón hasta la tierra.
Entonces es una zorra que distingue
entre los pinos y entre los hongos azules.
No obstante, se agota su amor telúrico;
tampoco le parecen adecuados los ríos
de aire;
aun así cae en picada por un risco
para alzar el vuelo de los cóndores:
se queda como una
por no volver a repetir el mismo camino
hasta que muera
y sea lo que hasta hoy no sabemos:

La muerte es una respuesta que no entendemos.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Galletas para Noel

El traje de Papa Noel se mostraba ostentosamente a varias cuadras de distancia; era algo tan raro que un traje, una persona, causa tamaña impresión en una época y en una ciudad y en un país que vivía de modo frenético aquella pomposa fiesta. Había una razón especial para tan poderosa atracción: los ojos de ese tipo con traje rojo no combinaban con sus ojos enfurecidos, igual que los de un diablo del otro lado de la frontera. Pocas personas estaban aún en la calle; de esas pocas unas volvían a casa después del trabajo, inconscientemente lamentando seguir con el día en una costosa celebración. Eran ya unas 20 cuadras que aquellas botas negras iban caminando sin cesar; en algunas casas, probablemente con los relojes adelantados, ya habían empezado a celebrar. Al tiempo que llegó al lote que buscaba notó que desde el estómago de la casa los presentes ya se reían; eso acrecentó sus ánimos para acometer hasta el final cada uno de sus planes. Sin mucho escándalo pasó la reja de madera a medio caer y avanzó por el pequeño camino de cemente hasta el pórtico envejecido. Recordó que antes vivía ahí, y de eso ya no más.

No dudó en llamar a la puerta. Al otro lado una voz de niña le interpeló sobre quién era y qué quería, las voces festivas no se habían detenido en absoluto. Un hombre demudado le respondió:

- Abre, reina, soy Papa Noel, tengo un hermoso regalo para ti por Navidad.

La chica se rió y abrió con prisa la puerta. Al estar abierta miró con los ojos muy abiertos al señor que tenía una bolsa tela cargada al hombro con varias cosas cuadradas, lo que supuso cajas de regalos con papel celofán. El hombre bajó de inmediato su bolsa y la dejó en el piso, movió sus manos y levantó la vista hacia el frente: recién en ese momento los comensales detuvieron sus charlas y sus risas para prestar atención al que acababa de entrar; su ex-esposa no le reconoce de inmediato.

- Feliz navidad- dice, luego de hacer una ligera venia a los presentes. De sus bolsillos saca una pistola automática y le dispara sin meditar a la niña en el rostro; el resto de personas no reacciona en un primer momento ante la cantidad de sangre que sale proyectada del cráneo. El hombre levanta la mano con la pistola; dispara a quien fue su suegro y a quien fue su mujer, cuatro tiros a cada uno. Los demás se tiran al suelo o corren hacia el segundo piso; no parece que le faltaran balas al sujeto que dispara a todos los que me mueven. Lo más triste ocurre cuando una chiquilla, al no poder llegar a las escaleras, va hacia la cocina que está al lado del comedor y al lado del vestíbulo y tratar de escapar rompiendo una ventana: el hombre le sigue hasta la puerta y le dispara tres balas antes que su espalda traspase al otro lado. Vuelve a la mesa y remata a los que están en el suelo. Sabiendo que no cuenta con mucho tiempo se prepara para abrir su saco: unas bombas caseras que pone por zonas neurálgicas del primer y segundo piso; en este último no siente a nadie, no le preocupa saber que quienes se esconden morirán quemados. Unos minutos después se desviste en el comedor y se pone una ropa normal, esconde sus ropas debajo de un sofá y va hacia la casa de su hermano. A mitad de la cuadra los pequeños incendios empiezan a reunirse como en una salvaje cena de Navidad.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Ellos no son tus hijos

Malditos muchachos que se fueron con su madre, ¿dónde está su madre, puercos? Seguro con los otros, los que se meten a su cuarto a joderla por toda la noche, ¡bastarditos!, ¡los odio! No se apiadan de mí. Saben que no duermo, no les importa para nada. ¿Qué va a ser de mí cuando esté viejo y ya no pueda trabajar? ¡Qué! No se vayan, no se apuren, esperen a estar conmigo. Los quiero tanto, ¡son tan insensibles! Malditos... Vamos a jugar, quieran o no; no, no arruinen la sorpresa: pagará su madre...

Los chicos llegan al parque, se detienen a ver por dónde empezaran. Aquel hombre que los ha seguido es su vecino, un demente que tiene una llave de tuercas en la mano, con ella, aprovechando que está casi desierta aquella parte comunal, ataca a los niños, que ninguno de ellos hace nada para defenderse. Al estar casi muertos el tipo regresa a su casa, guardando el objeto asesino entre su chaqueta y delirando con el dolor de su exmujer.

Los comensales

Por ende, todos los que estaban reunidos en esa mesa con manteles bordados corrían la pésima fortuna de ser los que digieran aquella mortal nomenclatura, de la cual me es imposible remitir, siquiera lematizar, ahora. Según les dijeron a todos, el químico actuaba junto a dolorosos desfaces, aquellos que suelen devenir después de minutos amables de tregua. Los bastardos seguían pegados a la mesa y a los platillos por la razón de todo el problema: una recompensa por pervivir a aquella velada que divertiría a unos misteriosos ricos que miraran a través de las paredes llenas de cuadros. Todo eso, o sea el resultado final, podía ser considerado como una errata, simplemente. Sin embargo, bastardear el valor de la vida, y por qué no, el valor de la muerte, de aquella manera era muy bajo, demasiado para muchos que apenas y dudaban de largarse, carentes de mayor voluntad; una errata que no debía ponerse sobre ninguna tumba. En cambio, uno de los mozos fue a darles las reverencias correspondientes de todos los que ya estaban observando. Al comienzo empezaron a dudar de comer, incluso de la comida misma, poco a poco fueron masticando, lentamente, buscando el sabor amargo de los venenos; al no sentirlo literalmente devoraron, presas del hambre de su natural condición. Acabados los platos sonrieron alegremente: todo era una broma que tenía por motivo hacerles asustar; nadie moriría, todos estaban a salvo, aun las paredes no tenían los agujeros que pensaban... Ellos razonaron así hasta que alguien tosió sangre por veneno.

martes, 23 de diciembre de 2008

Sueño con perros

De tanto adocenar a los perros de mi vecina -cinco dólares no son nada-, soñé al volver a casa que jaurías enteras de perros de distintos colores y tamaños eran conducidas por ovejas con cayado hacia una gran cala que se encontraba extendida a los pies de una meseta. Yo les seguía con precaución, tal y como debe ser cuando no entiendes las cosas que pasan cuando pasan; y era admirable ver que algunos de los canes ni gruñían y solamente avanzaban por donde tenían que pasar, de tal manera que dichos animales opuestos quedaron separados por hartos metros de caída libre. Cuando se pusieron quietos me acerqué hasta quedar por las espaldas de los entes lanudos; algunos en dos patas, la mayoría en cuatro; todos con la posibilidad de alternar. La más decrépita de las que mandaban se aproximó al límite de la roca; en dos patas, con un cayado de madera no labrada, semejante a una simple rama caída; elevó su madera y extendió sus manos. Ante el cielo, teniéndolo a él como mayor testigo, pronunció unas palabras en un idioma que no conozco, pero que al final entendí; al terminar el celeste fue dando paso a un tono más sombrío y marcado; lo que digo, refiriéndome al tiempo, no será mayor a esto poco que he narrado; y, sin darme cuenta, ya a nuestro alrededor unos vientos imparables azotaban desde todos los extremos. Pude notar que algunos perros tenían la lengua afuera. Sin imaginarlo a tiempo, vi la división de aquel enorme mar del que no me hube percatado en dos fragmentos aparentemente iguales. De pronto, las demás ovejas empezaron a prorrumpir su característico sonido en pos de movilizar a la masa pulguienta hacia el sendero encontrado. Lamentablemente, un poco antes de tratar de sonreír, escuché que una de las ovejas festejaba la masiva muerte de los perros, "y todo por sus ganas de superar la vida". Al saberlo no lo dudé y fue hasta la oveja que creí que mandaba. Algunas de las que estaba por ese lado trataron de detenerme, ninguna con éxito. La así del cuello y continué mi avance con ella; ambos fuimos cayendo en ese precipicio en vueltas sobre el camino vertical sin viento. En esas vueltas vi cómo las paredes de agua se vencían para regresar a su lugar, también vi que unos perros se ahogaban -los primeros-; que otros empezaban a ladrar y que para mí esos ladridos eran una invocación a lo dudosos sobre librarse de la ceguera y acabar con los traidores que tramaron la muerte de todos; no llegaba a verlo, no obstante, al igual que los ladridos y el idioma extraño, sabía que algunos perros habían llegado hasta la cima y que despedazaban entre varios a las ovejas que continuaban vivas. Y yo me vi de pronto caer y caer sin detenerme nada a pesar de estar en lo mismo por un buen rato, mis manos sujetaban apenas una tira celeste del aire que antes compartí con imágenes que eran de sueño al igual que yo, mientras lo demás, hasta la tierra o el vacío, compartían el mismo color sombrío de antes; todo, sin excepción, era oscuro y caliente.

Me despertó caer y golpearme la nariz con el suelo de mi habitación afortunadamente alfombrada. Estaba en mi espacio real, mis paredes de color neutro con algún póster o algún calendario, la luz muerta de la ciudad... Mis ojos se llenaron de un sentimiento indescriptible cuando, de la casa de mi vecina, retumbó un lastimero balido.

Soneto al problema si es mejor casado y fiel que casado y lo opuesto...

Calor de labios al infierno dado
en la tumba nupcial de amor fijo;
no cambia con los años decisivos
y se comporta como iguales años.

Hay tamaña duda en feliz prado;
¿Para qué vivir siempre en lo mismo
pudiendo rehacer mortal sin tino
el gran tornasol bajo el pecado?

Ambas cosas son buenas entre malas;
que es normal estar de esa manera
siendo el mal abundante en mañas.

El frío sobre todo ser sereno
para ir al celeste sin certeza
de saber lo otro malo de lo bueno.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Extraconsciencias...

"Aquí viviremos"; "es demasiado grande"; "con el sol no tendremos demasiado espacio"; "pero el sol no vendrá todos los días";"¡claro que sí!"; "¡No si yo no se lo permito!"; "Tú no harás nada, yo haré todo con él"; "¡y yo quedo como un niño!"; "Yo no te voy a amamantar..."; "¡te quedarás seca! Y él ya no vendrá..."; "¿¡Qué dijiste¡?"; "¡No vendrá! Y volverás conmigo"; "porque estoy contigo él vendrá"; "¡habrá demasiado espacio!"; "Trae a quien quieras, entonces..."; "tampoco compartiré al sol con ella..."; "Te quejas demasiado, vete a otro lugar"; "buscaré algo en donde entremos los dos; al sol no lo quiero ver ni por asomo...".

...

Este oscuro objeto que se esconde en el rincón,
ese que tantos años oculta mi canción,
hoy se expone a la luz de todas las vistas;
no dejar de ser fea la faz por ser perdida...
Y al fin nada importa luego de hacerte a un lado
cuando te hacen elegir entre nacer o un paso al costado.
La existencia no es igual vivir ni ser un lío
bifurcándose por todas las posibilidades de alivio
o de imposible y asfixiante colina que no se puede alcanzar
con solamente mirarla como se mira al mar.
Este objeto tan igual a una pecera de cristal;
Yo nado adentro de un espacio chico y displicente;
nadie puede ser feliz, se ocupa un lugar que no es urgente.

Breve opinión sobre las cruzadas

En la luna de caramelo
vecen los moriscos persas
a espadas del regimiento
traido desde judea.
La arena, igual al camello,
tienes sus lomas desechas:
nada pervive bajo el juego
que hombres ponen y rezan.
Todos aquellos muertos
son así hoy por una idea;
que mala debe ser en pensamiento
cuando se mata a los que respecta.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Puta navidad

El que no hubiera canto de pájaros era un claro símbolo de la llegada de la navidad. Desde el piso más alto del edificio el dueño miraba de su balcón a la gente que se desvivía por conseguir algo para noche; la opción se paseaba entre pavos hasta pequeñas tarjetas conseguidas al paso. Lo cierto era que a él no le gustaba la navidad, le parecía una celebración horrenda, más allá de todo el perfil capitalista que el despreciaba; por supuesto, la razón de que vistiese polo blanco con el logotipo de una empresa de muebles era pura y llanamente por no ser época de invierno, sino al contrario: un calor infernal en este extremo meridional del planeta. Tenía el día entero a su disposición, lo que casi todos los años era no tener que hacer nada de nada durante un cuello de botella por el que los canales de televisión repetían sin compasión la misma película navideña que su competidor había transmitido apenas horas antes. A pesar de eso prefería alejarse del interior de la casa, de la puerta que conectaba al enorme tragaluz por el que se centrifugaba la escalera; desde tempranas horas los mismos vecinos discutían sobre las deudas y sobre la celebración, haciendo contradictoria la idea de que cuando no hay dinero no se debe pensar en gastar. Por lo menos el barullo de la calle no era reconocible para sus sentidos atormentados y derrotados al arrostrar la piel navideña del mundo. A sus pies la sección científica de un periódico daba cuenta sobre los mitos que cundían en aquellas fiestas; se desilusionó al saber que el aumento de suicidio se incluía entre muchos de ellos (Pero es probable que ese estudio no sea nada, que al final la razón común haga resistencia a la mentira científica.): Qué lástima, hoy más que nunca saltar de la ventana que está junto a este balcón parece muy divertido... Su organismo no le molestaba con la sed, a pesar de que no tenía ni idea del tiempo que se había pasado en mirar a los hombres como cuando imitan a las hormigas. La idea del suicidio le desanimaba por la ubicación del balcón, que daba directamente a otro, que era posible chocarse a mitad del vuelo, y eso de golpearse la cabeza y sobrevivir sobre un follaje artificial se veía, desde cualquier punto de vista, horrendo. No obstante, la verdadera causa era una sensación de que no sería igual que en otras épocas ese concupiscente día; no, aquello era una sensación de miel en la garganta; y aunque creyente confeso de la ciencia, una sola esperanza lo dejaba morir bajo un sol imposible. De un momento a otro, pasó: Una bola de nieve que cayó lentamente con otras le refrescó la nariz; el cielo estaba con un color castaño claro, sin ninguna nube. Al reaccionar se incorporó para ver el magnífico acontecimiento: miles de copos de nieve se precipitaban en todos los alrededores visibles desde donde se encontraba; la nieve provenía desde mucho más arriba, a una distancia de la que apenas se vislumbraban las ondas de calor. Hasta hoy no sabe cómo describir la presencia de nieve en ese social infierno.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La costurera

Un esqueleto vestido con traje de etiqueta le pregunta desde el baño, distraído mientras se acomoda los gemelos, a su mujer si ya está lista para ir de una buena vez a la fiesta organizada por los vampiros. Ella le responde y acaba con sus expectativas: Ya se ha puesto el vestido, pero está que da algunas puntadas a ciertas partes descosidas. El rostro careto de nuestro difundo hace una mueca de disgusto, pero no dice nada, total, es algo muy común retrasarse por esas cosas. Con un buen reflejo proyectado del escudo de plata regresa a la habitación para revisar, mientras espera a su esposa, algunas gavetas de su gran mueble de caoba. El vestido de su esposa es de color vino, ideal con algunos pedazos irregulares de aquella piel. Al empezar a sacar algunos cosas de la gaveta su mujer le pidió que parara, que después tendría que guardarlo todo, a lo que él respondió que no había problema, y que en el peor de los casos ella ya había terminado:

- No, mi amor, cómo crees, ¿no ves que se me han roto todos los puntos que atraviesan mi pierna? Tengo que disimularlos lo mejor que se puede, por lo menos hasta esta noche para quedar bien con los vampiros; después, mañana, voy a conversar con el pequeño Edy para que me dé una maldita explicación sobre la calidad de este hilo... ¡Y es que no puedo estar cosiendo los trozos de mi piel a cada rato!

jueves, 18 de diciembre de 2008

El sida

Cuando llegaron él ya estaba muerto. Habría sufridos varios días de una penosa fiebre que lo empotró a la cama; él siempre estuvo en la cama, mucho antes de la fiebre. Su débil cuerpo era la causa, también la de su muerte. Algunos dirían que todo eso era culpa del sida, pero para él eso nunca fue suficiente: tal vez quiso demasiado a su madre, aunque ignorar las razones no es querer a nadie. De todos modos le habrían tenido miedo desde entonces, dada la casualidad que nadie lo sabía; difícilmente, entre nosotros, unos cuantos. Al saberlo lo abandonaron, y eso a nadie le extraño, pues sabemos que en este lugar se cree que estar enfermo es estar condenado, mucho más cuando se trata del sida, una enfermedad que, según ellos, se contagia con lo que respiramos. Pobre, muchos de los que eran sus amigos más recientes lo dejaron, los otros se acobardaron para verlo, solamente hasta el final, después de que el mal olor de su cuarto nos indicara que él estaba completamente muerto.

martes, 16 de diciembre de 2008

Abajo pantalón

- Mamá, este pantalón tiene algo... ¡Me está matando!
- Deja de quejarte, es nuevo, a las cosas nuevas se las quiere sin meditarlas, ¿me oíste?
- Pero mamá.
- ¡No me hagas pasar vergüenza!

Entran los dos a una joyería. En el mostrados una chica guapa con un sobrio vestido negro le sonríe a la madre al verla poner el bolso sobre el mostrador.

- Buenas tardes. ¿cómo puedo atenderla?
- Llamé en la mañana y me aseguraron que tenían varias joyas peruanas, no son muy comunes acá, ¿las tienen?
- Por supuesto. Quiere pasar, si no lo desea puede ir a sentarse, de todos modos no demoraré demasiado.
- Prefiero pasar. Hijo, dame la bolsa -mira dentro de ella por un segundo-. Tengo alguna ropa con la que quisiera combinar las joyas. Puedo, ¿no es así?

La vendedora le pide que pase con un movimiento de palma de su mano.

- Hijo, espera aquí.

Al entrar la madre el hijo, presa de la desesperación, lo piensa: un lugar vacío, poca gente, la mayoría de ella no vendrá, un mueble para no dejar las cosas en el suelo, ¡maldita comezón! Se quita lo más pronto posible el pantalón, la piel roja de sus muslos mienten al sugerir una agresión. El viento fresco lo relaja, se sienta en un sillón; los minutos pasan, nadie entra. Al momento regresa su madre, no reacciona, ella le encuentra con el pantalón sujeto al brazo, le recrimina, se avergüenza, la chica de vestido negro como neumático se ríe; en ese instante entran chicas, la mayoría modelos, le ven, también se burlan. Ante todo esto no sabe en qué lugar ni en qué rato se quedó.

Despojarse

La poesía invisible
para sobre mí;
lo sé porque dimite
de mi rubí
que es la sangre que te di.

Escucha su voz,
que yo no la sentí
ni con toda su canción.
¡Ay de mí!
¡Mañana no te amaré sólo a ti!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Los caballeros

-Qué se yo, no sé- miró hacia el otro lado.

El mozo se puso notablemente incómodo.

-No le haga, caso, mire deje la cuenta aquí, yo se la pago. Vaya más bien por esa señora de la otra mesa, que está con una cara de querer asesinarlo...

Con una ligera reverencia se alejó hacia las recriminaciones de la señora. La cuenta estaba sobre el mantel que no era de terciopelo.

-¿Qué pasa contigo, idiota, no trajiste nada?
-¿Para qué?- le contestó.

Con sus enormes dedos golpeó el borde de la mesa, estaba molesto, no era para nada menos.

-Yo no tengo ni una moneda, nos la van a hacer pasar mal.

Por primera vez le miró fijamente a los ojos.

-No es mi culpa- señaló.
-¿Acaso te burlas de mí? No, claro que no es tu culpa; uno no escoge a sus amistades ni a la gente con la que trabaja. Nada es igual, ni esto ni aquello; lo de antes sí fue un encono... Son, por todo... El vino, la carne magra, o sea la tocineta, el puré, el postre de manzanas...
-Hay que largarnos- interrumpió su compañero.
-Estás mal de la cabeza; sabes de quién es este establecimiento, todo mundo lo sabe, es de los pocos sitios que pagas por la confianza, ¿y esperas irte a correr sin más?
-Hablemos con el dueño, me debe algo... De alguna manera, no sé.
-Si le hacemos perder su tiempo la fregamos más.
-Ahí yo veo.

Al levantarse notaron al mozo que regresaba, le dijeron que iban a conversar con el dueño, él se opuso, bastó con mencionar un modo de acrecentar los ingresos que éste poseía para que les indicaran por dónde se podía entrar. Era un pasadizo flaco y elegante, con alfombra roja y espejos de borde decorado, fiel al estilo gótico; las mesas finas de roble bajo los manteles inmaculados; apenas un par de personas cruzaban por ese lugar. Tocaron a la puerta y una voz moribunda ordenó que pasen; era una oficina hermosa, una mano en pleno proceso de supuración era lo más recriminable del lugar.

-Caballeros, no tengo la más puta idea de lo que quieren, apenas y creo reconocerlos, eso no es suficiente para disculparme por lo grotesca de mi situación, ¿verdad?
-¿Cómo se hizo eso en la mano?- preguntó el que no tuvo con qué pagar la cuenta que su amigo rechazaba.

Miró a sus ojos por un momento, parecía desconcertado. Lazó la muñeca con un reloj de correa negra y señaló a su compañero.

-Él me disparó- contestó.

Al decodificarlo se le pararon los pelos.

-¡Mierda, qué hiciste!- le preguntó, jalándolo de su manga izquierda.
-Cállate -ordenó-. Como bien recuerda, yo le salvé la vida; conviene para ambos que no recordemos cómo; verá, estábamos comiendo aquí y me di con la desagradable sorpresa que no había traído la billetera, mi compañero no tenía dinero, obviamente yo le había invitado... Le aseguro que esto no se convertirá en rutina, ¿le explico?

Sin darse cuenta la pus manchaba por fuera del recipiente ovalado de plata, sobre la alfombra. Al notarlo volvió en sí.

-Seguramente no será una costumbre, usted es un caballero, indudablemente. Por favor, díganle de mi parte al mozo para que les sirva la selección plateada -le alcanza al matón una tarjeta-, cortesía mía. Espero que les vaya muy bien, y gracias por la visita.

El hombre volvió a sus cuentas; los dos salieron para estar de nuevo en el área de servicio, le entraron el recado al mozo que les estaba con sus sacos y sombreros.

-Oye, ¿no vamos a reclamar el vino?- indagó tranquilo su compañero.

El dio una mirada benevolente.

-No abusemos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Las buenas ideas producidas por el catolicismo

Era turno de los terceros; antes los de cuarto había saltado. El profesor, de quien era la magnífica idea, llamaba a los chicos según su lista y su orden establecido. Tocaban los de tercero, unos chicos de trece, ni chicos ni grandes, no adulto, tampoco niños; ninguno daba el paso adelante, todos, por el contrario, se mostraban renuentes, revejidos ante semejante acto.

- Vamos, otros esperan- reclamó el profesor, apoyado por una pifia general de los ansiosos.

Uno de ellos, finalmente, dio el paso. Era de todos el más maduro, cosa que no era nada, por supuesto; estaba ahí por voluntad y, al mismo tiempo, por obligado, en una de esas contradicciones hermosas que se dan en los chicos. Una duda le salía de todo el espinazo, pero a esas alturas una duda no detendría nada, y las quejas eran persistentes. Fue hasta el borde, listo para saltar, no creía en alguna posibilidad de alcanzar el otro lado: a la señal saltó, muy determinado, incluso era posible que lograra tocar el borde de donde hubiera querido estar parado; sin embargo, la cuerda en su cuello, la gravedad, el abismo, no le hicieron llegar.

Cosa de ingleses

Había hecho todo lo más indecente media hora de que la pequeña miss Pokplin viniera, como era habitual, para fregar, como solía ser su costumbre. El jardín era un sitio de nadie los sábados a las cinco; las flores: margaritas, rosas; la mala hierba, el pasto, algunos adornos de jardín que no tenían un valor sentimental, eran arrasados por alguna de las dos señoras que vivían a ambos costados. Desde antes que el señor Patrick llegara a esa casa las dos viejas se juntaban ahí sin importarles lo más mínimo la presencia del dueño de ese domicilio tantas veces cambiado de dueño; generalmente, no les era difícil conseguir la rendición disforzada del nuevo inquilino, ni bien este llegaba, y luego se volvía una costumbre que se volvía tan arrastrante como para estirar a un ser en busca de paz hasta el extremo más caótico de su infinito. En esta ocasión era el señor Patrick el desafortunado que se intranquilizaba cada vez que la hora límite se presentaba. Desde el cristal escondido por la luz cuadrada él veía cómo las dos avanzaban imparables, hechas unas moles que mandaban a su alrededor a todo lo que terminaba cerca de su camino; las jarras de limonada con trozos circulares y verdes, cercanos al hielo estático a la altura del asa, hacían tambalear el líquido, que amenazaba en decantar la mitad de su cuerpo acuoso a un recipiente imaginario. Una mirada que se las quería comer las observaba, finalmente juntas, en el lado seguro de un lugar que debió ser agradable, que tal vez debía de serlo, que posiblemente lo sería, siempre y cuando se animara a lanzar la granada que tenía sujeta a su bolsillo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Zhe vu zasiur

- "Zhe vu zasiur", no entiendo lo que significa, maldita sea... ¡Aborrezco a Nabokov!

Un viejo que estaba a su lado alzó la vista, no por el grito, sino por la situación:

- ¿Le aborreces por no saber unas palabras?
- No, es que está drogado este tío, ¿qué le pasa? Sus conversaciones casi no tienen sentido...
- Casi... No te olvides de lo que significa.

El chico tira el volumen al lado opuesto de la mesa; solamente están los dos en ese espacio acondicionado, un cuarto donde la mesa y cuatro sillas elegantes apenas entran; luz y golpe caliente, inclinada, entran por el cristal y acaba, súbitamente, a unos centímetros de los dedos.

- La luz me provoca arcadas- dice el viejo, al rato que es más amable con su libro al dejarlo suavemente que el joven.
- No sé lo que es eso- responde el joven.
- Yo tampoco sé muchas cosas, por eso vengo. ¿Vienes porque te obligan?
- Tengo tareas...
- Eso es una obligación.
- Cómo sea...
- Si quieres tener éxito manda al diablo esas obligaciones, ¿lo peor que te puede pasar? No aprobar un curso o un examen. ¡Ja, ja! La gente es tan idiota que sigue creyendo que uno es un examen, una nota. ¿Has visto la cantidad de dementes que son padres?
- Ni lo diga, tengo a un par de ellos.
- Siempre se cree que debemos ser mejores que ellos, y en el esfuerzo nos terminan estropeando. Mírame a mí: dejé el colegio a los 10 años, no por problemas, sino porque era muy aburrido, luego me fui a los 14 de la casa, me parecía un asco; estudiando por mi cuenta (Ojo, que me encanta estudiar.) entré a la universidad, ahí tampoco tuve buenas notas, no las necesitaba, los cursos eran mínimamente interesantes, lo demás podías dejarlo de lado. Terminé y publiqué un libro, no me fue bien, así que me fui de marinero. Como nunca tuve a quién darle mis descansos más que a la literatura, escribí un libro más que sí tuvo éxito: lo demás es historia, no quiero aburrirte mucho.
- ¿Y cuál es la idea?- preguntó el joven, bastante interesado por la idea de mandar al mundo y al sistema al cuerno.
- No hay idea, muchacho, no hay regla, si me hubiera quedado con la vida de mis padres probablemente otra sería mi historia; pero no lo hice, tomé otro camino. La vida está llena de ellos, sin embargo, eso poco importa, no eres más por tomar uno u otro; la fama no es gloria; la paz no es esperanza; la riqueza no es poder ni felicidad. Es de todo, con todo, siempre a lo más profundo, igual que esas palabras: No sabes lo que significan, pero no quiere decir que no signifiquen nada, parecido es esta conversación, la luz, el polipero, etc... Resumiendo, eres muy joven para querer leer a Nabokov, de seguro no lo sabe ese viejo que te debe dejar las tareas...

Luego, se rió, el chico hizo lo mismo, aparte preguntó si era posible que eso sea ruso; se fue a buscar un diccionario...

jueves, 11 de diciembre de 2008

No cortar las letras

Para ese instante las letras sobresalían de sus márgenes blancos, alcanzaban el cubrecama de color del nácar , escalaban el panamá que su padre le había traído, iba doblando el tocado que comprimía la coronilla y su cabello; montones de letras se iban despegando de las hojas, la hilera, vista desde lejos, era igual a la de un hormiguero, también a la de un papel lleno de clave Morse. Ella no se enteraba de nada, seguía dormida, cerca de esa puerta que está dentro del laberinto de cabeza por donde andamos en sueños. ¿Quién sabe si con todo ese gran potencial que tenía, hubiese sido algo más especial si lograba abrir aquella puerta? Cuando llegaron sus padres metieron el auto a la cochera, esa fue la señal de retorno para las ramificaciones caligráficas; por poco se levanta al ser llamada por su papá y un poco antes de que regresen a su sitio en el libro todas las letras.

Haciendo lo que más me gusta...

Nunca entenderé
porque Cortázar no es un poeta
si escribió poesía...
¿Es tan clara la diferencia
como para aferrarnos al tópico?
Dulcedumbre es todo lo que toca
(¡Te he visto desnuda tanto lo que he dormido!);
sí sabe normal la muerte
en los labios que se atreven a decir moscas...

Nunca entenderé la razón de esto
ni de el porqué le dedico mi tiempo
a la poesía de Cortázar...

Mal perdedor

No estaba contento, al contrario, sentía un globo rojo de aire caliente crecer y oprimir los órganos contra el tórax o esternón. Todo eso resultaba injusto, la revista con su papel luminoso, sinuosa entre mis manos apretadas, había que bajar un poco más el mentón para esquivar la mácula gris del foco ahorrador. En un recuadro estaba la lista de afortunados, los ganadores con la capacidad de escribir en un teclado usando los diez dedos, con influencias y contactos, pequeños imanes de ira, especialmente de la suya: Él debió ganar ese premio.

El cuento estaba escrito con la intención de Nabokov, aunque los diálogos eran menores y kafkianos; las mil palabras eran correctas en sus respectivas instancias, la historia de un tenor a punto de salir en su primer espectáculo de ningún modo podía resultar desdeñable. Creía que la cosa avanzaba por el lado de las influencias, de la mafia que forman las editoriales y los escritores consagrados para filtrar la literatura de la literatura misma; jamás creyó en serio en lo que otros decía al respecto, incluso había apostado, menos cinco dólares.

Se fue en taxi hasta la redacción de la revista. La recepción le confundió con uno de los ganadores del premio, sólo así se explica que le hayan dejado ver al encargado de este, y este, pensando en uno de sus amigos concursantes y ganadores, salió apresurado a darle la mano, con la sorpresa y el derechazo correspondiente del mal perdedor. Los de seguridad de sacaron, sin embargo aquel globo rojo había cedido en la movida, todo para volver al tamaño normal del corazón.

martes, 9 de diciembre de 2008

El retorno

Recién venido de La Patagonia fue a buscarle a su casa, emocionado, al fin y nada más, a unos metros de darle la noticia. En la casa le comunicaron que se había ido de compras. "¿Sabes adónde?", le preguntó el hermano. "Sí, claro, hombre, ni que fuera un extraño". El tipo parecía no ubicarlo, pero él no lo consideró. Al rato fue al centro comercial de la zona; él recordaba que siempre se divertían en la sección de compras, claro que ella era eso, una compradora compulsiva. Al llegar se encontró con ella saliendo el baño que estaba junto a un local de ropa deportiva. "Hola", le dijo,"cómo estás mi am..."."¿Disculpa, no te conozco?", le lanzó un bombazo la chica que se veía más bella que nunca. "Este...Yo...", balbuceaba el chico, mientras que en ese rato salió de la tienda un chico de la misma edad de ellos, alto, fornido, probablemente practicador de yudo. "Vamos, ¿mi amor?", le preguntó aquel personaje a la chica. "Un momento", mirando a su exenamorado,"¿Te conozco, verdad?". Él no hizo más, ni habló ni dejó que los dos extraños que le miraban de pronto dijeran algo. Simplemente murmuró y se echó a andar a un lado. Como buen hombre, no lloró.

Traficante

La cerveza es buena
cuando Rimbaud avanza por Polvos Azules
y los yuppies sufren de la metaformosis
que los llevará volando hacia la coca
que mascan las presentes
y las pasadas sociedades nuestras...
Mientras tendré frío por no usar chompa
mientras tomo solo una botella verde
que no sé cuánto desea el que mira la espalda
en donde Rimbaud varios colores deletrea...
Algunas manos desconocidas revisarán mis bolsillos
y mi estómago, ya sin comida y sin salud.
Rimbaud traficará con su vida
al irse de Polvos Azules
con la mía en otro frasco de jarabes.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Correspondencia entre amigos

Estimada:

Antes de escribirte tenía ciertas cosas que hacer, lo menciono porque no hice ni recuerdo cuáles eran, cosa rara, usted, sabe, mi extraordinaria memoria. Yo se lo digo porque dichas cosas le concernían. Si de casualidad sabes cuáles eran, hágame el favor de advertírmelas.

Atte. Gabriel

Estimado:

Ignoro las razones que usted tenía conmigo, la verdad es que no se me ocurre nada, y por lo que entiendo todo está en orden en cuanto a usted.

Atte. Yolanda

Estimada:

Conversé sobre el asunto con el señor Baskelin, amigo mutuo, y me explicó de lo que nos trataba; para hacérselo saber le ruego encontrarnos en parque que está próximo a su casa, el que la mitad le corresponde a su propiedad; ¿le gustaría? El asunto es un poco urgente, y perdone que no sepa nada.

Atte. Gabriel

Estimado:

Descuide, le escribo para asegurarle que estaré ahí sin falta. Como lo hacemos de costumbre; lo espero.

Atte. Yolanda

Al día siguiente del encuentro la prensa informaba de la espeluznante aparición de la dama, víctima de un cruento asesinato.

La explicación

Basta. No se sabe con exactitud cuánto tiempo se va a quedar esa gente; ya para esas alturas todos le habrían preguntado, y él, delgado, melancólico, probablemente no hubiera contestado. Era insoportable: los habíamos encontrado camino a casa, unos seis en realidad, el otro no nos daba buen aspecto: peludo, de consistencia extraña a la de sus compañeros, orejas largas, morro. No se comunicaba con los otros; parecía asustado, tímido sobre una lámina de aluminio. Aunque los otros estaban nerviosos, se comunicaban, lo entendíamos perfectamente, a veces trataban de comunicarse con nosotros, y, en culpa, parte de eso era nuestra responsabilidad por haberlo llevado. A cada momento una de ellos nos advertía que eran americanas, que si éramos parte de ese gobierno, extinto, llamado Norteamérica, que si eramos rusos, Chinos; los otros se cansaban de repetirle que era una tecnología demasiado avanzada, y que, sin más inconvenientes, nosotros éramos extraterrestres. Sin duda que sus palabras nos atormentaban: unos, confesándose en secreto con sus compañeros, se imaginaban el resto de su existencia en algún territorio no solar donde siempre hiciera frío, otros eran más severos, daban sólo la muerte. Ante la situación tratamos de razonar con nuestro comandante, incluso le sugerimos que volviera y los dejara, posiblemente no tendría mayor repercusión que una anécdota... Se negó con una explicación muy convincente: "Muchachos, no era nuestro deber evitar que mueran, y ya que lo hicimos para nosotros todo está terminado, al igual que para ellos. No olviden que es un delito mayor volver en el tiempo y transportar humanos".

domingo, 7 de diciembre de 2008

Testimonio de alguien que ve a un natural ganador

Iba a casa para desviarse de una pedida de dinero, pero al final chocó y todo se fue al diablo. De los gritos vinieron los reclamos y el guardia de turno, quien amablemente les dijo que tenían que arreglar ahí sus problemas si en otro lado no querían arreglarlos. Por eso se la llevó a casa, sin importarle que fuera de pie o arrastrado, eso por las veces que sin querer se tropezaba con el calzado. Irremediablemente, ella pedía dinero, una copa de más, lo que a él le irritaba. Empero, ese era su trofeo por haber venido a la vida, una estafa pagada siempre con dinero que le robaban para la cerveza.

Pulcridad

Un charco de rocío putrefacto cae del borde inclinado del techo hundido por la presión de la lluvia cuando las niñas salen felices de sus obligaciones como estudiantes de vestiditos rasos y cuadriculados. Las medias las tienen hasta la cima de las rodillas, no logran alcanzar la parte que se va ensanchando cada día y que es tan suave como un durazno acariciando la comisura o las mejillas de la cara; hacen un perfecto conjunto con el movimiento que salta al estirarse para afirmar la pierna sobre la punta de los zapatos de charol con taco corto. Listones esmerados posan desde sus cabezas, tratando de embelecar a cualquiera que mira esos rostros buscando una niña y no una criatura que está en los más cerca de alcanzar a la definición de una mujer: ese engaño es maligno, y me tiene ahora mismo aprisionado.

Nadie juega ajedrez en un parque, y eso es notorio y marcado, demasiado sospechoso para no ser tomado en cuenta; ¿cómo, además, si he venido desde hace un año aquí, todos los días, sin que nadie se preocupe o se de cuenta? Todo esto tiene el valor agregado de conocer a los profesores, hacerse amigo de los pocos que comparten cierto gusto por el juego de mesa. Se sientan y juegan una partida, cuentan sus historias, sus remembranzas, hasta que nos rodean algunos niños... Y unas niñas...

Ellas llegan y se quedan; son más interesantes que sus compañeros, que a esa edad la mayoría las considera como un espanto. Conversan entre ellas, con su profesor, se ríen, disfrutan, me hacen preguntas que no considero, pero que amo responder y acompañar dicha respuesta con una breve mirada que hace mi día entero... Luego el profesor se va; al principio me mira y sospecha, por lo menos le da mala espina verme luego de terminar, les dice a sus chicas que se vayan. Sin embargo, es distinto después, se quedan, no les dice nada, supongo que no me tiene clasificado, y por esa omisión no me tienen más miedo. Últimamente, algunas de ellas se han quedado, algunas bastante tarde, cuando todos en esa avenida se han ido. Me invitan a jugar, y yo encantado.

Al ser tarde me piden que las acompañe a casa, que hable con sus papás, a ver si les perdonan, yo les hago caso, siempre para no perder mi estigma de líder protector; al final me hago a un lado.

De todas las que trato la que más me gusta es Rita, la más alta y, para mí, la más bonita. Muchas veces he pensado que se trata de una compañera de la infancia, que tiene que ver en algo con esa compañera; sin embargo, no es así. Será por eso, tal vez, que me gusta acariciarla, sentir que no debo temer con ella por no ser parte de mí, parte de nada. Mis caricias no las toma como una ofensa: ella dice que me quiere...Yo también, Rita, Yo también...

Resulta terrible hacer lo mismo todos los días, dormir poco luego del trabajo y disfrutar de la recreación de la visita, y no cambia nada, pero yo s cambio, y de pronto quiero que ese cambio se note afuera, trasgredir lo real y lo claro, herir el mundo para que se muera. Los deseos de hacer daño han ido en aumento, y lo han notado tres profesores en sus partidas, siempre argumentando que jamás me había visto tan despiadado. Empero, yo no quiero hacer daño, dejarme llevar por esos impulso, aunque al mismo tiempo lo deseo, y quiero, sí, quiero; el borde de la acción está camuflado, y Rita guia mi mano en lo que parece uno de los cuatro caminos hacia su casa. Me cuenta algo sobre unas muñecas, no sé, no puedo considerarlo en el momento que me guardo una bomba en el pecho... La quiero tanto, tanto que empiezo a llorar sin que se dé cuenta. Me rindo al verme desviado de la normal ruta, tirando sin forzarla de su mano; y su voz ya no dice nada, está atenta hacia donde vamos, sin saber que es un cordero rumbo al matadero. Me dice que estoy llorando, yo le digo que sí, que me perdone, y me apoyo en la pared trasera de esa casa, por el callejón al que nos hemos metido. Se acerca para darme un beso, me abraza; yo le tomo el cuello en un abrazo también, la acerco, está caliente... Por algunos minuto de explosión la tengo entre mis manos, silenciosa, llorando: ambos sabemos que ninguno va a perdonar lo que le he hecho.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Trivialidades

- ¿Crees que es gracioso?
- Dios, ja,ja, de verdad que lo es; no te imagino, guapa, haciendo eso en la calle.
- No hubo nada más que hacer, el tipo se había puesto sufrido, era para matarse, claro, si era posible matarlo primero.
- Y optaste por lo segundo...
- Exagerada, ¡bien se lo merecía ese idiota! Nunca sabes qué cochinadas hay habitando esta tierra...
- Pero él acertó, ¿verdad?

Ella la mira con desconfianza:

- ¿En qué,ah?

Ella sonríe:

- En que eres lesbiana.

Ambas se ríen, una antes que la otra:

-Cierra la boca, perra.
- Ya.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Microdancing

Aquel hombre que habría tratado de ligársela en ese momento la estaba insultando, diciéndole que era una maldita lesbiana come conchas, a lo que ella le respondía que era un resentido mamón por no tener a las conchas en su dieta. En ese instante una madre trataba de ordenarlos, pero ambos la disminuyeron, teniendo que irse mal parada por la cola entre la piernas. Y hablando de piernas él le dijo que las debía de tener gordas por tantas veces que la habían levantado; a lo que ella, cediendo parte del terreno, le respondió que por supuesto, que era gracias a su mamá (La de él) que tenía las piernas tan tonificadas. Él le advirtió que no se meta con su santa madre, a lo que ella burló de inmediato al afirmar que sí era muy santa, porque todo el mundo la hacía terminar arrodillada. El hombre, que estaba insultando desde lejos, volvió los pasos que había dado y trató de golpearla: no contó con que ella sabía karate; de un movimiento lo dejó en el suelo. Aturdido le dijo perra, y al abrir los ojos no chocó su vista con el sol, que en realidad estaba detrás de ella; aparte de eso vio por entero la parte que cubría la falda, la cual, posiblemente, hubiera causado cierta vergüenza a las pudientes, ya que no tenía rastros de ropa interior, al contrario, se notaba una parte saliente de carnes hinchadas, como estrujadas, con algo de rojo alrededor. Y todo acabó cuando, luego de tragar saliva por el calor que estaba sintiendo, le espetó: Ahora que sí creo que no te gustan las chuchas, perra; a lo que ella le pateó.

Al final nos destruimos

Se beben los regueros de la sangre
tuya que alistan para huir alrededor
de tu descanso con los ojos que abren
un lugar vacío que no llenamos los dos.

La herida siempre fue grande, gigante;
no la ocultó ninguno en el perdón
para seguir estando justos en el aire
hundido por tu error y por mi error...

¡Lloras a pesar de que te ame!
Si nunca fui bueno, por eso fui escritor:
nadie pervive bajo el incesante
flujo de tu sangre en mi blasón

jueves, 4 de diciembre de 2008

La despedida

-¿Aló? Mira, si no contestas es igual, yo sé que estás ahí, ¡y me tienes harto!, me revientas con tus quejas estúpidas. ¡¿En verdad te quieres morir?! ¡Pues, mátate! Hazlo y hazle un bien a la humanidad que se pudre por mantener al ser tan despreciable que eres, ¡sí!, ojalá que sufras, maldita perra, así entenderás que eres sólo sufrimiento y que podrás estar más cerca de acabar... ¡Acabar con tu vida enferma! Óyeme bien: ¡No más llamadas, no más hombros para llorar, no más horas gratis de psicólogo, no más palabras falsas de amistad! ¡Me llegas, eres patética! Si te hablé antes, era porque me dabas lástima, solamente eso; ahora ya no más, desaparece, ¡déjame en paz!

Al otro lado, en la escalera de caracol que da al tragaluz, al costado del pasillo por el que se entra a contestar el teléfono o apagar el televisor, un cuerpo sin vida ya no lucha contra la gravedad, ya no se ahoga ni llora por su cuello medio roto que no la llegó a matar al momento; el viento que baja desde arriba la mece. No se sabe si reír o llorar.

Las clases del muchacho

Regresa de casa lentamente, ya va la tercera vez; cuán complicado debe ser tener que ir el viernes. Toca a la misma hora clase de gimnasia para los del turno de la tarde, pero él debe ir, y eso a nadie le importa.

La entrada con las rejas a ambos lados está abierta e reprimiéndole su reticencia a pasar, más lejos oye que el profesor los está cansando para mejorar las resistencias: cree que es un buen momento y se decide a entrar; todo se pudre de inmediato.

- Oye, tú, ¿qué haces acá?, ¡te dije que no vinieras!
- ¿No es el mariconcito del segundo A?- pregunta con voz fuerte a uno de sus compañeros; el profesor omite esa acción.
- Señor, tengo reforzamiento de matemáticas con la profesora Ybarri... Debo entrar.
- ¡Yo mando aquí, gusano; y te advertí que debiluchos como tú no pueden entrar hasta que se vuelvan hombres!
- ¡Pues no es mi problema, infeliz!- le gritó el chico sin meditar.

Un conjunto de murmullos salieron a espaldas del entrenador, que estaba rojo de molesto.

- ¡Muchachos!Aquel que me trae la sangre de ese excremento se va a casa a descansar, ¡Escucharon!

Todos se pudieron atentos y gritaron:

- ¡Sí, maestro!

Fueron tras él y le dieron una golpiza. La profesora, luego de una media hora de espera, se fue resignada a casa.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Insolvente

Acababa de perderse la imagen de la pantalla que estaba caliente por haber funcionado durante varias horas junto al resto del televisor sucio y de partes de metal granulado, cuyo uso era bastante común desde que los hijos, ¡por fin!, se habían largado.Era una habitación pequeña y tapizada con flores blancas que para ese entonces estaban entre grises o negras; era cuestión de ponerse en puntas de pie para aprovechar la enfocada luz de la lamparilla empotrada por un diminuto brazo de acero dorado en la pared, con ella notabas el polvo que se había acumulado desde antes, aun cuando los muchachos no se habían marchado por las disputas cruentas de sus padres: seres relegados y pervivientes, aquellos dispuesto a matarse para comer lo que quede bueno de sus cadáveres por el resto de los meses, en lo que podría ser un gran festín. A falta de hijos sobraba el polvo que se colaba de las goteras tan grandes como un puño o de la ventana que a través de ella, a las justas, alcanzaba a entrar el aire, contaminado con rastro de carbón y azufre, por cierto. La mutación fue lenta y exagerada, aquella trabajadora de una fábrica de roperos había cambiado su apariencia con dirección a la nada, a eso que se mantiene en lo material apenas con una hilada mordida de consciencia, la más básica, que es comer y dormir, mejor no hablemos del resto. Sola se dio cuenta que no valía para nada, por lo que decidió morir, pero tampoco quería morir, entonces la solución más sensata recorría el desgaste de las cosas ocurridas en uno mismo y que carecen de tregua, segura a la misma vez que no tenía esperanzas. Lo que menos importaba era la comida, pues no sabía quién o qué le daba de comer; carente de amigos, de personas que la respeten, de colegas, de familiares, de todo, era extraño encontrar un plato cerca cada vez que levantaba en las mañanas, como si una intención ajena la mantuviera con vida, o varias que anhelaran similar propósito. No era conocida, su caso- era posible- ni siquiera podría figurar en los periódicos, pero algo le decían los vasos con agua y las salsas dulces de arándano con polenta. Lo que menos importaba no la detendría mucho, es más, no la detendría nada, porque lo que podía hacer le había abandonado cuando todavía era humana, incluso cuando lo que le abandonó lo era. Aquel día no quiso comer nada, simplemente se acercó a la ventana y en el transcurso al suelo se disolvió.

martes, 2 de diciembre de 2008

Carta de un tipo flaco pidiendo consejo...

De un tiempo atrás que me están empezando a gustar las gordas. Sí, lo sé, tiene algo de grotesco, aunque para muchos suene completamente normal; ¿y por qué no? A nadie le hace daño más carne, en sí es mejor que tener sexo con una chica a la que se le notan los huesos, huesos que te llaman o que llaman las agencias de modelos, no sé, mejor no profundizar. No es para nada estético, lo reconozco, la piel tiene algo de horrible en ese lado, cómo estirada, como llena de estrías que la hacen parecer otra cosa, pero, si has vivido como yo, lo que yo, en las épocas de vacas flacas no importa, le haces el favor, te la almuerzas, siempre tratando de no abusar con la grasa. No me imagino qué daño te puede hacer esa grasa; felizmente el falo no sufre de eso: los sabelotodos no han descubierto alguna enfermedad mortal oculta entre las estrías o todo lo que pueda formarse ahí dentro... ¡Menos mal! Lo que reclamo es eso mismo, pero se te hace una costumbre, ¿y a quién entonces reclamar? ¿A la gorda que se comporta como una gacela para complacer tus ansias de león? Por favor, ella feliz de tu hambre, de alimentarte igual que tus compadres del zoológico o de algún club de lectura universitario. Pero luego viene lo feo: te alcanza su mano, la pone entre tu miembro, te dice cursilerías; comienza a pensar que por revolcarte un rato tiene la más miserable esperanza de quedarse contigo; claro, provoca decirle que no es ningún rodeo, pero en fin...Lo peligroso, lo realmente peligroso es empezarle a agarrar el juego, a seguirle la corriente hasta alcanzar la deriva; no, eso es criminal, homicida, ¡hasta quita el suelo! Alucina, hermano, yo hace poco soñé que estaba en el altar, y a mi lado un cerro, un volcán por su cara maltratada, casi el Misti, diciendo "sí, acepto". ¡Te juro que ese día no comí! Por eso estoy sufriendo, no sé si debo abusar de la carne, que no hace daño, o abandonar por ella todos los demás alimentos. Dime, ¿te acuerdas de la Clara? La que vivía con Nolberto...Sí, ella misma, su esposo se largó y la dejó en la casa, ya hace algunos meses, y está perrita la muchacha, seguro que si se anima cambio mi dieta y me olvido del problema, así no sepa decidirme sobre la carne y la grasa.

Natilla

Puede ser el gato negro
deslizando y aullando
sobre los ladrillos nuevos
llamando a otro gato
con forma de orbe
y que tenga de blanco
su porte, sólo su porte.

Puedo ser yo un cuervo
que grazna, lamentando
la partida de mi hueso
que tú fuiste antes de humano...
Ahora eres redonda
como si estuvieras esperando...

La gitana

La andaluza dejó en el suelo al gato negro; todos se quedaron espantados al ver al felino que no se iba del lugar donde lo había plantado su ama. Antes de eso ella echó una de esas maldiciones gitanas, y como todo lo gitano sigue siendo el Infierno para los europeos, lo tomaron como una amenaza; tanto así que el cura del pueblo estaba blanco de ira y de impotencia, ya no era capaz de manipular a los campesinos que guiaba, y estos se daban cuenta. La muchacha regó poca modestia y carcajada, tomó al gato y lo acercó a sus dos pechos que apenas y aguantaban en esos trapos. Los amenazó para despedirse; y se fue caminando.

lunes, 1 de diciembre de 2008

No sexo

Voz horrible que ate
sensación carnal de un vivo goce;
Ojos de un dislate,
amor de los fugaces,
consumido sobre aquellos trotes.

No tiempo en aborde
que se declara ya trascendental
por besos de los torpes
pasos del lado de más animal
en el que puesto estamos los hombres.

Plantado

Esperará. Un sorbo de vino que sabe a mar, cuya hez descansa fraudulenta en el fondo de la botella y del vaso. Esperar un poco más. ¿Caricaturas a las 3 de la madrugada en un bar? Ah... Esa clase de caricaturas... Ladear la cabeza a ambos lados, ignorar las miradas que quieren partir el lomo de alguien. El reloj de la tele. El cantinero, el otro cantinero, la chica que aguanta con los muslos enrojecidos y que cobra una miseria. Esperar un poco más, casi hasta el hartazgo. Un tipo que ha estado mirando desde hace una hora. Un hola; un trago, por favor; un qué pasa, guapo, ¿te dejaron abandonado?; un por favor, lárgate; una llave para que se den un beso forzado; un golpe para dejar en claro la situación del fugaz romance. La huida. Lágrimas en los ojos. Seguridad de saber que él no vendrá.