domingo, 30 de noviembre de 2008

Alunizaje

Diez vueltas para que el carro marche por buen camino, además los tripulantes están preparados, con las manos apretando el espaldar del asiento. Asoman unos lugareños al ver qué están tramando esos sujetos con esos vehículos refinados. Ellos dan una vuelta brusca para que se lance como un misil el auto, él contra la tienda de joyería que al momentos otros tipos que estaban ahí- y que nadie había notado- entran a saquear y robar. Los hombres del vehículo, aún aturdidos, son ayudados por uno de los ladrones, quien los mete a una camioneta que los está esperando con el botín recaudado: miles y miles de dólares.

Necesidades humanas

Sin hambre sé de hombres que mastican
y mastican y mastican, y lo hacen
hasta morirse de lo contrario al hambre;
pregunto por qué nadie me explica
que no puede ser igual
con los que no aman, no aman, no aman,
¿Por qué?
Porque un corazón vacío sí camina,
a pesar del agua, agua, agua, agua...
La amistad se me enquista
en esos malos amigos
que nunca preguntaron lo que me estaba pasando
con la suficiente convicción
como para responderles...
Yo supe vivir en el otro
(Aunque estos versos no lo noten.),
el problema fue, y es,
que los otros jamás vivieron en mí.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Cielo soñado

Es una ciudad enorme a pesar de que hoy nada es enorme en el mundo, la idea de enormidad dejó de ser efectiva cuando llegamos a todos los rincones del mundo, a partir de ahí no dejamos de mirar lo demás como subordinados nuestros, listos para nuestros antojos y nuestra disposición; ¿y qué hay del cielo? Con el cielo no hay nada, ¿Cuándo fue la última vez que lo miraste? ¿La vez que llovió? Estamos acostumbrado a esa influencia celeste, probablemente pensamos que tenemos un techo sobre nuestras cabezas. Sin embargo, yo hablaba de la ciudad ingente, una que está cerca del Cairo, pero que no es el Cairo, y que tampoco está en las cercanías. Es una ciudad extraña, casi inexistente, posiblemente sea eso: no existe, la habré soñado en tantos viajes que he hecho al Oriente... De arquitectura no sé nada, no sé qué es una pilastra, un arquitrabe, aunque sí sé lo que es un tejado, tan ignorante no soy, es eso que nos cubre las cabezas. Bueno, la ciudad de la que hablo está en medio del desierto, y yo no sé cómo llegar hasta allá, solamente busco en mi memoria y encuentro mi ser caminando, trepando, subiéndose por estructuras bajas intercaladas hasta las plantas más altas de un sitio. Desconozco la causa por la que subía, aunque sé que era urgente que lo hiciera. Como ya se imaginarán todos nada ocurre al final, salvo que no sé cual es aquel final que antes menciono: mi memoria se queda hasta ese momento, el que levanto los ojos al cielo, veo brillar un color blanco...Sólo me queda eso para mencionar, un color blanco.

El asesinato del sueño

La voz infrahumana no se entiende,
es un murmullo; no es voz,
no es voz, no es voz, no es voz.

Tenebroso eco que se intercala:
comporta distinción de miedos
en las instancias superiores...
Yo no sé si hay Dios.

Dios está muerto... Construyamos otro
que use nuestras cabezas,
que no mande por las iglesias,
que motive al sexo,
que sea un orador de la verdad,
que diga basta a las personas,
que ignore el éxito,
que sea calidad y no cantidad,
que no sea un maldito celador,
que tenga más humanidad.

O mejor dejaremos que se lo coman los perros,
o lo mataremos con piedras en Irán;
tal vez gobierne en la ONU,
gobierne de verdad...

Mi voz...¡Qué de mi voz!
son murmullos, balbuceos, piedad...

Deseo final

"Si muero, entiérrenme con el culo al aire, apuntando al cielo, y a mi lápida póngale la siguiente inscripción: '¿Ves, maricón? ¡Para ti siempre estoy servido!".

Los hijos del presente muerto se miraban unos a otros desconcertados: ¿Qué carajos es esto, una payasada? No hay duda de que no buscaban resignarse a que aparezca una cámara escondida de algún programa basura; pero nada, era la voluntad de su queridísimo papá.

Poco antes de morir aquel viejo hombre había tenido una llamada, aquella contenía una trágica noticia sobre un viejo amigo y un gran amor, uno que no volvió a ver jamás; y aun así recibió la llamada. Esto le deprimió insalvablemente, mermó su salud y su espíritu de tanta rabia que evaporó los trozos aún sanos de su alma. Sin que sus hijos lo supieran cambió el testamento, de paso que afinó algunas peticiones que ya no valían nada.

Como estaba escrito los hijos tuvieron que hacer caso, era la petición y la ley, y si no eran ellos, era el estado. Así fue enterrado, y así enterrado no tardó en causar un escándalo entre algunos conservadores que vieron esa actitud como lo que realmente era: una enorme ofensa.

Por algunos meses tuvieron que soportar a las ladillas que viven en la prensa; hasta en determinado momento llegaron a odiar a su progenitor; no obstante, se dieron cuenta de que más inhumano, posiblemente, hubiese sido no haberlo hecho.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Sexo práctico

El corazón no tiene quién le escriba
porque tiene mala letra...
No es víctima del mal trabajo de los profesores
sin la chispa divina de la ética,
sino apenas un ser caminante
que duda al poner sus pies en hogaño.
De la piedra no brotan los relámpagos,
y nadie llora por una mala película
donde dicen que si el corazón no es escriba
poco hay que hacer por remediarlo.
Ni siquiera tiene un paraguas por el esfuerzo:
mejor estar de pie sobre el mojado
de la lluvia siempre fría que no es fría...
Felizmente, algunos locos acusan a los locos
por no tener una letra agraciada:
el amor no es cosa de patrañas,
sino miren al amor que se vomita
entre el "acepto" y el "vete a la otra cama".

Si él no tiene quién le escriba,
yo de él no hago ningún drama.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Bien esquivo

El policía estaba fumando un poco, relajando las piernas en la banca de aquel frondoso parque, las luces naranja. Pensaba en su casa, en su amante y lo rico que sería verla, meterle la mano bajo el vestido, tal vez encañonarla...

Dejó de pensar al ver a una mujer frente a él. Ella con la cara toda ensangrentada, henchida, sus ojos rojos por las lágrimas. En breve le dice que su novio la acaba de agarrar a golpes, que huyó de él y que le debe estar buscando para matarla; a unos metros su novio da con ellos, y se resiste a actuar por la presencia del oficial.

- Mira, mamita, ¿sabes qué? Si tu novio te pega es por algo; él no está loco, seguramente que te has hecho la perra y te has encabritado; ¿Es él, verdad?- pregunta señalándole con un dedo. Voltea hacia la dirección que apunta- Oye, hermano, no pasa nada, ven y llévatela nomás, que me está que jode la muy pendeja.

La mujer se arrodilla y el suplica. Él la empuja hacia atrás con una leve patada. Ya para eso su novio la tiene entre sus brazos, la ase con fuerza; a unos metros, desde donde el policía no alcanza a ver, le mete un puñetazo.

Sueño perfecto

No daba tregua la confusión de mi mente; los pasos por aquel pabellón se volvían cada vez más imprecisos. ¿Amistad? Eso no vale ni el nombre. Todo se remontaba a una hora antes, en la parte superior del edificio, una pequeña recepción para demasiadas personas, y el viejo Logwil siempre equivocándose con la gente que asiste a las fiestas. Era una de reencuentro de los viejos compañeros de clase de... Pasados casi 20 años ahí estábamos de nuevo, pero no sé si de verdad estábamos los mismos: todos estábamos tan cambiados (Considero ahora que tiene algo de verdad eso de la renovación corporal cada siete años.); los matadores eran tipos patéticos, flacos y con manchas en la piel, seguramente por el tabaco, era un grupo pequeño, los pocos que habían sobrevivido, mejor que no lo hubieran hecho, hoy más que nunca se veían miserables. Las mujeres, como siempre, pavoneándose de un lado al otro, algunas, no las que fueron mamás, o sea verdaderas mamás. No alcanzo a comprender el porqué muchas no se ufanan de eso como un logro en la vida, ¿punto al feminismo? Señoras sonrientes, logradas para la fotografía, solamente. Los viejos compañeros, los viejos amigos. Maldita amistad.

De todos me emocionaba ver a Ringo, el muy idiota... Tantos años y aún le llamábamos así, la mayoría ignorando su nombre de verdad. Nos encontró apenas llegamos a la fiesta; una llamada en el hombro, nada más. Luego los abrazos, las presentaciones, las preguntas espontáneas que jamás se contestan. Fue ahí cuando noté el silencio desafortunado de él ante mi esposa. Mi bella esposa, la pequeña Conny, como le nombraron, compañera nuestra, guapa en sus buenos años, tan querida que me da pena hablar de ella. Él dudó en darle la mano, pero a pesar de todo insistió. Tuvo una incomodidad notoria al tocarla, luego al no liberar la mano. Aludió a un burdo mareo y se alejó; yo creo que ahí comenzó la caza. Fue a seguirlo, lo alcancé, le pedí explicación. "Habla, pero no mientas", le dije. No sé qué me dijo o si me mintió. Habló de una chica que según entendí era ella, que tuvieron una relación extraña, que él no la olvidó, que en realidad los sentimientos se habían dormido y, tantos años después, despertaban. Habló de matarme si insistía, de hacerlo él, de hacérselo a ella; creo que amenazó en confidencialidad a todas las personas de la fiesta. Quiso pasar y yo lo detuve, le expliqué que no le había entendido nada. Sacó un líquido de su chaqueta y me tiró en la cara: una mezcla misteriosa de amoniaco o algo parecido; de inmediato me di contra las gradas.

Horas después desperté. Fui a la fiesta, no había ni un alma. Llamé a mi mujer, no contestaba... Amistad y amor, vaya tonterías.

Dioses

Si vamos a morir
moramos como dioses,
puestos en la cumbre sobre el solio
ardiendo por la luz, la flama, los deseos.
Risueño será nuestro deseo,
poderosa nuestra iniquidad que desampara.
No dudemos, que dudar es sólo muerte
y la sombra a veces no acompaña;
los niños no serán niños cuando crezcan,
sino son carne muerta en la batalla
donde algazara enemiga sufre retroceso.
Poco valen las enormes ciudades fenecidas
cuando el horizonte de Dios es nuestro:
esperemos morir más veces nosotros.
Los espejos arderán nuestra presencia.
No será tutelada el alba tranquila.
Empero, abrir y cortar cabezas
en nombre de nuestra gloria escrita.
Tocas una mano y no será la suya;
olvida del amor la leche tibia:
ahora el cetro y el poder manda,
y tú obedeces, es el precio de las cosas.
Nadie necesita un clavel sobre el mundo
porque, ¡la tierra es un planeta de claveles!
Arriba el estupor te aferra al sueño:
sientes viajar, volver atrás de nuevo...
No se desdicen los pasos recorridos;
tú no perteneces a esta mala mitad,
tú eres un Dios, un solio, un insolente.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Palomitas de maíz

Palomas que se quejan en la boca
degolladas por los molares y otras muelas.
Tal vez la tristeza venga desde adentro,
junto con el eructo de la tibia cerveza.
Nadie encontró ese video publicado
del cual hablaban cosas burdas y obscenas;
a veces mencionaron nuestros nombres,
a mí me juntaron con polvo fantasmagórico,
a ti te pusieron como una inconforme,
todo en ese hotel de pocas estrellas...
Yo nunca fui atrapado en la película.
Mi vida estuvo tras los escenarios,
siempre olvidando la palabra exacta:
perdón porque nunca haga poesía
o porque deteste hablar mal de los demás,
también por hacerme el inservible
cuando miro al suelo por las piedras redondas.
No te culpo por no ser una mujer verdadera,
de esas que vomitan en los taxis,
donde hacen el amor y no se acuerdan...
La verdad es que yo no soy sincero:
a mí todo el mundo me parece un desastre
que se desquita por sospecharse inmundo;
no creo en los amigos que te abrazan
para durar junto a ti otros 5 minutos.
No creo en el amor de los padres
que te usan como un chantaje o un trofeo,
y tampoco creo en el tiempo...
En el que dos personas se aman...No, no creo.
Algunas veces fui tan malo como todos,
¿Por qué ya no me acuerdo?
¿Es eterna la incertidumbre sobre la vida?
Son una poquedad de alma los versos.
Los míos se disecan como lagartijas;
y al final no entiendo, no lo entiendo:
el amor, el alma, la belleza, la vida.

Improvisados

A la mitad de la mañana un loco con harto atrezo y donaire se posicionaba en la plazuela Los Descansos, provisto de mucha magia inútil y nada de descaro. Al verlo actuar algunos llamaron a sus amos, perdón, jefes, para avisarles de una posible plaga contra el bien del local y de la mentada clientela. Su aspecto adánico preocupaba, más aún en un lugar que fue y es poco donoso con las partes flacas y humildes del ser humano, en una sociedad tan cucufata, que hasta los chicos tienen miedo de que les crezca pelos en las manos. En fin, el tipo representaba una mezcolanza de Hamlet con toques de La casa de Bernalda Alba (En la que hacía de todas las hermanas a destiempo.)y con ciertas acciones de Esperando a Godot; y la verdad era que daba carcajada del ridículo para verlo, algunos mozos y comensales habían girado de sus mesas por el agrado de observar y reírse involuntariamente, cosa que algunos religiosos no aprueban. Pronto uno de los dueños trajo del brazo, como un niño ayudado por su madre a recorrer las calles caóticas, a un guardia que en ese momento dejaba su almuerzo para volver por un instante al trabajo. Le ordenó que si no lo sacaba el que se iba, posiblemente, sería él. Con tal orden no dudo en ir para imponerse, grande fue su sorpresa al ver que estaba enredado en el hilo de araña invisible de la obra, y que en ese momento representaba a Bernalda. La cosa causó hechos encontrados: la aprobación unánime de los hambrientos con buenos bolsillos y la cólera del señor que era su jefe y que le hacía señas desde donde estaba de degollarlo. Al verse reducido a un mal día de trabajo atinó solamente a quitarse la gorra con visera negra para darle sus respetos al público: algunas copas aprobaron la oferta. Y al final fue la madre de todas las alegrías aquella dupla que no se diferenciaba en ningún aspecto.

martes, 25 de noviembre de 2008

La firma

- Disculpe, su lapicero no pinta...
- ¡Y usted cómo es que lo sabe!- grita, confundiendo las cosas.
- No, ¿de qué habla? Yo hablo de éste, no ve que no pinta, no le puedo firmar nada, y si no le firmo no le entrego ningún paquete, de paso que me tiene aquí hasta la otra mañana.
- Buscaré otro...- se anima a decir.

Luego de su salida, de la puerta que da al salón, asoma una mujer con bata, con el cabello hecho una pelusa, tiene la cara bárbara.

- Hey, venga, ¿sabe por qué gritó? ¿Lo sabe? ¡Porque no le funciona el lapicero! ¡Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja!

Al instante regresa el marido, alertado por el grito de su mujer.

- ¡Qué haces, loca maldita! No eres quién para hablar de nuestros problemas...
- ¿No lo soy? Si te mueres por cogértela a ella; por algo me puse detrás de la puerta ¡para verte babear cada vez que se curva...!

El tipo le tira el bolígrafo:

- Vieja del demonio.

La otra se va, carcajeando. Cuando se anima a voltear para ver a la chica, que se ha ganado con todo el mal rato, descubre que ésta se ha marchado. A un lado de la puerta los paquetes, además de unas formas sin firmar.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ser como el lenguado

Para ser como la arena
no tengo que irme a una playa
con la intención de poner a un lado
de mi cara
mis dos ojos,
mis dos agujeros negros de la cara,
la boca que desea siempre echarse...
¿Dónde podré colocar mi otra oreja?

La belleza no importa cuando escondes;
la mayoría de secretos son belleza,
eso es dado porque fallan los que piensan
que las cosas que guardamos las guardamos:
¡Siempre están ahí, siempre regresan!
Sin notarlo las llevamos en la camisa,
no como una palada de lenguado...
Aquí realmente están cerca los límites
de nuestros miedos;
acá todos nos miran, aunque gente como yo
hace mucho se haya vuelto un sueño.

La misiva...

Estimado señor:

Cascos oblongos se proyectaban a sus espaldas desde la parte de metal pulimentada que se acoplaba a sus viscosos cuellos; largos y con fragmentos, tal vez esquirlas de acero en el tórax y en el dorso, con extremidades reptilianas que los hacen superiores en todas las pruebas físicas comparadas con el alcance humano. Posibilidades que derrotarla: prácticamente ninguna, son muy veloces e inteligentes, pero su fuerza está basada en la lucha frontal. Actualmente el laboratorio está realizando pruebas con organismos parasitantes (Virus, bacterias y algunos organismos nanotecnológicos que funcionan en base a nocivos químicos.), en todas ellas hemos tenido escasos resultado; lo cual deja muy en claro la necesidad de contribuir al estudio exhaustivo del ente alienígena, caso contrario nos veremos en grandes posibilidades de ser aniquilados por una raza notoriamente superior. Cabe recordar que la llegada a la tierra de este ser no fue un hecho aislado, y que todo indica que fue enviado a la tierra en señal de reconocimiento; por los años que las pruebas nos muestran, hace millones de años.

Sírvase a considerar un poco esto antes de pretender eliminar el programa de investigación.


Atentamente, Taiki Yuya, jefe del proyecto EVO

domingo, 23 de noviembre de 2008

La historia del monje, el leñador y el árbol

En cierta ocasión un leñador de Poor River contó, luego de una docena de jarras de cerveza, esa buscada razón por la no había vuelto más al bosque de piedra (Rock Tree.); lo que dijo fue lo siguiente:

"Todos son unos idiotas, cobardes, no saben lo que pasa ahí porque regresan temprano a casa, ¡snif!, pero hacen bien, es mejor estar ahí que en ese condenado bosque. Yo me quedé una vez, lo hice en el día que hubo más luz del año... Por la luz pensé que podía quedar a talar un rato, eso pensé por los inmensos robles que encontré doblando con una pedregosa colina. Estaba por el segundo árbol cuando vi- o me pareció ver- a una persona a un lado de mi carreta; al principio era un tipo de traje amarillo, suelto, pensé en una manta, algún idiota que no se entera que el alma tiene color blanco. Luego seguí, y antes de acabar lo vi a mi lado, a unos metros de mí: no era una manta, era un sayo, uno blanco que no sé por qué vi amarillo; ¡Y yo me orino en tu abuela, imbécil! Sí, sí, déjenme acabar, así se enteran y no me siguen molestando con la misma pregunta; ya ahora me resulta difícil hablar, me da escalofríos... Yo me asusté tanto que lo primero fue atacarlo, meterle un hachazo en el cuello, y eso hice, ¡y sentí su cuello romperse, partirse al contacto con mi hacha! Pero de inmediato vi caer aquel traje, ¡sin cuerpo!, ¿Alguien ha visto a un espíritu que pueda morir? Sí, suena tonto, yo no lo entendí en ese momento, solamente supe que me tenía que ir de ahí, tal vez mi vida corría o corre peligro. Eso no lo sé, ¡ni lo quiero saber!"


Mientras eso pasaba en el los restos de aquel monje benedictino esperaban que al cortarse las enormes raíces blancas de aquel árbol alguien notase su esquelética figura.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Contento por ofrenda

Siempre estoy contento
con esta risa callada
sin necesidad de ruegos
de esa clase tan tonta
que te pide sin demora:
¡Por favor, sé triste luego!

Yo a mi tristeza la quiero
porque siempre me acompaña;
no hay jamás igual compaña
ni son vacíos los cerebros
a su lado, del que no celebro...

Ya sé que me come las vísceras
para apartarme de Dios y sus mujeres.
Sé que no viviré por su culpa;
tal vez será como el cordero
en el desierto que se sacrifica,
una ofrenda para algo que esputa
ante ella, sin mayor suerte...

Y ante todo esto unas palabras:
Yo a mi tristeza la quiero,
eso para quererla siempre.

"Hechar a andar la historia es el primer paso para iniciar la muerte", dice la portaba de un libro sin ilustraciones, de tapa dura forrada en tela azul, sin título, las letras están pintadas con algo que se parece a la sangre; no obstante, es poco probable que sea sangre; en caso contrario, no me extrañaría que el bibliotecario traiga un trozo de cabellera en el siguiente tomo. "Libros extraños", le dije, y no debe ser nada más extraño que este libro, algo similar me dijo él. Brevemente, me contó que lo había leído hace muchos años, siete días después de que se volvió ayudante del antiguo bibliotecario, estaba junto a la zona maldita de los libros de horror y de los libros extraños y de los libros que a nadie le gusta leer, probablemente porque muchos son buenos, por lo menos para alguien tan extraño como yo. Luego de que me los dio me fui a sentar a mi espacio reservado, que es una mesa con una pequeña lamparilla que ilumina lo necesario para poder leer a la sombra de los enormes muebles abarrotados de libro en la zona oeste de la biblioteca, ¿ya mencioné que es pública? Bueno, al abrir el libro me sorprendió hallar el inicio del exordio con las siguientes palabras:

"No cuestiones las razones de estas palabras, puesto que son el final, y al mismo tiempo, el principio del libro; tu única razón aquí es continuar leyendo, lo que hiciste ahora ya es inevitable. El hecho de que dejes de hacerlo no variará nada, salvo la posibilidad de poner en riesgo tu vida. '¿Qué es lo que he hecho?', tal vez te preguntes. La respuesta más simple y profunda se da en el modo presente: Matar..."

Lo demás era una serie de argumentos que no tenían nada que ver con la historia, sino más bien con las razones y dificultades de la historia, pasando por las épocas más famosas del crimen, sus inicios, los fundamentos de distintos pensadores desconocidos que abogaban por una justificación del asesinato, los mensajes soterrados de algunos escritores famosos, entre literatos y filósofos, sobre la misma razón, con la única diferencia de que ellos consideraban un ente, ya sea físico o mental, que regulara dicha acción. Lo demás es vano y manejable: se resume a que el interés por la sangre y el miedo de los lectores de esta clase de novelas son el componente ideal para desencadenar un crimen; unos puntos suspensivos dejan el razonamiento a la mitad.

La historia es prácticamente atemporal; habla, a lo mucho, de hombres y mujeres no tan felices ni tan miserables que viven en un lugar aceptable en una época no muy desgracia y así o asá. La historia de cordialidad desaparece a los párrafos de iniciarse la historia, eso por la llegada de un hombre con un sayo blanco y desgarrado, herido de muerte por lo que él afirma fue una divinidad revestida de lobo, cosa que muchos creen como verdad, ya que en aquellas tierras no existen los lobos. A través de él se enteran que un hombre ya ha muerto y que otro está en camino al mismo suceso, que el primero no es él y que el segundo será uno de ellos, no sabe quién, tal vez sí, pero ante la insistencia de uno se muere. Confundidos deciden enterrarlo; sin embargo, se enteran que una persona acaba de morir en la comarca: el cura, según malas voces, asesinado. Toda la historia transcurre en el seguimientos de aquellos simples -y hasta mediocres- humanos por el camino de la primera muerte y la del siguiente asesinato; a todo esto hay que señalar que algunas cosas son muy interesantes, especialmente el valor teológico que alcanza la novela y que es mencionado por palabras o expresiones tan simples que cualquiera terminaría asustado de sólo escucharlas. Mención aparte es la descripción de la que se presta el autor en su afán de introducirnos a la historia, la misma fiereza de alguien que, por dispuesto a demostrarnos algo, se aventurase a la más frondosa selva y trajera el objeto para ponerlo a unos centímetros de la cara. En cambio, algo de los demás tiene puntos flojos, mas queda la enorme duda de no haber comprendido de modo certero la escritura; no me gustó el opuesto de la grandiosa teología: el rastro miserable y humano de estos malos detectives, el cual siempre roza con un extremo patetismo, sea porque es un momento muy endulzado o porque se rebajan como las fieras a las acciones más ignominiosas que motiva la miseria. Dicho de otro modo, a veces se prestan a la figura de los ángeles, y las otras veces hacen lo mismo, pero con lo peor de los alados y de los caídos y de los intermedios, por no decir humanos. En fin, la historia transforma de manera radical a los testigos: el grupo es obligado a salir del pueblo por las personas que, asustadas, les acusan de ser parte de esto, ergo, potenciales asesinos de la traducción mística; pero al momento de salir ellos ya están tras un castillo levantado no hace mucho por orden de un judío encubierto de la corte real del rey de Francia, el que corresponde a esa época... Después de que consiguen entrar (Usan un método bajo: hacen que una de sus acompañantes se acueste con el mandamás.) averiguan que dicho señor ha tenido visiones extrañas sobre las referidas muertes, tanto que llegan a convencerse que es el asesino, y, en vista de las circunstancias, tratan de asesinarlo, cosa que no consiguen por la actuación de la mujer que se revolcó con él. La cosa es que al final ella es la que muere, pero lo hace después de que uno de ellos descubre un manuscrito del judío que estaba escondido detrás del brocal de un pozo (Hay que destacar la hidrofobia del personajes, aunque, al parecer, se trataba más un terror hacia los espacio cerrados.); esto llama gravemente la atención, debido a la poca probabilidad de que el judío haya escondido ese lugar (Hay que resaltar, además, que el hallazgo del testimonio tuvo que ver en mayor manera con los estragos divinos.) tan atemorizante para su persona. En dicho papel se expone la idea de que todo ha sido un movimiento místico, en el cual no hay intenciones humanas, sino, a lo mucho, meros instrumentos... Lo más curioso es que lleva a la resolución de todo el acertijo: habla del mismo libro que leo mientras apunto estas cosas, habla de mí, aunque lo hace de modo somero, además me informa que la historia está maldita y que algo similar a la historia tiene que ocurrir, todo por causa mía.

Cierro el libro, y de algún modo fascinante me sorprendo. Tal vez por la parte en la que afirma que el tiempo es un gran laberinto en el que se mezclan a la vez muchas historias que ocurren, de algún modo, en un mismo momento. Finalmente, todo resulta ser consecuencias mías. Habráse visto...

Torbellinos

Torbellino sobre el agua,
sobre la arena prístina,
sobre las nubes blancas,
también en vértebras humeantes,
en las salas de la memoria,
por el libro que no entiendes,
entre una palma y otra,
cuando el silencio vuelve,
al envidiar ajeno carisma,
al humildarse a la poesía,
al oscurecer los aires,
a la hora de las imprentas,
bajo la duda soterrada,
sobre la cegador confianza;

torbellinos, torbellinos
lamiento costillas y caras...

viernes, 21 de noviembre de 2008

Extinción

Por una escala de manos hombres fuertes, alpinistas y andinista, descienden al frente de diversas grutas que se proyectan en una montaña de 2000 metros en una de las islas desperdigadas en el Atlántico. Van junto a una bióloga especialista en aves rapaces y a unos cuantos birdwatches que se cruzaron o conocieron durante el camino del crucero que los iba a llevar a la isla habitada más cercana para poder pasar a la otra isla, la cual se alcanza desde dicha ubicación a casi medio día de camino. Habida cuenta de la labor importantísima que realizaban, estos viajeros lograron encontrar el nido de aquella ave, prima, tal vez eslabón perdido entre las águilas y los búhos, de las águilas americanas de cabeza blanca, y, dispuestos a hacer sobrevivir la especie, volver a diseminarla, se enfrascaron en el intento de arrebatar esos huevos y ponerlos a buen recaudo en una máquina que mantendría el calor ideal hasta llegar al laboratorio de Missouri. Al momento de estar tomando la temperatura nadie se percató que la madre de aquellos huevos sobrevolaba por sobre sus cabezas, silenciosa, cuidándose de darle una señal a su enemigo; ésta se lanzó sobre el alpinista que informaba a sus pares que lo esperaban en la parte alta, le atacó directamente al rostro, siendo un ojo la pérdida del primer ataque. Al ser víctimas de la ira materna, también conscientes del peligro que significaba, no quedó mejor opción, inmediata, que derribar al animal, y, con una buena puntería, eso pasó, perdiéndose en un instante todo rastro posible de aquella especie, considerando que los huevos del nido fueron soltados por el tuerto.

El espectáculo

- Hola, ¿qué hay?
- La cagada, mira- le dice, dándole espacio a su costado para que se acerque al monitor.
- ¿Qué es esa huevada?- pregunta luego de ver por un momento.
- ¿No ves que es un pata?
- ¿Y qué importa? ¿Para qué lo estás viendo?- le reclama.
- Es un perdedor que hace como una hora escribió en la página que se iba a matar, eso justamente porque era un triste perdedor; y aparte enlazó el lugar a su cámara, según él para que seamos testigos de su muerte.
- Anda, qué pendejo... ¿Y ya lo hizo?
- Pues, no sé... Creo que sí, a la hora que dijo se puso frente a la pantalla con un vaso de piña y unas tabletas, aunque esas parecían aspirinas; que yo sepa por tomar muchas aspirina no te matas... Después se echó: desde entonces no se ha movido.
- Debe ser una farsa. Puta madre, me revienta los tramposos. Hazte a un lado, le voy a putear sus verdades- la empuja y, para no caerse, se levanta, además se lo perdona.

De ahí le toma vicio a escribir frases obscenas y toda clase de estupideces; la consigna: colgarle su máquina. De eso pasa un tiempo, hasta que los insultos paran a secas: Un grupo de espectadores avisó a la policía del suceso, y ellos fueron hasta la casa del menor; al entrar fueron a su cuarto, forzaron la entrada, se acercaron a ver si estaba vivo, mientras los demás les observaban. Al constatar que estaba muerto hicieron una señal clara de que el tipo había actuado en serio. Todos se quedaron pasmados, y uno de los oficiales fue a desconectar la máquina.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Al otro lado del cristal

Como palomitas de maíz las ametrallas reventaban desde la posición más alta, la cual corresponde a la del campanario de la iglesia. Las tropas alemanas se perfilaban como las ganadoras por su mayoría y la superioridad de su armamento, además de que el que dirigía la invasión era un soldado que se perfilaba como uno de los mejores estrategas o combatientes de su unidad. Las tropas de defensa estaban colapsadas por las bombas de los bombarderos que sobre la ciudad se desplegaban, y cada vez que alguien moría otro que era sometido al fuego nazi tenía que trasladarse a su lugar, todo con el fin de no ceder aquel punto estratégico. Desde el suelo no se alcanzaba a ver con facilidad al francotirador, quien, milagrosamente, no había sido muerto cuando una bomba le explotó casi en la espalda. Una cantidad considerable de arios le prestaba más interés que la pelea, eso debido a la necesidad de eliminar el único brazo que mermaba en aquel lado del río; no por nada, según se había sabido hace unos días, era uno de los mejores francotiradores de la academia principal de su país.

- Oye, la cancha ya está lista, ¿le echo sal?
- No, mi amor, me siento gorda, si quieres ponle a la tuya y a mí me separas algo, ¿ya?

Eremita

No hay nada mejor que una vida sin sexo, y apuesten todo lo que quieran ante mí, no lograrán nada. Yo ha he sido parte de las gentes que se ufanan de ser felices con ello, pero ahora estoy del otro lado, del verdadero otro lado, que es inmune a las debilidades de la carne y al deseo; eso me hace estar listo para la ascensión. Por propensión no soy un idealista, sino al revés: Yo no niego la necesidad de mi cuerpo hacia la sangre, no lo hago, eso, con un propósito más amplio, me transportaría a otro nivel, pero, al mismo tiempo, me alejaría de uno, del que quiero. El alma es distinta a la piel, se alimenta de otros medios, eso lo sabemos todos, y se puede llegar a la exactitud de lograr entre las nubes metafísicas la tenue unión entre ambas, además, si alcanzar a hacer lo que hice yo, puedes romperla. Ya rota el alma no será libre, pero sí, de algún modo misterioso, divinizada, o tal vez sólo reorientada de manera más eficiente hacia la necesidad real. Aquí solamente queda un tormento: la sed de conocimiento. La esencia en nosotros padece de una larga hambruna, la mayoría de las pocas veces solamente aplacada por el resultado de pasadas experiencias, ecos de otras almas de similar envergadura que al final se superponen en una columna que tambalea y que la mayor parte de las veces colapsa por el contradictorio hecho de que nuestra prisión es, hasta un punto considerable, efímera. Empero, diseñar y construir esa enorme columna (Que en el mejor de los casos es una pilastra.) trae a la mente la imagen de un adicto o un emprededor, todas las veces con el resultado falsamente fructífero. Por tanto, lejos de ser un apoyo, el conocimiento se hace una carga, pero, por favor, no una carga que debemos dejar. Je,je. Probablemente, si no lleváramos esa carga en nuestros hombros, seríamos lo más similar a enormes rocas sin uso ni propósito. A lo refiero es al hecho de que cada ser inteligente tiene su final, su límite, algo contradictorio a lo infinito, que es la continuidad. Si hacemos caso de un texto escrito en el XIV podremos vislumbrar que luego de nosotros sigue la nada y el todo, el principio y el final, tal vez el cubo y el círculo. Después, ni el sexo ni el no sexo valdrán. Hasta entonces, cada quien sepa elegir su camino.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

A gatas

Andaba a gatas por el ducto de ventilación de una de las tantas oficinas secretas del gobierno. Esta vez su misión era sabotear un remedio que posiblemente acabaría con todos los tipos posibles de cáncer; su realizador era un idealista que renegaba de las poco éticas costumbres de los laboratorios multinacionales, y que había sentido la presión al ver que el hecho de negarse a vender o a enterrar su fórmula era lo más importante para aquellas empresas. Un alto funcionario del gobierno lo mantenía bajo su protección y su cuidado, todo en secreto, siempre pensando en el beneficio de la calma antes de la tormenta para los interesados. Justamente, estos no se iban a quedar a mirar, por lo que hicieron y deshicieron sus acciones para averiguar la posición del blanco. Y eso era todo su trabajo, casi todo. Desde la rejilla del ducto durmió a los que vigilaban aquel cuarto, a partir de ahí quedaban cinco minutos. Bajó por una cuerda, usó un pequeño aparato de pulso electromagnético para quemar las computadoras del sistema, y solamente le quedaba encargarse del genio, quien justamente se aproximaba a su laboratorio sin enterarse de nada. Dio vuelta a la perilla y entró, al levantar la mirada recibió un disparo fulminante. Le quedaba tiempo para volver con calma, así que entró al ducto y se regresó, siempre a gatas.

Ser en un momento

No vale voltear al muro
cuando inmole mis palabras
y saque de ti el llanto
acompañado de murmullos
en donde te desgranas
en perdón y en canto.
No seremos como el mudo
al que le dicen que ama
porque ve mientras tanto
que su corazón es crudo
para esconder su labia
y contestar "yo demasiado".

Jalaré...

Llevado de su mano yo jalaré al mundo,
y así no quiera, caminará...
Ninguna voz será suficiente rumbo:
quiero contigo chocar en el final.
Nuestra muerte será un camino propio.
Nadie tomará eso como un oprobio,
aunque nuestros pedazos los elevarán
al millar de piezas que reunidas
nace en una pieza distinta de un cubo.

martes, 18 de noviembre de 2008

El truco de las llamadas

En medio de las luces el mago tiene su sombrero de copa (Que, por cierto, saca de otro sombrero, uno de charro.). Se mueve de un lado al otro con insistencia; el público nota que se está exagerando, pero no hay problema, su representante le dice que todo está correcto, continúa nomás. Entonces mete la mano y saca un teléfono, un celular antiguo que es una reliquia. El público no se queda asombrado: unos cuantos hacen ¡boo! y se paran para reclamar su dinero. De todos los que se levantan los que tiene celular se detienen a contestarlo, a parar esa alarma insoportable que es la suma de muchas personas llamando. Contestan casi parejos: nada; hasta que la voz del mago, que sonríe desde las tablas, les pregunta pícaramente el porqué de pararse de sus asientos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Defenestrados

Eran las nueve de la mañana, pero todos no tenían el suficiente café, siempre comparando con el jefe, que acababa de salir de la fila de los desesperados que querían conversar con los dueños; oh, y cuando aquellos querían conversar uno tenía que resignarse ante tamaños terrores, salir con algo menos de alma de esa habitación oculta tras inalterables persianas y vociferar que hay junta, ¡al instante!

Los periodistas de saco y corbata, de vestido sobrio y bien puesto, en fila, algo parecido a las escenas que se dan en los fueros militares, pero sin tanta rigidez, obediencia, y con más miedo. El jefe da pasos apurados, echa humo y se traga el juego, quema su maltratado esófago. Pregunta, mientras guarda la compostura lo mejor que puede, los otros contestan, tratando de restar su miedo. El jefe interrumpe, empieza a hablar, luego a autorcensurarse, luego a recriminar, posteriormente insulta a los presentes, daña la honra de las mujeres, pone en duda la preferencia sexual de los machos; eso sí, a todos llama incompetentes. Uno de ellos, que se cree la gran cosa divina, le reclama: gran error; este pigmeo con un cajón como espalda lo coge de los huevos, los aprieta y lo lanza al costado de su escritorio. Rápidamente, le da unas bofetadas; y es tan intenso su odio que lo coge del cuello y lo arroja a la ventana, luego de eso muerto y despedido. Los otros se aterran porque entienden que está en juego sus vidas; se crea en ese momento una pequeña turbamulta en la oficina del jefe de redacción, quien toma en ese instante a una de las chicas y la tira de espaldas a la ventana que da al frente del edificio en el noveno piso. Algunos de los reporteros se defienden con improvisadas defensas: usan sillas, floreros, premios que
el otrora cuerdo periodista exhibía. Ninguno funcionó, pues, por cosas raras del destino, el hombre era menos hombre y más máquina asesina a lo Terminator.

De todo eso casi todos los presentes murieron; los de afuera, unos cuantos; la chica que sobrevivió pasó el resto de su vida con malas relaciones, en las que estaban incluidas sus loqueros. Al jefe de redacción lo fulminaron de catorce balas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Espejo

Espero...Y amenazarme no merece
una confrontación con aquel cero
que imita mis ojos, mi boca sedienta,
que hace de mí otro en sus entrañas.
La pena entra por la sangre de la cabra;
sólo así en el campo libre y ligero,
al lado de la madre que enternece
con ese beso que degüella la cabeza.
Ese blanco que lo ocupa ante mi ojos
mi rostro por mi rostro de testigo:
a un lado el inocente y el asesino;
izquierda o derecha, frente o espalda,
daño al tiempo que cruzan los caminos.
Ese saludo que arma mis tormentos
a través de la locura del ojo frío
que ve entre la desesperanza un juego
para enternecer a los pesados niños.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El extraño problema cotidiano

Cuando todavía es tarde y cada uno está en cuarto, toca la puerta cinco veces con una llave de débil metal. Nadie dice nada; el que está junto a la puerta principal, metido en sus cosas dentro de la sala principal, mira con desgano mientras se levanta. Una pérdida de tiempo más. Nadie dice nada, por si acaso. Pregunta antes de abrir sobre quién llama; la persona al otro lado le responde. Un momento, por favor. No dice nada, pero, antes de que diga algo, alguien le llama: "¿Ya llegó?". "Sí, ven, ve tú lo que pasa, no es mi problema". De repente empiezan a hablar todos: el hombre de cara floja y quemada entra pidiendo respetos. El chico vuelve a su mundo dentro de la sala.

Mi hermano no sabe de modales; para nada, y por eso le dice sin tapujos que el problema es el gas que llega hasta la cara al encenderlo. Una tía que acaba de aparecer le indica, además, que el problema debe ser de la cocina. El señor revisa ambas cosas, mientras los otros se comentan sobre el temor que tienen sobre que explote la casa o sea un daño irredimible para los bolsillos. Todos los de la casa, milagrosamente, han bajado y están en la cocina, incluso el otrora patriarca del hogar, ya viejo y con Parkinson, explotado por poco hombre y por un sentido falso de cortesía. Él enciende y apaga las hornillas, una tía sugiere por lo bajo que alguien ocupe su trabajo, ya que da cierta vergüenza ajena... En fin, el hombre ya sabe lo que sospecha. Va a su unidad motorizada y trae un nuevo galón, moradito y rechoncho con orejeras cuadradas; conecta la manguerita y listo, voila, el fuego que antes significo inteligencia ahora es un mero soporte de estúpidas familias en pos de una lamentable existencia.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Al fuego vuelan y en el fuego mueren

Es tan hermosa, tan romana, su nariz respingada y sus pómulos rosas, su cabello que a la poca luz es blanco y con la luna es plata. Tantas veces mencionar la luna, ¡bello mundo este fuera si para ser feliz no se necesitara la luna! Pero el esbelto conde lo sabe, oh, sí... Ser repudiado por hermoso y destructivo, buscado por lo mismo que con otro no encaja, y la belleza, tan normal como siempre, resplendente a medida que se abraza al fuego de la pasión, de los aullidos.

El es glorioso el pecado. Los sabios lo supieron al negarlo: su fuerza para lluvias o ríos, batallas o matrimonios. Es pecado ir contra la naturaleza del ser humano, poner las partes pudendas en las con fines claramente disímiles. El jugo del alma se voltea en el estómago, afluye con fuerza hasta la virilidad que la enrumba al exterior, a los labios abultados que se sienten como dos pedazos muy bien cortados de fuego. La luna todavía está ausente por unos grandes nubarrones que provienen del Oeste. Sus pequeños ojos cerrados ante el amoroso ataque de la masculinidad que escurre en su parte más débil y acusa por su cara; sus pequeños ojos de caramelo apenas mojados por las gotas más semejantes al agua. La mirada profunda que tiene ella, en cuanto abismo infinito, conduce al final del promontorio por el que los amantes ahora, con palabras o gestos torpes, tienen que arrojarse o desvanecerse para no divinizar su amor, porque, ¡ay del amor trágico y divino! Su mano le unta o le orna la nata de sus entrañas en los pómulos y carrillos del rostro, la dirige hasta su boca, donde ella la recoge con una lengua rosada que luego le lame su dedo, le besa las piernas, le ama.

Es el instante cuando la luna aparece en su ingente expresión y las condiciones son aptas. El hombre desnudo se aleja para sufrir la incómoda transformación: sus extremidades se agrandan, su piel deja a descubierto todos sus pelos marrones, su cara rompe su belleza para transfigurarla en un morro horrendo, su tamaño se duplica; el rostro de horror de ella es insuperable.

El licántropo ha torturado a su presa, también le ha amado en todos los alturados momentos, desde que entraron a aquel cuarto: la despedazó sin embargarse, sin miedo al que pueda denunciar si en un día igual hermoso a ese la recuerda entre las flores que crecen en forma de campana. Total, ella, si delicioso bocado, no es la última ni será la primera.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Prostitución

La persuaden de que puede hacerlo, el vigotudo de ojos azules y esa geisha con un atuendo similar al kimono. La pobre rusa llora, se le estropea el maquillaje, no sabe que eso a los clientes les encanta: verlas sufrir y llorar. El de ojitos claros mira su reloj y le dice a la mujer que el sujeto ya no va a esperar. Es ahí cuando la tipa le clava las uñas en su brazo y le da una bofetada que le pone roja esa parte que está al lado del labio, el carrillo. La arrastra hasta el cuarto donde un empresario emergente espera algo borracho, en el camino suplica en su idioma, no conoce el inglés americano. La amenazan con golpearla de nuevo, y la meten en la recámara; le desean suerte y satisfacción al señor, y dejan que el depravado la viole.

El gallo

El gallo te habla, Pedro,
¡no lo niegues!
Piedad con las negaciones,
hereje.
A mí me negaron siempre,
viejos,
por no morir en cruces tenues.

Te cerrarán las puertas,
¡créeme!
Las han cerrado en la venida
de quienes antes acceden
al Olimpo de Dios, de su cortina,
para, ¡ay!, observar lo que viene...

Y no esperará la voz rauca
para decirte: ¡Pedro, niégame!

A las espaldas...

- ¿Por qué me llamas pervertido? ¿Porque quiero hacértelo por atrás?
- ...

La pantalla mostraba su fondo blanco, ese que está lleno de un caos oscuro que parece una invasión de pequeñas arañas; la imagen del video y la del fondo se intercalaban: el sonido era lamentable.

- Qué dices...¿Nunca?
- No...- decía su esposa mientras mecía su enorme sonrisa de un hombro a otro.
- Entonces yo te la voy a... Ahí detrás es grande, entra todito...
- No jo...

Sospechaba que el problema el aparato, viejo, algo golpeado por diversos acontecimientos, póstumos al hecho de que era un cornudo. Pensaba levantar a alguien de la casa para verlo, pero de inmediato sospecharían, y la cosa era que no sospecharan. Poseer esa cinta era un problema, ya que de inmediato le apuntaba, ¿quién usa cintas hoy en día? Por eso y por el trasero flácido que tapaba el rostro de sus esposa se imaginaba que era alguien de la misma generación, un amor del pasado, un puto cualquiera; oírlo preguntar una y otra vez por el sabor de su leche le hacía pensar sin complacencia en su amigo, el lechero.

- Vamos, dale una chupadita, mira que está contenta...
- No te la voy a dar...
- Oh, vamos, sabes lo que me gusta... Y a ti...- susurra mientras la toma con sus dos manos y la aproxima; ella no se queja, simplemente mama.
-Ohhh, qué regia... Mira que después a la cama, y sabes, tengo algo de mantequilla. ¿Sabes dónde te la voy a poner?
-...

Aprieta los puños para controlar su ira y mantenerse helado. Tiene en la cabeza ahorrarse todo el trabajo de descubrirlos e ir a su cama para matarla a golpes. Sin embargo, la cosa es muy vaga: no puede negar que ya no le tiene el más mínimo cariño (Pero eso no justifica que a alguien más le esté dando mamadas.)y que no tendría problemas en mandarla a la cama con su buen amigo, el lechero; el engaño, ay, el engaño.

- Para, no quiero acabar la fiesta sin el pastel...
- Me recostara...
- Sí, mi vida, hazlo...

La imagen está por perderse, apenas y la silueta de ambos cuerpos se mantiene por difusas rayas. Se ve cómo se recuesta al borde de la cama y se mantiene con las puntas de sus dedos de los pies; abre las piernas, con sus manos aparta sus nalgas.

- Qué rico, mi amor, no te va a doler- miente.
- Con calma, mira que yo...

Su marido completa la frase: Nunca he hecho el amor por atrás. Maldita perra, nunca le había dejado, ni él había insistido. Error mutuo.

La imagen se pierde, lo que graba es una porquería. Mas el audio se relaja de su distorsión, se oye más clara la parte de los sonidos: quejidos, golpes suaves como el de las palmadas, otro quejido, uno más fuerte, un leve castañeo de dientes, una sucesión de sonidos mujeriles de dolor y placer. Justo cuando está por patear la inútil pantalla empieza la voz de su mujer a suplicar, a pedirle que basta, que pare, que no puede, que no puede, y el miserable que la aprieta con más fuerza.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Minimalismo

Cansado del alma bajo el pecho,
del ojo palpitante de mirada aguda;
harto de la turba de los cerros
aquí descansa el torpe caminante
(Sentado en el espejo del quedante.),
no bebe, no fuma, no hay mujeres
en su vida estoica de matriz turbia.
Su hiel del dorso lo adhiere
a los flujos pardos de los montes
donde van las dulces flamas destentando
subir hasta la cima de lo inconforme.
Ha dejado todo lo minimalista:
botellas, hijos, hogar, trabajo;
apenas siendo un hombre caminando,
más cerca de Dios que de ninguno.

Digresiones

No podía encontrar el libro con la página que buscaba entre las pilas de encuadernados que cuando pasaba un carro de carga temblaban sin caerse, no podía, y eso lo anhelaba; la luz parpadeaba siempre a esa hora; la cabeza parecía era pesada siempre después de varias horas en el monitor. La mayoría de tiempo era vasta, y afuera ni el viento ni los niños soñaba; era una especie de barrio de enfermos, la mayoría amante de las cervezas y confesos creyentes de la brujería y la descripción alocada de sueños inestables. Por la mañana era distinto, claro que sí, se escuchaba conversar sin recatos a las vendedoras de carne que interpretaban al mejor estilo freudiano lo que les hizo despertar la noche anterior: mas alguna vez le dijeron que era extraño ver a alguien con algo tan dañino como un libro, suponemos varios que esa percepción se debe a que muchos nunca han leído uno, lo cual da rabia, pena, asco. Habla, pero busca; eso se dice la cabeza que sigue memorizando o tratando de acordarse del pasaje de ese libro. Pero la falta de estantes es demasiado, excesivo entre las miserias de su vida literaria que siempre tratan de subir más, solamente con el oscuro propósito de preceder con una invasión otra de alguna bala en la cabeza. No somos genios, por lo menos seamos gente que no quiere ser idiota; y cuando lo queremos, de la nada, tal vez por manipulación divina, un libro de tapa dura cae sobre su cabeza de una torre alta y tambaleante... Obviamente se soba, mientras piensa cómo diablos terminó justamente ese libro allá.

martes, 11 de noviembre de 2008

Venida inútil

¿Qué pregunta, respuesta,
abre lo que en lo divino orquesta,
y cae como rauco
siendo aliento calmo
de esa lluvia que moja las praderas?

Ni truenos ni centellas,
apenas luz que alcanza en vano
terrenos de moral fea,
parques de los lunáticos;
todo eso sin sacarnos de la pena.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Escozor

- Oye, qué buena estuvo la bronca...
- Les sacamos las conchas de sus perras madres...
- Oigan, muchachos...- antes de terminar uno de ellos le hace un ademán de bajar la voz.
- Eso les enseñará a no llamarlas rucas.
- Exacto, esa sagrada condición sólo nos pertenece a nosotros, sus enamorados- dictaminó en todo solemne.
- Muchachos.
- Calla, ganso, a ti te dieron duro; a mí ni me tocaron, y yo hasta les besé el culo.
- Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja.
- Chicos, siento que me arde el ojo.
- Vi que te metieron un puñetazo...
- Sí, pero me arde mucho, tengo...Escozor...
- Esco...¿qué?
- Mierda, sácate los lentes.

Al sacárselo notan que andan por un lugar muy oscuro. Caminan hasta la esquina, la intersección con la otra calle, y miran con la luz naranja que un poste ilumina. El párpado de su ojo se ve entre morado y negro, el borde con algunas costras y manchas de sangre, el interior del ojo es una bola incompleta de carne; el ojo en realidad está casi salido, colgando de su nervio.

Cambio de dueño

Cuando la noche se haya ido
te besará, te tocará, te hará volar
sin levantar tu rostro de la cama,
sonreirás, y no podré evitarlo.

Mojará con su lluvia tus labios,
serás mujer al final y al principio
que no se arrepentirá toda la luna,
te enredarás, sufrirás, serás feliz,
y yo no podré otra vez hacerte daño.

Bajo el puente no hay amor

No sabe adónde van esos chicos, eso le inquieta y le hace voltear, distraerse inevitablemente de su periódico con una calata tetona y culona de minifalda acentuada en lo micro-. Son varios muchachos y muchachas, de condición de igualdad comparado a la vida que lleva: pobres, que se emplean para ganar miserablemente y comer algo o apoyar en la casa; a esa edad empiezan las escenas de amistad, de fiesta, las drogas, las perras, los fumaderos que son casas apunto de derrumbarse, la palabra de Dios, la indulgencia, la purificación, el regreso al infierno, la inmunidad entre el camino quemado, la vista placentera que en ocasiones se pregunta si no era mejor la idea de mandar a Dios al carajo y seguir con esa guerra hasta matarse. Las chicas son menores que ellos, siempre, tal vez sea porque la mayoría a esa edad de embaraza, se hincha en todo su cuerpecito sin desarrollar hasta que explotan en una sala de partos de algún hospital donde operan con taladros. La cosa ocurre debajo del río, y la jurisdicción dice que él debe vigilar, ¿pero eso a quién le importa? Ni a sus padres, seguramente están tomando a la vuelta, en el mismo bar donde sus hijos compraron esa cerveza. Hay música saliendo de ahí, espera que no estén tomando, si eso pasa a unos metros de él y alguna vieja mamona los ve él, por obligación, resulta responsable. Qué huevada, ni una chica de periódico vale un empleo. Espera hasta que la erección baja; más calmado se aproxima sin que lo vean, rodea el otro lado por donde no debe haber nada, según él. Al llegar lo encuentra, justamente eso. Un sexo en grupo entre muchachos y muchachas con los pantalones en los tobillos, se mueven al ritmo de la música, sonríen, algunos bailan mientras lo hacen, los otros miran, se masturban con los pantalones puestos; las mujeres miran, tienen una sonrisita indescifrable en su cara, duda de si imitarán lo que están viendo, algo que la mano mañosa del chico que las acompaña va definiendo. Y no hay nada más sublime que un montón de jóvenes jodiendo, sexos inmaduros. La erección vuelve de forma cuasi instantánea. También empieza a imitar a algunos de ellos; la edad, su abstinencia, Jesús, los corderos, todo lo licua en el movimiento semental de su muñeca.

Cabezas supersónicas

Cometas que impactan como cabezas sucias;
pero el suicida vitupera la lengua bárbara
que los doctos de Roma finiquitan.
Cabezas sucias sobre lanzas mugrientas.
Eso me recuerda que estás siempre arriba
y que gritas, gritas, gritas demasiado
cuando tras las paredes de papel escuchan,
dejan un charco blanco al otro día
(Soy tan poco poético como una reseña mala
de algún diario importante de la China.),
tú jamas lo lavas, no lo recoges con la lengua
que prefiere beber de la fuente emanada.
Arrojan cráneos mojados de sangre a las casas
sostenidas por pináculos blanco y aparentes.
"Yo no hablo de mi vida privada", sin embargo
todos te conocen en el piso manchado
del interior del ojo que no paga las cuentas
para llorar como un pobre miserable
o para escandalizar su moral de cotilleo
al instante que dejan aquí este poema.

domingo, 9 de noviembre de 2008

No, gracias

Dios, apiadándose de su dolor, hizo una excepción a su regla tan absurda y bajó a hasta su casa en un carro de nubes. Una casa humilde, de pobre y de madera, con huecos por donde los niños veían la carne de aquel pecador descolgarse las veces que por rigor debía de estar desnudo. El enfermo sabía por la luz extravagante que era el Señor; con una mano un poco más intacta que la otra se apoyó del jergón para ir hasta la puerta, al llegar puso el seguro y gritó:

-¡Aquí no entra Dios! Que es un bastardo que disfruta de la desgracia ajena, no entra si lo que viene es a dar esperanza, misericordia, grama indulgencia para alguien que quiere salud y no perdón.

Al oír esto Dios se arrepintió por bajar, pero como era un ser tan bueno subió a su hogar para meditar sobre el acontecimiento.

Martillo

No puedo escribir
y matar a las personas
con la tinta de fuego
y sangre que me mata;
no puedo matar personas
ni a quienes se lo merecen.
No puedo, no puedo,
por eso uso un martillo.

Dos personas y una cosa....

- Tengo ganas.
- Pues, yo no.
- Puta, lo haces con cualquiera y cuando te conviene, y cuando yo te sugiero una simple mamada no me la quieres dar. Puta, convenida y puta.
- Dátela tú y no me jodas.

Se para la cama y se va al sofá, no es la primera vez que pasa, por eso, con una frazada y un cojín púrpura, se acomoda en la sala y, molesto, trata de dormir.
Al rato una mano lo levanta.

- ¿Te gusta, mi amor?
- Mierda, me despertaste, ¡claro que no, no tengo ganas! Tampoco pienso hacerlo cuando solamente tú quieres.

Ella hunde sus uñas pintadas.

- ¡Ahhh, mierda!- espeta, y le da un puñetazo. Siente la sangre tibia enfriarse entre sus nudillos.

Alguien, de pronto, enciende la luz: es ella, está semidesnuda preguntando qué pasa, por qué hace tanto ruido. Su cara está perfecta, intacta; mira al suelo y ve sangre, una sangre oscura, negra, su respiración se desalienta sin variar.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Palabras vanas

Otra vez no hay nadie, y vuelven a pasar por esa televisora ilegal "El Padrino", siempre repite esa película a la misma hora, a pesar de eso nunca la he visto, no completa, no de un tirón como Dios manda; y es que a mitad ocurre algo, al final me quedo dormido (No por aburrimiento.)o al inicio siempre llaman, a la puerta, al teléfono, por la ventana, una carta, no importa. Pasa y no pasa, es el juego sádico del tiempo. Los escritores no pueden o no saben escribir sobre la nada, eso que deja de serlo apenas lo tomamos y vemos, no sin algo de desconfianza, como su esencia se evapora en el aire; nadie sabe por qué esos versos chirrían, a ver si lo sabía Vallejo... Puedo quedarme dormido sin un aguacero, posiblemente animarme a escuchar a esa señora cuya charla me motiva a jalar cerca de mi hombro un gatillo. No soy capaz de matar, aunque soy capaz de matarme, qué alivio, sin embargo no importa, a estas alturas es desperdiciar balas: yo ya estoy muerto.

Sin alcohol

Su mano se esfuerza por no hacer caer la caja con cervezas, tiene la otra mano enyesada, pero, como él afirmó delante de sus compañeros, puede. Al verlo estos levantan las manos como en un asalto, uno de ellos le da un beso y le quita las cervezas. Uf, qué bueno, su honor de hombre idiota no está manchada. Pero esperen, ¡hey, un momento!, esta porquería no tiene alcohol, es un fiasco, de dónde has comprado esta mierda, la compré como me dijeron, la última que ha salido, ¿controladores de marcas? Se acuerdan... Le meten un botellazo en la oreja.

Rezo vivo

Un espacio turbio en el corazón
Vacíos

Las viejas hablan por sus arrugas

Las jóvenes lo hacen en el auto
Pero
un poeta está triste de tanta tontería
La cabeza pesa cien kilos
Dijiste que te pesaba mi cabeza
cuando no tenías una
o cuando yo tampoco la tenía
Te acuerdas
Ambos en la cama con una película
Sin embargo nunca seré Marlon Brando
ni tú
la muchachita guapa de los dibujos
eróticos

Siente que mi casa se ha extrañado
y no como yo, que te tengo extraño

Volvemos a ti al leer a Hernández
habla de poesía cuando es poesía
No obstante eres como el diccionario
de la Real Academia de la Lengua
que no enseña a usar mayúsculas

Yo no sé de poetas ni de vidas

Pero mañana madrugaré por el hambre

No comeré de mis letras en el domingo

El decálogo no impide masturbarme


He olvidado las dos venidas
la de Cristo y la de tu facilidad
con la que sueltas el suspiro caliente
para que se coma mi blanco cuello

Deberían los americanos
crear nuevas formar de la muerte

Así los que no me gusten sufrirán
y no morirán por ser premio la muerte

Tú eres un premio que me mata
el sueño que tengo desde niño igual

Tú no eres el ángel de la muerte
ni tampoco soy las potencias de el Redentor

Sólo avanzo de dos en dos hasta siempre
esa eterna duda que no llego a terminar
esa cabeza que me falta para matemáticas

Podemos contar los hombres de tu pasado
o te da vergüenza censurar galerías
con inmorales como tú ahí dentro

No, no metas a las mujeres de España
en todo esto

Son dos aritméticas distintas
y complejas
que saltan a otro grupo refinado
que también sabe jugar golf

Ese grupo que no es idiota
aunque se olvida mucho de Heraud
y de los inmigrantes chinos del Norte
que trabajan y odian el comunismo

De pronto olvidé la esencia
igual que el tiempo olvida de mí

Este extraño hecho descansa en la huella
del pulpo morado o del perro negro
también del que comen los animales

Por lo tanto otra vez debo morir.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Holiday

- Al fin entiendo esa clase de insomnio.
- ¿Ah, sí?- le pregunta sin mucho interés su amigo oficial.
- Es una expresión de la pena. Mi mamá, mi papá, mi hermana; le tengo lástima a muchas cosas, debería parar ya.
- Es cosa tuya, hermano.
- Oye, mira, ¿qué hace ese tipo?
- Yo llego a ver, da la vuelta y baja.

Doblan en u y se estaciona con destreza. Baja, y el tipo que antes disimulaba se da cuenta y trata de correr, el otro es más rápido y, a pesar de llevar un traje de incómodo, le atrapa.

- Muy bien, gracias por correr, ahora tenemos derecho a ver qué estás tramando.
- Yo no he hecho nada, jefe.
- Ya, calla. Hermano, ¿qué hay?
- Qué falta, mejor pregunta eso, el carro está abierto con una pata, y está casi desmantelado por dentro.
- Uy, atrapamos a un pescadito a media noche. Qué lindo, seguro que si te ponemos en la cesta con los demás te va a gustar... ¡Camina!- le da un manazo en la nuca.

Lo meten a la patrulla esposado. Conversan sobre quién entra a avisar, no se han percatado que la llave aún está puesta. El detenido cambia el lugar de sus brazos y se presta a manejar el vehículo, uno de ellos, el del insomnio, se da cuenta y trata de sacar su arma, algo no le deja; el otro responde un poco más tarde. Cuando las sacan el auto está avanzando, le apuntan pero no disparan, saben que eso les costaría parte de su sueldo. Se desganan, y el ladrón probablemente usa su patrullero para robar.

La hoja no lejos del árbol

Los peroles cuecen algunas hierbas, y la mamá mira que mira dos o tres veces el resto de ollas a las que no les da el fuego. Papas, lechuga, salmón (Raro de conseguir en ese mercado.), arroz de esos que no se venden en la ciudad, fruta de la selva, casi nadie, salvo los interesados, la conocen. La cocina al tope por los olores que se mezclan, la lengua y la nariz haciendo finamente su trabajo de venerables instrumentos para el mundo que nos rodea. La madre se recuesta junto a la cocina, el calor del horno la refrena de pensar si lo que hizo estuvo mal; dejar la universidad, su carrera, su futuro brillante para hacer feliz a otra persona. No obstante, a esa persona le ama tanto, le engríe, engreírle hace de ella alguien de bien: qué importa haber abandonado la búsqueda para conseguir el final del camino.

Una llamada a través del teléfono rojo y brillante de la casa. Un corto recorrido para llegar hasta allá.

-¿Aló?

Por la otra parte habla una desconocida, le dice en otras palabras que su marido no volverá a cenar; llora, le debe una respuesta a la desconocida persona, a esas alturas lo único que hace es llorar. La médico entiende que seguir hablando no vale la pena, y que dentro de unos días, luego de todo el engorroso papeleo, al marido lo podrán enterrar.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Adiós

La sujetó de la espalda y la arrimó a él: un abrazo de despedida en medio de toda esa gente. Ninguno de los dos se atrevió a soltar alguna palabra. El abrazo era todo para acabar con aquellas mentes frescas y juveniles. El borde de su vestido se levantaba tiernamente con el aire frío de esa madrugada. La feria estaba abarrotada de gente, y, sin embargo, nadie los notaba. Habían perdido presencia entre sus congéneres. Al mismo tiempo ambos se separaron sin soltarte; sus corazón vivos se mantenían a la espera que una invisible daga los aparte. Cuando pasó el corte fue puro y simple, casi indoloro. Se vieron y se despidieron. Nada más en todo el mundo pasó.

Génesis

Tendré el corazón del hielo
que nace de la arena del desierto;
pero se posará sobre la rama,
seca y única por las blancas
lenguas que llueven del cielo.
Sólo entonces acabará el llanto
para preceder la venida del ruego:
Cesará el cuerpo del impenitente,
lleno de cicatrices y espantos,
de renegar por el alma tripartita
(Se hará la nube oscura y finita,
y su rumor será su fresca mano.).
Un fuego que en sí mismo se resuelve
será del miedo todo separado.
Podremos beber de las sagradas fuentes
o de los bazos que atamos adentro;
será la sangre dolor, pena, sierpe,
aire, comunidad, alegría, humo
libre de su erróneo recipiente.
Y aunque jamás seamos lo que es puro
viviremos para defendernos de la arena,
para atacar las razas árida o canónigas,
¿o un exceso de vino o de cornudos?
La fidelidad es para los astutos
a la espera de mentir si se siente
una masa tibia y tersa entre nudos...
¡Una mujer vieja siempre será odiosa!
El tiempo pasa en vano; nosotros,
para vengarnos de su mala suerte:
Dios comete errores inhumanos.

Ahora en el llano eterno crece
sin demora un nuevo abrazo...
Volvemos a empezar al costado
de la herida que fue, es,
y será, por todos los males, siempre.

(Qué bueno que para entonces
la pasión tenga el lugar de la frente.)

Noche de muertos

- ¿Esto no tomará mucho tiempo?
- Amor, faltan un par de casas...
- Lo sé, es que desde que salimos he tenido un mal presentimiento: algo que no comprendo me preocupa.
- Tranquilo, estamos cuidando a los niños. Míralos divertirse, vale la pena, lo demás no importa.
- Sí, tienes razón- sonríe al mismo tiempo que transige.

Avanzan hasta una casa descuidada, tétrica; no obstante, es noche de brujas. Al tocar nadie habla porque piensan que la casa en realidad está deshabitada. Al momento una persona de cincuenta años sale de un pasillo y mira a través de las ventanas. Los chicos le dicen en falsete su deseo de golosinas. El tipo no responde nada, los mira con incomodidad, y mira a sus padres que están afuera. La cosa pinta de malas. Entra nuevamente sin dar explicaciones. Al ver esto los muchachos se desilusionan, aunque pronto oyen el sonido de una bolsa de plástico rompiéndose, además un ruido similar al que hacen los caramelos desde donde están se oye. Todos se contentan, parecen muchos; a lo mejor todo termina sin ningún daño.

Ocurre todo lo contrario: antes que les de tiempo de correr el sujeto sale con una escopeta cargada, sosteniéndola para disparar sin demora. Un disparo más otros disparo; los padres reaccionan y corren, presas de un inefable miedo, a salvaguardarlos. Demasiado tarde, uno de ellos ha sido fulminado por una carga, el otro está inconsciente por la enorme herida del brazo, su mujercita tiene quemada la cara. Los padres también reciben perdigones, la diferencia es que ellos no los matan. El atacante corre al oír una patrulla. No esperaba la reacción tan rápida de las autoridades. Deja en esa casa todo un arsenal de armas sin registro.

martes, 4 de noviembre de 2008

El inodoro

- Señor, déjenos entrar.
- ¡Váyanse!¡Oh my god, is so embarrassing!
- ¿Qué dijo?
- No sé, no hablo inglés.}
-Pero el tipo nos entiende...
-Sí, sí;¡Oiga, señor, ya abra, ¡no se va a quedar todo el día ahí!
- No puedo, ¡es vergonzoso!
- Ya me llegó este culero. Martínez, ¡derríbela!
- ¡No, please!

De una patada dejan al cubículo del baño sin puerta. El extranjero la sostiene con ambas manos sentado, pegado por un superpegamento al inodoro. Está helado por no saber si resguardar su honor ante la situación tan vergonzosa o dejar que lo aplaste la puerta.

- Maldición. ¡Otro caso como ese!
- Pero este sí que metió la pata.
- ¡Más bien el culo...! Ja,ja,ja,ja,ja,ja.
- Cállate, mierda; ayudémoslo...

Con algunos aparatos lo sacan. Afuera esperan que llegue la ambulancia, además se aseguran de cubrir con una sábana al tipo. Al salir muchos que han llegado al correrse la voz intentan de fotografiarlo con sus celulares. Los bomberos, por orden de su líder, los apartan. Dentro de la ambulancia le dejan diciéndole que todo saldrá bien en el hospital.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Jeringa

-Era Paco, carnal, habló con la poli. Vienen el camino.

El lider del grupo llama.

- Aló, sabes qué, pinche pendeja, ya te jodiste, a ti y a tu ñato, le voy a disolver al cabeza. ¡Y jódanse los policías cabros!

Cuelga. Toma la jeringa y la llena de ácido muriático, va a mejor que se resiste, los otros lo sujetan: el tipo acaba llenándole de eso el interior de la cabeza desde el cuello.

Efímero

Tengo un tiempo que me miente
al decir que es permanente
cuando se sabe lo que siente
el hombre ante la osamenta
que algunas veces lamenta
de que no estemos como ella.

La llamada del viejo amigo

Me llamó a las 3 de la madrugada para hablarme de lo premio. "No tienes nada mejor que hacer en lugar de fregar...", creo que le dije sin hacer una pregunta. Estaba a punto de colgarle cuando amenazó que se iba a matar. Yo ya sabía de sus debilidades, y justamente la incomprensión era una que arrastraba el resto de tu innegable genio. "Ya, basta, te voy a ver, ¿vale?", y le colgué rogando de que antes de verlo no se matara.

Me vestí con un jean negro raso y una casaca marrón, aunque a esa hora no era importante, pero había frío. Usé las escaleras para despertarme. Encontré al vigilante en la entrada completamente dormido; no lo quise entretener, así que saqué las llaves de mi carro sin perturbar su sueño. Salí mirando a ambos lados, ambos oscuros por las luces apagadas, y fui, con normal precaución, hacia la puerta roja de mi auto, cuyo color en ese momento realmente no importaba; ahora tampoco importa.

La ventaja de la noche es que no hay tantos embotellamientos, casi todo es un viaje que no tiene paradas, por tanto, era libre de correr sin miramientos, esperando no ser visto por alguno de esos raros policías de madrugada... Ante tanto pensé que qué hacía yo conduciendo con las luces apagadas, sobre todo yendo hacia la casa de ese tipo de quien tanto dudaba, y todo acerca de su fidelidad.

Todo empezó la vez que fuimos a esa fiesta. Todo iba de maravilla (Aún no éramos casados.). Cada uno con una amiga que habíamos conocido en ese rato. Durante el baile noté que a él ella no le importaba, y fue acaso el que lo apoyara lo que hizo que me resintiera tanto después, luego que todo eso pasara de solapa. Empero, un minuto después la vi a la flaca bebiendo unas cervezas, las tomaba sin problema de la boca, y, obviamente, le daba risa a unos chicos que al verla se burlaban haciendo señas que no vale la pena resumir. "Hola, disculpa, ¿sabes a dónde se ha ido mi amigo?", le pregunté con cuidado. "No, se cansó de aparentar y se fue arriba, a seguramente al baño o a las recámaras"; el asunto de las recámaras no lo entendía, nada entendía perfecta de lo que me conversaba: creo que fue la vez primera que sentí de manera tan viva que no asociaba correctamente las cosas que pasaban. "¿De qué hablas?", le espeté. "Vamos, ¿no son acaso un grupo de homosexuales resignados?", dijo con un rumor de soberbia o de asco. "Vete a chupar bananas", le dije, y la acabé. No escuché su respuesta por la música, pero algo de ella me salía en la garganta: subí por las escaleras que serpenteaban hasta el segundo piso, uno precioso con un decorado sobrio, algunos cuadros con alusivas metáforas sobre lo que pasaban detrás de cada puerta los novios, una alfombra bella. Iban de lado en lado jóvenes, probablemente habitaciones buscando; y al mismo tiempo salían de ellas hombres felices y mujeres fugitivas por la renuencia de dejar de ver a todos lados; lo que me daba más gracia era otro grupo de chicos que abrían con cuidado para gozar de cada particular espectáculo, de los cuales varios insultaban sin animarse a sacar los pies del plato, mejor dicho de la cama. No obstante poco me divertí al ver uno de esos colorados muchachos que salía molesto de una habitación con la cara arañada, detrás salía mi viejo amigo rogándo que se parara. Al vernos él se puso elusivo; yo no dije nada, hasta ahora.

Bueno. Llego a su casa y le toco la puerta. No tarda en abrir y me abraza: sus fuentes le dicen que el premio es suyo, pero que la confirmación será en la mañana. Grita, salta, sonríe, es feliz, no le doy la espalda. Bebemos un poco y hablamos, lo hacemos hasta la mañana.

Yo contesté la llamada del premio, prometí que se lo comunicaba... Antes de desconectar el teléfono fui a su biblioteca a redactar esto. No quise decirle antes nada, ahora me voy apenas imprima esto.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La llamada

-¡Amor, háblame; puta madre, ábreme la puerta...!- gritaba el novio que imploraba la atención de su esposa- ¡Yo no he hecho nada; tus amigas te han mentido! O sea que prefieres hacerle caso a la ruca de tu amiga Fabiola, esa que se regalaba a todo el mundo- da un golpe en la pared-. Háblame, mierda, que odio hacer el ridículo. ¡Voy a cargarme esa puerta!
-Ya basta, Juan Manuel; me das miedo, asco, ¡lárgate! Encima hablar así de mi mejor amiga -llora-... Qué basura...
-Voy a levantar a todo el edificio si no sales. ¿Qué me tienes miedo? No digas perradas, yo no voy a tocarte un dedo si sales. ¡Sal, puta madre, lo juro!

Contra todo pronóstico la puerta se abre, la cadena del seguro del baño, que es de oro bañado, cuelga y pende de un lado a otro sin rectitud. La mujer está con un palo de escoba levantado; al verle el hombre respira profundo y le deja, le pide que salga, que si no se van a estar matando.

Afuera la mujer se pone al lado de la puerta: no es tonta; o puede intentar huir si las cosas se ponen graves o mientras, disimuladamente, llamar por teléfono; también puede gritar hasta escandalizarlo.

-Yo no te he engañado- dice finalmente.
-Mentiroso de mierda... ¡Ahhhhhhhhh!- grita inconteniblemente y, sin pensarlo, arroja el teléfono. Éste sale proyectado hacia su cara (Que felizmente no le da.), choca con un mueble y se descuelga. Por alguna razón el timbre no había estado sonando, no obstante, apenas había chocado sonó: una voz de mujer, de su amante, estaba hablando fuertemente sin cesar.

Respuesta al llamado de lo útil...

Pregunta si cortésmente
puedo laborar entre sus asuntos;
yo le respondo siempre
que no llevo lo bruto
por maquillaje que cubra lo astuto...

Yo soy un mal empleado
para todos los problemas regidos
en el consorte malo
al que somos vendidos
como carne de hollín o de silbo.

Despedidas

Las despedidas son tontas, algunas veces incomodan cuando estás mal sentado en la parte de atrás y de quien te despides está a pie, rumbo a su casa que queda a un kilómetro de donde arrancan. Es incómodo apurarse cuando el tiempo lo manda, y la persona que se despide está ahí para recordarte que estás mandando tu vida al infierno por hacer de ella lo que te manda este pulgatorio. Lo bueno de este caso fue que la persona que se quedaba dentro del auto no distinguía estas palabras en su cabeza llena de datos matemáticos de la última hora de escuela; así que un par de curvas, la charla insulsa de sus padres y su hermanita que estaba muy callada, demasiado para el viernes por la tarde. Las despedidas son necesarias, sin embargo no se dan cuando se deben dar, a pesar de cuánto se aman las personas. Un carro por el otro lado de la pista, conduciendo en sentido contrario a excesiva velocidad, los embiste y, fulminantemente, los mata. La otra persona camina en dirección a su casa, del accidente sólo escuchó algo parecido al cierre de una puerta; también ignora el valor de las despedidas.