domingo, 31 de agosto de 2008

Poema a la espera... Malo...

No llega,
y ya es de noche.

Le habrá pasado algo en el camino,
tal vez se topó con un gusano,
le pidió disculpas,
y cayó,
muerto por haber asesinado.

No llega,
y ya no lo espero.

Su rumbo es diferente al nuestro,
él era masa y energía oscura,
su cuerpo le pidió estrellas,
y a todas se las devoró.
Provecho.

No llega,
y ya no lo recuerdo.

Su rostro era de niño o anciano,
sus manos eran heridas y venas
que remontaban la marcha
y se hacía como nieve
jamás pisada
y virgen.

No llega,
y espero que no llegue.

Meditación de un abandono

Toco con mis dedos sin ruiseñores las costillas,
las cuento y noto tristemente que me falta una;
se debe haber ido con alguien que pasó en algún momento.
Creo que la extrañaré, aunque seré feliz por eso.

sábado, 30 de agosto de 2008

El libro

Un libro se escapa entre las manos.
Aquel no lo quiere y es capaz de no recogerlo:
lo mira con soberbia, aun cuando ésta es terror,
sabe que ha dejado morir a un ángel en sus dedos,
se pone de cuclillas y lo levanta, lo abraza, lo besa,
siente que se ha soltado de los clavos de su cruz.

El escape

El púgil se arrojó de la mampara que poseía un lado como como espejo y a las personas que pasaban las atacó con patadas y codazos, cabe resaltar que aquí era un boxeador retirado por perder las manos en un accidente, desde ahí vivió en su casa, atormentado por los desaires de su esposa, que se encargó primero de alejarlo de su hijo, luego de menospreciarlo y tratarlo como una basura, dejar de alimentarlo, de ayudarle con su aseo, de llevar hombres a su casa y hacer el amor con ellos en su delante; aquella vez ocurrió algo mínimo: no le dejó abierta la puerta, por lo que, harto, se arrojó a la calle y descargó su ira contra los demás. Un policía lo redujo con bastante dificultad y luego lo llevaron a la cárcel, y fue feliz.

viernes, 29 de agosto de 2008

Número equivocado

-Hola, mi amor, ya estoy yendo pa' la casa. Acabo de largar a una gente para poder ir... ¿Qué tal estás, mi amorcito? No, no digas, déjame adivinar, estás con esa ropida de mucama que tanto me gusta, con ese calzón negro, casi transparente; a un lado tienes una bandeja con las esposas y con ese látigo, ¿no? Mi ropa de cuero, ¿no, mi amor?
-¿Quién habla? Número equivocado, idiota...
-Uy... Perdón...

Cuelga.

La invitación

Yo he visto a dos hombres hacer el amor y no me ha dado asco. Aquella vez lo hicieron delante de mí, yo muy cómodo en un sofá que ambos llevaron a la habitación; me pusieron frente a la esquina inferior izquierda de la cama y me preguntaron si quería algo para comer o beber; como nunca antes había visto a dos hombres fornicarse les dije que no, solamente como una precaución, que tal vez luego, era mejor que les pida algo en ese instante, ya que había pasado todo el día sin comer y me molestaba el hambre. Uno de ellos era latino, de piel tostada y manos hermosas, ni muy grandes o pequeñas, siempre varoniles, su rostro era simétrico y en una de las orejas tenía colgando un zarcillo con algunas incrustaciones de piedras caras, no era muy alto, tal vez un metro setenta, cabello castaño y oscuro, la boca pálida y el aliento a menta. Su pareja era un americano, probablemente el sostenedor de aquella relación o estilo de vida, estaba bronceado y un poco pasado de carnes, algo peludo, especialmente en la zona inferior al ombligo, su miembro era extrañamente grueso y largo, uno raro, tal vez porque en mi vida no he visto a muchos... El latino se acababa de desnudar de su traje cebrado y me pidió, tal vez por verme y creer que estaba un poco aburrido, que le atara la corbata en las muñecas, yo sin incomodarme lo hice y de pronto se lanzó feliz contra la enorme cama, una matrimonial, sujetó con las manos atadas un pedazo de la sábana y se enrolló en ella, en una especia de nudo inextricable. El americano se daba una enorme paciencia y solemnidad para quitarse pieza por pieza de su atuendo, hasta acabar y hacer un poco de presión con sus dedos en... Finalmente subió sobre la cama y me preguntó si estaba listo, yo les dije que no tenía que prepararme para algo y que si iban a empezar que no dijesen nada y que simplemente lo hicieran. Ambos sonrieron y empezaron a besarse y a tocarse por todo el cuerpo; así fue durante casi media hora, cuando pararon y el americano levantó la posadera de su compañero, sujetó su sexo levantado y penetró lentamente... Todo lo demás fue haciéndose más rápido: a lo que voy es que no me dio asco aquella vez, ni siquiera cuando el latino volteó y abrió sin límites la boca, no, para nada, los vi y no me pareció ni bello ni horroroso, simplemente humano; aún no comprendo qué quiere decir eso, así que eso es todo, fin a la pregunta y gracias... Por cierto, aquella vez me invitaron, pero no acepté, preferí salir al bar del hotel a tomar un trago...

jueves, 28 de agosto de 2008

Aquí, en el último lugar de la cola...

Aquí, cuando la gente te falla y no eres más que la vela del velero,
cuando eres no más que ola que en el mar se desenmaraña,
azul y espumosa como la mórbida mano de tu cabello,
la unión o escoba de las doradas cerdas de pegasos sin miradas,
ciegos que trotan por dorsos flagelados y negros,
manos de trabajo con callos y sangre no coagulada,
látigos de espina que se ajustan en la boca y en el cuello.
Somos ausentes en este viaje sin viajeros,
nos debimos de olvidar que del puerto nuestro destino zarpaba,
así, tal vez, hubiésemos llegado antes que se vayan nuestros sueños,
¿y si hubiésemos sido felices con el hambre en nuestra casa?
No hay puesta de sol en el televisor o en medio del ropero,
trajes sucios, celebérrimos de una época dorada,
pero otra vez nos dejaron entre el abrazo del centeno.

miércoles, 27 de agosto de 2008

¡Desesperación!

Tiempo, tiempo... ¡Maldito tiempo!

Las galletas calientes

El frasco de galletas estaba sobre la repisa más alta, a la que su mamá apenas y podía llegar con ayuda de una silla, muy cerca de la pared. El olor de las galletas de chocolate recién horneadas era profundo, tanto que había impregnado sin dificultad todo el primer piso de la casa. El problema radicaba en cómo obtenerlas, debido a su afición desmedida por ellas, por las cosas dulces en particular; su madre aquella estaba molesta y el no alcanzaba a entender su razón: tenía la cara arrugada, la mirada ofendida y derramaba ceniza de cigarrillo por todos lados, de vez en cuando se quejaba al quemársele el pitillo entre los dedos. Mientras ella esperaba en la cocina su hijo no meditaba en nada más que la ascensión de su cuerpo para poner tomar el caliente alimento, así fuesen para la persona más importante de mamá, como oyó que le dijo. No importaba si le exigía mucho el peso de las sillas, ni de los otros muebles, apilados uno sobre otro con la máxima precisión que el alcanzaba, todo con el mayor silencio permisible. Finalmente llevaba un cojín hinchado sobre su cabeza; había movido todo lo que podía y la extraña torre se balanceaba sin animarse a colapsar. Subía con cuidado por donde pisaba y, al estar cerca, probablemente un poco más arriba de la mitad, el ruido del timbre hizo que se exaltara y que finalmente aquellas cosas cayeran al suelo y entre el peso de las mismas se hiciesen pedazos. La madre salió como una perfecta desquiciada a reclamar y a gritar, y en ese mismo instante el sonido del timbre le recordó que esa persona le estaba esperando; se contentó y salió mientras se arreglaba en cada paso con sus dedos, antes de abrir se fijó por una rendija y al abrir se echó en brazos de esa persona y le dio un beso: el niño, que había estado desde que cayó sin movimiento, alcanzó a ver que aquel no era su padre.

martes, 26 de agosto de 2008

Consideraciones personales...

¿Han sentido alguna vez que somos la aguja que estira nuestro tiempo, el mismo que queremos caminar para llegar hasta el final de lo cosido? Últimamente he estado atrasado en todo lo que concierne a la lectura, en leer, escribir, y no sé, tal vez sea ideas mías, o en todo caso las cosas que leo han aumentado demasiado, la cosa es que casi no encuentro tiempo para terminar de leer o escribir lo que quiero; buen ejemplo el de ahora, podría decirse que acabo de escribir mi segundo poema de 4 versos... El colmo. Y, como decía, mi tiempo ya terminó, ni tiempo para quejarme... Besos, suerte a todo aquel que me lea...

Disminución de prioridades...

Atravesar el sol como canción interplanetaria,
ser un genio que vale entre la tierra,
abrazarte en medio del mundo;
Me agrada la tercera... Simplemente.

Noche de fiesta

Implosiona el viento en la recámara,
su ruido de búho levanta alas débiles,
de polvo, su vuelo es de pájara
que se ha perdido en una celda.

Manos moribundas tocan la cara,
haciéndola crecer o astringirse
hacia donde apuntan los huesos
o cotejan los otros con miradas.

Restos de semen frío por la casa
o derrotado íncubo en el tejado;
desvirgadas doncellas domeñadas
al brazo convincente del varón.

Caen cuadros de Van Gogh y tazas
de cedro al profundo horror humano
de hacer limpieza por la mañana,
tal vez arrojar a las mujeres por el suelo.

lunes, 25 de agosto de 2008

Poema al progreso

Acaece el paso de venado por la enorme piedra.
Su progreso asienta las pisadas del pasado:
fuimos antes hombres; hoy y mañana, bestias.
Los sudarios se llenarán de nosotros una noche,
la sangre se ve hoy llena de manos...
¡Arriba el futuro, que tenemos muchos pobres!
Jóvenes que dejan en su baba su potencia
y hacen del futuro un cieno de ciudades caídas.
Pero el caballo no llegará hasta su hermano,
morirá al embestirse roca con roca
y sangre con sangre, tierra con carne o sueño;
"y no podrán matarlo...", pero caerá vivo,
millones rozarán sus pezuñas con su cara,
los poetas se encenderán como los Cristos,
raza de hechiceros y brujas crucificadas.
Ocurre algo en el mundo y nadie lo avista:
todo fue alguna vez sueño vivo y real.

Recuento de las cosas en medio del aburrimiento...

Dos horas en espera una hoja vacía al lado, acompaña las épocas de sequía intelectual y frío en las medias húmedas, sucias, o punta de los dedos. El teclado cetrino y grasa marrón trazada apresuradamente sobre algunas teclas o bordes. El ruido taladrador de la refrigeradora funcionando cada cinco minutos, apenas un descanso de un minuto entre cada aplicación, los pasos de todos los que a mis espaldas trabajan o hacen una vida superior a la de las hormigas, los pájaros de la pasionaria hacen escándalo como verdaderos locos, alguien prepara algo ligero en la cocina, un camión enorme, que hace temblar a las casas como si fuera el paso de un terremoto, se acerca y pasa en seguida de un modo temeroso, lleva carbón, o tal vez funciona con él, en esta tierra nada se sabe; las hojas caen y arañan la loseta (eso sí se sabe, ergo existe), los perros conversan entre sí, a pesar de estar a varios metros de distancia, una madre trata de enseñarle a su hijo a hablar bien con golpes y afrentas, las bocinas llegan hasta la casa como si viniesen sólo para traernos la noticia que cerca de nosotros hay conmoción y bulla, un avión pasa de repente, muy lejos; lo único que falta pasar por aquí es un cometa, ya que es muy probable que lo haya hecho un arameo... Dos horas y media y aún nada, me resigno, voy a ver la tele o a casarme con un torero, lo mismo da...

domingo, 24 de agosto de 2008

Ladera

A Sharon, que quiso bailar bajo la lluvia y me terminó inspirando...

Un nubarrón se acerca por el este. El viento va más abajo, como una especie de perro guía que le limpia o le avisa del camino a su amo ciego, mueve las copas verdes y oscuras de los frondosos árboles, hace crujir (o tal vez gruñir) a todos los tejados del valle. El viento alcanza a nuestros oídos un trémulo alboroto entre la hierba lejana, tal vez feroz como la llegada de miles de insectos que destrozan los cultivos; pero el hombre de campo no tiene qué temer, sabe que es el agua que durante meses, sobre las cimas, se ha ido amontonando. Sin saber cómo ni cuándo la enorme nube está ocupando todo el cielo que alcanza a registrar nuestra vista, unos rayos hacen sus llamas un poco más allá... Sin embargo todos estamos afuera o bien agarrados de nuestras jambas. Esperamos a la niña milagrosa que en cualquier momento saldrá, igual que cuando vino al mundo, como nos la dejó dios. Justamente sale, con algo medio puesto, apenas; es diferente a nosotros, tiene unos ojos como el cielo y unas piernas mejor delineadas que las hojas, a pesar de ser una niña, o tal vez, desde donde me encuentro, no he sido capaz de ver que se ha estado transformando desde que salió de su hogar... Ya más cerca la veo más grande, más madura: sus tetas se ponen coloradas con el frío que le pega de todos lados, una especie de toro invisible que no sabe donde golpear y sólo golpea, porque ella es indestructible... La lluvia le llega y no la deja, se le queda en el cuerpo como si fuera un recipiente, se arman unas extrañas columnas o enredaderas sobre sus hombros, y éstas caen y rodean su cuerpo. Ya cuando está enorme la miramos y la bendecimos con nuestros ruegos, ya para entonces la tormenta no sabe si seguir o quedarse a conversar con la ladera; ella es ya mujer y mientras lo sean todos, ningunos de nosotros, incluido yo, moriremos.

sábado, 23 de agosto de 2008

Poema a los estirones, sin métrica...

Emascula una calle torcida de gatos,
lamenta al pobre que pide dinero,
deja en paz a los nombres buenos
que toman el desprecio por recato.

Barre la coca de pueblos milenarios,
rompe el cristal de los ronderos
que dan culpa y seña a los mineros
y enseñan que el pobre no es vengado.

Sonríe, que tienes pan, mesa, plato,
buen hogar, buena pareja sin dinero
que depende de ti por todo lo alto

porque la calle no se queja ni en silencio
y los reyes no adoptan el pecado:
así sobreviven las bases roídas del fuero.

El aliado

Caerán derrotados tus párpados en sueño,
tu fortaleza una a una retrocederá,
las habitaciones de hueso, sangre y piel
serán contenidas por un llano grácil de plumas.
Mis ojos serán la noche y el día que velan por ti
(lo harán hasta que nos toque el fin de los tiempos),
mis manos serán las armas que te custodian
y que no se aprovechan de tu debilidad.
Mi rey y mi mendigo harán de caballeros,
todo mi reino se prosterna ante tu belleza sin fin...
Mis eremitas aconsejarán con humildad a tu gobierno.
Tal vez empobrezca deba ganar dinero:
tu compañía será de mi estado su sostén.
Pero no pretendo que te quedes eternamente,
pues los imperios deben morir por su libertad;
sabré alejarme de tu lado en silencio, como una sombra,
mis ecos en ti brillarán por toda la eternidad.

La ausencia de las estrellas

No hay nervios en una noche sin estrellas.
Perdura la confianza que éstas llegarán
y los cubiertos serán dispuestos como lo planeamos;
el vino no se verterá sobre la mesa
ni llorarán los niños en todo el mundo.
¿Preguntas sobre lo que haremos si no llegan?
¡Alma de poca fe, es casi seguro que ellas vendrán!
Fueron enviadas millones de cartas
y los mensajes del sol afirmaron nuestra verdad...
Tal vez se retrasaron mientras doblaban una sombra,
un agujero negro les dio una charla reticente,
y por qué no ser pesimistas, tal vez no llegaran...
Pero no apagaremos las velas que empuja el viento:
la ventana sigue abierta y no la vamos a cerrar;
tampoco nos diremos buenas noches sin un beso,
seguiremos esperando porque es mejor esperar.

Y en el umbral de nuestros ojos un lucero...

viernes, 22 de agosto de 2008

La salida

Su corazón había dejado de latir a las 3:54 de la mañana. Después de una semana angustiosa, encerrado en su habitación maloliente y olvidado por otros seres, luego llevado al hospital de emergencia, gracias al descubrimiento de una señora, se dio la libertad de morir como él quería... Sus últimos momentos fueron cuando se apartó de su cuerpo y vio con alegría a los médicos y enfermeros que trataban de reanimarlo, sintiendo algo de vergüenza por causarles tormento, después la pared que se ahuecaba igual que un pastel mientras un punto en forma de remolino de lanza se profundizaba, se ampliaba y se abría como un túnel inmenso, casi infinito, que era el camino que lo conducía a su merecido final; al último, a pesar de ser una distancia imposible las que le separaban, estaban todas las personas que amó a lo largo de su vida y que lo dejaron antes, la mayoría sin avisar. Lágrimas hermosas que se soltaron de sus ojos y se desvanecieron como nubes fue lo último que dejó antes de empezar a caminar... Ni bien entró, por precaución divina, aquel camino fue cerrado.

La desaparición de cuerpo

Muy temprano, apenas salido el sol, Francisco fui hacia el río para lavar algunas cosas (cubiertos, tazas, un par de camisas, un pantalón, ropa). Al cruzar un cerro y bajar por entre enormes piedras vio que una columna de humo negro y un olor de carne chamuscada habitaba todo el lugar. Se dirigió hacia donde era el corazón de la pestilencia y encontró a seis soldados de un cuartel que estaba a unos kilómetros más allá recogiendo ropa o buscando sobre la tierra algún resto o prueba de presencia de los asesinados; eran cuerpos completamente deformados, flacos, planos como algunas galletas quemadas, por el tamaño que mostraban al ser cargados y subidos a una camioneta por los soldados, descubrió que muchos de ellos eran niños, tal vez niñas por los restos de cabellos calcinados que se dejaban caer al más mínimo movimiento. Uno de ellos, el que mandaba, decía que estaban retrasados y que ya estaba amaneciendo (probablemente el que lo dijo no era de esos lados, ya que ahí todos amanecen más temprano)... Ahí estuvo un angustiante rato cuando, al querer levantar uno de los últimos cadáveres, éste se deshizo por la presión de los brazos de aquel sujeto, que mostró su asombro al quedarse apenas con pedazos un poco más sólidos de los cremados; y al no poder contener el grito se delató a mitad de la pendiente, detrás de unas piedras gigantes y desperdigadas por las faldas verdes... El que mandaba ordenó que lo trajesen

Décima a las movidas silenciosas de los errores políticos...

Distracción y dio retiro:
así todo fue silencio,
el bien del otro felino
que no era otorongo
ni mucho menos es lento
como lo demostró solo
al hacerle pare al fuego
de decretos sin sombrero
con cara de "te acojo";
todo rápido y sereno.

Inicio del final

Loriga para el animal ralo
del que admiran los rotos acéfalos
extrañas zancadas, respiro muerto,
ida que trae volutas y pasto;

son carrera venida del pantano,
servidores de Harmagedón-creo,
también los urbículas o santeros-
que abrieron la piel de Cártago

y fueron a comer como las olas
las tierras que creían dominadas
hombres barba blanca, orejas rotas.

¡Es el fin de esta lengua que descansa,
en un rincón, escondida, en boca
de quien ve a la muerte venir y clama!

jueves, 21 de agosto de 2008

Décima al negocio entre ladrones y robados...

Dieron barato por caro
y asieron de los bolsillos
todo el oro y corinto
que ahí se encontraron.
Le dieron mal señalado
los lugares de medida:
puso cara de Cristina
y agradó sonrisa media
con esfuerzo y carrera
para no ser "la tontilla".

Soneto al quinto jinete del Apocalipsis

Caballo blanco de crin de aceite,
de cuerpo de nieve o de la nube
que pace por los celestes y su ubre
moja los rostros triste de la gente.

Galope de truenos y latientes,
golpes que en el pecho de las cumbres
suman de los insectos su retumbe
hasta hacerse miles combatientes.

Montado en animal Cristo está
destruyendo los valles y comarcas
do trabajaba su sangre y demás,

cociendo la madera y la pilastra
de su imperio dormido en arrayán
en el que el vino se hace agua.

La respuesta minera

¿Cuán beneficioso resultó para los indígenas de la zona de... Del valle de...Del país que...?Léanlo:
Luego de culminar su no poco extenso discurso sobre el daño que generaban las mineras y las petroleras en su comunidad, sin olvidar mencionar que dichas empresas estaban, según había averiguado, entre las más transgresoras y enjuiciadas de la historia, dobló levemente la nuca para agradecer los aplausos de aquellos que se encontraban presentes y que eran principales en ese tema. Luego de descender del estrado fue a comer un poco de lo que servían en las pulcras mesas con manteles finos y elegantes bandejas de plata con filigranas en los relieves. Mientras hacía con su mano una extraña tenaza para sujetar alguna butifarra uno de los accionistas de la empresa que trabajaba en su comunidad se notó, dándole un golpecito con el dedo índice a su hombro. Se encontró cara a cara y él, que tenía un rictus de nerviosismo, apenas alcanzó a saludarle con otro gesto. Este accionista, un poco obeso, calvo, con cabello negro aún en las patillas y detrás de la oreja, vestido elegantemente para la ocasión, todo un dandi, le indicó que acercara el oído hacia su boca. Algo confundido el indígena lo hizo. Esto fue lo que se le comunicó:

"A mí no me interesa tu causa, lo único que me importa es el dinero que hay en mis bolsillos".

Se alejó levemente de él y le dio un par de palmadas en la espalda, siempre sin perder en el trayecto la sonrisa burlona, se dio la vuelta y regresó con otros que lo observaban con complacencia, que al llegar le felicitaron con risas y con palabras igual que embelecos, de uso común para el trato competitivo que llevaban, obviamente felices por haberle dicho la verdad a aquel tipejo y de arrancarle de un tirón sus deseos... Tomó algo de comer y se embutió

miércoles, 20 de agosto de 2008

La afrenta en la propia casa...

Era la última afrenta que le daban: las luces apagadas, el cuarto frío y vacío, un plato lleno de pasta roja y maloliente, cubierto sobre otro plato, utillaje detestable de aquella cocina, restos de comida mejor preparada en la basura... No lo pensó si quiera una vez para ir hasta el lavabo y meter sus manos entre los cubiertos anegados de agua con limpiador y sacar el primer cuchillo que su mano encontrara, sacarlo y sujetarlo con fuerza para que de la mano no se resbalara, ir una tras otra de las habitaciones, matando a uno tras otro de ellos, ir hacia su mujer, despertarla con un corte en el pecho, abrirle la ropa, exigirle que fornicaran, violarla, y luego clavarle hartas veces la hoja con restos de salsa en el pecho. Estar un minuto callado, observando las manos cruentas, riéndose cuando decide saltar por la ventana.

Décima a los teléfonos y a la infinita gente que no hace otra cosa que llamar...

Contesta y llama, llama
más veces que un cartero,
más que mil guerrilleros,
más que una campanada
que anuncia que enterrada
fue feliz sin tanto timbre
y sin parientes felices
que llaman como ociosos,
sentados en calabozos
dando hostias a infelices.

Soneto a los nativos y a sus tierras...

Improntas hallo de entre las tierras
con orden y sello gobierno dadas.
Hay flechas apuntando a sus alas,
listas para obligarles a que cedan.

Motivos hay bajo las sucias mesas
de dinero y mentes rematadas;
"¿quién da más y por la niña violada
de quien se olvidaron los que orquestan?

Era verde y hoy es negra calva;
eran tribu y hoy son el recuerdo
de cómo eso fue antes que llegaran

los de saco y corbata, todos negros:
ausencia de negrura en la cara;
soberbia blanca como los fideos...

(Nadie duda de hombría barata
en la que eunucos van por inversores,
y en la que gobiernos van por ratas)

La mancha

Cabaña llena de ramas secas y de algunos agujeros, probablemente hace varios años abandonada: recuerdo de los días más claros en la niñez de él con sus padres, cuando estos aún trataban de no separarse. Su acompañante, una chica de un metro ochenta, delgada, de rostro pálido y algo redondo, ojos y pestañas preciosos,boca abultada y roja por el labial y por la falta de luz sin nubes. El asunto empezó, tal vez, cuando la encontró escondida en la casa del perro; aquel viejo animal era tan manso como un bebé de tigre, a sus pies dejaba que le soben el estómago. La encontró cuando fue a buscar al perro, algo que nunca había hecho, salvo las ocasiones de enfermedad. La encontró asustada, por lo que él también se asustó. Le pidió que le haga nada, también que salve, la contempló: sus ojos preciosos, su situación de princesa ultrajada... No lo dudó y la sacó de ahí, preguntó sobre lo que necesitaba: un escondite. Ningún otro lugar se le ocurrió. La metió en el auto y entró a la casa por algunas cosas, comida fresca y enlatada. Otra mano llevaba una enorme cobija, se la dio y dije que tapara su cuerpo con ella; mientras arrancaba llamó a su oficina y pidió licencia, después llamó a su vecino y le dio cualquier excusa. Condujo hasta salir de la ciudad y entrar por la principal carretera, luego de algunos kilómetros viró hacia un camino sin asfalto y se adentró entre hojas secas, piedras. Llegaron y estacionaron la camioneta a un lado, el lado más abultado de ramas y de excelente camuflaje. La llevó de la mano hasta adentro. Ella arrastraba el edredón lila que apretaba con su mano izquierda, cerca del cuello, una especie de virgen o magdalena que era asediada por fotógrafos invisibles. Dentro sintió la necesidad de preguntarle sobre lo que le pasaba. Ella se dio la vuelta y levantó la tela que cubría su espalda, estaba vendada con solamente dos vueltas y sujeto por unos ganchitos con forma de corbata michi que eran de metal. Se los quitó y la venda aflojó al instante: cubrían una mancha morada que se ramificaba por una parte de la espalda, era enorme y las improntas estaban aún aguadas; acercó sus dedos fríos a la mácula y, al sentirlos, ella se quejó. Pidió disculpas y le preguntó de qué se trataba todo. Ella lo miró y abrió levemente la boca para liberar, finalmente, sus palabras. Fue en ese momento que varios individuos entraron con armas y los separaron, dijeron que eran del gobierno y que en ese instante quedaba confinado o apartado de todos sus derechos: le clavaron una inyección y lo desaparecieron...

martes, 19 de agosto de 2008

El despunte del día

Estira sus manos dentro, aún, del espaldar enorme del asiento de caña y fierros; la mañana llega por el frente de la casa donde ella se encuentra, vestida aún con su traje celeste de dormir con dibujos de gatitos y otros variopintos animales. El libro esta sobre un banquito que tiene en su encima, además, un par de lentes y una mordida y herrumbrada manzana. Suena la puerta al abrirse y sale su novio con una bata y con dos tazas de café echando humo. Han pasado toda la madrugada despiertos y felices, se han insultado y se han alejado del lado del otro para reflexionar, para reír como solamente lo hacen algunos niños que sin dinero ni excesivos cuidados son felices en realidad; él la ha extrañado desde hace una media hora y ella ha dejado de sostener el libro que apenas y podía ver en la oscuridad para contemplar como se aproxima a través del sol el nuevo día, y cómo, ya sin molestias, recibe a su amado con una taza que tiene café y algo más.

La distancia

Corres la cortina y no hay nada entre tus ojos y los míos,
la ausencia de algún líquido dentro de una botella sin marca,
la etiqueta transparente de algunos cuerpos o insectos.
Está ante nosotros libre el imposible abismo,
un abrazo de la tierra que en el centro de parte a la mitad,
un sexo que es imaginado por alguien que es inmenso.
¿Y qué hacemos nosotros frente a cada uno de nuestros desaires?
Miramos como el vacío se nos pone entre nuestros cuerpos.
Lamemos temerosamente sus manos que nos vedan.
¡Tiembla nuestro cabello y nuestros ojos como en frío!
¿Das una sonrisa después de habernos matado con el tiempo,
veneno que lento labora como los que no desean nada?
Yo te respondo sin miedo y con similares miramientos.
Aquí se corta el hilo que ata nuestras caras.

lunes, 18 de agosto de 2008

Décima a los intereses multinacionales de adquirir territorios en la selva y lo interesado que está el gobierno al respecto

El gobierno quiere tierra
que los indios no le ceden
porque es de la que quieren
los que aman de la negra
el oro y la billetera;
y desembolsan dinero
para quebrar a severos
jueces y autoridades,
dispuestas a escucharles
si suena un poco el hierro.

La caída momentánea del rey

Sabía que no iban a apartarse las llamas de mi solio,
que mi reino, sentado sobre las dunas que llamean,
no lloraría una lágrima por su rey bastardo
en el que cetro se sostiene por el polvo de la vida;
nadie pensará quisiera en pretender extrañarlo,
todos gozarán por la ausencia de su vida:
al fin el verdor crecerá sobre sus manos
y la linfa correrá como un veneno de la tierra.

El reloj moverá por última vez sus manos y piernas.
el tiempo irá más adelante con sus banderas de victoria,
tal vez yo sea un brazo o un corazón de los cadáveres:
Ninguna cruz ni corán querrá descansar entre mis dedos;
por debajo de mi camisa un santo se marchará sin despedirse:
nadie reconocerá la mentada divinidad que me atribuyen.
Un muerto más no hace la diferencia en nada.

Denuesta el pueblo siguiente mis acciones,
las olvida como una cosa importante que les compete.
Ellos trabajan, pagan impuestos y son correctos ante las leyes,
dicen que yo fui un loco revolucionario.
Río en mi tumba de piedras la acción de mi futuro:
ser un cordero y mantener el orden del ganado,
conseguir esposa y abandonar mi sexualidad controvertida,
abrirle las puertas del infierno a la prole de los niños.
Yo me siento feliz al ver que aún tengo seguidores
que no han prevaricado contra la acción de mi cabeza.

Los asesinos con uniforme

Los pusieron a todos boca abajo, estaban vendados sus ojos, causa por la cual no vieron nada, rostros, lugar, nada; El suelo estaba húmedo y su olor era fuerte, a pesar de haber garuado toda la madrugada todos no sentían frío. Le dijeron a uno del comando que lo haga rápido, así que éste sujetó firmemente su arma y pasó caminando junto a todos los detenidos. A uno de ellos le cayó milagrosamente seis balas en zonas de bajo riesgo. Para sobrevivir soportó el metal caliente y el grito que le exigían sus entrañas, la sangre se desparramaba por toda su espalda.

-Ya está.
-¡Vamos muchachos!- vociferó el que comandaba.

Se alejaron y en ese momento él se levantó, se quitó con dolor la venda de los ojos y se arrastró por varios metros, siguiendo el rastro de los militares, hasta llegar a un lado de la carretera, donde alguien lo vio y lo llevó con prisa al hospital; sólo así consiguió salvarse.

Las dos putas imigrantes caminando por la plaza

En la actual Italia un grupo de estudiantes peruanas toman un descanso de sus agotadores y sacrificados días, caminando por las calles turísticas de la ciudad. Han recorrido un buen tramo y parte de ellas se ha rezagado en el camino cercado de edificios antiguos. Solamente quedan dos de ellas en la admiración del camino, y paran al contemplar la parte más alta de la fachada de una iglesia. Una mano insistente y lasciva las desorienta.

-Ustedes, váyanse, no es hora ni lugar para que ustedes trabajen- les dice un policía de cabello castaño que tiene la cara destruida por las arrugas.
-¿Disculpe?- le pregunta una de ellas.
-¿Qué no escucharon? ¿Acaso no ven que es una iglesia? Váyanse, aquí no van a sacar ni un centavo...
-¿Qué es lo que dice?¡Nos está llamando putas!- reclama una de ellas.
-¡Silencio! Y claro que lo son. Quiero ver sus papeles, vamos, muéstrenmelos.

Ambas buscan en sus carteras sus documentos de residentes, solamente una los encuentra.

-Aquí están los míos.
-Yo no los tengo... Los debo haber dejado en casa...- se disculpa una de ellas.
-Pues si no se va, la llevaré detenida por ir contra la moral pública- respondió, mofándose con un tono de soberbia.
-¡Yo no me voy de aquí, esto es un abuso!

El policía la doblegó de inmediato y, junto con un compañero suyo que hace un instante había llegado, la llevaron a la comisaría de la zona, la manosearon entre ellos para quitarle sus cosas y la metieron en una celda con algunas putas, un cuarto pequeño, sucio y con un olor penetrante de vómito y cerveza. Ahí pasó toda la noche sin que antes y después, a excepción de su amiga, la ayudaran.

sábado, 16 de agosto de 2008

Pequeña maratón

Se había dado cuenta de él en dos ocasiones: la primera fue por la calle principal, cuando salía de la joyería por su sortija de bodas, la segunda, unas calles más allá, doblando por la derecha y yendo directamente por una pequeña plaza (la que acortaba más el camino). La primera vez se vieron por un momento con gran concentración, la segunda él estaba con la mirada fija en su nuca y ella le había visto de reojo. Sus fachas contrastaban terriblemente con su rostro bien equilibrado y limpio, sus cabellos castaños y claros como la miel de las almendras, sin embargo no olvidaba los recientes ataques en esa zona, cuya delincuencia empezaba a tener nombre en aquella ciudad. Más adelante apresuró de tal modo el paso que daba la impresión de ser maratonista profesional. Finalmente él empezó a correr y ella le emuló, sus gritos ahogados nublaban toda clase de ruidos a su alrededor, alguien, recuerda, gritaba que se detenga, supuso que se refería al que iba detrás de ella. Encontró a un oficial al doblar por ahí y le dijo angustiada que un delincuente la seguía, de inmediato el policía detuvo bruscamente al sujeto y le hizo hablar.

-¡Alimaña! ¿Qué quieres?
-Oficial-dijo casi sin ilación-... He venido siguiendo a la señorita porque esto se le ha caído- explica, mostrando la caja con el anillo-. He querido devolvérselo, pero no me he animado ni he sabido cómo, pero aun, ella ha corrido y ha sido en vano que le pida que se detenga.

El guardia los miró y creyó que no tenía vela en este entierro, por lo que los dejó y todos los que miraban hicieron igual. Aquella mujer, en ese momento, sintió que el tipo era muy, muy lindo, mas se acordó que se iba a casar y solamente permitió que se le devolviera el anillo.

Décima al mar onírico

Mariposa blanca, negra,
es el vuelo igual, aun
cuando corre el atún
como la marina flecha
que él lanza de las piedras,
Poseidón enfurecido
con las migas del domingo
y con la inquieta diosa
que se marchó en su concha
a llenarnos de castigos.

Soneto a la irremediable actitud de la muerte...

Si yo no temo por perdón debido,
quien será el que busca de mí diablo
que trata de pactar con los urbanos
y trata de malquistar lo divino;

¿Es azufre el olor que da perdido
el aliento del campo derrotado?
¿Hay verdad que en lo que trabajado
paz tendremos quietos y en olvido?

No temo a que látigo humano
haga huellas en mi sangre o tierra,
mucho menos que una cruz malvado.

Lleva puñado de huesos, regresa
por mucho que hay en mí excavado;
soy apenas meditador y presa.

viernes, 15 de agosto de 2008

Guerra por tu favor, mi causa

De pertrechos rodeados yo vivo,
y tal es la muerte sin miedo dado
que pernocto y malquisto en dados
la suerte y mi bien, que es lo mismo.

Denuedo porque en tu ser existo,
sueño para tener y dar cuidados,
para protegerte de los puñados
de enemigos que acá he visto,

los he visto lamerse con las manos
y tocarte con los impíos ojos,
los he visto ser sucios y humanos.

No niego de los celos de sus robos,
del mayor botín que yo he alcanzado.
Pido perdón, y concédeme a tus rojos...

jueves, 14 de agosto de 2008

Décima al arrepentimiento de un ladrón y el goce de su verdugo, quien nota su flaqueza y no su falta

Cómo ladra en los perros
algo más que es protesta,
bulla de estercolera,
santo de todos los buenos...
roba quien no es correcto
y caza toda la culpa
que acomete si disfruta
a vara de los castigos,
y cinco azotes benditos
por un nuncio de virutas.

Soneto a la vida que es queja en tormenta

¿Es vida acaso tormenta do encuentro
mi símil dormida y amoratada,
durmiento con las rocas enterradas,
saboreando los humanos restos?

¡Triste prisión que en mi vivir despuesto,
oh, tan dañino, dulce eco que calla...
A la postre, de mí se descansara
piedra fija que carga el sufrimiento!

La mano ectoplásmica silencia
de un aire rudo paso de mi voz
que se queda borrada de viveza,

despojo apenas que se oyó
fenecer con el alma que dispuesta
en gotas mil a destino partió.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Soneto al que tiene capacidad de mal y duda, pero al ver su inmenso requerimiento se encomienda a la indecisa suerte

Tiene duro pórfido pensar seco
al dejar en llave libre acción,
candado abraza su alrededor
rencoroso de liberar secretos;

desconfía de su arte sabeo
en que buscan miles reyes sazón
para imponerse al metal del cajón
de reinas, enemigos y corderos

que arden bien en justiciera pira.
Todos quieren el arte de las puertas,
cuya gracia, más lejos que la India,

supera subida sola de cuerda
o tal vez mortal ene de Castilla:
la suerte se echa como una perra.

Poema a las desiguales entregas de comida en el mundo

Mientras come feliz, ahí sentado,
los ojos ausentes África toman
como un recado que se aborta
defectible del bien humanizado.

No hay en estómago aliviado
culpa de poseer lo que no toca
al pobre que hace lo que devora
sin probar de eso un solo bocado.

Escapa un lado de la balanza
en donde llueve la plata y el oro
con sombrilla y ciertas amenazas:

No saben del hambre que es decoro
cuando resisten vicios que enjaulan
como animales muertos en el pozo.

martes, 12 de agosto de 2008

Poema a la niñez

Todo era de papel
cuando apenas un niño
era en mí lo que digo
con mismas frases ayer.
Era cosa de querer
un dulce y ahí estaba,
un beso entre la barba
que ocultaba mi rostro;
mis recuerdos en preciosos,
de sonidos decorados,
labios de tul colorados.

lunes, 11 de agosto de 2008

Soneto a la lucha contra el miedo

Vence el miedo a mi prudencia rota
y caigo como sus trozos de acero;
ha quedado mi pecho descubierto,
estando lejos, defensa hermosa,

llamas con voz de sirena que está sola,
llamas a mí que urge escudero:
¿acaso serás mi espada y credo?
¿irás conmigo a morir entre rocas?

Mejor déjame con el dragón solo,
total, mis causas ya no son gloriosas:
dejé hace mucho el miedo a todo,

ahora venzo empuñadura rota
en cuellos de monstruos poderosos,
cortando mi piel de escamas rojas.

Décima a las razones y a los que se apartan de dios

Juntemos todos las manos
y démolas al señor
que por aquí se pasó
con unas leyes de largo.
No los dejaron plantados
los pobres que esperaban
su riqueza con ansias
y que al verlo vanidoso
se alejaron del liboso
siendo todos ellos ágrafas.

domingo, 10 de agosto de 2008

El vuelo soñado

No comprendía... Encontrarse en medio del bosque, un bosque junto a un enorme abismo, él estaba en el borde del abismo. No sabía si estaba desnudo o no, simplemente cerró los ojos y concentrando esa sensación humana en el pecho se arrojó y comenzó a volar, cerca de las copas verdes, pero tristes, de los árboles. Poco a poco se empezó a elevar; algunos pájaros lo siguieron para alejarlo. Hubo un momento en el que no había nada, ni árboles ni cielo, únicamente iba ascendiendo por una niebla fina que cubría la cara. Al salir se encontró con el cielo y algunas nubes. Él sol no se encontraba. Pasó entre las nubes, cortándolas con su cuerpo; unos pedazos de ellas se le pegaban como algodón de dulce en el cuerpo. De pronto dejó abajo las nubes: iba, rápidamente, subiendo. En donde estaba las nubes se veían como si estuvieran sentadas en la tierra; el aire era frío y escaso. Empezó a ver pequeñas luces que eran estrellas. Su corazón se conmocionó con la falta de oxígeno. Sin dejar de volar o caer despertó.

La corta caminata

Sus pasadores desamarrados producían el sonido de un látigo al momento de pisar. A esas horas nada le importaba, ni su polo puesto al revés ni su buzo negro con manchas naranjas de tallarín. Su aspecto era una mezcla de hippie y de desquiciado mental, algo que resaltaba el modo nervioso de juguetear con sus monedas entre sus manos. La gente que pasaba junto a él o que le veía acercarse se burlaba solamente por esa naturaleza de regocijarnos con la desgracia de un conocido. Para nadie era ajeno que aquel joven afrontaba una desgracia, aunque aquella era un completo misterio para todos. En realidad no importaba ese misterio, a nadie: esa era una de las principales causas que esté así, abatido y casi derrotado. En aquel momento pesaba en una balanza imaginaria las razones del suicidio que planeaba. También la voz de Janis Joplin resonaba al fondo de su oído como si apenas y se pudiera mantener.Una piedra rozó su hombro y dio algunos traspiés en el suelo, seguidas las carcajadas de los pendejos que estaban sobre la acera conversando. El camino estaba sucio y descuidado, pues aquel no era el mejor lugar de la ciudad. Entró con unas monedas y preguntó por algo. La señora que atendía le dijo que no moviendo la cabeza; dio la vuelta y se marchó, tomó el mismo camino que había seguido al salir de su casa. Entró a su casa y fue hacia su padre, lo miró y se convenció de que debía de estar muerto. Salió del cuarto y se fue a hacer lo que creía que estaba bien.

Soneto al corazón del plomo y a la cadena

Horada en mi corazón de plomo
tu cristal que mece como el agua
para traerlo a mi boca entre jarras
y probar en la quietud del palomo

sabor dulce que hallan en la casa
al mover del trabajo los esposos.
Sentado en la vigilia de rostros
echo mis ojos cansados a tierra

que se presenta suave como India
y que es tan humana como César:
ahí descansan legiones indignas.

Ahí reposan manos en la hierba;
las que arañan e insultan son mías
que tratan de alejar hoscas piedras.

Décima al sufrimiento de la gente pobre...

Canta el pájaro del monte
cien años de amplio dolor
en las cumbres del señor
que olvidó regar el conde.
Heridas mostró el orbe
a lo largo de su cara:
los mares y las montañas
tienen estigma de muerte;
el consorte de mujeres,
un cáncer para el mañana.

sábado, 9 de agosto de 2008

La lección

El fuego ardía estrepitosamente. Crepitaba por la sal que habían derrapado al iniciar el rito. Dentro del fuego una caldera hervía su contenido. Eramos siete los que estábamos en medio del eso. En el cielo no había luna ni estrellas. Nuestros rostros se iluminaban como si nos pusieran en la cara una tela y luego la estiraran para ahogarnos. Yo veía a todos como recortes de los diarios amarillentos. Todos eramos menores de 15 años. Para la tribu del indio que estaba entre nosotros esa edad era la primera de la adultez, así que eramos parte de un rito de hombría. La mitad de nosotros estaba aburrida; la otra, emocionada, no sé si porque se divertían o se bromeaban entre ellos sobre las costumbres indígenas. Aquel era un hombre de cincuenta que hablaba en su lengua y vestía pieles malolientes. Todos paramos nuestros actos al ver que levantaba las manos y sujetaba un cucharón. Metió el cucharón en el fuego y sacó el perol que estaba adentro. Un líquido verde amarillo alcancé a ver fue apartado de mis manos ante la precaución del jefe. Nos ordenó a todos que cerráramos los ojos. Fue directamente hacia mí y me dijo que probara, paladeara y luego tragara aquel brebaje. El calor estaba frente a mi boca, el olor era desafiante. Me negué movimiento la cabeza. Él me dijo que era un hombre, se levantó y fue hacia los otros a hacer lo mismo. Oí con malicia la desaprobación de mis compañeros. Uno de ellos, al notar que sonreía, me empujó y me hizo abrir los ojos. Casi todos ellos habían probado la mezcla de alcohol, orina y ajos; a todos ellos, menos a mí, les dijo, riendo, que les faltaba pensar para ser hombres.

Décima a la búsqueda de un libro

Salí a buscar un libro
y encontré una vida
en medio del este clima
que no sabe vestir lindo.
Salté rejas y caminos,
halagué faldas y pieles
que llevaron los corceles
de la reinas del pasado,
me ahogué en asfalto:
todo por ser como lees.

Poema para mi padre

Hay espacio en esta hoja para nuestros nombres.
Toda la sangre entre nosotros está en guerra:
cañones y navajas para no ceder los labios,
tal vez tengamos en el pecho alguna enredadera.
Y son sus espinas las distancias que nos llevan
a preguntarnos al espejo sobre nuestros rostros
que son columnas débiles de parda cera,
¿Serán bolas de billar nuestros ojos?
Escribo en el infierno porque he liberado
mis cadenas rojas de las iras
de las piedras celestiales que ahí colapsaron...
La discusión es nuestro pan de cada día, Padre.
Mis fuerzas se me apartan como un río que destejen
hilos que no ven un corazón que no ha sentido.
Viene desde atrás, corriendo, un ángel repetido
en dos tiempos que diferencian por su carne
la prevalencia del cuerpo en el individuo.
Hay un espacio infinito entre las letras
que ni tú ni yo hemos, alguna vez, conocido.
¿Hay que agregar más nombres a nuestra presteza?
¡Aquí entre la nada somos al fin un padre y un hijo!
Tu pierna corrompida por un pájaro púrpura,
tu sien extendida como las velas de un navío,
tu cuerpo hinchado como un corazón en pena,
¿debemos a los años, padre, tanta usura?
Culmen: los pecados nuestros esta noche,
mientras nos cuidemos con un faro entre sombras,
arderán con el cariño que te extraño ahora
cuando ya no puedo darte mi verdad con golpes.

viernes, 8 de agosto de 2008

Persecusión en el metro

Las cosas en el metro nunca cambian, siempre hay robos, manoseo, extraviados, vagabundos, salvo aquella ocasión, en la que un chico vestido igual que tú y yo, con gorra, iba lo más rápido que podía para dejar atrás a un viejo flaco que a primera vista se notaba enfermo, tenía la cabeza alargada como un espárrago y las manos manchadas con líneas diversas que se agolpaban en los dedos y que eran más blancas que las manos, tal vez con cierta pigmentación amarilla. Aquel, para ser un viejo, iba a una gran velocidad; vestía una ropa de paciente siquiátrico y, ¡oh, sorpresa!, no calzaba nada: sus pies iban unos centímetros más arriba del suelo, sin tocarlo; podría decirse que aquel anciano volaba. Aparte alrededor suyo le seguían unos pequeños cristales que eran restos de lágrimas, probablemente de él; el viejo tenía el labio tembloroso y las mejillas pálidas, aunque no sé si pueda ser esto una descripción útil, considerando que era tan blanco como la barriga de una raya.La gente que lo vio quedó consternada. El ataque empezó cuando tres bancas que ellos dos habían dejado atrás se desprendieron y fueron directamente contra el chico. Él las esquivó y siguió corriendo; trató de subir por una salida, pero de inmediato los ladrillos salieron disparados y sellaron la entrada. Y así cemento, personas, perros, gacetas, bolsos, cuchillos, rieles, un tren, quince guardias. Todos volaron en variadas direcciones con tal de acertarle al chico, quien logró escapar, según sospechan, a través de un pequeño agujero que el perseguidor no logró cerrar. Aquel viejo lo siguió destruyendo parte de una pared. El caso, a pesar de las muertes y de la presión del gobierno, finalmente se archivó. Hoy se lo considera apenas un mito urbano.

La ausencia de peligro

Era domingo y todos querían volver a casa. EL cielo estaba como un cigarro encendido y las nubes eran espirales grises. Todos, sin excepción, estaban en la planta baja. El jefe estaba hablando por un celular con el superior. Aún no les habían informado que aquellos tipos no habían ido a rescatarle, como pensaron, sino a matarlo. Las fuentes eran diversas y contradictorias. Tuvieron que callar a una anciana que se les escapó al momento que salía con su perro de su departamento y los encontraba a todos en medio del vestíbulo, esperando a sabe dios quién. La metieron adentro de su lugar y avisaron que si permanecían ahí un momento más iban a renunciar todos. Unos tres disparos los exaltaron y todos subieron ya: Tenían sus armas bien sujetas y daban grandes zancadas que no les hacían ni sudar. En un momento estaban en el piso deseado y en otro uno de ellos abría la puerta de una patada. Adentro estaba lleno de agujeros de balas, sangres por todas partes; dos muertos vestidos elegantemente, pero con una apariencia notoria de ser unos matones. Arriba de uno de ellos estaba el vigilado, con unos ojos inyectados de sangre y un cuchillo que iba clavando una vez tras otra sobre el estómago de alguien.

Soneto a los pendencieros

Tiene poca verdad el todo nombre
que lleva de puerto en puerto boca
de una fama llena, calumniosa,
similar de un vientre lleno de podre.

Tiene más de gavilán que de hombre:
siempre de negro como limpiabotas,
con el pico roto apuntando cosas
regadas por la gracia de los torpes.

Tose sangre y tabernas y vinos
de la cantidad mayor de Europa:
el recato lo deja a los ricos

que son más que metal arrepentidos
de tener tanto menos buena ropa
con que tapar su moral de bandidos.

Décima a lo difícil que es vivir con dinero, pero más aún sin él, en especial cuando el problema es del gobierno

Están pobres en las calles
pidiendo una labor
que les dé mucho honor
y su sufrimiento baje:
no piden que les regalen
el deber de ciudadanos,
pues ellos han regalado
su tiempo al infortunio.
el presente aun es duro
cuando tienes pan en mano.

jueves, 7 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (final, ¡al fin!)

Hermana 2: ¿Eso es todo, hermana?
Hermana 1: No, ahora viene lo más difícil...
Federico: Yo creo que esta está bien, ellos a lo mucho dirán un par de cosas, pero después de lo dicho tu palabra valdrá más que la de ella, pues siempre has tenido mejor reputación.
Hermana 1: Lamentablemente es una ventaja... Aunque no me siento bien de utilizarle... Por cierto, yo no me refería a eso. Y bueno, será, con el perdón de dios, mejor que dejemos a las cosas terminar ya, de todos modos no es más que darle vueltas a un mismo asunto (se va).
Hermana 2:¿Qué pasará ahora?
Federico (la toma de la mano): Nada que no puedan superar. Ven, vamos.

Fin de la quinta parte

(En esta parte se da todo en un escenario vació y oscuro. En el centro de todo una silla de madera y frente a ella una cuerda. La escena comienza luego de que han pasado unos 15 segundos de haber levantado el telón, cuando se ilumina con una luz celeste y potente la silla y la cuerda de modo vertical. Pasan otros 15 segundos y aparece lista para subirse a la cuerda la Liberal con un traje azul de princesa. Tiene el maquillaje corrido por las lágrimas. Se queda unos 20 segundos frente a la silla moviendo la boca rápidamente, como si hablara. Luego sube un pie y demora 5 segundos en subir el otro. Ya arriba toma la cuerda con las dos manos y se la pone en el cuello; permanece 10 segundos mirando perdidamente al público y luego se persigna velozmente y salta: al momento de saltar se apagan las luces y se baja con velocidad el telón)

Fin de la sexta parte

(Las hermanas están en la sala. Una viste una pijama y está sobre un sofá cosiendo una falda. Los adornos y todo ha cambiado completamente: está más modernos el ambiente, afiches y fotos y muebles modernos, etc. Baja en ese momento la hermana 1 vestida con un traje muy provocativo. La otra le ve y no se sorprende)

Hermana 2: ¿Sales?
Hermana 1: Sí, Federico pasa por mí en cualquier momento.
Hermana 2: Procura no llegar borracha como la vez anterior...Vaya lío que armaste.
Hermana 1: Descuida: cada vez puede menos contra mí el alcohol.
Hermana 2: La vida no vale nada... Mira lo que encontré entre las cosas (le levanta el vestido). Le quedaba tan bien a ella...
Hermana 1: Te queda mejor a ti, además cada uno hizo lo que debió, no nos equivocamos en nada: Dios es sabio al momento de sacrificar sus fichas...
Hermana 2: Sí, lo que digas...

(Pasa un momento y suena una bocina)

Hermana 2: Ahí está, ya sabes: saludos de mi parte...
Hermana 1: De acuerdo, me divertiré por ti. Qué mal que estés enferma...
Hermana 2:La próxima vez rezaré con un cojín entre las piernas...
Hermana 1 (guiñandole): Procura encontrarte con el padre en lugares menos fríos...
Hermana 2: ¡Tonta (la otra se va)!
Hermana 1: ¡Chao!

(Levanta la falda y la ve por un momento. Sonríe y luego la abraza. Cae de inmediato el telón)

Fin

Soneto al presidente

Trataron de bajarle su cabeza
pero ni los cien mil hombres pudieron,
él los aporreó con una estrella
y sus saltimbanquis los recogieron.

Es historia que para el recuerdo
quedó incrustada en la vereda
que debe andar por siempre el pueblo;
aún hay caminantes que lo vengan

a pesar que su vida no es ausente:
es como las piedras que le arrojan
a las prostitutas o delincuentes.

A ver si alguien bueno lo despoja
de aquel ego tarado e ingente
que lleva arrastrando a su esposa.

Décima a la belleza barata

Belleza que tienen todos
es lo que importa menos
cuando en vez de carneros
nos quieren vender los toros,
pasa igual con el oro
al compararlo con sarro:
te lo vendo muy barato,
te lo pago con recato;
más cuesta cuidar belleza
que mantener realeza
de los reinos mediáticos.

Paseando a la nieta

-¿Cómo vas, tesoro, ya te sientes mejor? ¿Verdad que afuera está más fresquito? Voy a aumentar la velocidad.

La abuela pisó el acelerador y poco a poco ese carro celeste fue yendo más rápido. Su nieta se aferró más del borde de la puerta del copiloto; no gritaba porque su terror oprimía su garganta. La gente que se daba cuenta quedaba estupefacta al verlas a ambas en el coche familiar. La madre de la pequeña se apuraba de terminar su trabajo en la oficina para volver a casa. Uno de los que la vio (a la pequeña) llamó a la policía, la cual respondió redireccionando el mensaje. Un patrullero en ese momento lo escuchó y fue por estar cerca del lugar. El carro celeste iba a una gran velocidad por los apacibles suburbios de cercas blancas: la niña apenas y se mantenía aferrada por sus nervios que le hacían apretar con dolor sus manos. El policía ordenó por el altavoz que se parara, pero la vieja se rehusó. Movió la palanca y apresuró la velocidad, con una mano manejaba y presionaba la bocina, con la otra liberó el gatillo de su arma y, estando a la misma distancia que la abuela, le ordenó que se parara sino quería que le dispare; y así lo hizo, muy obedientemente se estacionó a un extremo de la calle y bajó del auto, los medios informativos llegaron e hicieron su espectáculo. Separaron a la abuela de su nieta y la madre juró en frente de todos que la metería presa.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

(La conferencia se da en el patio de la casa. En una parte alta está la hermana 1 lista para hablar; debajo y a un costado están Federico y la otra hermana. La Liberal los mira desde una ventana del piso de arriba apartando unas cortinas. Los periodistas visten sacos y corbata, tienen la apariencia de los años 30. El lugar está adornado con algunas macetas y mayormente de cosas oxidadas y sucias)

Hermana 1: Atención. señores, deseo no quitarles más tiempo; el motivo por el que les hice venir comprende una serie de calumnias dirigidas hacia mi persona por parte de una exinquilina de la casa con la que no llegué a tener una buena relación. Para ninguno de ustedes le es secreto lo digo, ya que por buena fuente estoy enterada que ella los llamó para dar su versión; bien, son todas habladurías: el padre Moragil se suicidó en esta casa luego de un acto cobarde de chantaje hacia nosotras, las cuales sabíamos por evidencia que aquel señor mantenía una relación con la inquilina mencionada. Y aquí es más confuso de lo que creen, periodistas, ya que mucho de esto lo sospecho justamente por haberlo vivido: el padre tenía deseos de volver a su lugar, a su vida de reposo, y por lo tanto hizo y deshizo lo que estaba a su alcance con tal de conseguirlo, y déjenme decir que no esperaba nada para hacerlo. Al ser evidenciado lo empujamos sin proponerlo al suicidio, no obstante mejor fue él que el daño a mi familia. Esto, como es notorio, afecto de muchas formas a nuestra vida, una de ellas es esto: una difamación por parte de su antigua amante, mala persona, que dolida por la estupidez, la mentira y la impotencia desea hacernos daño a como dé lugar, no importa si miente o exagera hechos que no tienen más que pequeña verdad o importancia en este asunto. Dicho todo esto espero que entiendan y espero que tengan todo esto claro; nosotros ya no queremos escarbar en hechos desgraciados, por lo tanto lo único que nos queda es desearles paz y rogarles que no nos atormenten con esto. Muchas gracias.

(Los periodistas se retiran en grupo y la Liberal cierra con brusquedad las cortinas. Cae el telón)

Fotografía a las estrellas

Como siempre llegaba tarde al acontecimiento. Ya sus colegas estabas posicionados a lo largo de la salida trasera del hotel para verlos escapar. Él apenas y alcanzó sacar su cámara y correr hacia el lugar. En ese mismo momento los divos estaban saliendo a gran velocidad de la puerta, precedidos por sus guardaespaldas que empujaban y amenazaban a los periodistas que también insultaban y amenazaban. Ella tenía un vestido colorido y ligero, zapatos de tacones altos y, por lo que se alcanzó a mirar, unos lentes negros que combinaban perfectamente con su corte de cabello y con su indumentaria. Él, enorme, estaba con un traje lujoso de color crema y unos zapatos brillantísimos, no llevaba anteojos y por eso se notaba que no había dormido en toda la noche. Nuestro héroe fue corriendo para cumplir con su trabajo, tal vez por eso dios le consideró y le hizo tropezar y volar y caer justo entre las manos de la actriz que al sostenerle y levantarle lo miró asombrada; y fue ese asombro el que capturó la cámara que aún tenía en su mano y que milagrosamente se disparó, dejando para los premios y los críticos una de las fotos más emblemáticas de su tiempo.

Soneto al desagrado de escribir sonetos

¿Para qué pedirle corazón a alguien
que no lo tiene? ¿Acaso escarbar
dará frutos al huerto del amar?
Mejor usen las manos en la sangre

cuando se dan en los dientes de hambre
los puñetazos de brutos, animal
que es dentro de nuestro pedernal
duro, arrojando el rojo estambre.

Impaciente es el que lucha muerto
con la densidad que del mundo vivo
siente, mordiendo en su pellejo.

No hay más que sonetos en el río,
y junto a la celeste van inciertos
como de mi mano lo que escribo.

Décima a USA y su trato sucio con sus prisioneros

Ya los gringos que le dieron
la sentencia de por vida
beben y fuman en pipa
junto con el carcelero
que es vendido gobierno,
petróleo y falsedad
del águila que es real
por prepotente torpe
que destruye lo que come
por que vuelva a germinar.

martes, 5 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Federico: ¿Será bueno que los hayamos enviando a la casa?
Hermana 2: No lo sé, creo que no, pero es lo mejor, tal vez mi hermana los está enviado a otro lado. No acordamos en ningún momento eso.
Federico: Tu hermana está haciendo las cosas a tientas, a esto ella nunca ha estado acostumbrada.
Hermana 2: Ella crece más que yo, no hay duda en eso. Aparte está abrazando más al mundo y menos al señor, supongo que tendrá que ver algo en eso.
Federico: ¿En serio? Vaya, y pensar que hace tiempo por eso me rechazó...
Hermana 2: ¿En verdad? No lo sabía, será entonces para ti un consuelo.
Federico (sonríe): Más bien una segunda oportunidad...

El jardín

Le había dado desde el interior catorce vueltas a la casa. No obstante, el motivo para seguir era aquella ventana opaca que dejaba pasar de modo modificado la luz del jardín, aquel que trató con tanto esmero desde que compró la casa junto a su marido y que le albergó en las tardes felices de los fines de semana. Ya habían pasado 6 meses desde que su marido murió y no había vuelto a abrir aquella puerta, la que estaba al costado de esa ventana, tampoco había dejado que alguien la abra, ni siquiera quien antes cuidaba el jardín y que ahora andaba borracho por alguno de los bares de la ciudad. Estaba quieta y pensativa frente aquella chapa bañada en oro que no se animaba a tocar. Dentro de su mente se veía frente a ella, acompañada de imágenes que se cruzaban en su mente respecto a su marido y a todos lo demás; veía a su marido hacer una y mil cosas al mismo tiempo detrás de ella o de su imagen que tenía de ella. Algún sonido fuera del contexto la hizo volver a su lugar frente a la puerta, ya abierta y esperando un pequeño empujón para mostrar la hierba crecida y descuidada de las plantas que con esmero ambos cuidaron en los mejores años de su vida: ahora el presente los demostraba ante la muerte como una cierva rodeada de lobos. Las lágrimas de sus ojos brotaron de incertidumbre al entrar y ver el jardín como producto de su descuido. Las sillas donde ambos se sentaron cubiertas de hojas secas, rastros del paso del otoño en el año, las flores desordenadas con la hierba, puestas al azar... Se sentó en una de las mecedoras mientras callaba por un largo tiempo. Finalmente ordenó a su mayordomo que le traiga algo de tomar y miró con insistencia la figura espectral de su marido que se encontraba en medio de todo.

Hay algo podrido en mi patria...

"Hay algo podrido en Dinamarca",
dijo escritor cavilando mi tierra;
se equivocó en poner tantas letras
a algo tan simple como mi patria.

Perú todas estas tierras se llaman,
fueron de historia una colmena
llena de miel, dictaduras, cera:
es ora lo mismo, sólo sin alma.

Soy una molécula que va dando
movimiento a un titán sentado
en un banco de oro milenario.

No sé qué es el resto: esperanza;
ignoran los más genios la venganza
que desconocemos en la andanza.

Dios sólo fue hoy y será pasado.

Décima a las travesuras de un gato

Ronronea gato marrón
sobre las pálidas tablas
de algún tejado jara
que alguien dio mucho color;
felino bota algodón
pues con sus pequeñas piernas.
da movimiento a rueda
que cae sobre el pasto
cuyo sonido es quitado
en medio de la pereza.

lunes, 4 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Hermana 1: Entiendo... Ella no se podía ir sin dejar las cosas así.
Hermana 2: ¿Has escuchado todo?
Hermana 1: Cada palabra... No me era desconocido todo lo que dices; es más, era lo único que podía hacer.
Federico: ¡Esa mujer es despreciable!
Hermana 1: Lo es, efectivamente, y nosotros vamos a tener que comportarnos de igual manera para poder salir bien parados de esta crisis.
Federico: Ya no hay nada que hacer, probablemente están redactando todos los datos...
Hermana 1: ¡Qué raro!, yo entendía que los periodistas estaban obligados a corroborar con ambas partes su versión, ¿no estarán pensando no hacerlo, verdad?
Federico (sorprendido): ¡Tienes toda la razón, es increíble que no me haya acordado de eso!
Hermana 1: Ves, tenemos posibilidad.
Hermana 2: Pero aún así será incómodo conversar de ese asunto con los periodistas...
Hermana 1 (firme): Hermana: nada que tenga intensión de hacernos daño nos debe incomodar. Al contrario de lo que piensa ella yo voy a terminar ganando, en nombre de todo lo que soy ahora: ¡Lo juro!

(Todos se miran entre sí extrañados)

Hermana 1: Ahora será mejor llamar a los diarios lo antes posible para poder descarta algún movimiento ya... ¿Pueden ayudarme con eso?
Hermana 2 , Federico: Claro...

(La hermana 1 va a tomar el teléfono y empieza a marcar, los otros dos se están quietos un momento, luego salen. Pasa un momento hasta que llega la Liberal vestida muy sensualmente, contrastando con la ropa que llevaba en su habitación. Entra y se quedan mirando por un largo rato. Sin decir nada la liberal sigue hasta las escaleras, donde sale de escena)

Hermana 1: ¿Aló?¿Llamo al diario...? Sí, mire, hace unos momentos se dio una versión sobre un tema que me compromete... Sí, soy la hermana... Exacto, quiero dar mi versión sobre aquella calumnia...Sí, más diarios escucharán esto... De acuerdo, será dentro media hora en...Lo esperaré allá, adiós.

(Cae el telón lentamente. Se ve a la hermana 2 y a Federico volviendo de una caseta telefónica. En el fondo se ve una cerca de acero pintada de negro que recorre todo el escenario de extremo a extremo, detrás de ellas hay flores y cada 8 pasos hay un poste de luz)

Décima a los favores de ciertas madres en favores al círculo de la manufacturación de congresistas, y aparte las queridas de estos

Hechos congresistas tontos
son ya las felices madres
alquimistas importantes
del insulto al tesoro:
que fue Natura oprobio
de males más amicales,
reducidas las beldades
a monedas de cantina,
y mujeres cantarinas
sobre piernas congresales.

Soneto a los abusos de los terratenientes

Mece la cuerda del cadalso sucio
el campesino que trabajó siempre
entre latigazos y hambre, ¿cree
que hay justicia en gamones suyos,

refiriéndome al de los terruños
que vive sólo derramando semen?
Desde allá no se escucha la muerte
ni el sufrimiento que de algunos

ignoran autoridad competente;
liendres venidas del polvo y nada más,
olvidándose del prójimo siempre.

¿A qué toda esta queja sin verdad:
no tiene solidez en lo que vende?
Eso es excusa de hombres sin piedad.

La ejecución

Avisaron sin abrir la puerta que ya era su hora. Le insistieron que se pusiera de pie luego de ver que ante la primera orden no se había levantado. Se levantó con paciencia, queriendo dilatar los minutos como cuando sentimos que las cosas se están desacelerando. Uno guardias entraron vestidos de militares con abrigos de tela rasa oscura que les llegaba hasta los pasadores de sus botas, le sujetaron de la parte que está entre el hombro y el codo por ambos lados y lo condujeron a través del pasadizo húmedo y habitado por ratas, helado por la temporada de invierno. Otros presos como él salieron hasta donde los barrotes lo permitían y le pidieron que hable con dios sobre cada uno de ellos. En aquel instante Rodian se arrepintió de haberle clavado un hacha a la cabeza de la vieja; trató de llorar y estuvo suficientemente consciente para notar que no le salían lágrimas. Sus ojos sensibles se turbaron con los rayos plateados de luz que le arrojaba el cielo. Al recuperar completamente su visión vio que a unos pasos el cadalso lo esperaba con una cuerda sucia que se mecía con el viento, alrededor de ella el juez y un amigo suyo que ya no conocía lo miraban con ojos inefables. A la altura de ellos se puso firme y denso como una tabla y trató de no avanzar más. Miro a su amigo y movió la boca para decir unas palabras, pero de ella sólo balbuceos se oyó y nada más. Los guardias le empujaron y retomó su marcha. Subió una tras otra escalera hasta llegar a las crujientes tablas que significaban su final, la destrucción de toda esperanza: fue en ese instante tan febril que entendió que parte de él estaba muerta y que el resto se iba a morir ya; ante esto no se resistió de ningún modo y se acercó antes de los oficiales a la cuerda. Uno de ellos se la puso y lo miró con caballerosidad, la misma que se le da a alguien que ve a un casi muerto. Alguien que él no supo identificar empezó a decir algunas cosas en voz alta, probablemente tratando de explicar el porqué lo mataban. Cuando terminó hizo una ligera seña con su mano y el verdugo dejó escapar la palanca que aún lo mantenía entre los vivos.

domingo, 3 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (inicio de la quinta parte)

(La quinta parte se desarrolla en la sala, que está igual de dispuesta, salvo por una variación leve de algunos elementos. Los personajes visten ropas muy vistosas y las luces están ligeramente aumentadas para elevar la vida del escenario. Federico toca a la puerta con insistencia, la hermana 2 se acerca sin decir nada a la puerta y le abre. Él entra alterado)

Federico: ¡Vengo volando, apenas y hace un momento me enteré!
Hermana 2: ¿Qué te pasa, qué ha ocurrido?
Federico: ¡Una desgracia! Hace cinco minutos uno de mis compañeros llegó a la redacción. Yo estaba ahí redactando un informe sobre una mala decisión del alcalde y de repente escuché que mencionaban el nombre de tu hermana, luego se precedía una risotada, pero eso no importa ya. Me levanté de mi asiento y les pregunté sobre lo que pasaba con tu hermana. Ellos me miraron como diciéndome que a mí que me importaba, yo les dije que era amigo de ustedes y se miraron y me contaron al instante lo sucedido: A eso de las 8 de la mañana los periodistas de todos los diarios de la ciudad recibieron una llamada sobre el caso del padre Moragil, diciendo que habían datos que se habían quedado rezagados por negligencia de los policías. Así que todos fueron citados a un lugar y claro, todos estuvieron ahí a la hora pactada. Me contaron que una mujer muy guapa, con las características de nuestra inquilina (al decir esto la hermana retoma la atención inmediatamente), estaba en ese lugar que resultó ser un café de quinta. Ella se acercó y les dijo que era la que les había llamado, y empezó a contar sin que nadie se lo pida todo, entiendes, todo, desde su ingreso a esta casa, su relación con el padre, su conocimiento acerca del amor de tu hermana hacia él, de las extrañas razones por las cuales el se mató en la casa... Todo lo dijo a su manera, con su interés de por medio y...Y... ¡Al diablo! Muchos de mis colegas se interesaron, otros se fueron largando, seguramente argumentando la licencia de ser un diario serio y de primera. La cosa es que lo van a publicar, van a decir cosas oscuras de ustedes, en especial de tu hermana, algo me comentó mi compañero de una ropa interior...

(En ese momento baja la hermana 1, que ha estado escuchando todo desde la escalera que está luego de la cocina que al mismo tiempo está conectada con la sala. Baja con el rostro rojo de ira, y con una mueca que parece ser una risa. Los otros se callan al verla)

Las mujeres de la casa caída

Arrastraba la bata rosada y la pisaba con sus chancletas verdes, sus ruleros y su pelo, mezclados como la decoración de un árbol de navidad, le daban un aspecto totalmente enloquecido. Su cara recordaba a las arrugas de una pasa escuálida, sus orejas delgadas como una hoja, llena de manchitas negras; su boca, que era una mezcla de dientes amarillos y labios secos y rotos, le daban un aire exagerado y grotesco, como ella era, como todas las mujeres de la casa eran, brujas, basuras, conocedoras del arte que usan las putas grotescas para levantarse a los camioneros o recogedores de basura de los interminables basurales latinoamericanos, tan enormes que absorben a ciudades y ciudadanos enteras. Arrastraba el jebe de sus chancletas, castañeando sus dientes podridos. Las otras le miraban sentadas entre sillas y en la cama: finalmente se detuvo y empezó a risotear.

-Ja, ja, ja. ¿En verdad que esa cochina dijo eso?
-Sí, abuela, dijo que nos preocupáramos por él, que en este momento no estaba sano. Usted sabe, está enfermo de su pierna, no puede caminar ni tampoco comer por el asco de sus medicinas. Según ella una amiga suya le está cuidando, claro, nadie le ha dicho que hace días que se largó y que nadie lo cuida.
-Es sólo una pierna, no por una pierna se va a morir, ¡qué se aguante, si no, qué se joda!
-Sí, mamá, aparte es un pobre diablo. Mi mamá cometió el error de casarse con él: vaya estupidez; no tiene dinero ni respeto, es un pelmazo.
-Tal vez deje de serlo dentro de unos días.
-Eso pasará, hija, si es que no mencionamos nada de esto a nadie. Aparte quiero ver que tanto es capaz de soportar. Ay... Cómo desearía que mi hija se enamore de un sujeto de donde está y se olvide de ese gusano.
-Seres como él deberían estar muertos... Y eso es una gran verdad: Mamones los que afirman que todos tenemos el mismo derecho de vivir.
-Yo sí creo que eso es correcto. ¿Ustedes no piensan igual?

Todos miraron a la mejor de todas con frialdad, luego le respondieron:

-No, no...
-No.
-Para nada.
-Qué idiota-murmuró una de ellas-.

La mejor agachó la cabeza.

-Si fuese así hija podría decirse que somos iguales, y eso, al mismo tiempo, significaría decir que todos podemos ser comparados de la misma manera, cosa que es falsa: nosotras somos mejores que... Que tu padrastro, por ejemplo. Él no sirve ni para lavar baños, es una desgracia, una criatura olvidada por dios. Cada una de nosotras es que ambiciosa, gente que vale y que piensa; claro que la vida no nos ha tratado con justicia, pero aún estamos aquí, hija, luchando.
-Si la vida nos tratara como debe, todas nosotras estaríamos casadas con algún millonario que nos mantenga y nos mimes, pero por algo dios hace estas cosas...
-Por cierto- interrumpió la que casi no había hablado-, ¿qué vamos a hacer cuando llame otra vez?
-Decirle que nada marcha mal, que su esposo está bien y que todas estamos bien, mentirle, será lo mejor al final.

Poema a la soledad de una fiesta

Odias a la canción que se repite
con insistencia en el cuarto iluminado
por la fiesta que se rinde en tu honor
y que se aleja de ti como la bola de estambre
impulsada por la garra de un gato
que aparte de ser gato es sombra,
jugando con tus coágulos de sangre quieta
detrás del espaldar de la silla de plástico.
Los que son ajenos a tu círculo se emborrachan
y llevan de la mano como adultos
a las niñas que están tomadas y desprotegidas
como los perros con rabia del matadero;
algunos vomitan a tus pies con asco
de tanta dulzura que les da el veneno.
Tu cono abigarrado y sicodélico se inclina
al notar el agujero de raspones del gato,
justo entre tus lumbares de hembra asesina
que juega con sus manos que está matando
ese hielo líquido que se alarga y se sostiene
como un yo-yo entre las vueltas de la vida.
Un reflejo, el suyo, es el límite entre la mampara
y la piscina celeste franqueada por la nada
que es oscura como los ojos del cielo que no tiene
entre sus límites negros y azules una cara;
si amistad es esa cara que no existe,
la fiesta es transparente como una soledad marcada,
y ella es apenas una figura en algún hostal
codeada al borde de su muslo lleno de neón.
Pero la amistad es verdadera, mas escasa,
y esa fiesta es una excusa para la irritación:
ella no existe en el año que la marcan
con un mal más vacío que el de dios.

sábado, 2 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Hermana 1: Si lo que buscas es mi muerte, adelante, trata de hacerme daño.

(La Liberal se acerca a ella y le da una cachetada)

Hermana 1: ¿Apenas a esto llega tu deseo de eliminarme? Creo que Federico tiene razón y solamente estás alterada. Lo entiendo, yo también lo amé, aunque era un mal tipo. Pero ya no actúo como una perfecta idiota que lo único que le falta por hacer es cortarse las venas... ¿Quieres cortártelas? Si lo haces por favor trata de no ensuciar la mesa, o sea que no lo hagas en el comedor, no quiero probar carne y recordar tu nombre.
Liberal: Vaya, ya no eres una monjita puta que se golpea el pecho cada vez que piensa de verdad.
Hermana 1: Mejor no hablemos de putas en el sentido amplio de la palabra, querida; no olvides que aún sigues viviendo acá, claro que ya todos sabemos que eso no va a ser por mucho tiempo, ¿no es así?
Liberal: Claro, claro, todo va bien respecto a eso, sabes...Y me alegro que me lo hayas dicho ya, al parecer en esas cosas tienes más huevos que tu hermana.
Hermana 1: No es verdad, ella aún es buena y por eso te tiene lastima. Te quiere botar, pero te tiene lástima, cree que tu devoción vale en realidad.
Liberal: Tu me extrañas, has crecido notablemente en estos días mientras yo lloraba. Antes te creía una niña cegada por las costumbres, ahora piensas y dices como una mujer de verdad.
Hermana 1: Parte del crédito es de ambas...
Liberal: Antes que te olvides recuerda que yo te voy a lastimar, no sé cómo aún, pero lo haré, a todos ustedes, sarta de traidores.
(La hermana 1 se acerca y se pone cara a cara)
Hermana 1:Hazlo y te haré pedazos...

(Da media vuelta y se va mientras aparta con sus pies la ropa que está tirada por el suelo)

Liberal: Me pregunto si estará lo suficientemente grande como para afrontar la difamación (toma un papel y escribe unas líneas, luego toma unas ropas y se las pone al instante, sale apresuradamente)...


Fin de la cuarta parte

El ángel y el psicólogo

Son las seis y va por su sexto paciente. Seis veces ha repetido que dejará ese aburrido trabajo y se dedicará a robar y a vagabundear por las calles atestadas de París. Revisa su agenda: es la primera visita, faltan datos; la enfermera lo pagará. Avisa por el teléfono que el paciente pase. Entra un tipo flaco y calvo, joven y de ojos negros, tiene las manos ligeramente grandes y por alguna razón para él aceptable no tiene camisa ni nada sobre el pecho; su pantalón es ajustado y negro, de una tela rugosa t¿y llena de hilos que forman imágenes que no se ven bien por la luz, pero que alcanzan a expresar un tigre y un torero atravesando la nuca del toro con una gran espada. Su extrañeza le entusiasma y le pide que se eche en el diván. Él no hace caso y permanece de pie, viéndolo con seriedad. He venido a darte un mensaje, le dice. ¿A sí? ¿Qué será?, pregunta con sorna el sicólogo. Dios ordena que las cosas sigan su destino trazado; dios a ti te dio este destino, y tu propósito es ayudar a las personas; trata con más decencia las órdenes de dios. El psicólogo se ponía de pie justo antes de que el extraño sonriera cáusticamente y apretara los puños para correr en dirección a la ventana que se hizo añicos al instante de chocar contra ella, abriendo de par en par sus enormes y puras alas blancas que lo mantuvieron en vuelo por unos segundos más, hasta que se desvaneció en el aire.

La contradicción de los países en desarrollo

Por que no me vendas al estado, madre,
yo estudiaré toda barata vida
para traerte bocado y delicias
con joyas y casas y carros aparte.

Seré esclavo de universidades,
por ti apilaré muertos en las piedras,
en ellas mismas levantaré empresas
que venderán por ti a sus hijos, madre.

No regales la mano que no envejece
para comer un plato frío de lentejas
que el estado te alcanza y vende

porque gusta de que trabajemos extras,
también niños sucios, feos, que no crecen
a diferencia del sueldo del gobierna.

Décima mal llamada y patriótica

Flamea en lo más alto
con el asta en equilibrio
el pabellón de caminos
de sangre y de asaltos:
el estado destrozado,
el estado asesino
que llama a todos hijos
y que nos saca a la calle
para disparar en talle
que sostiene en equilibrio.

viernes, 1 de agosto de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Federico: ¿Qué pasa? Los gritos se oyen hasta afuera. Tu hermana me ha abierto la puerta y me he subido corriendo, ella está abajo muy rara... ¿Tú eres la que gritas que la vas a matar? ¿Acaso tienes idea de que en este momento puedes ir presa por amenazarla de muerte? ¿Quieres terminar presa por un cadáver asqueroso y maloliente que se pudre en la inmoralidad de sus pasados actos? ¡Por favor, déjate de estupideces y supéralo!
Hermana 2: Federico, no les hables de esa forma. Entiéndela, ella habla pero no dice nada: son sus sentimientos que se atropellan dentro y fuera de ella.
Liberal: ¡Muéranse, muéranse todos ustedes, los odio, los odio!

(En ese momento sube la hermana 1 con una actitud desafiante, tiene los puños cerrados y la mirada fija)

Hermana 1: Por favor, váyanse, quiero conversar a solas con ella.

(La hermana 2 y Federico se van)

Balas del desierto

Eran tres niños que jugaban a un extremo del río, cerca de las vallas de seguridad que evitaban cruzar el vado. Sabían desde hace un año que esa tierra seca y sedienta como el polvo se ponía llena de pájaros y toda clase de animales por esa época. El sueño de aquellas tierras era un rico abandonado que se fue a vivir allá y construyó límites enormes entre sus tierras y la de los aldeanos y campesino; luego se encerró y durante años nadie supo más. Hasta la ocasión que un día se dio cuando un ladrón se acercó a sus tierras y murió de un balazo a unos metros dentro de ella. Los que lo persiguieron juraron y demostraron que tenían las armas llenas: cualesquiera que disparara lo hizo desde otro lado. Aquel día nadie recuperó el cuerpo, lo dejaron pudrirse bajo el sol y los carroñeros. Los chicos estaba a un lado del cerco moviendo sus hondas y animándose a tirar y matar a un ave por juego. Acordaron que era un sólo tiro sin chances de más. El primero lanzó con debilidad su guijarro, que cayó al instante al agua. El segundo calculó mal y le dio a la tierra humedecida por el agua, haciendo volar a algunos pájaros. El tercero, finalmente, cambió de dirección y lanzó con todas sus fuerzas la piedra, que fue veloz hasta la copa de un árbol e hizo caer de ella muerto al rico que los apuntaba y contaba hasta la tercera oportunidad para dispararles con su arma.

Poema al deseo de salvarte

Si yo te quisiera,
no se lo diría al viento
para que te lo cuente
frente a mis ojos tristes como ríos.
Tampoco se lo diría a la tierra
cuando me tenga entre sus brazos
y me llores por compromiso
junto con los otros comprometidos.
No se lo diría al agua ni al fuego:
ambos debatirían su permanencia
en los terrenos de mi palabra;
no me lo diría a mí mismo.
Pero sé que lo sabrías sin palabras;
sólo es tan evidente como el cambio de las noches.
Lo sabrías con tomar mi mano antes de romperme,
antes de ser un espejo que me dice: "Lo siento,
en el mundo no podemos estar solos".
Y yo sería feliz estando triste
por apartarte de mi veneno que es mi lado.

Décima a la imcomprensión de la cabeza con el mundo que experimentamos

El cerebro en la mano
descansa de su lugar
para ya no trabajar
en los complicados tramos
que tiene la mente, vanos
intentos por conseguir
eso que logra percibir:
como si en la espuma
se cogiera la laguna
que tiene marino vivir.