jueves, 31 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Liberal: ¿Quién mierda te crees tú para decirme algo, ¡asesina!?
Hermana 2: Te equivocas, nosotros no hicimos nada, él se arrojó inmediatamente... Luego de un arrebato de locura.
Liberal: ¡Lo mataron, lo mataron todos ustedes! Ustedes que prefirieron verlo muerto antes que verlo conmigo (avanza unos pasos en sentido contrario. Se detiene y se queda pensando)... Seguro que fue tu hermana la que planeo todo...Claro, ¡ahora lo comprendo! Ella estaba enamorada de él, y guardó envidia porque yo era su preferida... ¡Nada más por eso lo destruyó! Es una maldita... ¡Me las va a pagar (va corriendo hacia la puerta. La hermana la detiene)!
Hermana 2: ¡Qué piensas hacer! Para (la arroja a un lado)... Dices incoherencias, estás mal, debes tranquilizarte...
Liberal: ¡Cállate! La voy a matar... No, le voy a hacer más daño... Suéltame...

(Entra Federico con ropa menos formal, un polo y un jean)

La anciana (inspirada en Crimen y Castigo)

Acababa de salir la mucama, exactamente a las 6 de la tarde. Haciendo a un lado la cortina la vio alejarse por el lado opuesto de la cuadra; no negó en ese momento que se sentía feliz al verla alejarse. Se apartó del cristal frío y fue directo a su diván, debajo de él extrajo un cuchillo de carnicero que había comprado dos días antes. Lo miró con un momento con una sonrisa tenebrosa, desquiciada; su atención estaba fija en la hoja nueva y capaz de capturar su símil como si fuese un espejo. Oyó la campanilla que avisaba la impaciencia de la señora, seguida de una tos que duró unos segundos; habló en voz alta para avisar que en un segundo iba y empuñó con fiereza, valor y determinación el arma. Salió al rellano y bajó con estrépito la escalera, giró hacia la puerta de la cocina y de ahí salió hacia la sala iluminada por una luz temblorosa de chimenea, la cual proyectaba y amplificaba las sombras y le daba a todo un aspecto tranquilo, pero siniestro. El moblaje era en su mayoría de madera fina revestida con tela de rojo intenso. En la mecedora, al frente y cerca del fuego, desde donde él podía ver, la abuela se acariciaba las arrugadas manos. Albert, deja a un costado la bandeja, dijo agriamente la señora. Éste no le respondió, y contrariamente a lo debía pensar la señora, tenía en ese instante una cara siniestra que gozaba de tener el cuchillo a la altura de su oreja. Por un instante reflexionó sobre el lado que tomaría para matarla; la idea de matarla por la espalda, sin que le distinguiera, le repugnaba; decidió por la derecha y por un instante más no se movió. Cuando ella dejó de jugar con sus manos él dio grandes zancadas hasta doblar por su lado izquierdo y clavarle con placer y con gritos de satisfacción el arma cinco veces en el pecho, la última lo hizo dejando escapar un suspiro agudo. La cuchilla estaba enterrada al costado de la tráquea, dejando escapar hilos de sangre en todas direcciones, ¡pero algo le aterró terriblemente al ver que la abuela tenía una sonrisa en la cara! La abuela estaba con el mentón en el pecho y, aunque al principio era ininteligible, reía sin detenerse, poco a poco más sonoramente y con más movimiento y temblor en la cara. Su reacción inmediata fue levantar el arma y hacerle nuevas heridas, algo que aumentó la hilaridad de la anciana o la hizo levantar firmemente la cabeza y ver con desprecio a su asesino. El mayordomo mezcló sus gritos con el ruido de la anciana y sacó y metió una vez tras otra la cuchilla que no hacía más que cumplir su función y proyectar cargados escupitajos de sangre por las paredes y la ropa. Luego de aplicarle más de 50 puñaladas se apartó enloquecido del cuerpo de la anciana que alternaba el movimiento de su cráneo de un lado al otro, se apartó con la cara sudada y cortada por las lágrimas. Cuando la anciana dejó de reír volteó hacia él y estaba a punto de decirle algo, cuando su cuchillo se lo enterró en lo más hondo de sus entrañas.

Algunos hombres y el animal...

Sólo por unos minutos permanece el ave que está de vuelo en tierra,
luego levanta la mirada y se acuerda que no sufre, que es un animal,
y retorna triunfante a sus profundidades de agua que es etérea.

Así es el hombre que nota las profundidades de su débil carne
y es capaz de volverla piedra y de hacer acero con su voluntad;
ese es el hombre que cubre el sol y apaga con la mirada una vela.

Décima a los emigrantes serranos de mi patria

Despertó temprana hora
a ir a buscar pan y agua
en el monte de las fraguas
basado en fe remota
que lo condujo por rotas
montañas y ministerios,
burócratas, papeleos
y todo lo que rendía
para que agotar la vida
fuera migración de perros.

miércoles, 30 de julio de 2008

Las dos hermanas y una puta (inicio de la cuarta parte)

(Esta parte inicia en la habitación de la Liberal, es del mismo color, pero de una tonalidad más oscura. La Liberal está mal vestida, desarreglada, se supone que han pasado días desde la muerte del padre y ella está traumada respecto a eso. Viste una pijama con pequeños puntos azules y está sobre la cama sentada y acurrucada casi de cunclillas, abrazándose las rodillas. Tiene la vista perdida y enferma. Todo el cuarto está desarreglado y sucio. Hay ropa de ella tirada por el suelo. Entra la hermana 2 arreglada adecuadamente, con un lazo color vino en el cabello y un vestido ligero y blanco.)

Hermana 2: Hola, mujer, qué tal. Mira, estaba cocinando y noté que había sobrado algo de postre, así que te traje un poco, pensando que apenas y habías comido en el almuerzo. Toma, está delicioso.

(La Liberal no reacciona en lo más mínimo)

Hermana 2: ¿Quieres que la deje allá? Bueno, lo haré de todas formas (incómoda): Sabes qué, esto ya es el colmo. Tú no puedes seguir así, eso no te hace más que daño. Aquello fue una desgracia, lo sé; pero dios es sabio y de algún modo pienso que tuvo que ver mucho en ese castigo, tú lo sabes, el padre no fue bueno entre sus voluntades...

(La Liberal levanta la cabeza y la mira con una expresión de odio)

Liberal: Aquel día yo estaba cerca de mi ventana, llorando. Lloraba más y más al pensar que me había enamorado, lloraba de tristeza, rabia y felicidad, estaba muy excitada por todo. De pronto empecé a oírlos a ustedes en la azotea discutir y todo lo demás. Me acerqué a la ventana y escuché mejor, escuché cómo lo amenazabas, como lo hacían tú y todos ustedes...Y luego...Luego...¡Lo escuché gritar y luego lo vi caer cerca de donde lo estaba! ¡Lo vi aterrado segundos antes de morir!

(Sale de la cama media encorvada y furiosa)

La madera

No se desanimó al ver monte tras monte lleno de verdor entre él y la columna de humo gris que se levantaba al borde de su capacidad de ver, en el centro de la aldea. Ajustó ese cinturón de cuero marrón que tenía entrelazado con su muñeca y levantó la leña llena de marcas, similar a una huella dactilar. Empezó caminando con el pie izquierdo y, aunque no era supersticioso, notó que había en su interior un presentimiento fuerte que lo desconcertaba hacia su marcha, la cual ignoraba que era hacia un terrible incendio que acaba de iniciar en su hogar.

Soneto a los enfermos del alma que buscan el mar

Tiembla de oscuridad el enfermo
al saber que nadie a esas horas
por los balcones dormidos asoma
en busca de la piedad hacia el bueno

que recorre negras plazas y puertos
donde saludan groseras las olas
envueltas en una red de las borlas
que son calmante de difuntos médicos

desperdigados con los peces ralos,
llamando con calma a los enfermos
que sin cabeza corren a morir.

El hombre triste y pisoteado
va con rumbo hasta los lagos yertos
en donde la paz espera un bisturí.

Décima a los desesperados de las cantinas por sus gastos o sus mujeres

Dice palabras muy pocas
el que viene a tomar
para penas olvidar
si éstas no son de roca;
que algunas son modorra
de sus tragos y deberes,
pagar sal a quien concede
y a la ingrata darle tos
cuando dinero y arroz
reclama por los grilletes.

martes, 29 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (final de la tercera parte)

Federico: Lamentablemente para usted no todos pensamos lo mismo.
Padre (sorprendido): ¿Quién es usted, qué es esto?
Federico: Eso a usted no le interesa (saca la grabadora). Aquí tengo toda la conversación donde confiesa que tuvo un romance...
Padre (alarmado): Esto es una infamia, una calumnia, ¡una conspiración! ¡Dios mío (se tira de rodillas. Las luces se ponen rojas y aparecen los tres círculos de sombra que recorren todo el lugar)!
Federico: Usted ya ha terminado.
Hermana 2: Ya es tiempo de que ceda, y de que se largue de la casa, ya nada más tiene que hacer aquí. Y no hace falta repetir que si no se ha ido lo antes posible de aquí nosotros entregaremos esto ya mismo, y lo acusaremos con la policía, con los medios, con dios y hasta con el Infierno si es preciso.

(El padre mira con deseos de perdón hacia la hermana 1, que retrocede unos pasos para alejarse y se detiene, en el momento de que las tres sombras se ponen sobre ella para ocultarla. El padre se pone a llorar)

Federico: (se acerca y trata de levantarlo, antes se normalizan las luces): ¡Levántese ya y compórtese como un hombre!
Padre (rechazándole): ¡Déjame (se arroja sobre él y trata de quitarle la grabadora que tiene en su mano. Éste se resiste y apenas puede saca una navaja. El padre al verlo tiembla de temor y corre sin detenerse hasta el borde de la azotea y se lanza. Un grito de horror acompaña su caída hasta acabar con un ruido seco y apagado del golpe)!
Hermana 1 (grita desesperadamente y se tira al suelo): ¡Oh, por dios!

(La hermana 2 y Federico se abrazan y miran hacia el otro lado. Se apagan las luces y una luz potente que viene del fondo del escenario los proyecta como sombras. Baja el telón rápidamente)

Soneto a las deficiencias pasadas y antiguas

Entre romanos carpentovetónicos
trajeron abajo un buen imperio,
bien corrupto y hasta bohemio
que los muchos actuales devotos

rinden halagos y marcan tópicos
que son tan pasados como el huevo
y tan acertados como año nuevo
que trae siempre promesas del otro.

Así los modernos nos destrozamos
cometiendo en los mismo errores
la misma falta vista de humanos

que vieron entre nosotros los dioses
en las letras del papel constelado
al momento de escribir el bronce.

Décima a los jóvenes inútiles y crítica a torpe frase de que el futuro es la juventud...

Quítenle las torpes manos
y arránquenle la lengua
para que ciego y sin ella
no nos pueda ir contando
lo que es perder mirando
la vida en aburrimiento,
la paz entre los festejos,
el sueño de los jóvenes
que se levantan peores
en lo que repite de nuevo...

La migraña y el sueño

Hace días que no había tenido esa migraña y ese sabor amargo en la boca de sus glándulas salivales que lo acompañaban casi siempre por la vida. Hace mucho que se había librado de eso, sin saber cuando, tal vez en una caminata gris hacia el Parque del Olvido o hacia su trabajo a quince cuadras de su casa. Esa vez despertó en medio de la vida y el smog y fue feliz con la pasividad de la nada. No fue a trabajar y disfrutó de ese momento, tal vez porque algo de él, una parte oscura, inteligente y clara, suponía que algo igual no volvería a pasar de nuevo. Así ocurrió en el mismo lugar, tal vez. Se llevó la mano a la cara como apartándose un líquido viscoso y verde. En aquel instante los taladros imaginarios y ese ruido sordo del que ya no conocía volvieron a atormentarlo. Minutos después una madre le impidió acercársele, ya que, tirado en el suelo y llorando, daba un aspecto que repugnaba.
Ese día no fue a trabajar, no fue a ningún lado hasta que el sol se apartó y una niebla que no tenía principio llegó para morderle los zapatos; al sentir su mordida fría reaccionó y se fue a casa con el sentimiento que se da después de haber sido orinado por un perro. Su cara estaba abierta y vacía, no obstante las luces eran intensas y el silencio y su pobreza que ahuyentaba a los ladrones eran marcadas. En la puerta blanca de su entrada había una nota de su mujer, la tomó y cerró la puerta para leerla: en resumen, según su mujer y la carta, era un infeliz carente de dinamismo, de ambición, de vigorosidad sexual, de ego (curiosamente ella siempre le decía que era un insoportable egoísta), de belleza, de amor hacia los demás, etc... Él la leyó tres veces ante una sorpresa muerta y plana que le costaba bastante aceptar, más que la idea de que haya tenido esposa...A media noche, cuando todavía no podía conciliar una vigilia, saltó a su cabeza una serie de razones por las cuales su reciente actitud llena de vida no frenó el ocaso de su matrimonio. Al ver cada una de estas razones desfilar ante él y no provocar ni un mísero saludo a su bandera optó por transformarlas en orondas ovejas de poblada lana lechosa y contar una tras otra hasta quedarse dormido, atrapado en un sueño inocente y que aterraba tras sus circunstancias confusas y caóticas: Un niño estaba en medio de una pampa enorme descolorida, mostrada como a través de la fotografía de una cámara de blanco y negro. A su lado derecho una extensión enorme de flores extrañas, preciosas; al acercárseles oyó en ellos una voz hermosa, valorada. De pronto un grito común lo agitó: al otro lado una masa incontable de gente lo miraba, acaso como los ejércitos antiguos miraban a sus rivales antes de partirse todos en pedazos; estaban quietos y sin respirar: eran obreros, bomberos, azafatas, abogados, presidentes, prostitutas- todas abrazadas de los presidentes-, médicos, escritores, ingenieros, personajes famosos, personajes célebres, chamanes, fisicoculturistas, etc. Lo miraban severos, y su mirada, inundando el aire, le ordenaban que regrese a su lugar, el cual estaba a mil kilómetros, detrás de todas las filas. Las flores cantaron más alto y se escuchó con más claridad la insistencia vegetal, pero los otros empezaron a hablar al unísono y a ordenarle que vuelva. El niño se tira al suelo en el momento en que empieza a desaparecer lentamente su espacio de neutral y acercándose sus dos opciones que se presentan como totalizantes y destructoras en un sueño del cual él, a pesar de lo aterrador que se muestra, no planea escapar.

lunes, 28 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación, escrito con un dolor de cabeza espantoso y con una carrera contra el tiempo, horrible, debería borrarlo...)

Padre: ¡Qué quieres hablar conmigo, mujer!
Hermana 2: Quiero ser sincera y clara: usted no es todo excepto un diablo.
Padre : ¡¿Cómo te atreves?!
Hermana 2: Me atrevo porque usted da vergüenza, es un completo pelmazo, una bestia.
Padre (se mueve para pegarle, pero él mismo se contiene): Hablas para hacer el mal, hija, yo no he hecho nada malo.
Hermana 2: Sé bien que sabe la verdad. Que rompió sus votos y que ha estado comportándose como un perfecto matón con mi hermana. ¡Se va a atrever a contradecirlo!
Padre (iracundo): No, no pienso hacerlo, pero haré que te calles como sea (se lanza sobre ella y la sujeta)... Así tenga que matarte a ti y a tu hermana, ¡par de malditas!
Hermana 2 (hace una señal a Federico para que no se mueva): ¿Acaso vas a matarme? Quieres joderte aún más la vida?
Padre (que la suelta): No, no lo haré, no pienso caer tan bajo (normalizándose). Aparte creo que ustedes pueden retenerlo, solamente hace falta una observación, ¿qué tal la de tu hermana enamorada de mí? No creo que una mujer tan sumisa y delicada como tu hermana esté dispuesta a quedarse evidenciada frente a todos, ya que lo que digo no es una mentira, tú probablemente lo sabes...
Hermana 2: Sé que mi hermana no es una idiota, y que si tenía algún sentimiento por usted se acabó en el momento en que la amenazó como lo hace conmigo ahora. ¡Vamos, métase conmigo y no con mi hermana! A ver si a mí me puedes callar...
Padre: ¿Qué quieres?
Hermana 2 (firme): Quiero que renuncie y se vaya. Deje a mi hermana y a nuestra inquilina en paz.
Padre: A tu hermana la dejo, a tu inquilina no, debe irse por igual... Si es posible al infierno...
Hermana 2: ¿Usted no la ama?
Padre: Lo que siento ahora es que la detesto. Lúcido me doy cuenta que es de lo peor, un caso insalvable.
Hermana 2: ¡Ella le ama!
Padre: Ya no es de mi incumbencia. Hice cosas malas, cosas terribles que quiero olvidar.
Hermana 2: No me imagino más que cosas que un hombre como usted es capaz de hacerle a una mujer...
Padre: ¡Mujeres, son el producto del diablo! El mundo estaría mejor si no existiesen.

(Sale Federico y detrás de él la hermana 1, temerosa)

Soneto al Opus Dei

Zozobra la colación de los presos
que lucen harapos en piedra blanca,
en cuya gracia nace de los rezos
y se extienden por cilicios de plata.

Lamen, por hambre, no por vanos necios,
el camino de sangre entre las bancas.
Tiene el pan entre oscuros precios
algo de drogas vendidas en fábricas.

Verdaderos y místicos se agotan
al vivir comparados todos ellos
con esa masa dura y sin forma.

Sufre cruz que no gana provecho
y sienta bases agua apestosa
que bebe en el grial del Cristo hecho.

Los muertos

Hoy parece que no habrá sol, piensa ella mientras juega a rizar su cabello de pelirroja. Él conduce sin ganas, siendo alguien tan solar no lo culpo, es terrible salir en un día sin sol, casi tan terrible como ser dichoso en África. Hay un pedazo de arena que las olas ya no molestan desde hace muchísimo rato, lo ven y deciden parar: se estacionan a un lado del camino y bajan por una cuesta no muy inclinada. Extienden la toalla monótona de color vino y se quitan la ropa, tienen sus trajes puestos desde que se marcharon. A pesar de todo no había un poco de sol, el cielo apagado era deprimente, molesto, tal vez irritable, no daban ganas más que de mirar a cualquier lado. Fue en ese momento que ella se dio cuenta.

-¿Ves esos cartones?- preguntó con su voz de elefante-.
- Sí, los veo- contestó aún ignorando el asunto-.
-¿No es un pie lo que sobresale de ellos?-preguntó, carraspeando para no sonar como el extremo de un zoológico-.
-Tienes razón, bastante pequeño, desde acá puedo ver una mano, pequeña también, pero la posición en la que está hace imposible que sea del mismo cuerpo- respondió elevando el timbre de terror en el último tramo-.
-Deben ser dos niñas... Su piel está muy blanca y se nota aún que es suave, tal vez porque están muertas, pero eso no hace más que reforzar mi suposición- refirió decidida-.
-No obstante, ¿te das cuenta de la realidad de su piel? No es blanca como tú dices, desde aquí puedo ver claramente que es mestiza- afirmó con cierto asco en el final-.
-Tal vez tengas razón, tal vez sean gitanos, o mejor dicho gitanas, haciendo valer mi opinión- ratificó no sin antes olvidar el sensación de repugnancia que escuchó al decir gitanos-. Creo que deberíamos acercarnos.
- Olvídalo, si son gitanos no los quiero ni ver, ¡qué los gusanos y las aves marinas los terminen!
- ¿Hay más sol ahora, ¿no?- dijo para evitar que su marido se moleste al referirse a los gitanos-.
-Sí, qué bueno... ¿Vamos a darnos un chapuzón?
-Vamos, pero por allá, lejos de los cuerpos- finalizó, terminando de contradecirse sobre sus intenciones-.

Décima a los herederos derrubadores de fortunas y de éticas

Hay comerciantes de cepa
que son meros principiantes
que para regatearles
falta una intendencia
que no apoye certeza
de favorecer al rico
ni de tener el sencillo
listo para el pordiosero
que busca en basureros
lo que hartó al señorito.

El sol

Una naranja para refrescarse en medio de este sufrimiento.
Una sábana de arena se extiende sobre mi cama.
Parece que la nube partió con tu mano hasta el puerto
y se llevó sus besos cortantes como navajas de agua.

El sol te acompañó y te acompaña hasta su anaranjada muerte.
Mis suspiros te buscan como los detectives que engañas
en las tardes aburridas donde te quiero con locura en ausencia.
Tu imagen es la sombra que proyecta en la pared un holograma;

carne que no existe, idea que me contiene: solamente estás ahí
como la idea fija de un polisón que se te ajusta en las entrañas.
Los rayos que me siguen en las flechas del sol me van a herir
y tú sólo miras el brazo extendido del mar lleno de patrañas.

domingo, 27 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

(La hermana 2 va hacia su hermana y la abraza)
Hermana 2: Lo he escuchado todo, es un animal: ¡No le tengo ya ni una pizca de respeto! Pero ya verás...¡Me va a oír!
Hermana 1: No, hermana, no, déjalo, no quiero más problemas... Aparte tiene razón, sí, tiene razón, debo aceptarlo...
Hermana 2: Éste ya dejó de ser sólo tu problema... No, ya no, si es posible hoy mismo acabo este asunto.
Hermana 1: ¿En qué estás pensado, hermana?
Hermana 2: En exponerlo, en decirle la verdad a todo quien nos convenga: a la prensa, a los padres, al resto de la comunidad, ¡a todos!
Hermana 1: Hermana, no nos creerán...
Hermana 2: Claro que sí lo harán, tendrán nuestra palabra, que es mucho en consideración a nosotras...
Hermana 1 (abatida):No sabemos si nos consideran. Tal vez únicamente lo aparentan, si lo hacemos incluso nos pedirán pruebas, y no hay nada, no tenemos nada; y lo peor será que luego irán contra nosotros: no provoquemos una ola que regresará a golpear...
Hermana 2: Necesitamos a un buen testigo. Y yo sé exactamente quién nos puede ayudar... Federico, sí, Federico, ve y búscalo, sí, tú; yo tengo que esperar al padre, o retrasarlo...Te tienes que apurar... ¡Muévete! A esta hora debe estar en la redacción, dile que te mando yo... Dile también que lleve su grabadora cuando venga. Anda, yo estaré aquí, sube sin que se den cuenta y vienes acá. Rápido...

(La hermana 1 se va dudosa. Ella se queda de pie un rato, en medio del escenario, sola, las luces azules, no pasa nada. Vuelve la iluminación normal y, molesta, decide bajar. Se cambia de escenario: un cuarto regular, pintado de verde claro y con una pared llena de recortes de revistas, apuntes y adornos. En medio una cama, a un lado un clóset y al otro la luz de la ventana)

Padre: Ya no puedo conseguir paz con esto, mujer, ya no lo consigo...
Liberal (mientras él habla ella se acerca con intensión de sujetarlo y besarle en el pecho. Pregunta risueña): ¿Por qué?
Padre (empujándola): ¡Porque me das asco! Me repugna lo que haces y lo que me has hecho. Has puesto mi presencia en la casa de dios en peligro... Las hermanas lo saben, fui un tonto por no pensar que no se enterarían: he tenido que comportarme como un bruto para callar a una de ellas, y por las palabras de la otra también tendré que buscar otro silencio...Toda mi vida arruinada, tambaleándose por una puta como tú, que no tiene el más mínimo respeto por los sentimientos que siente, por los sentimiento que depositan en ti... Sí, no me mires como si hablase en vano, sabes perfectamente como eres: tu reputación trapea las esquinas y los bares...¡He escuchado las confesiones de los tipos con los que te has acostado!
Liberal: Perdóname... Yo te amo, pero no sé, no sé como demostrártelo. Hace mucho que te soy fiel, ya no soy como antes. Me has tocado...Dios me ha tocado...
Padre (acercándose y dándole un golpe en la cara): ¡No uses el nombre de mi señor en vano!
Hermana 2 (su voz se oye lejana, ella grita desde las escaleras de la azotea): ¿Por qué gritan, qué pasa? ¡Padre, usted ya demoró demasiado, acaso no piensa subir?
Padre (irritado): ¡Subiré en un momento (a ella)! Debes irte a otro lado; si te vuelvo a ver correrá sobre mí tu sangre...Vete, no vuelvas nunca, mejor si mueres antes (se va).

(Cambia el escenario: se vuelva a la azotea a mostrar los minutos en los que se desarrolla la conversación anterior. Entra primera la hermana 2, luego Federico y luego la hermana 1)

Hermana 2: Así que se encontraron en el camino. Vaya que nos mueve la suerte...
Federico: Sí, y tanto tiempo yo sin saber de ti...
Hermana 1: Ya no le hemos visto en las reuniones...
Hermana 2: Él dejó de creer hace mucho tiempo, ¿verdad?
Federico: Sí, las cosas se me pusieron de otro modo claras; preferí alejarme de todo eso. Aunque a ti (a la hermana 2) te conservé en un lindo recuerdo.
Hermana 2: Federico, te llamé para que seas testigo de esto. De más está explicarte todo, tú mismo te darás cuenta cuando oigas todo. Y si trajiste tu grabadora mejor...
Federico: Sí, la traje, siempre la cargo.
Hermana 1: Hermana, ya no sigas...
Hermana 2: Tú cállate y vete de aquí, anda escóndete por ese lado, igual tú, escóndanse y estén listos, lo voy a llamar... ¿Están? Atentos. ¿Gritan? ¿Han estado gritando? ¿Qué pasa (se acerca a los escalones y grita)? ¿Por qué gritan, qué pasa? ¡Padre, usted ya demoró demasiado, acaso no piensa subir (se oye débil la voz del padre)? Bien, ya va a subir, prende esa máquina...

(El padre llega con el rostro encendido de ira y apretando un rosario con el puño)

Décima a la búsqueda de la libertad

Y muere la corona
y las libertades crecen
y hombres rejuvenecen
al poder decir las cosas.
Caen cosas religiosas,
también cae falsa mente
hundida en el inconsciente
como raíz extraída
de las manos que roídas
fueron esclavas sin suerte.

Poca importancia para el débil que recibe una golpiza, que deja en duda su inteligencia...

Quedas el valiente por abusado
del gran abusivo de huesos dobles,
creen los demás que eres un hombre
cuando más de masoquista eres dado.

Hay múrice disuelta en el calado
y en piel asceta de tu blanco nombre;
llevas bajo los labios del consorte
un hilo rojo de beso o relámpago:

probablemente trata del segundo
ese camino rojo de tus dientes
amarillos como el maíz duro.

No eres algo del que se lamente
cualesquiera de varios hombres rudos
que es más puño y peso que la mente.

Los hinchas

-¿Estamos tarde?- preguntó con impaciencia-.
-No, apenas y estamos sin dinero- respondió su compañero con preocupación-.
-Tranquilos, falta bastante, y aunque no tengamos dinero podemos llegar si vamos en bus. Oigan, miren, ahí viene uno- levanta su mano para que se detenga, los otros también hacen lo mismo. Ellos visten con la sagrada camiseta de su equipo favorito, van al estadio a gritar y a insultar al contrincante-.

El carro se detuvo.

- Sé que hoy es un buen día, ¡les vamos a partir la madre a esos hijos de puta del...!

Se pudieron instantáneamente pálidos al ver que todo el bus estaba lleno de fanáticos del equipo contrario: sus camisas, sus gorras, todo expresaba diferencia contra ellos... Al verlos los otros no dudaron ni un instante en darle su merecido; los agarraron antes de poder bajar del vehículo y los llenaron de moretones y cortadas. Cuando al fin se calmaron pudieron darse cuenta que ya estaban muertos.

Décima a Cristo y a su torpe sacrificio

Siempre está a su lado
en la dura compañía
del frío y la ventisca
y el hoyo negro al costado
para señal que ha dado
una espada su sangre:
mar de rubíes gigantes
que baña tierra caliente,
atestada en delincuentes
con el perdón palpante.

sábado, 26 de julio de 2008

La indecisión

Come botanas frente al televisor, el cual proyecta la imagen de un enorme trasero de mujer con un bikini negro. La otra mano la tiene metida en su calzoncillo. Ella está entrando en el momento que dan comerciales. Su traje gris de trabajo la asfixia.

-¡Hola, haragán!- dice con sorna-. Ya vine, date cuenta, quiero que traigas la cena.
-No hice cena, mandé a traer algo- dice sin mirarla siquiera-.
-Bueno, entonces quiero comer lo que has ordenado.
-No, no ha sobrado nada, apenas y alcanzó para mi porción-dice igual de impávido-.

Ella lo mira con recelo, con odio nacido de sí misma, odio que no sale, que se adhiere a ella como una enredadera veloz.

-Bien, entonces me moriré de hambre... Dejaré de comer hasta que mis huesos se desintegren y caiga al suelo como el polvo... Me barrerás en la mañana y me desecharás a la basura para que me vaya, porque es eso, simplemente quieres que me vaya.

Él no responde. Otra vez pasan el trasero abultado con negra raya en el medio. Ella llora por dentro: sus labios no sueltan nada.

-No te preocupes, ya no me voy a molestar...-afirma con una convicción semejante a una despedida-.

Sin que nada en el mundo lo note, sube hasta el borde del balcón, tan cerca del televisor, y sube hasta el límite del vacío, ambos vacíos que se superponen dentro de ella, agotada y aliviada por encontrar por fin la puerta de la calma. Desde adentro él puede ser el trasero brillante e ilusorio de la televisión, pero también el de ella, gris y triste, caer luego de un pequeño salto al vertiginoso abismo.

Soy muerto

Yo nací en un mes donde más gente muere
de la mano de su propia mano, la personal
afirmación y sublevación de lo terrestre,
aquella llaga mortal hecha sin la mano.

Yo soy un suicida a la espera de la suerte,
de la puerta que se abre hasta lo sideral,
encontrando rastros verdaderos de sierpe
en la columna de verdadero material.

Yo soy una cifra ahogada entre la gente,
bajo mi sombra procrea la cicuta y la sal
que alimenta las comidas de mis seres
que no existen ni que nadie puede tocar.

Yo soy el beso guardado de la muerte
que en un espejo dejó encarnado en el hostal,
soy el niño que mira, saltando los atardeceres,
soy un respiro expirado, y nada más.

Las hermanas y una puta (continuación)

Hermana 2: ¿Qué pasó, hermana?
Hermana 1: Nada, no pasó nada... ¿Dices que el padre está aquí?
Hermana 2: Sí, y molesto, apenas y me saludó, dijo que tenía algo que reclamar con nuestra invitada...
Hermana 1: Es momento que digamos lo que sabemos... Por lo menos lo que yo sé: Que al padre le gusta nuestra chica...
Hermana 2: ¿Hermana, estás segura de eso? Hasta donde sabemos apenas ella está ilusionada con él; no soy capaz de extender lo mismo al padre...
Hermana 1: Yo lo sé con toda seguridad, y es más, en este instante voy a decírselo (firme). Ya no tengo por qué aguantarlo un día más, le diré y le haré saber que la decisión que tome nos concierne a todos, que hace muy mal en ocultarnos cosas...
Hermana 2: Bien, hermana, si eso es lo que crees te apoyaré, vamos.

(Cuando se dirigen a la puerta de las escaleras se encuentran cara a cara con el padre, quien ha estado ahí desde que la hermana 1 afirma su necesidad de reprenderlo. No obstante se hace el recién llegado.Viste de modo formal según su empleo)

Padre: Hijas mías, qué bueno que las encuentro sanas y rectas. Disculpen que me haya dado el permiso para subir, pero como recordarás, hija (a la hermana 2), he venido por un tema serio que debo tratar con su inquilina, la cual no está ni aquí ni abajo...
Hermana 2: De seguro se ha quedado a mitad del edificio en alguno de los cuarto. La iré a buscar...
Padre: Gracias, hija, le dices que esperaré aquí, junto a tu hermana.
Hermana 1 (asustada): No, la verdad es que ya estoy cansada de estar aquí, creo que me iré a descansar...
Padre: La mala atención ante tus invitados es una falta, hija, no creo que quieras cometerla y hacer el mal.
Hermana 1 (aterrada): No, no quiero serle irrespetuosa, es sólo que mi salud me lo priva.
Padre: ¿Es que acaso usted ha estado enferma y yo no estoy enterado? Venga aquí (ella se acerca; él se prosterna). Rezaré por ti hija...

(La hermana 2 lo mira un poco asombrada y luego se va, a pesar de que la hermana 1 le estiró la mano, diciéndole sin voz que no se vaya. Ida la hermana el padre termina sus oraciones)

Padre (maligno): Sabes, hija, tú y tu hermana son mucho para mí, son el cristal más precioso de mi corona, la corona espiritual que carga mi iglesia, que es parte de la iglesia verdadera; pero temo al decir que tú eres una piedra preciosa, pero fea (levanta la mano en señal de interrupción)... Me explico: tú puedes dar una gran vida en nombre de dios, pero tu actitud depende de una debilidad sobre tus deseos... No eres tan fuerte, hija, no lo eres, te dejas llevar por la envidia y por la pasión. Tu sola voluntad navega en medio de una tormenta...
Hermana 1 (arrepentida): Padre...
Padre: Aún eres joven, hija, muy joven de espíritu y de cuerpo (se acerca hasta ella y la atrae a su cuerpo). No ignoro, hija mía, que para ti soy una tentación, que conoces mi secreto y que en un arranque de envidia quieres destruirnos, no solamente a mí, sino también a tu inquilina, a ti misma, a quien muchos felicitarán, pero que en lo más profundo de sus corazones sabrán que tú actuaste por ideales menos enorgullecedores: Yo me encargaría de que se enteren de eso...
Hermana 1 (llorando): Padre... Se aparta de mí con dios a su lado...
Padre: Si no estás conmigo, hija, estás sin dios...

(En ese momento entra la hermana 2, quien ha estado en el umbral escuchando todo. Finge magistralmente su ignorancia)

Hermana 2: Padre... ¿Hermana, sigues llorando? De verdad voy a pensar que es más que un cambio de ánimo lo que te pasa... Padre, ella desea verlo en su habitación... ¿Sabe cual es, no? ¿Seguramente que sí (sarcasmo. Extiende la mano señalando el camino)? Adelante... ¡Espere (le toma agresivamente el brazo, luego sonríe)! Antes de irse suba a conversar conmigo sobre un asunto...
Padre (impresionado): Lo haré, hija (se va)...

Sesión de fotos

-Bien, ahora date un poco la vuelta y pon tu pierna derecha frente a tu izquierda, sí, así; muy bien, preciosa, muy bien, levanta un poco la mirada, levántala, mi amor...
-Disculpa, ¿podemos parar?

El fotógrafo despegó su ojo de la cámara y la observó con una amplitud mayor a la del cuadro. Por más que ella lo disimulaba jadeaba, algo que probablemente era la causa de que él, afamado fotógrafo, haya tenido que detenerse y esperar. Ya no podía maquillar su irritación.

-¡Diablos!, ¿y ahora qué?
-Las luces están muy potentes y este vestido me está quemando; tengo sed...
-¡Aguántate! El que seas bonita no basta, debes ser profesional, querida; la única razón por la que te elegí entre todas las modelos que se ofrecían fue porque creí que eras profesional, o por lo menos eso lo creyó el idiota de la empresa- dijo todo sin mirarla, con la frente en alto y moviendo sólo la boca. Al terminar de hablar la miró-. Sin embargo yo puedo hacer que te vayas al instante, tú me dirás.

La chica lo miró nerviosa. El vestido y la sed de verdad la agobiaban; trataba de disculparlo con ideas sobre lo vanidosas que deben ser las modelos con las que él a tratado, o trató, otrora fama.

-Hemos estado aquí desde hace horas, en verdad estoy cansada, ya no quiero seguir.
-Bien, llamaré en este instante para que me manden a otra modelo.
-Yo llamaré a mi representante, seguramente él te demandará por botarme. Tu historia se repetirá, ¿en verdad quieres caer más bajo? Tú eres un lobo viejo en este mundo, yo soy sangre nueva, nada tonta, como verás; ambos podemos hacer por los dos algo bueno, pero eso no pasará si tú me niegas agua, mi ambición no llega a tanto.

El fotógrafo la miró como extrañado. Se acordó de muchos ratos despreciables y que se había jurado contrarrestar con sus acciones. Su ego estúpido y extremado le había hecho caer algunas veces: era necesario que no sucediera así en aquella oportunidad.

-Te traeré el agua, puedes pararte y refrescarte lejos de las luces. Ya vuelvo- salió de la habitación con un sentimiento agrio en la garganta-.

viernes, 25 de julio de 2008

Soneto a la media noche, cortado, por estar escrito en días distintos...

Siento trinar de pájaros estáticos
el patio en reverberos verticales,
columnas de las selvas tropicales
que mal en cemento imita el largo

abismo de insectos enganchados
en fijos escalones que en cristales
dan reflejo a luces verdes, tales
como un par de insectos mirando

a la noche con los ojos ardientes,
a la luna con la cara de muerte
y a las estrellas con miedo en los dientes.

Es en el límite del calendario,
la hora en que todo fue pasado
y el presente está aguardando.

jueves, 24 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

(La tercera parte se desarrolla en la azotea de la casa de las hermanas, la cual es un piso a medio construir, sin tejado ni nada; ahí hay una lavandería, un rincón donde están puestas varias macetas con flores bonitas, una mecedora con un miriñaque de colores en el espaldar, algunos cordeles con ropa media seca. Está la hermana 1 tendiendo ropa, tiene un vestido largo y arrugado)

Hermana 1: Una carga más de ropa y ya (saca unos calzones celestes y enormes, son suyos, los ve a contraluz y se pone triste, baja la prenda y se toca la cadera, se acaricia despacio y luego se queda quieta. La luz se pone azul)...Qué incomprensible es que una cosa como ésta me venga a dar ideas (ve un calzón de la Liberal y lo examina). Los de ella son tan asperos, incómodos por lo pequeño... Pero a él le gusta, a todos los hombres le gusta eso, lo sé, lo he visto, pasan todo el tiempo tratando de verlo... Sacrificarse por el mal debe tener su encanto...

(Se lleva la prenda hasta detrás de las macetas, mira a todos lados y se quita la suya, la deja junto a las macetas y se pone la otra. En ese trance entra la Liberal)

Liberal: ¡¿Qué haces, mujer (la hermana se cubre rápidamente)!?
Hermana 1: Nada, nada...¡Perdóname!
Liberal: ¡Eso que traes puesto es mío!
Hermana 1: ¡No es verdad!
Liberal: ¡Es verdad! Ni en tus sueños serías capaz de ponerte algo como eso.¡Se nota que estás toda incómoda!

(La hermana se pone a llorar desconsoladamente. La Liberal se acerca y le abraza)

Liberal: Tranquila, no le diré a nadie (asoma la hermana 2).
Hermana 2: El padre Moragil está abajo, pregunta por ti... ¿Qué está pasando?

Liberal (Tomando el calzón que está junto a las macetas): Nada, nada, bajaré en seguida, ¿quédate con ella, sí (se va)?
Hermana 2: Anda...

Confesión

-Empiece.
-No sé qué más quiere que le diga. Mi vida siempre estuvo emparentada con la muerte. Mucho antes de que nazca, de que se me pueda haber considerado una persona. No lo recuerdo, no podría, pero sé que mi madre deseaba abortarme al principio, sí, aunque no recuerdo cómo me enteré. Lo que sí me enteré de ella es que mi padre se lo había pedida, no sólo en una vez, sino en reinteradas veces que ella repitió con decisión hacia él. Y yo...Yo ya estaba condenado a ser muerto, ¡mucho antes de que naciera! Probablemente la parte que existía de mí en ese entonces aguardaba con dulce espera. Pero usted sabe, sabe como pienso...Dios no iba a dejar que muera, no, probablemente se empecinó en que nazca para poder hacer infeliz mi vida con mi pleno conocimiento. Mi padre se peleó con ella y ella se reveló, como una niña mimada a la que provocan por quitarle una muñeca a su hermana; a partir de eso no sólo quiso dejar de abortar, sino que empezó a destruirlo, a chantajearlo con decirle todo a su esposa, quien ya sabía de eso por otros medios y que guardaba inmerecido silencio...Pero ese es otro tema. Mi madre se negó a abortarme, no me dejó irme en paz, tal vez por eso la detesto...Estuvo sus meses conmigo, incluso soportó el dolor que hice al nacer. Al verme no sé qué habrá sentido, nunca lo voy a saber...Después de eso mi padre dejó de hablarle, de aguantar con paciencia sus amenazas y sus sobornos. No fue hasta un año después que se encontraron en la cafetería de un hotel. Él estaba madurado, llevaba un bigote horizontal y algunas canas se le habían sublevado en la cabeza. Mi madre estaba igual. Le mostró una foto mía y quedó encantado, parecía encontrar en mí mucho más de lo que se comparaba. De inmediato tomó la resolución de ir a verme. Lo hizo y quedó, según me dijo antes de morir, eternamente enamorado. Los años que siguen fueron y son aún en mí un martirio: trataron de mejorarlo, de controlarlo, de sacrificarse, pero al final de todo eran dos idiotas tratando de llevarse bien, de soportar más para quedarse con el trofeo que era yo y que en el fondo no les importaba más que para tranquilizar su ego. A los 15 años me fui de ahí, no volví a verlos nunca más, salvo por cartas y algunas llamadas que hacía, pero eso era todo. Ambos se fueron a vivir por separado, mi padre murió primero confesándome un cariño que era producto de una simbiosis y que me resultaba enfermizo. Mi madre murió después, sus últimas palabras en mi presencia fueron vituperaciones en contra de mi padre, quien aún creía con vida, y todo lo que le digo; algo que a pesar que lo oí en la boca de dos muertos y que lo viví y que lo repito, no me causa la mayor inquietud de nada.

Décima al que hace papelones en las fiestas por no saber tomar

Aquella falta de mundo
lo hizo ser tan enfermo
que comportó como ciego
entre gente del barullo.
Todos los vieron cornuto
y de él pronto apartaron
para migrar a los vasos
de extremo contenido,
de espumoso delirio
en la frente enquistado.

Soneto a las mujeres luchadoras

Naces aquí para perdurar siempre,
entre claros y oscuros reverberas
siempre dulce con un trapo de seda
envuelto en el talle de la muerte.

Para sobrevivir haces lo ingente
y apartas las carroñas pendejas
de tus eras de azul y frambuesas
que no cargan vestidos insurgentes.

Apartas a la muerte con tu mano
y siembras oro pesado con la otra,
llenando así pasillos enterrados.

Sin embargo arrastras cual corolas
muertas los atributos despreciados
que aún tus iguales les connotan.

miércoles, 23 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación y final de la segunda parte)

(El cuarto de las hermanas es modesto, tiene las cortinas con los bordes rosas y el resto color perla. Un par de camas a ambos lados y una sola mesa de noche. Las paredes son celestes y las camas pequeñas; ellas están echadas en sus respectivas camas)

Hermana 1: Así que después de todo no era mi imaginación la que me hacía una mala pasada...
Hermana 2: ¿De qué hablas?
Hermana 1: Según me cuentas ella estaba seduciendo al padre...
Hermana 2: Sí, y el aterrado salió corriendo...
Hermana 1: Algo no tiene sentido.
Hermana 2: ¿Qué cosa, hermana?
Hermana 1: Yo había llegado antes del mercado ese día. Fui directo a la cocina a dejar las cosas y cuando quise ir al cuarto los vi a los dos besándose, o por lo menos creí ver eso, vi que estaban de pie y que sus cabezas estaban muy cerca, por la posición deduce que se besaban los labios, aunque fui sólo por un momento, retrocedieron y él se marchó, así de rápido como te cuento. Ella parecía feliz, tan feliz...La reacción de él no concuerda con lo que dices...
Hermana 2: ¿Quieres decir que él ya sabía de los sentimientos de ella?¿Qué lo que pasó fue por otras razones?
Hermana 1: Probablemente sí...¡Y yo que me sentía una víbora!
Hermana 2: Qué haremos, hermana, si lo que pensamos resulta siendo verdad, que el padre está enamorado de ella...
Hermana 1: No lo sé, tendremos que decir la verdad...Así no sea la solución menos dolorosa...
Hermana 2: ¿Crees que deberíamos hablar con ellos primero?
Hermana 1 (consternada): No, hermana, probablemente nos mentirían...

Fin de la segunda parte

Décima a las tardes de hambre...

El cinturón nos aprieta
en esta tarde de hambre
con platos llenos de aire
y vasos con trasparencias.
Días van que en la cena
ahuyenta el estómago
todo placer impropio
que da la imaginación,
y en medio del empellón
la mano de muerte y todo.

Ya no más

Error es poner una pieza en un relieve distinto, es alcanzar otro extremo del rompecabezas universal. Errar es confundir un color con un sonido. Equivocarse es creer que puedes de verdad amar. Sólo alcanzando el error alcanzamos algunos principios. Sólo creyendo en el error nos volvemos mejor personas. Consideramos al mal como un error: para nosotros el mal es el error de nosotros mismos, la existencia que se multiplica con los siglos, pasando un mensaje mal escuchado y empeorándolo, como un juego de niños. Error es tantas cosas y a la vez nada, es ese vacío que deja la comprensión que nos convierte a todos en zombies que repiten insistentemente sus actos comunes y específicos...Por ejemplo, para acabar, error es escribir todo esto. Ya no más.

Vida lejos de un enfermo...

Preciosa la suerte del enfermo
que tiene la lástima de quien lo cuidase;
lo digo sano de cuerpo rosado
y enfermo de espíritu granate...
Hay una fiesta en el parque:
las flores bailan amenazadas por el viento
que con dorados puñales intimida;
la sombra es la única quieta
a la espera de un príncipe que la convierta en luz.
Mi padre y mi hermano en sus camas
duermen en un sueño largo y distinto,
se olvidan que la luz no ha llegado
y la humedad sombría aplaca el castigo...
Yo tengo mil flautas del desierto
hipnotizando las cobras de mi idea,
alteradas por el día feliz del hundimiento,
sólo dios sabe cuando morderán las piernas.
Los demás existen finalmente; ya es tiempo...
El mundo me parece menos soportable
y estoy feliz de sentir eso... Al final comprendo
que estoy vivo en este instante.

martes, 22 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación, cerca del final de la segunda parte)

Hermana 2: ¿Sabes lo que acabas de hacer? Tienes alguna idea de lo que has hecho (la toma de los cabellos). ¡Bruja!¡Demonio, eres el demonio (la arroja al piso)! ¡Santo dios!
Liberal: ¡Lo amo, lo amo!
Hermana 2: ¡Él está prohibido, para ti, para mí, para mi hermana, para todas!
Liberal (llorando): ¡Lo amo!

(La hermana 2 va y le da una cachetada. La mira y se llena de compasión, se arrodilla y la abraza)

Hermana 2: Perdón, criatura, perdón...
Liberal: Tú no sabes nada... Por eso me golpeas,¡no sabes nada!
Hermana 2: Es verdad, no sé nada del amor (baja la cabeza)... Y sería mejor que aprendas a no saber nada (se pone de pie)... Disculpa, voy a descansar (se va)...

(La liberal espera a que se vaya, se limpia la cara y se pone de pie, revisa su cartera, una de colores que está por ahí, va hacia la puerta principal y sale)

La plancha

Prendieron la luz del pasillos y al entrar al cuarto prendieron la luz de ahí, estaban agitados, riendo, borrachos; La ropa no esperaba para salírseles de encima: ellos tampoco.

-Amor... ¿Tú mamá no está despierta?

Él apenas y tenía interés en quitarle la complicada ropa que traía encima...

-No sé, seguro que sí, de todos modos ella vive en lo más lejos, de seguro ni nos ha oído...

Ella tuvo que ayudarle a quitarle su ropa y a bajarse su pantalón.

-Qué bueno, mi vida, no es por molestar ni nada, pero tu mamá es una pesada, ¡y me odia!Digas lo que digas...¿ Te acuerdas de lo que me dijo esa vez?
-Sí, mi vida.
-Me dijo que lo que sea que me hayas pagado que ella lo duplicaba con tal que me largue de aquí...O sea, ¿te figuras?
-Olvídate de eso, ven, ven aquí...

Desnudos se juntan y se besan, ella se cuelga de su cuello y sube las piernas, están caminando lentamente a la cama, la mano de ella aparta las sábanas y el edredón; entre ambas siente que se mueve algo. Él se avienta sin complicaciones.

-¡Ay, mierda!- dicen ambos cuando sienten el metal ardiente de la plancha que está puesta en un agujero del colchón que no deja que sobresalga. De inmediato notan que la sábana y el edredón están quemadas. Se abrazan y él entiendo que la relación entre su novia y su madre ha dejado de ser un banal juego.

Décima a quienes van y vuelven derrotados

Aquí pasaron los años
entre venidas e idas
que duraban más que vidas
veladas en los antaños;
se fueron los que marcharon
a una vida mejor:
volvieron con el señor
muy bien de caballerosos
porque con rabo en el ojo
nadie los vio sin compasión.

Soneto a la tarde vista con melancolía

La tarde como los peces naranja
da en un rumor de un océano
la ingravidez del agua sin cuerpo
que se desprende en cumbres olvidadas;

lavan con verde la arena blanca
y agotan la sed de agrestes terrenos:
la tarde está colmada de besos
y las estrellas a su lado aguardan.

El vino sin el soporte del alma;
clara y trasparente como un trino
que cae en vuelo desde la garganta.

La melancolía que en principio
es en la base mortal de la lágrima
un elíxir para ver todo limpio.

lunes, 21 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Hermana 2: Hola, padre, ¿cómo está?¿Tiene idea de qué le pasa a mi hermana? Fue corriendo y casi a la entrada de su cuarto nos dijo que no quería comer...
Padre (suspirando):Nada, hija, nada, simplemente se enteró de algo oscuro; tú sabes cómo es tu hermana...
La liberal (a él): ¿Pasamos a la mesa?
Hermana 2: Oh, sí, sí, vamos todos...

(El padre va al final de ellas, por lo que a un extremo se sienta la liberal, a su costado la hermana y al frente el padre, obviamente la mesa es cuadrada, con un mantél de cuero y colores vistosos)

Padre (a la hermana): ¿Podrías, hija mía, bendecir los alimentos?
Hermana 2: Por supuesto, padre, faltaba más.

(Se ponen de pie. La hermana cierra los ojos. La liberal levanta las manos, pero el padre le toma del brazo sin que se mueva de su asiento y la mira sufrido, ella lo ve, pero trata de liberarse, él no le deja, están así hasta antes que la hermana acabe su oración, de preferencia no muy larga)

Hermana 2: ¿Hace calor, no? Estamos rojos...Parecemos recién llegados de la playa. Coman, coman, no es nada complicado, pero de seguro que va a gustar.

(Empiezan a comer todos menos la liberal, que ve al padre con arrepentimiento; nadie la nota. En eso se ve como se quita su zapato y eleva la punta del pie hacia la pierna o entrepierna del padre, que apenas lo siente se queda inmóvil. Están así por un momento hasta que el padre se pone de pie, retrocede, la mira y luego sale corriendo. La hermana, que estaba comiendo, lo ve perpleja y de inmediato mira abajo de la mesa, donde ve el pie aún levantado. Se pone de pie, tosiendo por estar atragantada, y lo demás lo dice todo en voz alta)

El hombre que quiso viajar en una caja de madera...

Le pareció, antes de empezar el viaje, que era más recomendable ir en esa caja de madera que a pesar de estar sucia era nueva, en vez de gastar unas monedas de más en su pasaje. El hombre que le vendió el lugar no tuvo el más mínimo escrúpulo en hacerlo: casi nadie se atrevía a viajar por ahí, salvo algunos locos aventureros y algún otro bicho raro, que normalmente terminaban desilusionados de las aguas tranquilas y apacibles de ese lado del océano. Él compró el boleto y, con pocas cosas, una maleta y una gaseosa, el día pactado se puso en marcha. Las primera millas fueron lo que esperaba: interminables minutos de calma y ninguna otra cosa. Acabó su bebida y jugó con ella aporreando los barrones planos y rectangulares de madera. Un sonoro despertar en su interior de pronto lo inquietaron. ¡Vio a la distancia un brote negro y gaseoso que iba avanzando rápidamente hacia él, hacia ellos, los del barco! Parecían un ejercito de caballos negros relinchando y rompiendo con sus herraduras la tranquilidad que ya no estaba. El desenlace fue inevitable: La soga que lo unía al barco se soltó y la tormenta lo arrojó a miles de metros cuadrados de agua salada. La quietud regresó y lo tuvo casi en el mismo sitio por días, meses, semanas que lo hicieron flaco como un faquir. Bebía, con mucho dolor, agua salada...Un barco tailandés lo encontró mientras pescaba; lo llevaron a cubierta y se impactaron con el esqueleto carcomido por la sal que aún tenía parte de su carne en los brazos y en la cara. Indudablemente pensaron que le habían hecho eso por venganza, así que lo regresaron al mar.

Décima a los que trabajan para sobrevivir y no para vivir, o sea de mala gana...

Llamarla estuvo caro
por pagar los impuestos
que ordena el gobierno
a sus serviles lacayos,
a sus pajes de un mayo
que empieza muy frío
en cama y desvío
rumbo al lugar de labores
en los negros pantalones
con los manchones cetrinos.

Quien te ve, igual que viendo a una virgen o a una deidad...

Quien viese, ciego, mal entre sus ojos
se los desprendería al instante
porque ha penetrado en inquietante,
posterior tromba de tu ser dichoso.

Quien te viera bien sería un loco
por tener la arrogancia distante
y tener ya los ojos en granate
cual castigo al crimen sentencioso.

Ni vestidos, ni seda, ni diamantes:
nada equipara tu reino personal,
rebosando de piedras y metales.

Ojos perdidos el pago carnal
cuanto la perdida menor de males
no alcanza el tono de divinidad.

domingo, 20 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Padre: ¿Eres consciente de lo que acabas de hacer, hija mía?

(La hermana 1 le dice que no moviendo la cabeza. Él la sujeta con más fuerza y dice lentamente la palabra muerte, luego la suelta empujándola)

Padre(de pie): Has injuriado a alguien, hija, a alguien quien es de tu casa y vive contigo...
Hermana 1: No, padre, yo...Yo...Perdón...
Padre (envalentonado):Te perdono, hija, pero no puedo evitar enfadarme por tu actitud tan... Despreciable (lo dice con asco)...
Hermana 1: ¡No, por favor, no me castigue con esas palabras...! Yo apenas he sido...He cometido un error, me arrepiento, padre, me arrepiento...Por favor, no se enoje usted conmigo, no lo haga...¡No lo soportaría!

(El padre la mira con pena y con desprecio; se aleja al extremo opuesto de la sala y le da la espalda en todo momento. Hace un esfuerzo por calmarse)

Padre: Hija, déjame solo...

(Ella lo mira con dolor , con las uñas pegadas al pecho, da la vuelta y sale. El padre se queda solo y quieto. La luz se pone azul y empieza a escucharse la voz del padre, éste no se mueve ni habla, está de pie frente a la entrada)

Padre: ¿Ya es señor tiempo de tu cólera? ¿Es así cómo me harás mover en este mundo impío? Si fuera por mí no me apartaría de tu lado: ¿Quién quiere estar en el lado enemigo, en la ignominia, en la desgracia? Mi único error es haber amado, padre, amado con el otro amor que no es el tuyo, que lo es, pero no por excelencia...Por haber besado los pechos calientes de una mujer que es mala, pero que es tu cierva, aunque esté liberada de tus reglas y tus dominios...Padre, cuida de ella, perdónala por estar del otro lado; es buena, espero que la limpies del pecado en el último día...Ella, padre, ella, tu venganza es a través de ella...No, perdón, tú no te vengas, tu castigas: el problema es que aquí no podemos separar al castigo de la venganza...Tú me castigarás a través de ella, que es mi pecado y mi perdición...

(Vuelven las luces normales y entran a escena la hermana 2 y la liberal con algunos platos. Ambas están contentas. La liberal al verlo sonríe y suspira sin hacer ruido)

Historia de una mala paga y el chofer...

Era un enorme cuerpo de metal estacionado por su conductor a mitad de una desierta avenida. Sus pasajeros eran pobres y petulantes, con modales exagerados y poco respeto. Durante el trayecto-bastante largo de lo normal- lo trataron con bajeza, él no dijo nada porque el día no había estado muy jodido y se podía aguantar... No en vano ser conductor en una ciudad tan igual a esa era ser parte humano en una armazón espiritual de acero. Aún así la estupidez de los dos pasajeros, una mujer mal arreglada y pintada como una puta con un jean negro y un maricón con pendientes grandes que le colgaban y le estiraban las orejas, era irritante a ultranza. En las últimas calles aceleró con tal de terminar ese suplicio. Sin embargo no se percató al llegar que habían dos cosas raras en el dinero: Al bajarse le extendieron a primera vista un billete de veinte soles, al cogerlo notó que este billete era falso y que debajo había uno de cien soles verdadero. El homosexual notó su error y trató de guardar el billete de 100, pero el chofer, que se había dado cuenta gracias a sus facultades desarrolladas en el tacto, sujetó con fuerza los dos billetes. El homosexual le gritó no jodas, dame el billete, pero él, sin decir nada y mirándole con odio, lo mando a la verga. La mujer le insultó y fue a jalar a favor de su acompañante; al verse casi vencido el conductor, que no había tenido la equivocación de bajar del auto, aceleró y arrastró por tres metros a la mujer y por diez al maricón, que se había destrozado su traje por la ficción de la pista. Al final se quedó él con el billete de 100 y el maricón con el billete de 20: la mujer se quedó sin nada, ya que el billete debía ser suyo.

Décima a ese dicho desalentador...

Un hombre dijo una vez
que no hay mal tan arcano
y que no hay rey tirano
que no se pueda aguantar
por la herencia...Y quizás
sí que estaba falto de luz
aquel bastardo de cruz
que afirmaba de hombres
la cobardía sin nombre
guardada en el baúl.

Soneto de indignación ante la posición de la iglesia católica en el tema de las mujeres...

Y todas las mujeres bajo la cruz,
excomulgadas por su atrevimiento,
juzgadas por Papa y dios severo
que no permite ni pechos ni testuz

frente al trono de ángeles y tul
que viste con modestia a los genios
que critican con pene y sin cerebro
a las semejantes de su actitud.

Y es que en vez de festines y premios
condenamos a muerte y ha torturas
a las damas que luchan por un sueño.

No es por eso que bajo mil luchas
hicieron la libertad y respeto
en busca de erradicar las pullas.

sábado, 19 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

Hermana 1: Señor, hay algo que hoy no entiendo: ¿Por qué esta duda que pones ante mí se vuelve tan parte mía que no la puedo expulsar?¿Qué de verdad hay en estos deseos malignos concentrados en mi espíritu que me motivan a levantar falsos testimonios?¿Por qué, dios, por qué siento que me has abandonado? Quisiera que me des una respuesta, pero tú callas, y lo harás como siempre lo haces, porque la respuesta es la plegaria y la acción tu voz divina... Señor, me angustia la incertidumbre, y no sé si es eso o la venganza (empieza a darse golpes en el pecho), señor, siento envidia hacia esa persona, envidia irracional que no logro entender, pero que lo que hago por atisbos de verdad en mi mente; sin embargo aceptarlo es alejarme de ti, señor, ser respetuosa de tus principales mandamientos y decir que ya no estaré a tu lado, que ya no te abrazaré en los momentos de felicidad y de angustia...Renunciar a todo lo que he vivido... ¡No lo sé, señor!

(Pasa un momento de silencio, suena la campanilla de la puerta. Abre y regresa a su lugar, es el padre Moragil vestido con un pantalón negro, zapatos de charol, camisa blanca y peinado y con lentes de oro)

Hermana 1 (inquieta): Padre...Por qué está aquí tan temprano, ¿pasó algo importante?
Padre: ¿Su inquilina no les dijo que me había invitado a almorzar?
Hermana 1: Probablemente sí...(mirando a un lado) No podría decirle...
Padre (curioso): ¿Me permite sentarme? He pasado un día muy atareado, en especial con este sol, ¡ay del sol...!
Hermana 1: Sí, claro, adelante, adelante...
Padre: Gracias... Y dime, querida hija: ¿Cómo se ha comportado nuestra amiga?
Hermana 1: Bien, padre, bien, se está comportando de modo prudente... Sólo que...(interrumpe su palabra, duda, se atemoriza)¡Olvídelo!
Padre (temeroso): Qué, hija, ¡dímelo!
Hermana 1 (arrepentida): Últimamente ha estado viendo a muchos chicos, padre, demasiados, y puedo decirle que no con buenas actitudes...
Padre (escandalizado): ¡Esa es una acusación grave, hija!
Hermana 1 (asustada): No, padre, no quise decir eso... Ellos vienen, la buscan, le dan obsequios... Pero lo demás no desconozco... ¡No sé que harán ellos!

(Moragil la mira con cólera, se levanta de su asiento y se dirige hacia ella, la toma de un hombro y la acerca a su boca)

Habla el dinero

Había permanecido encerrado junto con otros semejantes en una habitación comprimida y oscura, sin humedad y sin ventanas, apenas la salida conducía un poco de aire desde el exterior. Pasábamos los días en la más callada y densa monotonía hasta que yo, uno como todos, fue conducido hacia lo que creía era la libertad. Unas poleas y brazos estirados de metal me llevaron a la superficie; ahí una pequeña ranura me recibió y me llevó a un sitio muy brillante. Sentí que algo caliente me golpeaba amablemente por uno de mis lados, luego unas manos me sujetaron y me doblaron hasta donde pudo: todo ese mecanismo más caliente, pero no igual de amable, que me había tomado se movía, se tambaleaba de un lado al otro. En ese momento sucedió así:

-Hola, señor, ¿tiene un lapicero?
-No, no tengo- dijo, tratando de continuar su paso-.
-Sí, tiene, ya pues, lo he visto, por favor, préstemelo, es urgente, necesito firmar un cheque y no encuentro el mío.
-¡Dios, qué insistente!- dice mientras palmea su saco para saber donde está el lapicero-.
-Aquí está- dije el joven, metiendo la mano dentro del saco y sacando el lapicero, poniéndolo sobre un pequeño rectángulo de papel y firmando-.Ya está, gracias, disculpe la molestia-le entrega el bolígrafo-.
-¡De nada!- responde toscamente el señor-.

El muchacho se va alejando cada vez más rápido y mirando con insistencia al viejo robusto y petulante que revisa su saco en busca de su dinero: Yo soy ese dinero, el que ahora se va de su prisión en manos de otro que no es mi dueño...

Décima a los que van a fiestas sólo para follar

No sólo cantan canarios
en noches de luna fija
cuando sale a la villa
a vivir los acostados,
tampoco vienen prefijados
puesto que se le astillan
a todos en sus varillas
un grueso amor de temer
por querer entenderla bien
con la falda puesta arriba.

Soneto a la reflexión del pasado en el más vacío presente...

Tiempo helado bajo cielo roto,
dejando caer luz del escondrijo
que entre las guerras y los maleficios
fue arena resbalando de escollos.

Aquí sufrimos con calor ignoto:
falsa fe que liberó cierto tilo
de su cabeza de verde muy fino,
¡cuánto sufrir por ese falso enojo!

Tierra vaga por el jardín extraño
aullando a la luna y al sol en corro,
las estrellas observan el pasado...

Del pasado vimos hace mucho todos:
eran siglos de grandeza y cuidado,
hoy todo eso es libros voluminosos.

viernes, 18 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continucación)

La liberal: Ay, los amo, los amo a todos...Sí, yo también me amo a mí, cuídense, cuídate Rogelio, espero la salchicha que me prometiste, sí, sí, tú también, Manuel, acuérdate de nuestra cita...

(Las hermanas miran al suelo y a los costados para expresar su disconformidad. Se cierra la puerta y recuperan su mismo estado anterior)

Hermana 2: Hola, querida, ¿cómo estás? Espero que estés cumpliendo con las enseñanzas del padre Moragil...
La liberal (incómoda): Sí, claro, ella me dijo que fuera amable con todos, y pues, lo soy...
Hermana 2: Espero que ninguno de esos caballeros que te acompañaron te hayan faltado el respeto... ¡Mucho menos que tú les hayas faltado el respeto a ellos!
La liberal: No, para nada, me he portado bien, chicas, lo juro, pero no impide para nada que salga y disfrute de la vida, eso no es pecado.
Hermana 1: Todo, querida amiga, puede ser pecado... Es mejor actuar según nuestra verdad, que es la moral trasmitida por dios, que a la vez es trasmitida por sus servidores...
La liberal (interrumpiendo): Sí, sí, yo hago eso, no se preocupen, desde que el padre Moragil viene en las tardes yo...Yo...(Se acaricia el vientre y las piernas)He sido una mejor persona, una mejor mujer, ¡No se diga más!
Hermana 1: ¿Por qué estás nerviosa?
La liberal (fingiendo): Por nada, pensé en el mal y dio escalofríos...
Hermana 2: Bueno, ya que trajiste lo que te pedimos, vamos a la cocina a preparar el almuerzo... (Salen. Las luces se ponen azules y aparecen tres círculos de sombra que recorren toda la habitación y pasan sobre ella, que levanta la cara y no deja de mirar a lo alto hasta la interrupción de su soliloquio)

La pregunta

Caminaba al costado de una taberna extensa y rectangular de madera pintada de un horrible verde oscuro que recordaba a los militares de algunos países subdesarrollados, viendo vapores amarillos -incluso verdes- que avanzaban hacia la calle. Su traje estaba limpio y gris, no deseaba que una mancha inverosímil del aire le arruinara, así que se alejó cruzando a la otra acera. Al hacerlo pasó junto a la entrada, a unos metros de él, donde salía una vieja amiga de la escuela con una minifalda llena de lentejuelas y un escote negro y algo manoseado: su maquillaje y su pinta en total la delataban. Aquella imagen le impactó, pero no le sorprendió; sabía que después del colegio su padre murió y su familia se fue al diablo, lo último que supo fue que su madre se largó. Tenía el rostro marcado por finas arrugas, párpados hinchados que no eran ocultos por el polvo color piel y su figura era lamentable: notó al instante que su barriga casi desaparecía su cadera. No pensaba al ir hacia ella, casi movido por una luz que atraer insectos a la muerte. Se paró frente a ella y no dijo nada: ella lo notó, le miró, y aun así no dijo nada.

-Oye, ¿quieres algo, imbécil?
-Soy yo, ¿ya no te acuerdas de mí?-respondió con palabras saltadas de un resorte-.

La chica lo miró con desconcierto, notó sus ojos negros de cordero, su cabeza castaño oscuro y su nariz un poco desorbitada; lo reconoció y trató de irse a un lado, pero él la sujetó con firmeza y haciéndole daño del brazo.

-Quédate quieta, sólo quiero que me digas algo.

Los ojos de ambos brillaban, aunque los de él en un tono maléfico.

-Dime cuánto cobras...
-¡Vete a la mierda!- espetó, dándole una cachetada-.

Apenas libre fue hasta dentro del local, en donde él ingresó y, al verla con un grupo de cuatro o cinco turistas, dio una mirada de odio y marchó hacia atrás.

Décima al que se acuesta y tiene bastardos...

Sigue sin pensar al hado
que llega desde un lecho
a pasar por tu provecho
sin pensar en engendrados,
aquellos números raros
que no tuvieron cuenta
y que luego se lamentan
pasadas las muchas noches
en vela y con alcornoques
que comen la misma mesa.

Soneto a las restricciones legales y espirituales

¿Para qué vivir, si se ha negado
la fuerte suma de males, provechos
de terminada fase en los libertos
servicios que no sirven esforzados?

¿Haya verdad el que se ha acostado
con dos mujeres en un mismo lecho?
¿Es la abstinencia un buen provecho
cuando se quiere probar el bocado?

No hay escudo ni vacuna bronca
porque el cristal diafano es primero
en mostrar su contenido en onzas;

y pido alguna vez, si es lo correcto,
huir de prohibiciones demás tontas
por ser morales y sin un provecho.

jueves, 17 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

(La sala está completamente iluminada, aunque han habido pequeñas modificaciones en lo que respecta a los adornos. Las hermanas entran con bolsas de víveres, están con vestidos gruesos y largos, pero de colores claros, de preferencia celeste y verde pastel. Hay ruido de pájaros y de rezo)

Hermana 2: ¡Qué hermoso día, qué hermosa vida, hermana!
Hermana 1: Sí.
Hermana 2: Nos ha ido muy bien, nuestra inquilina ha estado desde hace una semana al cuidado de nuestro mentor, tenemos comida y casa para vivir, la vida, por el momento, es suave y serena. Creo, hermana, que sueño...
Hermana 1: Algo de eso dijo Calderón de la Barca...
Hermana 2 (preocupada): Estás rara, triste, dime qué te sucede, no eres así...
Hermana 1: Es algo sin importancia, tal vez del diablo, o menos, cosas de mi mente, un sueño...
Hermana 2: Y ese sueño, por casualidad, tuvieron que ver hombres desnudos y fortachones...
Hermana 1 (temerosa): Hubo un hombre... Pero no es lo que te imaginas. Fue real, o por lo menos salió de la realidad, es probable que yo lo haya mal pensado...
Hermana 2: Habla, ya, hermana, no me gusta que estés con rodeos...
Hermana 1: ¿Quieres mucho al padre Moragil, hermana?
Hermana 2: Sí, es casi un santo...No me digas que soñaste con él...
Hermana 1: ¡Ya te dije que no fue un sueño!
Hermana 2: Si lo hubiese sido sería igual; no pasa nada con soñar con el padre Moragil, yo he soñado un par de veces con él...(sonríe risueñamente, pero luego sacude la cabeza y pone un gesto serio)¿Por qué preguntas, hermana?

(Se apagan las luces y todo se ilumina de una luz roja, intensa; entra La liberal seguida de unas manos que le alcanzan ramos de flores que ella no recoge, pero que aprecia y premia con besos y halagos)

La violación

El sol mantenía con la cabeza gacha al polvo. El cielo era azul claro. El agua no dejaba de hablar consigo mismo en todo el valle. Las comadres parloteaban bien alegres en el jardín. La niña llegó con la cara llena de lágrimas; fue hasta su madre y se paró frente a ella. Al verla la madre preguntó:

-¿Qué te pasa, mi hija?
-Madre...Me han violado...Un señor, un señor se metió a la casa, se metió a mi cuarto, dijo que era amigo de mi papá, me hizo llevarlo al cuarto y me dijo que iba a jugar conmigo como juega el papá y la mamá, ¡dijo que me bajara el pantalón! Yo no quería, mami, no quería: él se acercó y me bajó el pantalón, yo no quise, me puso contra la pared y comenzó a sobarme, me dio vuelta y se quitó el polo y el pantalón y ahí vi lo que estaba haciendo; en ese momento grité, pero él me tapó la boca, me puso una media en la boca y luego cinta...Me amarró las manos y... Y...

Vio a las demás personas que estaban ahí, una de ellas grabándola con un celular, y luego de pasar su brazo por sus ojos llorosos se acercó más y le sujetó una manga a su mamá, jaloneándola:

-Mami, ven, vamos a dentro para que te cuente, vamos para que te cuente con me han violado, mami, por favor...¡Vamos!

Las mujeres se vieron entre ellas por un rato, luego, sin decir nada, se pararon y se despidieron, dijeron que dentro de media hora se iban a encontrar en el portón del juzgado...

Décima a la promiscua que se conoce a medio mundo, y que la conoce su marido

No necesito un aviso
que no la he ignorado
porque la he vigilado
y sé su gran desatino:
sé del mormón argelino,
sé de la chica morena,
sé de su cura que pena
por estarse desnudado
en su cama esperando
que vaya con la molleja...

Décima a quien desea la muerte y dios todo misericordioso se la da...

Aplastado por la vida
se sienta a ver la muerte
y al verla sólo siente
que la distancia es rígida.
Paso da otro en ofensiva
con intensiones de daño
y de paso a ayudarlo
en su dolorosa espera
que ya no se le renueva
por tener puñal clavado.

miércoles, 16 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (inicio de la segunda parte)

(Casa de las hermanas. Sala llena de muebles delgados, algo viejos, nada ostentoso; ventanas y paredes de cartón, cortinas de muselina; adornos en general: floreros, algunos cuadros, etc. La liberal y el padre están dentro del sofá apenas cubiertos por el vestido de ella y por la sotana del padre: ambas cosas entrecruzadas. Ambos fuman con seriedad y mirando al techo)

La liberal: ¿Qué piensas hacer?
Padre: A qué te refieres...
La liberal: Tu vida, tus proyectos... ¿Vas a seguir de pastor o te vas a volver un cordero?
Padre (pensativo): No pienso dejar la iglesia, es mi vida, para esto nací...
La liberal (melancólica): Entonces te apartarás de mí.
Padre: No he dicho eso...
La liberal (voltea y lo mira juzgándolo):¿Entonces vas a engañar?
Padre: Sí, ¡y qué me lo perdone dios! Aunque dios no me lo tiene que perdonar: esto es entrar al cielo, amor, su amor, y aunque entiendo que él desea que nosotros lleguemos a él desde la vía más lenta y pesada, sé que él entenderá que yo quise saltarme todo eso, que quise disfrutar y enriquecerme más de su sabiduría; el mismo pecado de los primeros...Tendrá que resignarse...
La liberal: Este es un pueblo muy pequeño, con decirte que apenas pocos conozco y muchos me conocen... Dudo que tu mentira vaya a durar, seguro que dios te hará caer como una torre... No me acuerdo de dónde...
Padre: Las hermanas me dan una opción perfecta: Ellas pidieron que te eduque, incluso era ésta la primera conversación, pero como ya llegamos a esto seguiremos adelante; yo vendré siempre y tú me aceptarás, mejor, te portarás mal, incorregiblemente, así tendré más tiempo para estar contigo. Conmigo serás una coderita y sin mí serás una diabla...Sí, me agrada la idea...

(La liberal toma un cigarro y lo enciende)

La liberal: Lo que quieras, sólo me da pena estas chicas, son buenas, esa bondad idiota de los ignorantes... ¡Pobres!

(Se apagan las luces que han estado concentradas en ellos y después de un momento se deja caer el telón)

La caída de un movimiento

Esperaba ansioso su regreso. Eran viejos amigos; habían jugado en el jardín y habían ido juntos al colegio, y a pesar de tener sexos puestos habían sabido aprovechar sus rasgos sicológicos más asexuales para forjar una duradera amistad (duradera según los recientes años). Sobre todo la época en la que más se consolidaron fue en la adolescencia: la actitud casi promiscua y destructiva de los demás los alejaban, y la necesidad de consolidar una relación para no abrazar la locura los juntaba, aunque, no es de extrañar, algunas veces se cuestionaban la validez de su amistad, si tal vez ésta no estaba condicionada por el resultado de una debilidad natural. Sin pensar en todo eso, se podría decir que eran dos almas que giraban entre sí. Esperaba que ella vuelva, tal vez con cierta incomodidad: ya no eran tiempos pasados, aquellos que era obligado rechazo de la sociedad para poder llegar intacto al otro lado del río; hace unas semanas alguien se había acercado a ella en una fiesta-ya iba a fiestas-y se había ofrecido... Y ella aceptó -felizmente-. Bebieron unos tragos, ella se emborrachó, él no, se estaban yendo a uno de los cuartos hasta que una de sus amigas recordó su plan de seguridad y la sacó de la fiesta, de los brazos de un Baco moderno y de toda su estrafalaria lujuria. A pesar de ese intento fallido insistieron y se reencontraron luego de un breve acuerdo. Esa vez llegaron sólo hasta un beso, pero las cosas iban demasiado rápido -para alegría de todos-, lo suficiente como para augurar el debut de ella- de él se sabía demasiado: una novia en Alemania, una larga lista de engaños, una larga lista de conquistas, etc.-. Eso, lejos de alterar en algo la relación de ambos, hacía que todo lo que vivían sea similar a una de esas fiestas en donde te hacen caminar sobre carbón hirviendo o te hacen caer de espaldas para que alguien te sujete: el apoyo que se daban era lo más; pero algo estaba inquietándole: él tenía la mayoría de edad, era virgen y no había tenido algo que se pueda llamar novia, pasaba el común de sus noches tratando de dormir, olvidando el rasguño de gato que sentía en sus entrañas, en su sexo prieto y rojo y ardiente que se refregaba en la mayoría de ocasiones contra las sábanas, y que demoraba mucho en terminar...Por alguna razón inentendida empezaba a comparar eso con una carrera, una competencia en la cual el triunfador terminaría entre las delicias de los bordes de alguna cama de hotel barato y lleno de cucacharas. Por otro lado era un robo, un cisma que desequilibraba su mundo; no, no se engañe quien lea esto, él estaba feliz por ella, era lo más cercano que estaba de la felicidad hacia el resto, pero aún así esas cosas lo inquietaban.

Cuando pensaba eso su hombría iba creciendo como si una morena enorme, colosal y desnuda estuviera bailando frente a él, recién cuando su pantalón apretó salió de su trance y notó el pequeño problema. Se paró precipitadamente y al ver en toda su dimensión la magnitud del asunto buscó un lugar para ocultarlo. En ese momento, sin el más mínimo y común aviso, ella entró -pues era su casa- molesta, y sin conocer la razón, él se asustó y dio vuelta, pero ella recién al sentarse empezó a hablar como una alejada de la tierra:

-Es el colmo, no lo aguanto, no lo hago y ya no lo pienso hacer: idiota yo por insistir...Oye, mírame cuando te hablo, ¿qué haces?

Inclinó su cuerpo y notó que los esfuerzos por ocultar algo se concentraban ahí debajo. Se puso de pie y volvió a preguntar, a la segunda vez puedo darse cuenta del asunto, pero...

-Ayy, dios...¡Este no es lugar para masturbarse!

Él giró completamente, lleno de asombro, ante lo que había oído hace un instante.

-¿Qué, estás loca? ¡Yo no me estoy masturbando!

Sin embargo sus manos y lo arrugado de su ropa lo delataban aun sin tener culpa de lo cometido...

-Sabes qué, estoy estresada, estoy mal, no estoy para estas cosas, menos de ti. Vete, ¡vete!, no te quiero ver...

Avergonzado prefirió no decir nada. Tomó sus cosas y salió con la cabeza gacha. Antes de salir quiso mirarla, pero ella estaba en contra suya. Abrió la puerta y salió hacia la antesala, ahí se dio cuenta que la erección se había caído.

Décima al filosofar de un político

Aquella vez llamó vida
a esto que en pasajera
persecución alimenta
los sueños que se realizan;
trató de nombrar encima
a sus tópicos y bases,
a su rey y sus secuaces
que todo arriba gobiernan
y todo abajo desdeñan:
ética de gavilanes.

Décima al desmoronamiento de un creyente

Un genio un día leyó
en la tapa de un cuaderno
que su dios era un cero
escrito en un pizarrón,
y de esto tanto lloró
que abrazó la desesperanza
y admiró a Sancho Panza
por su ingente gobernar
que tuvo a un dios de verdad
velando en su balanza.

martes, 15 de julio de 2008

Décima a la trocación de los sueños inocentes a los sueños húmedos

Árboles azules de ayer
vistos desde un recuerdo
parecido y verdadero
al unicornio café;
dan sus ramas qué creer
cuando la taza es buena
y su contenido negra
fragancia de corazones,
que no es igual que calzones
y que sueños de brageta.

Las hermanas y una puta (continuación)

(Entra por el lado opuesto La liberal, mismo traje, con la falda mal puesta; tambalea, está borracha)

La liberal: Chicas... Vengan... No hablen con ese pájaro...
Hermana 1(ruborizada): Padre, ella es nuestra acompañante...

(El padre la observa y queda encantado con ella)

Padre: No soy un pájaro, hija, aunque probablemente lo dices porque canto las palabras de el señor...
Hermana 2: ¡Está tomada! Hay que llevarla a casa, no hay de otra, ¡Qué vergüenza!
Padre: Permítanme ayudarlas. Será un gusta llevarla a casa...

(Se acerca y la sujeto de las costillas, ella alza la cabeza y lo mira por un rato)

La liberal: Oiga, usted es guapo...

(El padre sonríe y se van a casa)

Fin de la primera parte

El afortunado

Estaba siendo observado desde hace mucho tiempo por un grupo de envidiosos llenos de músculos inflados por los esteroides o por el insufrible ejercicio. Las nenas se regocijaban sobre sus toallas frescas y mojadas, que al mismo tiempo eran abigarradas y tenían detalles típicos de muchas partes de la cultura del país, y sobre la arena caliente su resguardo era seguro para que aquel pobre infeliz de lentes gruesos y poco agraciado les diera un masaje orgiástico a cada una de ellas: prospecto para modelos o para bares donde por pagar unos dólares de más te ganas con un increíble espectáculo, y hablando de las cuatro últimas letras antes de la coma había que proseguir afirmando la tersura de tan preciosa y cuidada piel que era salvada del sol y de sus rayos voraces gracias a la acción del bloqueador y de las manos blancas y lampiñas, semejantes a las de un hongo, de aquel intelectual de quinta, escritor, poeta, según habían podido averiguar algunos; dándoles a todas unos versos que las hacían sonreír y las ponían rojas por la erisipela de la que no se salvaban sus pómulos. Cuando terminaba ella suspiraban como si un hielo ardiera y lo miraban con la sonrisa de los ángeles que agradecen a los humanos con la luz y el conocimiento de los dioses; él, modesto, se acercaba y les daba un beso en la frente, y les decía preciosa a cada una, y ellas sacaban sus celulares y lo apuntaban con el apodo de "encantador", se distraían un rato y se levantaban, una tras otra, sin dejar de volver hacia atrás y levantar la mano en un saludo renovado. Una tras otra se iba marchando, la playa se iba a quedando sin mujeres; apenas los hombres que esperaban una venganza se habían reunido a coordinar el golpe...

Décima a favor de la perdida, que siempre a favor es provecho...

Yo vengo hasta la pródiga
para libar sus recuentos
y sarmentar cimientos
de su casa que es choza,
reírme de su espantosa
madera de sambenito,
de su texto mal escrito
al que ninguno da caso
y al que conviene mirarlo
con ojos de Jesucristo.

Décima censuradora sobre las intenciones pasadas

Vinieron los de España
y llevaron al idioma
a tierras de la Sodoma
que era del oro buscada
y era de indios poblada
-ladinas mal nutridas-
con la injusta venida
de suerte mal sentencioso
de emperador alevoso
que calma con las queridas.

lunes, 14 de julio de 2008

Las hermanas y una puta (continuación)

(La misa a terminado, y mientras unas personas se van otras se quedan a conversar con el cura. Al final las hermanas y La liberal se quedan. El cura viste con su traje negro común).

Hermana 1: Padre, quisiéramos confesarnos...
Padre: Encantado yo, hijas, pasen...(señala con la palma hacia el cielo el confesionario, con los ojos hace un gesto de oportunismo)
Hermana 2: Pero antes tenemos que hablar con usted sobre algo que nos está consternando, algo que no es pecado, que tiene nombre y sí muchos pecados...Verá, hace unos días, en circunstancia que no pretendemos mencionar para no ofenderlo, conocimos a una chica en estado necesitado. Su condición y su juventud nos conmovieron y motivaron a darle una mano.
Padre (alegre): Eso es muy bueno de ustedes, hijas mías, su bondad y sus ganas de cambiar el mundo, de mejorarlo...
Hermana 2: Sí, padre, pero ese es nuestro problema, no somos capaces de ayudarla más allá de darle comida y un techo, no podemos hacer que abrace al señor con su infinita bondad...
Hermana 1: Amén.
Padre: Comprendo... No es creyente de nuestra doctrina...
Hermana 2: Es más que eso, no la conoce, y muestra un deseo casi nulo por conocerla; si la conociera podría decir con razón que no la abraza, pero ni eso...(pone cara de consternada)
Padre: No hay cuidado, hijas, lo único que necesita es una buena explicación, ponerla a prueba. Es muy sabio que me lo hayan dicho, yo, siendo mejor conocedor de dios que ustedes, podré hacer una mejor orientación...
Hermana 1: Se lo agradeceremos mucho, padre...(impaciente)¿No quisiera conocerla?
Padre: ¿Está aquí?
Hermana 2: Sí, con muchos contratiempos lo hicimos venir...Me da un poco de pena referirla, fue la chica que estaba junto con nosotras...
Padre: ¿Ella? Vaya, que estuvo muy quieta, muy atenta, ¿por qué se apenan al mencionarla?
Hermana 1: Usted no escuchó o no notó como nosotras su distracción; parecía algo referente a las artes del demonio...
Padre (dubitativo): Bueno, ¿me la van a presentar?
Hermana 1: Aquí no está padre, ni bien acabó fue a buscar un baño, dijo que era urgente...

La esclavitud

El algodón estaba precioso colgando de las delgadas plantas color ceniciento. El cielo estaba azul como si dios solamente lo hubiese ideado. Era mediodía y no podían ir a comer: estaban atrasados y tenían que recoger todo el producto. Los negros estaba vestidos con harapos, cansados, agotados de tener que inclinarse para sacar la cosa suave y blanca. Sus amos estaban detrás con el látigo en la mano. Caía uno tras otro en pequeños intervalos de tiempo mientras que los capataces corrían a romperles la espalda, hacerles surcos de sangre que dejaban ver el hueso. Ya para el final de la tarde la empresa se había resuelto, sin obviar un gran, pero desestimable sacrificio: más de la mitad de los esclavos habrían muerto en su labor.

Breve historia sobre un accidente

Dijo algo como "¡No, señor!" al momento de advertir al conductor que estaba a punto de impactar con el cráneo de un niño, su hijo; lamentablemente demoró la reacción y le destrozó una buena parte del cerebro. Hubo ratos inmensos de lamentación y de repudio por la gente que lo acusaba de borracho: la verdad era que la madre se había descuidado y que el niño había corrido en busca de una canica hacia la pista; no obstante, el conductor estaba en otro lado y no se percató del ingreso del menor. La madre, ante su conveniente posición, apoyó las intenciones de demandarlo, pero el acusado, luego de enterarse de más detalles de la situación, se negó arguyendo que si lo hacía iba a perder, ya que no había nada más desagradable que una mala madre. Ante esto se juntaron y conversaron sin la presencia de sus abogados. En esa conversación acordaron no ir a juicio, a cambio que él se encargara de todo lo referente al niño, ya que ella no lo podía hacer. Él aceptó, y desde ese momento convivió con el chico, de quien llegó a tener un infinito cariño. La madre, al cuarto mes, desapareció, y no ha vuelto nunca más.

Soneto a Amy Winehouse

Un trago triste y altamente elevado
anda por encima del aire, vaga
por corredores de música calma,
herido por miradas del extraño

grupo que la mira en consternado
lamento de frío hielo nirvana;
una sima envuelta en la blanca
piel de los ángeles muertos, tirados.

Ella es un ángel muerto, sin alas
que se cayeron cuando vio el mundo
y quisieron volar camino a casa.

Ella fue antes, y ya no es ninguno,
un recuerdo apenas de esperanza
con un poco de un licor inmundo.

domingo, 13 de julio de 2008

La huelga en opinión de un neutral

No han callado los momentos
ni se han puesto a conversar,
siguen como un movimiento
que terminará tras el final.

No han sacado algún provecho,
han decidido ante todo atacar
las bases que crean el progreso
y que funcionan bastante mal.

Luego de piras y contrahechos,
de burla, de mimos y criticar
volvieron todos muy deshechos,
algunos por haber actuado mal.

Las hermanas y una puta (continuación)

(Voltea hacia su hermana con gesto de súplica)
Hermana 2: Lo siento, pero mi verdad no se puede callar, es más superior.
Hermana 1: No te niego la razón, hermana, casi en todo estoy de acuerdo. Pero debemos entender, ser fuertes ante la idea de que fui dios quien nos la cruzó en nuestro camino, obviamente para ayudarla... ¿O es qué ya no la quieres ayudar , hermana?
Hermana 2 (consternada): Claro que sí, por más que tenga verdades contra ella no podría abandonarla. No después de aquella vez primera en la calle, con ellos chicos...

(Ambas ponen cara de espanto y se persignan siete veces)
Hermana 1: Estaban cometiendo pecado con ella...
Hermana 2: Aunque no es posible negar que ella parecía disfrutar del pecado...
Hermana 1: ¡Hermana!
Hermana 2 (ruborizada): Ay, perdóname, por un momento fui tentada...
Hermana 1: Será mejor que corramos a la iglesia para protegernos del pecado. Vamos, que aparte es tarde.
Hermana 2: Sí, y para confesarnos con el padre...

Razones

"¿Por qué existe algo y no más bien nada?"
Porque a pesar de todo somos peso,
somos una carga negativa, eso
tiene algo distante que las palabras

en cuya fuerza recae por honda sima
y se apropia del mundo por su cuento
de dialéctica que abre en el cimiento
fisura donde puede crecer vida.

La vida verde, el deseo verde,
todo nació de ese color que engaña,
y ahora se pregunta por la sangre...

En vida no se hace lo que quiere
y en muerte se respeta la guadaña
porque ella es nada y en ella todo cabe...

Las conchas

-Algunas personas tienen una concha más grande que la tierra...-dijo luego de reventar la bolsita de papas fritas que acababa de comprar; se mantuvo quieto mientras la comida era empujada al suelo y a su ropa por acción de la gravedad...
-¿Por qué lo dices?
-Por tonterías, no tiene nada de importancia...-concluyó-.

Se sacudió y siguieron caminando hasta perderse por unas casas viejas y despintadas cuyas paredes estaban llenas de huecos que daban la impresión de ser queso agujereado. Eso motivó a que dejara de querer comer. Fueron hasta un parque y ahí vieron a tres conocidos departir amenamente. A él no se le escapó el detalle que era harto conocido que uno de ellos hablaba peste de otro de ellos, por lo que al verlos se sintió mal y espetó:

-Algunas personas tienen una concha más grande que la tierra...- pasó sin saludarles y se marchó.

sábado, 12 de julio de 2008

Soneto a las leyes de rigen nuestra vida...

Metafísica para atrapar al hombre,
razón para que esté bien acertado,
fe para que no vague en rumbos vagos
y algo de estupidez para hacerlo torpe.

Así son los cuatro pilares, desorden
que se haya entre ellos es lo malo,
vivir es apenas otro sentenciado
y morir es lo que todos desconocen.

Me quedo con la poesía hasta el final
porque ella tiene todo y falta todo
a lo que dicen los que cargan el sitial,

ellos son la luz salida del tesoro
y la corneta que en el fin sonará,
antes que seamos tiempo undoso.

Portal del cielo

Me siento aquí como me lo han ordenado, ya con el traje que me dio el cura, blanco y algo perlado. Él viste de sotana negra, sus zapatos están bien lustrados. Me mira como si fuese un pastelito de chocolate: creo que babea o saliva, que es casi lo mismo. Se acerca a mí y me toca el hombro, me dice si estoy listo para recibir al señor. Yo le dijo que no, porque no creo que él sea el señor. Él dice que soy un malcriado, y que, en nombre de dios, me va a castigar. Yo me río en su cara y le digo si no quiere que le chupe la verga. Él me mira con cierta recriminación y, sin decir nada, se desabotona esa parte y saca su grueso y grande sexo. Yo lo miro pensando cómo voy a hacer para que entre todo eso. Sin complicarme la tomo y empiezo a masturbarla, luego sigue todo lo demás. Al final acabo a su lado complacido.

Las hermanas y una puta (tal vez primera parte)

(Están caminando por la calle de cartón y de colores suaves. Visten ropa formal, van rumbo a la iglesia. Las mujeres de colores grises y negros, la que desentona con el color es la liberal, ésta a su vez tiene maquillaje que resalta por sus connotaciones sensuales.)

Hermana 1(se persigna dos veces, baja su velocidad y levanta la cara al cielo): Si quieres estar de pie en la vida, debes estar de rodillas antes dios.
La liberal: ¡Uy, ¿haciéndole qué, mi vida?
Hermana 2(enfurecida): ¡Calla, hereje! Hermana, es mala idea que la llevemos al altar, no está lista, y probablemente nunca lo va a estar. Es una víbora, un alma sin pena ni remedio, ¡dios!(a ella)Y tú, ingrata, no abuses de mi paciencia...
Hermana 1: Es obligación de todo ser humano presentarse y rendir honores al señor, incluso ella, que es su sierva. Aparte no le hagas caso, sabes que sólo lo dice para molestar.
La liberal(incómoda): Y para desentonar con este ambiente... Dios, que son un desastre ustedes, así no van a llamar la atención de ningún hombre, a lo mucho el cura, pero ese no es hombre, o por lo menos en su vida pública. Felizmente mi sacrificio tendrá frutos: ustedes no se pueden echar para atrás, si yo no me echo, así que me presentaré ante esa y cualquier estatua de madera.
Hermana 2: ¡Cristo, mujer, que es Cristo, nuestro señor todopoderoso!
La liberal: No sé de dónde le atribuyen ese poder, si era pobre y dizque honrado...
Hermana 1: La modestia es distinta a la pobreza, amiga: Cristo era modesto y puro, con decir que no cometió pecado ni ofensa contra el hombre...
La liberal: ¿Pero no fue él quien dio de latigazos a unos comerciantes?
Hermana 1(asustada): ¡Lo hizo en defensa de sus ideales, de los nuestros!
La liberal: Vaya que se parece mucho a esos payasos que salen a los estrados a decir y a justificar su violencia en nombre de cosas dignas de mejor fin...

(La hermana 2 se detiene por completo. La mira con deseos de asesinarla. La hermana 1 se pone cerca de La liberal)

Hermana 2: ¿Insinúas que Cristo era un intolerante, un dictador?¿Te atreves a comparar a Cristo con un dictador?
La liberal: No, a lo mucho con un anarquista...

(La hermana 2 salta hacia su pelo. La hermana uno trata de interponerse)

La liberal: Déjala, guapa, no me defiendas, yo sola me la levanto...
Hermana 1: Por favor, no la molestes, ¡la haces actuar mal!
Hermana 2: Sí, ¡vas a ver cómo emulo las acciones del señor!

(La hermana 2 mueve sus uñas como si estuviese arañando)

La liberal: No peleemos; miren, me voy adelantando, ahí luego me alcanzan (se va).

(La ven irse, luego la hermana 2 deja de insistir)

Hermana 2: ¡Es un asco! No tiene decencia ni respeto...¡Hasta se viste como una ramera!
Hermana 1: ¡Hermana, por favor, no digas esas cosas!

Soneto a los que hacen el amor cocinando un pastel entre las sábanas

Cae el chocolate de sus cabellos,
la crema dulce de su pulcra boca,
la cereza está bien puesta en la otra
y aguarda la tercera el provecho.

Hace un pastel como el pastelero
y clava donde ella diga o escoja;
risitas son dulce... Qué se la cojan,
si así hacen sabroso su provecho.

Y es que en la cama todo se hace,
menos dormir, que es para aburridos,
para solitarios y para niños:

Por eso todos ven lo que se hace
de oídas o de acción ajena
que no tiene que ver con nuestra pena.

La cacería justificando los medios

El escuadrón estaba listo antes de las nueve, hora acordada para dar el golpe. A esa hora fuimos hasta los guardias que esperaban afuera y los encañonamos. Neutralizados fuimos hasta lo más profundo de la casa, pero no lo encontramos. Nuestra actuación estaba a punto de irse al tacho, y por eso mis compañeros se empezaron a impacientar. A los sometidos los insultaron, después les dieron de madre, uno de ellos sacó una pistola eléctrica y se la puso en la barriga a uno de ellos. Al no hablar le bajaron el pantalón y le hicieron lo mismo en los testículos. Casi llorando el narco habló de un camino oculto entre unas paredes. Fuimos todos hasta allá y entramos movimiento un ropero; al hacerlo oímos los pasos de quien buscábamos.Fuimos a toda velocidad, más rápido que los pasos del que no veíamos, pero que sabía que lo estabamos siguiendo. El circuito era una especie de laberinto. Alguno de nosotros, quizá temió perderse, sin embargo los pasos cesaron y pudimos encontrarlo a unos metros de nosotros, sentado como un niño asustado abrazando su peluche, no obstante ese no era un peluche, era un maletín caro con, probablemente, miles de dólares lavados.

viernes, 11 de julio de 2008

El negocio de los sonetos

Sonetos para rebosar el alma,
sonetos que en el fondo se aniquilan,
algunos hablan de muerte y vida,
otros de sexo y religión cuadrada:

todos ellos tienen algo que llama,
todos tienen algo con las mentiras
que se dicen los que aún se miran
pasados en días desencantadas.

Y son todos grotescos y sencillos,
son de analfabetos y de bolsillos:
idiotez y oro que se buscaban

por el amor, el hambre y la fama,
por una vida que vale centavos,
y escribiendo no se da trabajo.

Soneto al que aburrido gasta la cabeza y luego, como única opción, algo más abajo

Tiempo hace en la tarde descampada,
tiempo y algo menos que certeza;
aburre ver la gente con pereza
y odia el hombre lo que se compara

o lo que intenta igual su intencionada
alma con motivo de diferencia;
es verse a un espejo sinvergüenza
tratando de alegar que tiene alma.

Actúa antes que piense y hace daño
cuyo delito es ser intencionado
y cuya bondad nace donde muere:

Quién lastima por hombre y por dotado
no tiene disculpa en ningún cargo,
excepto con la dama que lo piense...

La manifestación

En la tierra, como siempre, las plantas no se detenían. Habría llovido, probablemente, la noche anterior. Había barro por los terraplenes y ni un alma en las casas. A esas horas de la mañana todos estaban atrincherados en algún tramo de la carretera con sus hijos y con inmensas ollas comunes que antojaban a todos. En la posta el único médico que estaba ahí declaraba ante los familiares de la joven que si no era trasladada a un mejor lugar lo antes posible iba a morir en menos de doce horas. Al oírlo la subieron a la ambulancia y fueron lo más rápido que pudo ir el conductor, que era el médico; antes de salir del pueblo decidió que los padres bajaran para llegar más pronto. Condujo por casi media hora y al dar la vuelta a una curva se encontró cara a cara con los manifestantes.

-Por favor, abran paso, ésta chica y su bebé se están muriendo, deben ser inmediatamente operados.

Los revoltosos lo vieron con desagrado: su semblante blanco les era amenazante. Uno de ellos habló:

-No, hoy por aquí nadie pasa...Lo siento.
-¡Pero se está muriendo!
-Lástima, ojalá no sufra mucho y se muera pronto.

El doctor, ante la estupidez, insultó a su interlocutor, y al hacerlo obligó a éste a que ordene que lo aten a un árbol. El árbol estaba unos metros más lejos del lugar, desde ahí se podía ver todo, por lo que el doctor vio como pasaban las horas y como un pequeño río de sangre caía de la parte trasera del transporte e iba directamente, avanzando directamente, hacia su pálida y horrorizada cara.

Soneto a mi patria

Está aquí para sajar la tierra,
mi tierra, mi patria que en los días
nace y muere en el hedor de sus entrañas
y apaga su nombre cuando es de día.

Todos la admirarán alguna vez,
dirán que fue tierra de ilustres hombres,
tal vez sonreirán ante un verso triste
de Vallejo autor y mendigo odre.

Pero a nadie engañarán con eso:
entre ellos mismos sabrán sus errores
y labrarán con piedras sepulturas;

El hombre dirá que ya está hecho,
todos lo rugirán como leones
y a su espalda serán menos que lecturas.

jueves, 10 de julio de 2008

Santa palabra

Caminó hasta los soldados y al ver a los prisioneros preguntó:

-¡Hijo, son ellos?
-Sí, padre, lo estábamos esperando.
-No esperen más, en la iglesia los estamos esperando. A ellos mátenlos, tienen mi aprobación y la de dios...

Los prisioneros suplicaron, pero el padre no los miró. Los soldados hicieron fuego y asesinaron a todos.

La paga por la libertad

-Sabe por qué la hice venir aquí, ¿no es así?
-Sí, y créame que yo estoy dispuesta a hacer lo que sea por salvar a mi hermano...Él es inocente, créame...

El juez se acerca a ella y le tapa la boca con un su mano.

-Lo sé, muchacha, lo sé. Créeme que si haces tu parte yo haré la mía...

A pesar de sus palabras ella estaba aún dudosa sobre lo que iba a hacer: no le era ajeno saber que la proposición era indecorosa, que estar con los pies y todo lo demás dentro de la casa enorme y preciosa que probablemente jamás sería suya era penado e inmoral; no obstante estaba tratando la vida de su hermano, su estadía en la cárcel donde los presos lo querían violar y matar desde ya por estar acusado de violar a una niña. Recordaba las palabras de la madre en el momento que salían del juzgado rodeadas de periodistas: "Juro que pagaré y le romperé la mano a dios y al presidente con tal de ver a ese desgraciado ir a la cárcel", probablemente dijo eso porque sabía que eso era la muerte.

-¿Por qué no subimos arriba?
-No, aquí estamos bien...Vamos, hija, no te quedes tan rígida...Ponte un poco...

Un patadón hizo caer la puerta, en el instante entraban un fiscal con unos policías: frente a ellos la hermana de un procesado estaba de rodillas frente a un juez que tenía descubierta toda la parte de abajo, lo que hacía notar su masculinidad levantada.

La enfermedad que se compra

-¿¡Qué tienes!?
-Nada, amor, en serio, estoy cansada. Déjame en paz...
-No puedo hacerlo, no estás bien, necesitas ir a un hospital...
-Si te digo que lo estoy, es porque es así. Ya pues, sé bueno, no quiero empezar a discutir hoy.

Se puso de pie de un salto y fue hasta el interruptor. La luz la hizo moverse como un vampiro, como si le quemara.

-¡Mierda! Apaga la luz...
-¡Estás morada! ¿Qué has hecho?
-Nada, mamón, nada. Apenas te fuiste me largué a conseguir un poco de pasta, el tipo no me la quería dar, así tiramos en un callejón. Aún así no saqué mucho, por lo que fui a ver a Patrick. También me acosté con él, con sus amigos, con todos los hijos de puta que estaban ahí. ¿Quieres saber más?¿Quieres que te diga todo? Me agarraron entre seis, me, me...

Ahí, frente a su novio, o a lo que él fuera, se puso a llorar, a golpear con decisión pero con suavidad la cama. Él la miró con asco, un asco que no podía y no quería ocultar, aún así se acercó a ella, le puso la mano sobre la cabeza y la levantó para darle un abrazo y le dijo que no importaba, que esperaba que algún día se vaya a curar.

El muchacho

Todavía era temprano, más de lo que acostumbraba, tal vez una hora antes. Los anteriores a mí no duraron nada: cayeron, tal vez, uno sobre otro. Yo fui llamado cuando hacía mis ejercicios que apenas terminé. Mi padre estaba a un lado de mi representante; la apariencia de ambos chocaba por su diferencia, pero incluso así hacía valer su estima mi padre. Ambos se apoyaron en mí mientras me daban consejos, cosas que en realidad no necesitaba, que me eran muy inútiles al momento de estar en el ring, el cual estaba un poco lejos del camerino, por lo que caminamos por los pasadizos fríos y mal iluminados del estadio, guiado por las voces eufóricas de los espectadores. Al asomarme uno de ellos dio aviso de mi llegada y el resto estalló en júbilo: a mí esas cosas un poco me incomodaban, por lo que seguí mi camino hasta estar dentro del cuadrilátero. Ahí dejé todo lo de atrás y me concentré en mi único objetivo: destruir a mi víctima, la cual resultó ser un chico de 1.60, casi de mi misma edad, flaco, tal vez enjuto, aunque no había perdido la mirada deseosa de volver con su mamá, una de las posibles espectadoras. Al empezar no dudé y fui contra él, le di tres prietos puñetazos y luego un rodillazo en el estómago; vi su sangre caer, pero no me apiadó. Mi padre me dijo que no le ganara tan rápido, que diera un espectáculo de calidad, yo, entonces, le dije que estaba cansado, y que lo iba a terminar ya. Me miró colérico, y aunque yo estaba consciente del castigo no me llegó, ni siquiera cuando empezó a golpearme, a asustar.Volví y callé todo, solamente lo vi a él, un miserable mocoso, igual que yo, tratar de protegerse de mi codazo, y al no lograrlo cayó completamente inconsciente. Me dieron el triunfo fingiendo demasiado, seguramente con el mal sabor de no haber dilatado el baile de golpes un poco más. Y yo estaba ahí, parado como una bolsa de entrenamiento, pensando qué estarían haciendo en ese instante los otros chicos de mi edad.