lunes, 30 de junio de 2008

La satisfacción...

Algo de Hendrix, algo de Chopin; un poco de francés en la boca que balbuceaba gritos de placer, unas manos que ella no sabía donde estaban... Finalmente él subió con la boca empapada de sudor y algo más:

-¿Te gustó, cariño?

Ella lo miró con la cara satisfecha, desorbitada; no le respondió, solamente hizo que volviera más abajo...

Fiesta lamentable

Son algunas sensaciones
las colmadas de alegría
que desprenden estertores
cuya voz es para siempre
de los esclavos y señores
que con sayo y todo eso
pasan por los tristes viejos
como chacona en vida
que hace de los festejos
una general algarabía.

Ejido que se explaya sincero,
sin eras ni ganado quejoso,
haciendo del pan invierno
y de la carne vino carnoso;
unas van con sus yernos;
otras van con sus esposos,
parientes les llaman sinceros
a los que las acompañan solos.

Es de noche en los roscones
que se meten a las bocas
como los bodigos segundones
de las ovejas del santo rebaño
sonando como corazones
siendo pierna de pringado
aquel paso grosero y valores
de un buen alcohólico
sabiendo que entre hombres
sólo vive el astuto acólito
que vende al diablo por doblones
y vende a Cristo por centavos.

El asesinato retrasado

Los ojos los tenía en su lugar: la cabeza. Estaba totalmente inmóvil y un aire lúgubre pasó a través de él, como un soplo que hubiese viajado miles de kilómetros trayendo un recado de la muerte. Alguien entró por atrás, la puerta de nogal que sonaba como un eructo prolongado y estruendoso de algún compartimiento viejo y mecánico que, a ratos, generaba un parásito sonido. El cuchillo se notaba en medio de la escasa luz de la luna tenebrosa, incluso aquella palpitación final de la carne al ser atravesada por esa luz arqueada en forma de espada persa. El cuerpo aún respiraba, pero con una vida arrebatada dos veces de la muerte: sus agitaciones eran de alguien que había conseguido vivir a pesar de estar condenadamente muerto; se acercó para verlo y notó que entre sus manos una copa de vino y veneno se aferraba a su mano tiesa, sus labios estaban azules y, lo peor, sus ojos colgaban de una cara sin ninguna herida con dos cataratas de sangre que todavía lo mataban, aún después de que la puñalada lo había arrojado a las fauces de la muerte.

domingo, 29 de junio de 2008

Continuidad...

Uy, una noche como ésas en las que terminas un libro, ves en el calendario que mañana empieza la semana, que tienes hambre y hay solamente una comida asquerosa, que tratas de bajarle al estrés y te topas con la gente que está alrededor y que, sin proponerlo, te lo impiden... En fin, ya es otro día y recién entro, solamente a completar tres entradas, nada más, de acá me largo a leer algo de Séneca y a ver televisión aburrida, a pensar en el feminismo, no sé, la cosa es que me largo, besos, chao.

Amor a la tierra

Sí, lo entiendo: la forma y el fondo,
la luz que trasa el grafito de acero;
un humano a los pies de un becerro
dando besos a las flores y al polvo.

Un rostro macerado,débil, rastrojo
de una mies feliz, con fruto nuevo:
una lengua silvestre que queremos
los que venimos a buscar los enojos

en la tierra feliz de muchos olvidados
-palabras que sin voz fueron vivas
y adentro de la piel fueron mudando-,

paz que en la paloma de luz respira
el céfiro del aliento del enamorado.
Tanta más en medio de tanta desdicha.

La conversación

La cena estuvo lo menos impactante que él se había podido imaginar. La rectitud de su madre le había resultado completamente dominante, asunto que a él le disgustó y lo mandó, apenas terminado el plato, a un lado de la puerta principal con un cigarro común en la mano. La luz de la entrada estaba débil, parpadeante y blanca, una blancura metálica de espejo; pensó que veía la luz de modo extraño, artificial, seguramente por el cigarro o por la ausencia de uno realmente bueno. Golpeó suavemente con sus palmas entre sus bolsillos y constató que no tenía nada: era un pobre chico a las 10 de la noche sin un pucho denso...En ese momento salió el novio de su mamá, un par de años más joven que ella y de cierta manera menos recto que los anteriores que parecían salidos de un clóset conservador.

-Qué hay muchacho, ¿tienes uno de esos para mí?-preguntó al ver el cigarrillo encendido-.
-No, éste es el último- contestó-.
-No creo; lo de antes fue para romper el hielo, mira-sacó un grupo de cigarros de tres cajas y marcas distintas-, tengo para rato. ¿Se te antoja?
-No, son muy ligeros, quiero algo pesado, me siento muy ligero.

Sacó de su bolsillo trasero un papel periódico que estaba enrollado en una lámina algo disolvente de mariguana, la pasó por sus ojos antes de extendérsela y al cabo de que la recibiera y la sopesara preguntó:

-¿Te vale con esto?
-No, yo fumo solamente, no quiero jalarla ni pinchármela- respondió devolviendo el paquete.
-Entonces prepárate una...Así tu asunto se solucionará.
-No sé hacerme una...
-Mira- con sus manos y sus respectivos dedos hizo vomitar a un cigarro todo el contenido asesino que poseía, luego, con una precisión de astronauta virtió el contenido, y teniéndo cuidado se lo entregó-fuma con la nariz apuntando al cielo, así no se te caerá...
-Gracias- dijo dando una fumada...-.
-Yo también quiero, me la voy a preparar...

Mientras repetía el procedimiento él lo miraba con curiosidad, o más que eso, tratando de taladrar en lo más profundo.

-¿En verdad quieres a mi mamá?- finalmente preguntó-.
-La adoro- dijo sin inmutarse y con una sonrisa pícara en la cara-.
-De acuerdo, sólo te pido que no le pegues...
-No si ella no lo pide...

Se acabó su droga y se entró a la casa. Él esperó un rato más hasta que le dio frío y entró. Las luces estaban apagadas. Fue caminando hasta su habitación y en el camino vio la luz del cuarto de su madre, la puerta estaba un poco abierta; se asomó y la vio, aún joven y vigorosa, haciendo el amor con ese que parecía un chico; los miró y no pudo ocultar una sonrisa.

sábado, 28 de junio de 2008

Círculo de papel...

En un papel arrugado escribió amor: ese mismo papel fue arrugado nuevamente y tirado hacia al mar. Un trozo de madera de un navío del siglo XVII que flotaba por ahí de modo inexplicable lo atajó,y, manteniéndolo en equilibrio, lo llevó hasta una playa de arena amarilla y de conchas feas y moradas. Una mujer caminando, buscando en el suelo una razón que la ampare de la muerte de su novio, lo levantó y al ver su contenido lloró. La mujer se llevó el papel y lo cuidó hasta que pasaron algunos años. Un día ella se sentó a descansar en un parque de su vida, en eso un tipo la vio y, a pesar de que bordeaba los treinta, la piropeó y descaradamente se sentó junto a ella; eso no le molestó, contrariamente a lo que pensaba; tal vez su situación era de esas que son tan extrañas que no pertenecen a la vida... Al los quince minutos de conocerse se enamoraron. Ella lo llevó sin pensarlo a un hotel. Al día siguiente salían prometedores para el amor. Pasaron unos meses y, el día en que ella estaba completamente segura que él era el indicado, le entregó aquella nota con una sola palabra que significaba parte del corazón que ya no tenía, sólo para enterarse, no sin mucha sorpresa, que aquel trozo de papel fue arrojado por su actual prometido tiempo atrás.

jueves, 26 de junio de 2008

Soneto al extraño

Iba sentado junto a un muerto,
eramos dos muertos sentados...
Conversamos de libros sacros:
la palabra del siglo sin tiempo.

Tenía un aura de dios romano,
un tenor de la vida y bellos
recuerdos del hambre; creo
que era un poeta enamorado

del rumbo sin porvenir, sin letras.
Era un hombrón flaco, sin muletas,
un aprendiz de hechicero sin jeta.

Unos puntos en un mapa invisible
me dejó para que encontrarlo brille
al contacto con sus palabras felices.

El profesor

Al bajar del carro su último pie en salir se atoró por un mal cálculo y cayó de bruces contra el asfalto; la gente no tardó mucho en ayudarlo, aunque apenas de pie lo dejaron a su suerte mientras iban hasta el salón, buscando con la vista algún reloj que les diga la hora: todos los que encontraban tenían la tendencia de retroceder algunos minutos del otro antes visto. Llegaron al salón mientras esperaba que pasen los últimos el profesor, al verlos hizo una mueca de desprecio y cerró la puerta, o por lo menos trató, ya que en ese momento una de las chicas que acompañaban le puso el pie.

-Alumna, tenga más respeto-espetó con sorna el profesor.
-Profesor, no es justo que nos cierre la puerta...
-Ustedes llegan tarde, miren su reloj antes de reclamarme, por lo menos...

A una distancia mayor el profesor, al alzar la cabeza, vio al que se había caído subir a duras penas las escaleras, no sin antes criticar la paciencia con la que el alumno trataba de llegar a clases. Al tenerlo de frente y ver su pantalón beis sucio y un poco roto con algunos puntos de sangre le preguntó:

-Usted, ¿qué le pasó?
-Me caí, profesor...-alcanzó a decir el alumno.
-Bueno, entre, sólo por eso.

Dejo que pasara mientras a los otros los apartó con una mano.

-Ustedes no entran- sentenció-.

martes, 24 de junio de 2008

Historia de un maletín (3)

Apenas oyó el silbato del guardia corrió como si se tratase de una carrera, una injusta y con ventaja, pero él, siendo uno de los mejores corredores de su colegio, no se iba a dejar ni por un vago, ni por un policía, ni por un grupo de chicas hipócritas, ni por el destino, ni por el diablo, nada, ya no más. En segundos y sobre la última parte de la escalera dio con el vagabundo que lo vio, y al verlo corrió como si le hubiese leído la mente, aunque claro, si lo hubiese hecho por lo menos hubiese visto de quién era el dinero. A mitad de la búsqueda en las convulsionadas calles de D.F. un enorme vehículo lo golpeó e hizo que medio tránsito parara. El chofer bajó y preguntó al verlo consciente, él le dijo que no era nada, luego de pensar un segundo agregó que no se moviera de ahí. En pie corrió hacia donde se había ido el vago, la gente sin importancia lo miraba con rostros confusos; un policía que vio la persecución y al vagabundo ir hacia él la terminó de un porrazo al ratero. Cuando éste vio que el policía estaba ahí pensó que era el fin, diablos, tanto esfuerzo y complicaciones para nada; el efectivo del orden con una mano le llamó, y al ver que no se acercaba y que dudaba fue hacia él.

-Oiga, no se asuste que no muerdo, tome, ¿es suyo, verdad?-preguntó animadamente el oficial, resaltando con un tono de voz distinto esa parte-.
-Sí, señor, ¿me lo puede dar?- replicó el perseguidor tratando de borrar algún nerviosismo en la garganta y estirando las manos-.

El policía le entregó el maletín y él lo revisó, al ver la droga sana y salva levantó la cabeza con una sonrisa y dijo que todo estaba en orden. Se despidió y fue rumbo al coche que le había golpeado y que estaba no en el mismo sitio, pero sí a un costado, seguramente para dejar avanzar a los demás. Fue y le dijo al conductor:

-Necesito que me lleves a un lugar, si no lo haces te demando.
-¿Pero no dijo que estaba bien?
-¿Quieres que me ponga a dudar?- cuestionó rudamente mientras entraba al coche y daba las indicaciones correspondientes-.

Luego de eso el carro llegó al lugar, se despidió de su nuevo amigo y entró al lugar, ahí estaban esperándolo, sin miedo se acercó y les dijo que había tenido un contratiempo en el metro, una falla de relojes, tal vez. Les dio su mercancía, recibió el dinero y se marchó para no volver a hacer los mismos tratos nunca más.

Meditaciones

Hace unos días, luego de volver de la universidad, luego de una aburrida clase de literatura, me puse a pensar sobre el significado del título emblemático de una de las obras de Vallejo: Trilce. Hasta hace unos meses no me había percatado que dicha palabra no existe, o por lo menos es un conjunto de letras vacío, esto debido a la carencia de significado. Pensé justamente en eso: en su significado, perdido y conocido tal vez únicamente por el difunto Vallejo, y perseguido con ahínco por muchos vallejianos...Vallejo empezó a escribir el libro del mismo nombre en su estadía en la cárcel -cosa de la que me enteré hace unos días-; juntando esto con la idea que manejan algunos estudiosos de él, se puede decir que parte de la palabra tiene que ver directamente con la palabra tristeza. Bien, el resto es simple, teniendo la seguridad de que las primeras tres letras vienen de tristeza lo siguiente sería averiguar la proveniencia de las demás, la cual sugiero, con mucha modestia, de una palabra relacionada con su encierro, la palabra celda, o por lo menos las primeras letras. Unas consideraciones de más, sean por simple distracción, se refieren a la entra l, presa entre los dos significados o dos trozos de palabras, igual que el poeta, pues no olvidemos que Vallejo consideraba al lo como yo en algunos poemas; según esto la l cumple la representación de Vallejo en su encierro, un encierro físico y metal, sin olvidarnos de su tristeza. Eso es todo, gracias a quién leyó...

Vida en el mal

Oigo cercana la carretera al infierno,
ese sabor eléctrico a guitarra viva,
esa orgía bajo los pies del pobre muerto,

sin vida, tan piadoso como la saliva
en medio del asco estomacal, vómito,
cuya sensación estira y contrae la vida.

Un olor a silencio caliente y carbónico,
y desastre de una lengua de fuego,
tal vez un soplo en la oreja del diabólico.

Pasan sus carros apremiando el tiempo:
unos van vestidos, otros sin pudor,
todos ellos con ganas de vivir lo bueno;

ellos no avanzan hacia el borde del sol
ni se van al fin con pasos cansinos,
prueba falsa de terca y tonta devoción;

con los pies azarados vienen los camilos,
prestos a ayudar por imposición divina:
no hay remedio que cure daños mismos.

lunes, 23 de junio de 2008

Jean flojo

El último de ellos fue el que se animó a aportar la moneda. El aire frío la congeló en el acto. La llevaron con una pinza hasta donde estaban ellas, ahí encontraron a Esperancita conversando, vestida con un jean celeste que en la cadera no estaba muy ceñido: se veía parte de su calzón rosado y de algodón. Entre ellos se callaban alzando la voz e insistiendo que Juliano sea el ejecutor, cosa que él desdeñaba por sí mismo, tal vez inclinado por el deseo que había empezado a sentir por Esperanza desde la mañana, tiempo que empezaron a idear la jugarreta. Finalmente, ante la burla de sus compañeros, fue agachado y con la moneda bien sujeto en las pinzas; al llegar atrás de ella rogó que no volteara antes de acabar y con su otra mano jaló un poquito el calzón almidonado para luego soltar la moneda helada y ver como Esperanza daba un salto hasta el cielo y como sus amigos se mataban de risa y ella respiraba, gritaba, lloraba por aquello parecido al amor.

domingo, 22 de junio de 2008

La selección

La historia empieza así: Rodrigo- maldito nombre- se acercó a Fernanda a la hora del almuerzo, ahí le pidió que saliera con él, ella se rió igual que sus amigas y aceptó sonriendo, cosa que alegró mucho a Rodrigo y lo satisfizo. Luego retornaron a clases, y aunque Rodrigo esperó, importándole un comino lo que decía el profesor, se moría por que la hora llegase. Cuando la campana sonó él ya estaba a medio camino de su casa corriendo lo más que podía. Al llegar almorzó de un par de bocados y luego se preparó: preparación en la cual se incluían sus deberes. Cuando estuvo hermoso y pulcro salió hasta la casa de Fernanda, un tráfico infeliz de gente y de vehículos lo retuvo unos minutos. Al llegar a la casa vio que en las otras direcciones llegaban chicos con ramilletes sacados de algún parque, con cajas de chocolates bien envueltas en papel celofán y que obviamente eran de chocolate, con pequeñas cajas que no se podían guardar en los bolsillos y que debían ser de alguna joyería. Al encontrarse todos reunidos se miraron, algunos se extrañaron igual que Rodrigo, otros tenían una mueca de desprecio: una sonrisa. A la hora salió Fernanda vestida como los ángeles, y le dijo que se hicieran todos a un lado, luego de verlos escogió a un chico que estaba junto a Rodrigo y que a él le parecía conocer. Lo jaló del brazo y le dio un beso en la mejilla, le dijo afortunado y luego les dijo a los demás que la próxima vez sería su ocasión. Mientras se iba alejando todos los hacían, menos Rodrigo que en su lugar la iba insultando.

El regalo

Ni vientos, ni marea, ni temblores:
nada a la piel excepto mucho asco,
visceral, mental, ético o de espanto;
natural, sacado de los estertores;

la piel seca puesta sobre los faldones,
arrugada, engrasada, buida,con sarro
entre sus límites en el duro camastro
ceniciento, el grito del mar sin sones.

Todo eso me causa el ojo humano, boca
del alma y conducto exterior de temores;
asqueado hasta los genes de los miedos:

tiene que ver con lo mortal, perecedero,
saca como una pala huesos y bemoles
de música militar, de muertos poca cosa.

Vómito

Entre coros y vísceras, violines desenfadados y un mal sabor en la boca, así me encuentro mientras escribo esto, con el ánimo desperdigado y la consciencia hecha pedazos. Me asombra la capacidad de estupidez y de aprovechamiento al que pueden llegar a las personas, tanto que dudo que deba llamarlas así, me retificaría diciendo que son animales, aunque no es común ver como un animal sabotea a otro de su misma especie. Me encanta también la palabra, sí, aún en estos momento la palabra, siempre en estima, se interpone como el espacio que no se dicen, el que hay entre la razón y el acto; me encanta cuando mencionan a dios bocas pútridas por el encanto del goce egoísta, no sé, me confirma que el hombre tiene un pozo tan cargado de lo malo que me sorprende que del mal se sepa tan poco; felizmente soy de los que buscan ese mal, de los que molestos se regocijan con la oscuridad de los otros, de los que teniendo un inmenso asco por algunas personas no aparta la vista y sigue mirando, claro, sin poder comprender ni querer algo tan desagradable, felizmente...

sábado, 21 de junio de 2008

Soneto al alimento

Desperdigadas letras de comer blancas
que torpes se aturrullaran en el plato
cuyo borde es de oro, y todo lo barato
se reduce al degustador y a la porcelana.

No se aprende idioma útil de palabras,
apenas onomatopeyas torpes, plano
movimiento de la lengua, boca, espacio:
un sonido que une cosas en comparsa.

El hambre no ayuda al pensamiento
a digerirse entre células humanas, cortas,
porque le roba atención al descontento.

Por eso no hay nada mejor que ostras
y un poco de pasta en el común alimento
para ser felices con lo que se asombra.

La comida

Le habían dicho que vaya, y aunque fue con mala gana, no se aburrió, comió hasta cansarse y bebió toda clase de tragos dulces y coqueteó con todas las camareras que iban con una triste y obligada minifalda de trabajo. Cuando todo acabó y volvió a su casa caminando se sentía complacido y alegre, hasta que llegó a su casa y vio la luna del comedor iluminada de lleno por el foco y al llegar hasta ahí encontró a su mujer lavando los platos de sus hijos que habrían comido hace una hora y el suyo, rebosante de comida de aspecto desagradable y fría, esperándole en su respectivo lugar de la mesa.
Siéntate, querido, dijo la esposa un poco molesta. No tendrá veneno, ¿mi amor?, preguntó con cierta ironía. No tenían en la bodega, mi vida, será para otra ocasión, contestó más irónica su mujer. El aspecto del plato era lamentable, desagradable, futurible a una intoxicación. De sólo verlo salió corriendo, dejando atrás los gritos de su mujer, y al llegar a la escalera de la entrada se arrodilló y vomitó todas las delicias que había cenado antes.

viernes, 20 de junio de 2008

El diálogo bajo el agua

-¿Nadie más podía decir que estaba mal?
-Tal vez sí, aunque creo que todos esos prefirieron quedarse (tal vez verse) callados ante tal situación.
-Me parece el colmo saber de esta clase de casos.
-Si no hubieras querido no te hubiera dicho nada.
-Lo sé, de todos modos no es eso, aunque no me entere igual ocurre algo: sentido común. Lo correcto es decir que no me hubiera gustado que pase.
-¿Que te pase?
-No, que pase...Que eso le pase al pobre chico, ¿te imaginas?
-La verdad no, no creo cometer tanta tontería...
-¡Vamos!
-¡Aquel tipo estaba vestido con una especie de algas que le tapaban las partes menos importantes del cuerpo, aparte iba chorreando un líquido verdoso que daba asco verlo y percibir su olor, estaba ahí, con el anillo entre los dedos. Estuvo ahí mucho después que su novia lo insultó por idiota y saliera corriendo perseguida por sus amigas, claro.
-¿Cómo pasó eso?
-Dicen que él le había pedido matrimonio, pero que al hacerlo pisó mal, se tropezó con una hormiga, no lo sé, y el anillo y el compromiso cayeron al infierno...
-Al agua estancada...No entiendo cómo pudo encontrar un anillo en todo ese...
-Cosas del destino, mucho de lo que llamamos estupidez es eso.
-¡Terrible!

Mi padre

Yo debo decir que maté a un hombre
un par de años antes de ser bueno,
cuando él no caminaba sobre el mundo
y su madre iba sin rumbo sincero;

yo lo maté al toparme con su madre:
un golpe fijo en el interior del cuerpo
que sacó chispas en el oscuro aire
y apagó las luces de uno de los muertos...

Murió del modo más tierno que concibo:
no quiero agregar nada al respecto;
sin embargo cargo hasta ahora sus pedazos
y llevo sus muñones con mis huesos.

También maté a sus hermanos, pero ellos
fueron un escalón, y sangre y desierto
hicieron caminar al cadáver cierta vez
que abrieron tempestades sus deseos.

Ahora lo confieso todo por mi herencia:
mi pasaje, la apoteosis de un extranjero
cuyo mundo avanza arrastrado por pasos
que saben a puñaladas familiares de concreto.

La torre

Dio un vistazo a la parte más baja de la torre sacando su cabeza de la baranda de acero. Un individuo iba siete pisos más abajo corriendo sin dejar nada a un imaginable ruego. Los agentes, incluido él, se movilizaron para culminar su captura: unos subieron, otros (él) bajaron; y al encontrarlo en el medio lo obligaron sin proponérselo a saltar diez pisos, por el pequeño agujero que dejaban las grises escaleras. Al verlo saltar uno que tenía la pistola fuera de su funda, le pegó un tiro como si estuviera cazando patos, el cual dejó un pequeño rastro de sangre que manchó el borde de la interminable y laberíntica escalera. Con una mano se logró sostener en un peldaño del segundo piso, y aunque se hayan roto los músculos de su brazo y haya caído en el acto podía decirse que estaba casi salvado. No obstante, al querer abrir la puerta descubrió que estaba asegurada por fuera: un disparo al aire y una voz a continuación le dijo que si intentaba hacer algo más lo iban a meter preso en Guantámano por el resto de su vida; sin más que hacer buscó entre sus bolsillos el último regalo de su hermano. Al encontrar el pequeño frasco con cianuro recitó unos versos del Corán-los agente sospechan que eran versos de ese libro- y se metió el ovoide de vidrio en la boca y lo destrozó con sus muelas.

jueves, 19 de junio de 2008

Soneto a lo estúpido que es vivir

Abortar, si se puede, el final feliz;
una marcha hacia la escalera
cuyo interior laberíntico quema
en búsqueda de un lugar febril.

Encontrar lo que ya estaba ahí,
agotar eso en su torpe caminata,
mutilar al toro y poder en la plata
los cuernos peligrosos de maíz.

Peñascos duros y abismos blandos:
separar la piel en partículas quedas
que en faldas de tierra van quedando.

Volver a casa con frío en piernas
de tantos años sin rumbo caminando
para volver y encontrar certezas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Idea

Me muero por escribir, pero nada me lo permite, para empezar las interminables tareas y el horario desastroso que tengo, y seguro me dirán que en todos lados es lo mismo: mentira, cada vez más se toma en cuenta el desarrollo personal del alumno alejado de clases, y me revienta tener que estar como un país ni desarrollado, un proyecto de país, como lo señaló un buen profesor; me encantaría mandar todo a la mierda, pero la solución no es conveniente. En fin, chao, suerte a quién lo lea.

martes, 17 de junio de 2008

Las primeras tres

La habían estado mandando para adelante y para atrás por más de media hora, golpeando cada cierto tiempo de liberación el cabezal de la cama; cuando sintió que ambas bocas se humedecían comprendió que ese era el final. Se echó de espaldas, y no era para más, le ardían las rodillas por lo aspero de la tela, el movimiento tampoco había ayudado a que la piel no se irrite, pero aún así estaba satisfecha, no se imaginaba más, aquella primera vez había sido increíble. Sus dos acompañantes aún estaban ahí, más abajo; ante la demora ella levantó la frente y los vio besándose, y eso le dio cierto asco y cierta tristeza. Se levantó y recogió su ropa, luego entró al baño.

La insoportable levedad del ser

Mil años hace tiempo devastado,
siglo tal vez, sólo en un techo
que caído socavó en mi lecho:
aquel agujero o sangre palpitando.

Ola fría que sentida en el abrazo
purgó la paz de todo un cielo
y abandonó cerca al infierno
los resto de aquel sagrado epitafio.

Sombra que no vive, si es "pienso
y por lo tanto existe"; existo hoy
en alguna estrella del firmamento;

y no Descartes ni las venas de Lutero:
todo lo invisible hacia donde voy,
todo lo visible en donde me encuentro.

Historia de un maletín (2)

Después de pagar a los policías del metro se apuró en ingresar al tren que lo llevaba por el mismo trayecto del chico. Apenas empezó a avanzar sufrió el embargo de un hueco en el estómago por donde se iba cayendo poco a poco; pensaba en lo que iba a pasar si no llegaba a darle el maletín al extraño, pensaba como lo iban a matar, todas las maneras. No sabía donde bajarse, así que cerró los ojos y esperó que se detenga el vagón en alguna parte del riel, avanzó y bajó la mínima distancia que une al tren y al suelo. Al abrirlo se encontró en un lugar casi vacío con gente reunida en grupos menores a cuatro que alegremente caminaba. Sin embargo su vista se levantó y vio al niño agarrado de espaldas por su madre mientras subían las escaleras; sin pensarlo corrió hasta ella y él y frente a frente jaló el nombro de la madre y lo hizo mirarle a los ojos mientras, sin darse cuenta, lo sostenía. La madre reaccionó dándole un arañazo en la cara y quitándole al niño, quien lo veía con los ojos enormes que tienen algunos chicos.

-Mami, ese señor quiere su maletín.

La madre volteó y luego miró a su hijo.

-¿De qué maletín hablas?- preguntó tomando saliva la madre-.
-Del que me llevé. El señor lo había dejado en el suelo porque estaba pesado, y como me dio pena lo agarré y lo metí adentro con nosotros.
-¿Eso hiciste? ¡Dios!- acotó la madre que se moría de vergüenza-.

Se acercó al dueño del maletín y le pidió disculpas en todos los idiomas que conocía, pero al ver por todos lados no encontró el objeto en cuestión.

-¿Qué hiciste con el maletín?- cuestionó algo nerviosa la madre-.
-Lo dejé afuera apenas salimos- respondió el menor.
-Salir de dónde, ¿del tren?
-Sí, mami.

El sujeto no vio la cara de angustia de la mujer que deseaba ahorcar a su hijo en ese momento porque el sujeto otra vez corrió como si lo estuviesen buscando y llegó hasta el filo de cemento, cerca de los rieles. Miró arrodillándose y tratando de evitar las piernas que eran poco transparentes, poco percatado del grupo de chicas que estaban a punto de entrar al tren y que lo vieron demasiado próximo a lo oculto de sus faldas. Una de ellas gritó y lo golpeó mientras otra llamaba a la policía. Él, que apenas y se movió, divisó en ese momento a un vagabundo con el maletín que andaba buscando, perdiéndose entre las escaleras de más allá.

domingo, 15 de junio de 2008

Poema a los carreteros

Perdido con los ojos sin ver
andando en la luz sin fuego,
la rosa dando vueltas, creo,
como la máquina de coser.

Cada puntada en un arcén,
un vehículo en movimiento,
pájaro que imita el vuelo
en tierra, en oscuro andén.

Sol derramado por el mundo
que da vueltas hasta soltar
lo que nos ciega al mirar,

y cuando la copa o embudo
termina su alma de llorar
crees o dudas la libertad.

La política

Golpeó el colador por décima vez, tratando de liberarlo sin ensuciarse la mano siniestra de esa masa verde y pegajosa de su preparado de alfalfa, el cual había tomado con premura y con mucha obligación, pero sacar esa mezcla de cosas le daba en qué pensar. Un mitin sonaba a unas cuadras de distancia; era de día, hacía muy buen sol, y sinceramente no alcanzaba a entender por qué la gente seguía insistiendo en la reforma a través del juego político, era absurdo. Luego de lavarse las manos salió a correr lo más que pudo en dirección a otro lado que no fuera el de las voces huecas y bulliciosas. Ella tenía razón, el día estaba esplendoroso en la ciudad gris de las almas repetitivas. Mientras corría pensaba en su trabajo, sus proyectos, la fiesta que tenía algunas horas más tarde, lo fácil que le iba a resultar conseguir una pareja. Metros más allá sus pensamientos fueron cortados por una camioneta negra que cuatro tipos con ametralladoras tenían y en la que le hicieron subir a la fuerza.

sábado, 14 de junio de 2008

Aviso

Como la corrosión es indudable prefiero comenzar a escribir aunque sean un par de líneas de mi sentimentalismo barato y adulón hacia las masas delincuenciales y académicas que prefieren hacer otra cosa en vez de la clase mala que tienen clavados en sus asientos incómodos y que de todas maneras, por ser parte necesaria de la vida, extrañarán. Mejor eso ha oxidarse como los que dan la clase, los que terminan enseñando por algo más que motivación a los estudiantes y al brillante y siempre oscuro futuro del país. Preferible eso a no hacer nada. Simplemente.

Hoy tampoco escribo; verán: Llevo tres días despertándome a las 6 de la mañana y durmiendo a las 2 de la mañana para cumplir con la universidad, y lo lindo es que aún no sé porqué, ya que no me interesa el asunto, pero igual tengo que estar apoyando a gente que no se esmeran igual que como me pasa a mí, así que nada, llevo nueve entradas faltantes, corríjanme si me equivoco.

viernes, 13 de junio de 2008

Aviso 3

Hoy tampoco escribo: la universidad en estos días da asco.

jueves, 12 de junio de 2008

Las cortinas

Antes de prender la radio puso el volumen hasta lo más, le dejó en el suelo y prendió el aparato. Pasaban la canción Mareo, y mientras la bulla entraba por las ventanas él se puso a imitar al cantante según lo que se imaginaba: una revuelta de guitarras melancólicas, batería larga y seria, voz apagada y letra triste. Los padres de ella salieron y empezaron a insultarlo y a amenazarlo, pero a él poco le importaba y seguía cantando, entonces el padre lo derribó de un puñetazo y le dijo que tenía una pistola en la casa, que si lo veía otra vez haciendo pendejadas la iba a usar, no solamente en él. Más que por la amenaza la decepción de no haber podido si quiera asomarla lo calló, y le hizo marcharse lentamente, mientras, sin sospecharlo, ella lo veía con la cara llena de lágrimas desde atrás de las cortinas de su cuarto.

Necesidad de descansar del mundo

Volvemos otra vez al encuentro de las manos extendidas,
del adiós que es un saludo
y de las nuevas bienvenidas...
Estamos para acordarnos del beso,
del divorcio de los cuerpos hartos
en alguna luz bochornosa de febrero.
Retornamos como hijos cenicientos,
las doce campanadas, el insomnio eterno:
no es sueño, es la vida sin el cuerpo.
Extraño como denegar lo malo,
apartar del cuerpo la cerrada garganta,
un espiral en formación, torre sin cuerpo,
carne que quiso una Babel
y apenas consigue fosilizar los ecos.
Atrás Octavio Paz purificando la casa,
cosiendo los hilos que deslindaron las paredes:
siendo centurión de mi urgente sueño.

Aviso segundo

Hoy tampoco escribo, chao.

Canción

Del tiempo que no tenían la radio se puso, o mejor dicho, continuó dictando una canción de Babasónicos mientras daba curva el auto y, desde la ventana delantera, el policía disparaba a los sujetos que acababan de robar un banco que estaba unas cuadras más allá. Los disparos se mezclaban con la música y con los gritos absurdos de la gente que por cosas del destino estaba plantada allá, en parte de la ruta de escape y de las balas paralelas. Una bala atravesó la luna trasera y la cabeza del conductor y el carro, dificultosamente, se paró un extremo más allá; el auto del policía se detuvo cerca, sin dejar de disparar las pocas balas que tenía. El que estaba detrás en el asiento del carro, sacó de la parte baja del asiento una ametralla que descargó en un momento todas sus balas en el otro auto, hiriendo levemente al conductor. Calles más allá el sonido buscaba llegar hasta ellos, una orquesta de sirenas que presagiaban el fin; entonces, ante el intento de huir, el policía descargó todas sus balas, quedándose con la pistola en el aire y con los ladrones que, aliviados y felices, disparaban directamente a su pecho.

miércoles, 11 de junio de 2008

Aviso

Hoy no escribo, tal vez tampoco mañana y pasado y el día que sigue a pasado: la universidad en horarios y trabajos es una mierda. Fin.

martes, 10 de junio de 2008

El apagón

Apenas hizo click se apagó la luz. Ahí suelen apagarse las cosas, y no es raro que todas se apaguen al mismo tiempo, pensó, ya volverán. Pero no volvían, así que se puso de pie, a esperar, como su la luz fuera alguien que llegaba tarde y él, impaciente, no iba a tolerar y en medio de insultos, nada serios, le pondría al corriente de las cosas; pero la luz no llegó. Cuando había pasado una hora su padre insistió en que se acercara a la vela, una pequeña garra del diablo en donde su abuela se puso a rezar y a pedirle a dios que regrese la luz antes de las 9 para que pueda ver su novela. Sin embargo dios no escuchó y permaneció todo en la oscuridad. Aburrido y con otra vela prendida trajo un libro para mirarlo, ya que no creía que con la poca luz de la llama podía leer, pero se encontró con que sí podía. "Así leían antes los poetas y los griegos, hijo", mencionó su papá, aunque olvidándose de aclarar que en ese tiempo no habían velas. Leyó hasta que le ardieron los ojos, luego los cerró, pensó en una amiga suya, muy bonita, la imaginó desnuda sobre él, él también desnudo y ambos abrazados, posteriormente volvió a mirar. Cenaron, conversaron un poco mientras seguía leyendo el libro, se cansó, miró el reloj: cinco horas sin energía, diantres, pensó. Siguió esperando hasta que su padre lo mandó a dormir, con algo de luz que rebotaba por las paredes blancas y por el vidrio de las ventanas llegó a su habitación. Se quitó la ropa y se metió en su cama, y esperó, hasta quedarse dormido y despertarse con el sol de la mañana. Su padre, que no había dormido por temor a que entrasen los ladrones y los fantasmas, le comunicó que hasta minutos antes la luz no volvió.

Soneto a los que insisten

Cae el ostentoso bien de la parra
y el vino de todos así se alimenta;
no es el hielo que el cristal empaña
sino plan, deber de contingencia.

Abstemios guarda lo que ofrenta
la ley que de beber la gente mata,
de morir la gente que se apesta
al beber el vino negro de las jarras.

Es por razón, no voluntad; persigue
el cuerdo al loco con jaca quinceañera,
burdel de moral, pan con sanguijuelas;

aquí todos tomamos en el desfile:
el que nos sigue es una pedigüeña
cansada por hacer lo que nos queja.

El sueño en la montaña

Miró por las ventana, miró por el ayer; las paredes blancas que no estaban y el sonido de los pájaros que con el viento se veían arder. La mano extendida en el viento, tocándo eso que se le iba por las manos, recuerdos, tal vez. Aquella vez que abrió sus manos al cielo y alguien, tal vez su padre, la levantó por encima de su cuello y la llevó a volar de la forma más rudimentaria. Todo eso lo anhelaba, por eso se dejó caer... Al día siguiente estaba aún reposando entre la zarza.

lunes, 9 de junio de 2008

Conductor furioso

Tuvo dificultad de abrir la puerta de metal con lunas adornadas con plantas transparentes: la llave temblaba en sus manos y, por una obvia razón, no recordaba cual era la llave. Apenas entró tiró el llavero contra la pared y se hundió en el sofá, con la cabeza metida entre las piernas y murmurando, no palabras. Después de un rato se levantó directo hacia su alcoba, sacó alguna ropa, la mitad del dinero que había debajo de la cama, fue hasta el cuarto de su hija, se sentó y vio su ropa interior pegada a la cama y a la pared que estaba pegada a la cama, era rosa y tenía una mancha, una mujer era, pensaba mientras tenía la ropa en la mano y la dejaba, fue hasta el cuarto de su hijo, todo estaba en orden. Sacó unos papeles y empezó a escribir cartas, a tratar de no cometer errores y a acordarse de cómo se escribía, ya que no lo hacía desde primaria; apenas acabó las dejó sobre la mesa y salió: no dejó la puerta con llave.

Afuera la calle estaba sin un alma, todo era oscuro por el clima; pero a pesar de eso él pudo mirar la mancha de sangre que bajaba hasta la rueda de su camioneta.

El físico

Soy un signo negativo que pulula en un torrente de protones...
El ruido alocado de los pájaros
la corriente transversal de la luz,
los fenómenos hechos por el hombre;
y yo entre la nube de electrones...

Las ramas ahí nomás, creciendo,
solamente porque es así:
la electricidad del aire vicioso,
la tierra que resume a los muertos,
el cometa verde que recorre la planta;
y yo siendo apenas un extranjero.

La mujer sinuosa, meliflua en espera
del beso que la hará otra cosa:
la mano que robará la d de su vientre,
el fluído que la acercará más al orgasmo,
la cabellera que caerá por Newton;
y yo afuera del mundo, observando.

Soy un signo negativo que se arrastra,
avanza en medio de una sociedad vieja,
la cara de dios comida por las moscas,
el niño que trabaja para sus inútiles padres;
y yo siendo para siempre algo menos a un átomo destructivo.

Historia de un maletín (1)

Todos al verlo lo sabían, de oídas, claro, nunca se hubieran imaginado que ante la insistencia de las deudas don Julián se atrevería a meterse con los narcos, pero ahí estaba, puntual, a la hora que parten todos los carros y la cosa se mueve incluso fea en México. Había guardado el asunto en un maletín negro y nada más; tenía que caminar como yendo a su trabajo con el maletín: pasaría la calle Fernandez Cuadrón, franquear la entrada del bulevar La estrella, irse junto a la autopista hasta chocar con la avenida Villareal, ir a la izquierda hasta ese bar donde pediría algo de beber, tal vez soda, mientras esperaba al fulano que le correspondía para dejarle la cosa blanca e irse adinerado. Todo era simple, nada más de provecho y fácil de someter al escrutinio de la consciencia; total, no hacía daño a nadie, y si no era él alguien más era.Al alejarse de las miradas curiosas de los vecinos caminó con menos peso (esto era real) rumbo a la calle Fernandez Cuadrón flanqueando la calle Bareida; ahí para cruzar estaba el semáforo en rojo y un grupo de gente que esperaba impaciente y haciendo cortas quejas de lo mal que era esperar; se puso detrás de ellos y sin más se quedó a mirar. El sol estaba fuerte aquel día y el maletín de cuero negro empezaba a resbalar de su mano, lo dejó en el suelo y se rejugó el sudor en la tela pana de su pantalón, cuando dobló débilmente sus rodillas o cerró el puño para coger el maletín sujetó apenas el aire: ¡el maletín no estaba y la gente había empezado a venir de cualquier parte, con prisa, justo al momento que a luz roja dejó de funcionar! Miró como demente a ambos lados, sin éxito de encontrar lo que buscaba. Me han robado como a un baboso, pensó; estoy enteramente muerto. Y como una invocación divina(consecuente a su invocación) vio al maletín y a una mano blanca doblar la esquina. Corrió docientos metros hasta llegar, esquivando taxis y camiones que no daban el paso, a la esquina de Suecia y ver que iban ambas cosas, la mano fantasma y el maletín, rumbo al subterráneo. Ahí había más gente que afuera, y la iluminación, aunque menos contaminada, era peor; sus ojos apenas veían los trenes llegar y dejar que se desparramen por sus lados los asientos, al fin libres de señoras y de extraños. No se movió hasta poder ver el maletín de nuevo. Finalmente vio uno similar y corrió tras él, le dio un golpe al que lo tenía y corriendo, para escapar de la policía,lo abrió y encontró unos documentos. Mierda, pensó, saltó sin que lo notase nadie las vías y en el otro lado observó un niño de seis años con una mano bien sujeta a la falda de su madre y la otra en la agarradero de su maletín. ¡Oye, mocoso!, gritó sin poder ser escuchado, alertando a los policías que lo buscaban y que al oír el grito estaba volteando. El mocoso lo miró y le sonrió mientras su mamá lo iba jalando adentro, donde el chico se pegó a la luna de la puerta con el maletín traspasándole el brazo.

domingo, 8 de junio de 2008

Punto de quiebre

Y de pronto todo acabó: su trabajo, sus hijos, su esposa, su amante, la esposa de su amante, su vecino, los tres dólares que le debía, el policía que le estaba disparando antes de que él lo atropellara, los tres chicos que volvían de una clase de tenis, la madre que saltó antes de sacar a su hijo del camino, el carro rojo que impactó, la cerca que destruyó. Cuando ya no pudo avanzar más se bajó del vehículo con la navaja que había comprado en una feria y se abalanzó contra los observadores que ni siquiera corrieron a protegerle, los lastimó hasta matarlos. Cuando oyó la sirena de la policía partió sin saber a donde ir, pues ya no tenía nada.

Desierto blanco

Llanto se oye bajo el hielo,
lágrimas que son cuadrados
de celeste limpio y seco:
el color no tiene cuidados.

Sangre es pintura de credo:
la muerte se reza matando,
búhos, buitres, focas, medos,
es una religión de más años.

Falsos los que viven cuerdos,
a veces días, a veces varios
seres que se retuercen lejos
de inicio extenso, desmesurado.

Así vivo en el desierto blanco,
lejos del infierno, los extraños,
dando sal a lo que sin cuerpo
hace más bien injusto que daño.

El matrimonio de noche

Yo estoy casada hace cinco años, lo estoy y soy feliz, lo cual es raro, según mi mejor amiga: resulta que desde el primer año nos dimos cuenta, yo y mi esposo, que no eramos compatibles; a él le encanta el desorden, o no es que le encante, simplemente se siente a gusto en él, pero yo soy todo lo contrario, y esto lo digo y confieso con un poco de vergüenza: uso una regla para guiarme en el orden de las cosas. Bueno, el primer mes pasó así, entre frases tolerantes y algunas bromas sobre nuestros ánimos, pero luego ya no le causaba gracia a él, por lo que dejé de decirlas. Bien dicen que el primer año es el más trágico, durante él no lo vi dormir junto a mí muchas veces, ni tampoco cenar, no hacíamos nada juntos, eso me ponía algo triste. Pero en nuestro primer aniversario volvió feliz, casi cambiado, salvo por los recuerdos y su voz, que eran lo mismo que antes, me contó muchas cosas, sus solitarias aventuras que me sonaban inverosímiles por no haber una figura femenina en todas ellas, aunque nunca pensé que mentía, no tenía porqué hacerlo, y siempre he confiado en él; no me creo eso de que confiar en los demás es un defecto. Estuvo muy contento y eso estuvo bien, claro que peleábamos de vez en cuando, es lo normal, y así pasamos los años, hasta ahora. Días atrás me aburrí yo, no sé, de estar en la casa, de hacer todo, de mi tiempo, de él, no, de él no. Decidí salir y ver que me traía la calle de Canadá, el bulevar Los burritos, esos lugares desordenados y campestres que le dan un aire de dimensión desconocida a la ciudad. Entré por una puerta a la calle Canadá, sus vitrinas y las personas petulantes que caminaban por ahí me sentaron muy bien, sin embargo al terminar de recorrerla no había nada más que llame mi atención, así que fui hasta Los burritos. Había mucha gente caminando por todos lados, algunas bailaban al ritmo de los guitarristas mexicanos y de sus canciones pendencieras: me quedé quieta, prendida de uno que era joven, alto, apuesto, me pareció demasiado como para tenerlo cantando y bailando como la cabeza de una tortuga. Él se dio cuenta, me sonrió bellamente y abriendo mucho la boca frente al micrófono me dedicó una canción de ésas que hizo aplaudir a la gente y que me puso roja. Salí con prisa de ahí, y en eso sentí una mano que me estiraba bruscamente; pensé que era un ladrón, pero era el mismo chico que me había seguido desde el escenario: recién ahí sentí las pifias de las que él era parte y me produjo una extraña sensación verlo feliz, sujetando mi mano y sonriendo con ese traje tan falso de mexicano. Nos fuimos de ahí a beber algo, yo lo invité, al parecer su manager lo iba a mandar al diablo y no le iba a dar paga. Qué se joda su dinero, que en verdad es mío, pero que él, como cerdo que es, se lo queda y me da sólo unos pocos centavos, dijo, y de todos, lo único que quiero es divertirme, y con usted, preciosa, lo hago muy bien. Yo le sonreí y sin pensarlo le dije que era casada levantando la mano con el anillo, él lo miró y con su sonrisa me dijo que no le importaba un carajo; y la verdad es que a mí tampoco me importaba, ya no. Nos fuimos directamente a la cama, vaya sensación, fue como si mi cuerpo extraviado se hubiese cruzado conmigo entre esas sábanas, después de haber estado perdido todos estos años; me hizo por una hora el amor el primer momento, dándome vueltas de rodillas como si mi sexo fuera una tuerca que él deseaba ajustar, recuerdo que le vine con eso dos veces, luego me tumbó, él se paró y me abrió las piernas a un costado de la cama: me vine otra vez una par de veces más. Su semen empezaba a caer en el inicio de mis piernas mientras él me lamía y con su otra mano acariciaba verticalmente mi culo. Me excité tanto que un chorro blanquecino salió expulsado de mi uretra, y finalmente me pude encontrar. Estuvimos toda la noche igual, repitiendo cosas que nos habían gustado y experimentando algo más. Era ya temprano cuando nos separamos, yo le di mi número y le rogué que me llamara para vernos una vez más, lo hice porque conozco o creo conocer a la clase de tipo a la que pertenece, él me dijo que ya, que no me preocupara, yo no le respondí y volví a casa. Mi marido estaba en la mía, preocupado, yo le inventé una historia fantástica sobre pedirle un aventón a un camionero que al no estar de acuerdo conmigo en política me dejó a mitad de la carretera, donde felizmente había un lugar para descansar; no le di más detalles, preferí no hacerlo a pesar que él insistió. Incluso le amenacé con el recuerdo de sus días en el autoexilio, no me acuerdo. Todo eso fue una excelente excusa para salir cuando tenía tiempo y ver los lugares de la enorme ciudad: los bares de gente que no estaba muerta, las putas y sus chulos en la entrada de algún lugar, la droga que vendían los policías, de todo. Una de esas noches fui a tomar un coctel en un restaurante con pista de baile y mientas veía poner con la oncera algunas cosas al cantinero desde el otro extremo de la pista vi a mi marido entrar con una chica raquítica pegada a su brazo, ella tenía un vestido que no llegaba a taparle las piernas y que le dejaba un escote amplio y una gran desnudez en la espalda. Estaban muy acaramelados, y yo me reí, me causó gracia ver a mi marido en un lugar como ese, no porque el lugar fuera malo, simplemente que él no era de gastar su dinero en mujeres sólo para llevarlas a la cama, de eso yo tenía teorías y sospechas, que al verlo desbaraté y entendí sin rodeos. La chica notó que los miraba y me saludó, pensando tal vez que era amiga suya, probablemente que no recordaba. Mi marido volteó y se quedó helado al verme, yo le sonreí y le devolví a ella y a él el saludo; el cual no me respondió y su acompañante dio notoria importancia al notoriamente regañarle. Con la mirada le dije que no se molestara, que todo era normal, que no tenía que perturbarse; en ese momento me hubiera gustado decirle que yo también tenía un niño, que disfrutaba de estar lejos de él(también cerca, eso debo de recalcarlo), lo que sí me irritó un poco fue que no me saludara,¿tenía el deber de hacerlo, no? Por algo soy su esposa. Yo me fui sin tomar mi trago, pensé que si no salía de ahí el asunto se iba a poner melodramático. No me despedí, ya que no me saludaron (se entiende, creo, mi impresión), fui rumbo al bulevar mexicano, a ver si encontraba algo alegre y distinto.

sábado, 7 de junio de 2008

Viaje al centro del deseo

Sus padres no se habían dado cuenta, pero antes de salir había aspirado un poco de eso que te pone tan contento y que ya empezaba a necesitar, pues el viaje había sido de una hora y media y se sentía algo nervioso, especialmente por la promesa que les hizo a ambos. Llegamos, dijo el padre, haciendo una mueca que era una sonrisa sin gracia; mi madre no habló, tenía los ojos rojos e hinchados, preferimos no perturbarla. Bajamos del auto y de inmediato ambos me pusieron sus palmas sobre mis hombros, cada uno de ellos, como empujándome y teniendo prisa de que acabe ese trance que, si no era muy melodramático, ya empezaba a molestarnos. Apenas pisé el piso verde tuve la necesidad de consumir algo, aunque sea un poco de eso que no pienso nombrar, porque si lo nombro me sentiré triste y perdido por ella, sobre todo anhelante de acercarla a mi cara, igual que un talismán, para que aleje todos mis males. Cerca de la entrada estaba un enfermero de quien sospeché bastardo de un gorila lampiño acompañado por un médico que parecía ser hijo legítimo de desnutridos sudamericanos. El segundo habló y dijo que yo ya tenía que irme a mi cuarto, que entre ellos iban a conversar. Fue en ese instante en que mi madre me abrazó apenas un momento, pero que en el tiempo que transcurre en mi cabeza fueron días de darme su calor y sus latidos, ahí encontré algo igual, capaz de tener suficiente poner para llenar mi vida que las drogas. Y estoy aquí, luego de que no me quise separar y que el médico desnutrido ordenara a su lacayo arrancarme de los brazos de mi madre y meterme a una especie de celda que según ellos no lo era, ya que los barrotes y las paredes acolchadas eran para mi seguridad; en fin, espero poder resistir no ver a mis padres y no volver a ver lo que mi distribuidor llamaba mota.

Las relaciones

Brillantes son los que acompaña,
luz propia y toda es ella, serena,
tan fría como un hielo de nevera
en alguna casa común de Alaska.

Sola, a su pesar de estar rodeada,
no llenan el espacio los que crean
que por existir son los que densan
un lado de la fulgurante balanza.

Ni aburrida ni con ganas de partir:
todo eso es tan del siglo moderno;
un poco de atención para presumir.

Nadie dice, ni ella, lo que hay dentro,
arrastra las cadenas de un faquir,
¿alguien sabe, sospecha lo que refiero?

La laguna

Caminamos sin parar ni un momento por tres días, por eso llegamos agotados y dispuesto a bebernos toda el agua transparente de la laguna que estaba a un lado de la montaña, pero al acercarnos nos encontramos con una historia, la nuestra, tal vez del pasado o del presente, en mi caso, ya que se mostraba una pelea, común, con gritos y algunos golpes: la contrincante era mi esposa. Uno de los que me acompañaban palideció sin poder levantar la cabeza del ras de agua, estaba llorando y sudando, un sudor frío, como de muerto; murmuraba algo sobre un entierra, un asesinato, un preso, en realidad ya no lo sé. Él que no se había acercado lo alejó de la imagen, luego se puso a llorar como un condenado mientras el otro se acercaba a gachas con los ojos cerrados y con una cantimplora para llenarla, cuando la sopesó y la sintió llena retrocedió hasta golpear su zapato con nosotros, nos dio de beber y luego, entre los dos, ayudamos a que el más afectado siguiera nuestro rumbo, lejos de ese lugar bendito o maldito.

viernes, 6 de junio de 2008

La moneda de oro

Había esperado una hora por ese maldito café, y si no se largaba de ese antro era porque no quería dejar hambriento a su orgullo. Cuando llegó insultó al mesero y se largó, teniendo aún la taza en su mano. Apenas traspasó el umbral un tipo que iba corriendo lo embistió, haciéndolo caer, pero él, con un genial movimiento, evitó que se le vaya al diablo el contenido de la taza; no obstante vio que algo que caía del que lo empujó se introducía dentro de ella, por lo que maldijo y rugió al tipo que doblaba la esquina para irse, aunque ni bien metió los dedos para sacar lo que había entrado se alegró casi por instinto, luego los dedos sacaron la moneda de oro.

Las cosas de verdad y las falsas

Tarde, ¿pero qué no es tarde ahora?
Las madres de pie, tiempo de sol,
los padres boca abajo, tiempo de loor,
¿Alguien sabe quién eres tú, alondra?

Fugitivo aquel de tiempo que demora
vertiendo vida ecuestre sobre la canción,
observando el ciclo de vuelo del halcón,
leyendo historietas azules que deshonran.

Todo es inversión, todo es una laguna,
aquel de plata que hunde en el puñal
el sentimiento caliente, ¡entrañas algunas!

Sensación ajena es vulgo de carnaval,
cebra que tiene rayadas las pinturas
con agua traía y criada en algún coral.

El mensajero

Ella ya no me quería, eso lo había desde mucho antes, no estoy seguro desde cuándo; tal vez cuando me apoyé en la pared adornada con piedras negras y ovoides de su casa, aunque de igual modo pudo ser cuando se cumplieron tres meses desde la última vez que se le ocurrió llamarme. Ahí estaba por un recado, nada más, y a pesar de tener todo el remolino en la cabeza no estaba tan deseoso de gritarle a la cara que era una...Una mujer de hielo; suena estúpido, hasta cursi, seguro lo hubiese dicho sin vergüenza algún poeta, pero yo no lo era poeta ni tenía vergüenza, salvo, tal vez, esta excepción. Toqué la puerta y antes que me abriera gritó algo que al comienzo no entendí, pero que luego, casi instintiva e inconscientemente respondí. Tardó un poco en abrirme, a pesar de estar sólo unos metros de la puerta; yo lo sabía, y ella debía saber que lo sabía, pero igual, esperó, no sé muy bien qué cosa, pero no hizo nada, y apenas me oyó respirar hondo corrió hasta la cerradura y la quitó. Aquellas paredes eran blancas, yo recién me daba cuenta, pues, había ido un par de veces, pero de noche, y la vista de noche está viciada por todo lo que la noche engendra en ella, yo no sé, ese tono naranja que si lo vez excesivamente te quema de algún modo el cerebro. Las paredes eran blancas, al parecer recién pintadas. Fui directo hasta la entrada del vestíbulo, pero ella me agarró de un brazo y me regresó lo poco que había avanzando, diciéndome algo como yo no te he dicho que puedes pasar, a lo cual preferí no decir absolutamente nada. ¿Qué quieres, Román?, preguntó con el ánimo un poco envalentonado; vine de parte de Ribeyro, me dijo que te diera esto; le dije mientras extendía sin temblar un gran sobre. Ella lo tomó y lo miró, le dio vueltas y hasta lo puso a contraluz, al parecer sin tener idea de lo que se trataba. ¿En serio te lo dio Ribeyro?; pues claro, ¿por qué te iba a engañar?; pregunté, al mismo tiempo que notaba una mueca de sarcasmo o de incredulidad producida, tal vez, por mi pregunta.Oye, está bien, no te tienes que molestar, yo lo entiendo, sé que te sentiste frustrada, yo también, la pasamos mal y la pasamos bien, creo que todo está parejo, aunque tontamente insistamos en quedarnos en el lado malo, le dije, tratando de que se sincere;¿De qué diablos hablas? Yo no estoy frustrada, al contrario, me va demasiado bien, ni te imaginas lo feliz que estoy, nada que ver con lo que teníamos antes, me dijo casi gritando. Yo la miré y pensé que estaba mintiendo, que explotaba su estúpido orgullo al máximo, pero ella me dijo que no, que en verdad le alegraba estar lejos de mi vida, y por eso le pegué, le di un golpe con el puño cerrado, un golpe con órbita horizontal, apenas y se le formó en ese momento una especie de pintura usada por los indios navajos: ella, en ese instante, era una india. Su respuesta fue rápida: me cacheteó dos veces, con ambas manos, antes de reaccionar y someterla; luego me insultó diciéndome puto, maricón-lo cual es mentira-,obsesionado de porquería, cosas así, sin mucho sentido; al rato vi que estaba llorando, mostrando los dientes como un perro (una perra) defendiendo a su prole, a punto de morder.Dijo que me marche: yo obviamente me negué, quería acabar con la estupidez de una vez por todas, amenazó con denunciarme, yo le dije que me importaba una mierda. Estaba quieta, asustada, ella no lo notaba, tal vez no lo sentía, pero sus piernas temblaban, los bordes, esos bordes suaves y felices con una lengua peregrinando sobre ellos...Seguramente no sabía que hacer, tal vez sospechaba que quería matarla, no recuerdo bien todo lo que en ese momento reflexioné, aunque debo aceptar que la idea de hacerle daño estaba detrás de todo mi mecanismo consciente. Al final le dije que apestaba, ella y su modo de ser, su estúpido orgullo y su falso carisma, su vacío infinito que se tragaba las buenas personas; lo de buenas por mí.

jueves, 5 de junio de 2008

El atropello

Claro que todo pasó rápido: el viejo miró como buen cristiano de un lado a otro, vio como iban acercándose los carros y esperó un rato, a unos pasos de mí, vio que estaban demorando y creyó poder pasar antes que ellos, así fue caminando hasta que por alguna razón el carro aceleró y lo sacó volando, dando una pirueta de circo, yo lo vi y así se puede describir. Desde mi lugar noté que el viejo no se movía, le grité, no muy fuerte, para no molestar, pero nada, unos cuantos que habían visto el hecho lo miraban, creo que también lo llamaron, pero no reaccionó. Los demás carros pasaban, no se detenían, parecían empresarios, o por lo menos esa gente que siempre está ocupada. Yo vi que la gente empezó a venir: una madre con sus niños, un tipo que daba vueltas en su bicicleta; al final me aburrí y di la vuelta. Unos metros más lejos vi que lo mismo hacían todos.

En blanco

Hace frío en este día de hielo,
las rosas y los cuerpos vivos
parten hasta ciertos o falsos líos
con premura, estando quietos.

Camina más allá de los cimientos
apoyando la cabeza en el tiro
que se descabella de un solo tiro
y nos llena de su verdes pelos.

No sé que hace el hombre ahora,
lo miro y parece entre planetas
creando un agujero con los ojos;

pero la verdad que se nos otorga
dice que tonto mira la madera
sin entender la falta de colores otros.

Breve abrazo a la madre joven

Pasado un rato de la hora acordada salió un viejo con dos hojas en cada mano, ambas tenían letras minúsculas, por lo que apenas las colgaron la gente las tocó con la nariz para ver si habían aprobado. Ella estaba más allá, mirando a su hijo que se entretenía de lo más simple: un himenóptero que daba vueltas alrededor de él, como si éste fuera una flor o un botón de flor. Esperó un rato observando como los que no lo lograron se iban a un lado con la cabeza mirando las huellas ajenas y las manos de algún familiar o algún amigo le golpeaban animosamente la espalda y también como los que lo conseguían eran levantados y abrazados por todos, entre promesas de almuerzos o fiestas excesivas. Cuando quedaron unos pocos se acercó y buscó entre los nombres. Parecía no estar el suyo, por lo que se impacientó un poco, pero al encontrarlo y al encontrar junto a él una nota aprobatoria sonrió, lo malo que debía pasar, pensó, mientras miraba a su hijo y se preguntaba cómo haría de ahí en adelante para educarlo y estudiar.

miércoles, 4 de junio de 2008

Tu riñón

-Oye: ¿Crees que me puedas prestar tu riñón? Está fallando el mío, por favor, lo necesito para una clase sobre algas- preguntó su amiga, que tenía el cuchillo en la mano-.
-No sé, ¿para empezar somos compatibles?
-Sí, bueno, no sé, pienso que sí, ¿te acuerdas que yo le presté algunas arterias a Claudia?¿ Tú también le prestaste, ¿no?Eso significa que lo somos.
-Sí, lo hice, de acuerdo, pero cuidalo, no tomes nada mientras lo tengas y no le prestes a nadie más, no quiero que me pase lo de mi vesícula.
-Te lo prometo, amiguito. Toma.

Le alcanzó el cuchillo y de inmediato lo usó: Se levantó la camisa, ubicó su riñón, hizo una incisión, se lo sacó y le entregó; luego tomó la respectiva píldora.

-Muchas, gracias, chao, nos vemos- dijo, guiñando el ojo coquetamente.

Ermitaño

Como un mar sin ríos;
el pájaro encendido se irá a posar en la montaña...
Volverá convertido en ermitaño
a predicar la ígnea palabra.
Pero otros le arrojarán guijarros
y lo llamarán inmoral, pero mirándole a la cara,
él apenas sonreirá y amará a todos nosotros.
Así irá en la peregrinación de veinte estacas,
compartiendo vino y renegando el estoicismo,
pero jamás actuará sin rectitud, sin agallas,
volverá a su hogar, la montaña, rodeado de cirios.
Al ver su cama ocupada por las hojas ovaladas
soplará hasta hacer tumbar la casa del sonido
o construirá una con el polvo de la piel y del alma,
vivirá ahí hasta que dios le regrese a su forma:
será de nuevo la piedra, la madera y la verde espada.

Las paredes del sueño

Aquel demente había partido a la mitad con la sierra eléctrica a la última persona del edificio e iba detrás de ella blandiendo con una sola mano el pesado instrumento. Ella corría a través de los cubículos y los monitores apagados, pero él era rápido o predecía con facilidad donde ella iba a estar, por lo que había trabajado muchos años en el edificio. Al llegar a un pasadizo su tacón fino se rompió, el asesino, igual, seguía blandiendo la hoja ruidosa mientras ésta chocaba con las paredes que al ser cortadas escupían grandes chorros de sangre caliente que iban mojando todo el suelo. Trató de avanzar, pero se había quedado adolorido su pie por la caída y el tipo de un movimiento la rebanó.

En ese momento despertó.

martes, 3 de junio de 2008

El accidente y la promesa rota

Sudaba y gemía entrecortadamente; la mujer, en medio de la excitación, lo notaba y presentía lo inminente.

-No te vayas a venir dentro de mí- le dijo con decisión-, yo no soy una puta, yo tengo futuro.
-No lo haré- alcanzó a decir el chico, que balbuceaba y estiraba las palabras-.

Al cabo de un momento él aceleró el ritmo y empezó a empujar con fuerza, ya apenas y su boca generaba sonidos. El último toque y dio un extraño aullido de excitación, luego de sentir todo ese sabor exquisito en el cuerpo se fue relajando y yéndose hacia adelante, en los lumbares...No fue un segundo después que logró percatarse que tenía su sexo aún dentro de ella, flácido y todo, lo que pensó era malo.

-¿Qué pasa, imbécil, por qué sigues ahí?¿Ya acabaste?¿Te has soltado adentro?

Su cara estaba muy roja, más de lo que se acostumbra en esos casos. La chica se desconectó y se sentó a un lado, hizo un poco de fuerza en esa zona y vio como algo de semen le iba bajando de sus labios.

-¡Imbécil! ¡Puto, hijo de perra, imbécil!- gritó furiosa la chica mientras se iba corriendo al baño.

Nacimiento de mujer

De padre de la sombra
y de madre como luna
acabas como alondra
salpicada por la espuma.

De piedra bajo escoba
y de nube de premura
sientes como una ogra
y amas como una cicuta.

De dedo sobre areola
o de mano que no excluya
bebes el vino de rosas
que en tu pozo se acumula.

De padre y madre sola
cuya unión tierra fecunda
en su paso por las orlas
que en ti dios las escruja.

La ayuda del mundo

En ese momento los soldados de cascos azules llegaron en un portatropas, se pararon en la entrada de esa gran casa donde vivían más de cien personas- la mayoría mujeres, niñas, pocos niños; los hombres probablemente muertos en la guerra- y bajaron saltando y sosteniendo la ametralladora. La mayoría de los que vivían ahí los conocían: habían llegado hace como un año, y al primer sitio que fueron fue ahí. Algunas mujeres mandaron a sus hijas alejarse, otras se fueron con ellas, a los niños simplemente los dejaron. Uno de ellos mandó a los demás bajar la comida que llevaban, al verla muchas de las presentes se acercaron con la intensión de suplicarles una ración para no morirse de hambre. El que daba las órdenes lo previó y ordenó que todas las interesadas pasen al frente y hagan una fila lateral. Muchas lo hicieron y agacharon la cabeza mientras él, que escogía primero, caminaba frente a ellas acercándose sólo para mirarles mejor las tetas y el culo. Finalmente eligió a una chica de 17 años que estaba ahí para poder conseguir algo para su hermano, era tierna y moza, los demás militares festejaron; luego de escoger cada uno a la suya se fueron repartiendo el terreno para cerrar el trato: el más importante de todos la llevó adentro de la casa y mandó a que todos salieran de ella, ya para ese entonces la chica lloraba. Cuando estuvo todo listo zas, de un tirón la dejó sin falda para luego bajarse el pantalón y obligarla a que le haga un fellatio; con la pelvis el soldado la asfixiaba mientras sus lágrimas le iban mojando el pantalón, algo que causó complacencia en él. Después le dio vuelta y la tumbó contra el piso, donde habían unas sábanas, le introdujo la verga por el ano y se derramó, luego de que esta, por la brusquedad y el dolor, estuviera en pleno llanto. Se levantó y revisó no tener manchas de algo en la ropa. Afuera uno a uno iban llegando los soldados, en ese momento el que llamó la atención fue un yugoslavo que volvió empujando a tres pequeñas semidesnudas. Todos juntos y satisfechos dejaron la comida a un lado, en manos de las afortunadas que comerían en ese momento. Los demás sabían que el hambre era brutal, y desearon que ellos vuelvan luego.

Antes de entrar toca la maldita puerta

Le era bastante molesto subir esas malditas escaleras, y peor si las que esperaban eran sus amigas que hace años no veía y que le gritaban para que recoja lo que se había olvidado para que puedan ir de una buena vez al concierto que tanto habían esperado. Tocó insistentemente para que le abra su hija, pero no se apuraba. El claxon sonó más prolongadamente y se tuvo que apurar en sacar la llave de su rebosante bolso. Al entrar vio el maletín vacío de alguien, pensó que quizá habían entrado a robar y habían reducido a su hija en el acto. Fue hasta la cocina y sin tener cuidado sacó el cuchillo más largo y grande que tenía, fue por el apartamento con el cuchillo levantado y al llegar al cuarto de su hija abrió sin preguntar, y que encontró con ella vestida, sólo en partes, de cuero negro brillante, con un antifaz del mismo material y un látigo corto con el que golpeaba a un chico velludo que tenía las manos atadas y los ojos vendados. Al abrir la puerta la música se escapó por todo el lugar. Al ver la hija a su madre le sonrió y dio vuelta su cabeza haciendo un círculo con su mentón mientras sentía el último orgasmo, el más exquisito del primer round.

Su madre no fue al concierto.

Sexo a la luz de las estrellas

Un montón de estrellas
bajo las ramas del árbol oscuro
que sostiene una pupila eterna
entre el frío taciturno.

Estando juntos en un muro
enredados como las exquisitas telas
que cubrieron el desnudo
de los que hace tiempo no las velan.

Dos pares de ojos observan
más allá de los ríos tenues y oscuros
el temblor del propósito tan de fiesta
que unió a los dos mudos.

Una palabra para el absurdo
y todo como el tálamo oscuro quiebra
porque metidos en el embudo
también se pueden abrir las piernas.

Viaje al centro de la mierda

Desde donde estaba el niño podía ver la cara temible del conductor que lo esperaba impaciente, él y su madre, que se había peleado con su padre y que por un lapsus en su corto cerebro demoró un momento en darle un manotazo en la cabeza de su hijo y decirle que subiera, idiota, agregó al final. Como es lógico en los niños buenos empezó a llorar, y otro niño que estaba en el primer asiento lo miró con lástima y preocupación, y giró la cabeza para preguntarle a su madre: Mamá, ¿por qué llora? Su mamá le sonrió a la otra madre que acababa de golpear a su hijo y le contestó: No lo sé, ¿por qué no le preguntas?;¿por qué lloras?, preguntó con su voz particularmente chillona. Porque es una perfecta mamona, respondió un chico que estaba en uno de los asientos delanteros y tenía el rostro metido en un libro largo y normal. ¿Disculpa?, preguntó la madre que antes había sonreído, ¿se prefiere a mí?, preguntó a agresora; no veo a otras con sus características aquí, respondió sarcástico el joven mientras miraba velozmente a ambos lados. ¿Quién mierda te crees para hablarme de esa forma?, preguntó la agraviada con cierta impaciencia. El muchacho la miró con infinito desprecio y le hizo una seña obscena. Las madres se escandalizaron y tomaron a sus hijos de los cuellos, le reclamaron al conductor sobre la conducta del joven y se bajaron, casi estando el carro en movimiento. El chofer, que lo había presenciado todo por el retrovisor, miró al chico y le dijo que le admiraba.

domingo, 1 de junio de 2008

El sueño

Esa noche soñó con un mundo plano, de baldosas blancas y negras, como el ajedrez; no había ninguna ficha, pero sí un cielo nubloso y escarlata que sonaba sin mostrar relámpagos; Sin estar segura empezó a correr, la respiración y el aliento de un perro había venido como una ráfaga desde atrás, casi ahogándola; sus zancadas eran buenas y largas, por lo que se iba alejando más del suceso, pero al llegar un poco más allá sus pies se quedaron quietos e inmóvibles, como pegados con un fuerte pegamento. Sin poder huir trató de quitarse los zapatos, pero estos resultaron ser de metal y estar soldados: dio vuelta su cuello para mirar atrás y sólo vio el interior de una boca oscura; lo demás lo perdió cuando saltó de su cama por el sueño.

Peregrinación

Sujeto al cinturón de calcio
pobres hombres descenderán del cerro,
serán hijos muy olvidados
para no tener en otras tierras derechos.
Sus padre los llamarán
para desprestigiarlos y aferrarlos al seno
de los que brindarán
cuando vuelvan a ser padres nobles de nuevo.
Acompañados del frío
buscarán el sol milenario entre los dedos,
y al no tenerlo tibio
bajarán a la costa en busca de su triste respeto.
Al fín como gusanos
encontrarán la manzana del pecado verdadero
muy adentro de años
perdidos en los jardines colgantes del cielo.

Pequeñas crónicas para un extranjero (6)

Después de ese suceso mi hermano y yo tuvimos un apego particular al indio. Nos preocupamos por cuidarlo y por hacerle la vida más alegre, aunque eso, según notábamos, era simplemente vivir con nosotros. Mi hermano se enteró de las particularidades del viejo cuando lo vio y notó que era diferente a la primera vez que lo vio: en ese momento tenía el cabello con canas que se extendían por toda su cabeza y le daban a su peinado un aspecto de animal chusco y muerto; las manos eran más suaves y tenían menos errores que las otras, aparte estaban más quietas. Él y yo acordamos no decir nada, no romper lo que nosotros consideramos una especie de atmósfera ilusoria. Apenas volví al colegio retomamos un interés más particular en la correspondencia. Sus cartas reflejaban los cambios que se iban dando cada día en ese señor, cada vez acercándose a lo que hace mucho había propuesto. Así pasamos sin novedad la vida hasta que terminé el colegio y continué mis estudios becado en una universidad americana, casi al otro extremo del planeta. Debido a esto el correo se hizo muy lento, y en algunos casos inexistente. Le escribí una última carta a mi hermano para comunicarle mi decisión sobre quedarme el tiempo necesario de mis estudios sin correo y sin visitas vacacionales: la búsqueda del secreto de la juventud me obsesionaba, más todavía sabiendo tan confiadamente que sí era posible. Me quedé cinco años en el inmenso aprendizaje académico.

Luego de terminar regresé a casa. Un año después de la muerte de mi madre. Antes de ir a ella fue a su tumba, me quedé conversándole y explicándole que su muerte no me había causado pena, que estaba seguro que disfrutó de la vida y de sus problemas y que seguro sabía que él la extrañaba igual que ese momento. Dejé unos claveles grises que había llevado cargando desde antes de entrar a la ciudad, comprados a una viejecita linda, pero pobre. Luego me encaminé a casa a ver a mi hermano y a mi padre. Él primero se sorprendió al verme tan cambiado, aunque yo me sorprendí más al encontrarlo aumentado de peso y con algunas canas, mi padre estaba en otra habitación comiendo carne con las manos. La muerte de mi madre lo había disminuido a la terrible espera del final de sus días, y no menos era cierto rencor que me tenía por considerarme malagradecido por no presentarme... A pesar de todo nos guardábamos inmenso cariño. Ver otra vez al indio me dejó más impactado: su rostro tenía prearrugas y su cabello era negro, luego de revisarlo apenas y encontré su última cana. Conversé durante horas con mi hermano sobre la necesidad de llevarlo a la comunidad científica para poder desvelar su secreto, sin embargo él me convenció que eso era hacerle daño, y entre elegir lastimarlo y darle la añorada fuente de la juventud al mundo preferí hacer lo primero. Viví ahí unos meses y luego le sugerí la necesidad de irnos a vivir a otro lugar, ya que el pueblo había empezado a morir. Él me dijo que iba a meditarlo, que el hambre no le iba a crear el recuerdo de haber crecido y trabajado gran parte de su vida ahí y que él se había ido apenas las construcciones empezaban a caerse... La necesidad le convenció y partimos a París.

En París mis investigaciones revolucionarias y útiles en distintas ramas industriales me permitieron comprar una casa en las afueras de la ciudad y hacer una vida ahí con mi hermano y con el indio; si lo notan no menciono a mi padre, ya que él no estaba vivo en aquel entonces. Mi hermano consiguió un trabajo que, como todo lo que él había hecho a lo largo de su vida, era modesto y lo hacía feliz; el anciano ocupó todo lo que era los quehaceres domésticos de la casa, algo que él sabía mejor que nosotros y lo ejercía con la misma pasión que la madre. La primera vez que llegamos ahí mi hermano me contó sobre la novia de mi hermano, alguien que de cierto modo se quedó para ocupar el lugar de dos personas, el de mi hermano y el mío, pero que al final fracasó por su derrota contra la muerte y decidió irse lejos. No supo luego nada de ella.

Aquí debo terminar mi mal llamadas crónicas, resumiendo mucho más lo que pasó en el resto de años: Mi hermano murió y tuve que hacerme cargo del viejo indio hasta que éste viviera: anoté y dediqué amplios esfuerzos a comprenderlo: empezó como un anciano y cuando yo envejecí era casi un niño, sin embargo muy inteligente, la misma inteligencia de una persona lúcida y cuerda a la edad de 78 años. Nunca pude entender como es que llegó a parar acá, con nosotros, si como sucedió todo lo demás, yo lo único que hice fue escribir y archivar memorias que nunca quise revelar, por consideración a mi familia y a él. Murió dormido y en paz, para el que le interese saberlo; lo único que me basta para poder sentirme bien, puesto que sé que mi enfermedad mata con mucho silencio.