sábado, 31 de mayo de 2008

El mastodonte

Al oír que se acercaban el sujeto se metió dentro de la chimenea, y con las manos y las piernas subió lo más rápido y silencioso que pudo un hombre hacerlo. Pero al llegar más allá notó que ya no avanzaba, que la chimenea se angostaba cada vez que seguía, y que estaba completamente atorado. Tuvo que gritar para que lo encontraran, y al hacerlo simplemente rogó que lo salvara un milagro; pero ese milagro fue la tortura y un tiro sin yerro en la garganta.

Felicidad

Cuando no fallas al dar un paso
y lo das bien, no tiemblas nada
al estar al ras de la tierra seca,
y esa alegría que poco embarga
como el sabor dulce casi olvidado.

La chica desconocida que sonríe
y su poco valor que se descarga
para las materias que son densas
y que sin embargo nunca llaman
como un bonito cuerpo animado.

En esos momentos que bendices
simplemente por ser de grana
y llegar a la sangre que lo alimenta
a través de la flecha muy holgada
que va por donde la sangre entra.

Pequeñas crónicas para un extranjero (5)

A la mañana siguiente mi hermano murió; su novia lo encontró frío y completamente blanco cuando entró a despertarlo con el desayuno. Lo tocó con un poco de temor al ver que no respondía y apenas sus dedos mandaron la señal de que estaba muerto a su base de datos lloró dando al aire un grito medio apagado que todos, incluso yo, sentimos. El primero en llegar fue mi hermano, el que había pasado todo el día trabajando y llegó muy tarde en la noche; al verlo entendió al instante la ausencia del espíritu y acompañó al momento el llanto. Todos los demás llegamos después para presenciar ese dueto de lágrimas, algunos lloramos sólo un momento. El indio no llegó en ningún momento al cuarto, apenas bajé para avisar al doctor lo encontré con la cabeza metida entre sus brazos, no llorando, pero irradiando pena y culpa. Salí de la casa con la sensación de culpa que él mostraba, pensé que tal vez mi hermano había estado muy enfermo, demasiado, y que las inútiles medicinas no hacían más que empeorarlo; recordé la vez que me lastimé la pierna y todo lo que el viejo hizo para mejorarme, tal vez con él no pudo y lo estaba todo malinterpretando.

El doctor fue corriendo conmigo a la casa, y al verlo sintió mucha pena, aunque más resaltó su notable confusión ante el muerto que según él tenía muchas posibilidades de curarse. Fue tal su actitud que mandó de inmediato a unos hombres nervudos a que se lleven el cuerpo a la morgue; ahí él y un compañero lo esperaban con herramientas para investigar el cuerpo. Nadie de mi familia se opuso, ya que todos pensaban que eso podía ser útil para los demás. Durante cinco horas lo examinaron, luego conversaron conmigo, que era el que mejor entendía esos asuntos, de lo que habían encontrado. Resumiendo: carne pútrida y venas viciadas, pus y huesos debilitados; todo esto nos llamó la atención a todos, el cuerpo de mi hermano estaba en tan mal estado que ni siquiera hubiese podido estar vivo; pasé de ser un informado a un informante: todo lo que recordaba de mi hermano fue exigido a decirlo, a cambio de que prometieran no decir nada a mis padres, que descansen en dios y en su infinita gloria. Cuando conversamos con ellos les dijimos que murió debido a un derrame, no voy a insistir en este asunto.

No vi al anciano hasta el velorio, que como uno más de nosotros se apareció a despedirse calladamente de su amigo. Admito que lo miré enfadado, su negligencia me resultaba terriblemente ominosa. Apenas la gente se reunió para llevarlo al cementerio yo lo sujeté del brazo y lo llevé adentro, a un cuarto seguro y callado. Le dije todo lo que sentía y pensaba y mi seguridad de que él había mantenido con vida a mi hermano todo el tiempo; apenas y reaccionó de su estado melancólico, lo único que hizo fue extenderme su mano, tocarme el hombro que está cerca del corazón y mostrarme a mi hermano, aún con vida, sudando en su cama y pidiendo que ya no insista, que el mal era demasiado y que lo mejor era morir, por el bien de todos, le dijo que lo único que había esperado era la llegada de su hermano, de mí, algo que lo había hecho sin duda feliz. Yo empecé el llanto que a veces me regresa hasta hoy en día; en el momento lo abracé y le pedí perdón.

viernes, 30 de mayo de 2008

El ropero

Llegó temprano a casa. Prendió la luz conforme iba entrando a algún cuarto y al llegar a la cocina se sorprendió de encontrar un plato a medio comer; de inmediato pensó en algún vagabundo que había entrado, aunque le resultaba algo difícil pensar que los vagabundos tuviesen modales y que usen platos y cubiertos. Sin pensarlo llamó a la policía que no demoró y al ingresar le pidieron que salgan. Ellos revisaron la casa y no les fue difícil encontrar a la señora que vivía, al parecer, desde hace muchos meses dentro de un ropero.

Soneto a la iniquidad

Ni moneda en mano ni en impuestos:
total pobreza aquella casa era,
con sus muebles, ninguno belga,
para hacerse notar en los movimientos.

Los que la conformaban desde lejos
eran proscritos de puras señas,
soldados que por una mala bandera
iban a parar a los piojos con sus sesos.

Así llegó la riqueza que no se comercia
al lugar que dios abre la esperanza
para descargar el aire que envenena.

Aún no se ha ido hasta la entraña
de la bola lodosa que gira en la espera
de alguna dorada y verdadera balanza.

Pequeñas crónicas para un extranjero (4)

Guardé el cabello negro hasta mi regreso, un año después de haber sido becado por un colegio importante de la ciudad y llevado a otro lado, la sede principal del país. Las vacaciones habían comenzado y yo aún estaba a algunos días de camino para llegar a mi hogar, del cual apenas y tenía conocimientos por las cartas que nos mandábamos. Desde la entrada de la ciudad noté la progresiva invasión de plantas en todo los lugares que se habían mantenido intactos, aunque tenían huellas del paso del tiempo, tal vez demasiado exagerado. La dirección de las plantas llevaba hasta mi hogar, al parecer el que más llamaba la atención, y aunque entré sin que haya recibimiento y busqué el origen de la vida vegetal mis esfuerzos fueron inútiles. El primero que me encontró fue mi hermano que regresaba del trabajo para almorzar, me explicó que se habían ido todos a esperarme, y que, por lo que veía, el transporte se adelantó. Lo afirmé y conversamos un rato, me contó sobre la enfermedad de mi hermano y sobre el viejo, que se había puesto muy volátil. Le pregunté sobre su apariencia, si había cambiado, pero no me contestó, por alguna razón él no la conocía. Apenas terminó se lavó el rostro para ir al trabajo, me dijo que lo disculpara, pero que las cosas estaban obligadas para todos en el laborar, así que me volví a quedar solo. Sin mucho respeto entré a las habitaciones, y las noté tan cambiadas que no quise seguir en ellas, a excepción de la de mi hermano, que estaba llena de medicinas y plumas pintadas que no entendía, pero que me llevaban sin escalas hasta el indio; me pregunté donde estaba él en los rincones de la casa y empecé a buscar su cuarto: no estaba en ninguna parte, pensé, entonces que la habitación que él había dejado probablemente estaba siendo habitada por el viejo. Al entrar estaba tan y como la había dejado, sin mencionar, claro, el montón de polvo que se acumuló en todos los días sin limpieza. Ahí reflexioné, por primera vez, que nunca se le había asignado un espacio a ese sujeto, y que no, al parecer, abandonó la casa para ir a otro lugar. En ese momento oí las voces de mis padres y de mi hermano enfermo, también la voz de una chica y, juro, pude percibir el silencio tan diferente del indio. Salí de la habitación y me apresuré a bajar por las escaleras y no caerme en algunas imperfecciones del suelo. Mis padre al verme abrieron los brazos y me dejé atrapar, en su debido tiempo, por cada uno de ellos. Mi hermano estaba atrás, muy pálido, con los rasgos bastante expuestos y una blancura de aparecido, me sonrió y me dijo que era un ingrato por haber llegado antes de tiempo. En ese momento una chica de cabello ensortijado y pelirrojo que estaba más atrás le sujetó del brazo y le insistió mientras lo jalaba que se fuera en ese instante a descansar; me saludó y sin decir más se lo llevó recriminando dulcemente. Mi madre mencionó que era una chica que estaba enamorada de él desde casi el tiempo que me fui y que siempre ayudaba a cuidarlo; atrás de ella estaba el anciano vestido con un pantalón beige y una camisa a rayas celeste. Me levantó la mano en señal de saludo y en un intento de tapar su oscuro trozo de cabellera negra, una especie de mancha deforme que se expandía con cuidado. Yo no lo hice notar por dejarlo en evidencia, pues mi hermano me había demostrado que aquel hombre con el que vivimos tanto tiempo no había sido visto por el resto. Conversamos mientras comíamos algo en la cocina: hablamos de todo, en especial de mi hermano, el enfermo, el que había adquirido una extraña enfermedad que no tenía remedio, los esfuerzos por mantener el optimismo y la esperanza en la familia, su callada resignación y la de su mujer, el futuro, mi otro hermano; yo y mis posibilidades de ser químico, la suerte de tener a un viejo tan trabajador a nuestro lado. Cuando se agotaron los temas pedí irme a descansar, y así lo hice. Dormí aproximadamente tres horas hasta que me levanté junto a la luna a orinar y seguir buscando respuestas; hecho lo primero anduve entre los lugares que me faltaban de la casa, no obstante las señales de su presencia seguía siendo la nada. Cuando me iba a resignar un vistazo a las alacenas fue un terrible deseo que me obligó a dirigirme hasta ellas y mirar su contenido: unas cuantas especias, un poco de sal y algunas cosas: un indio. Lo desperté y al verme reaccionó con fuerza, pero nada de lo que estaba a su alrededor cayó. Yo le dijo que era urgente que habláramos, pero él miró hacia la ventana y regresó su mirada hacia mí, repitió la acción hasta que entendí lo que quería, y se lo concedí.

jueves, 29 de mayo de 2008

El suricata

Me mandaron a vigilar mientras ellos están comiendo pizza y viendo la película que habían prometido mostrarme, está ahí enrollados como fideos mientras comen y dan ojeadas al televisor, casi ni miran, están turnándose para estar uno encima del otro; para quitarse la ropa mejor en el baño...Yo aquí con un chupete ensuciado y esforzando la vista para avisar apenas llegue mi mamá, es que claro, ella no aprobaría el abuso que hacen en mi contra, de seguro los largaría y a Noel le diría que se vaya a otro lado con su enamorada o que no me torture, pero da igual, mientras él siga con su enamorada yo voy a estar aquí, vigilando como un suricata.

La mutación en el huevo

Cuando me canse de ver el mundo
regresaré a mi casa y me encerraré
para que nadie venga a mostrarme
lo que ya conozco y me aburra
con sus temas tan importantes y triviales;
me quedaré sin lo que se necesita
para ser considerado como hombre
y las personas lentamente me olvidarán,
lo harán porque sabré mucho
y no tendré importancia para la vida,
pero ellos me harán necesitar
ese deseo de volver a cuestionar las cosas,
y tal vez me anime a caminar hasta
la puerta negra de madera con cerrojo,
aunque no me animaré a salir
porque todo habrá cambiado y tendré miedo
ya que las personas son muy malas
y al verme me arrojarán piedras
o se mofarán estúpidamente de mí
por cargar un maletín ejecutivo empolvado
para ir a comprar pan y saborear mi infancia
aunque esté tan dura como un mendrugo
al salir el sarro verde en los dientes del trigo
justo cuando el hambre asoma en el estómago
y los versos te salen terriblemente mal
y el profesor no te comprende en la clase
y tu mujer anda perdida en algún lado del mundo;
sabré tanto y no me servirá de nada:
dios es un inútil que lo sabe completamente todo
o tal vez un pesimista que no da esfuerzos a la causa,
un niño que se le alimenta de lo que deja el cerdo
o una joven violada por todos los hombres de la tierra,
Yo lo sabré porque estaré como escondiéndome
en la parte más estoica de mis rincones
comiéndome las uñas que la muerte quiere
o leyendo la vida de alguien según los extraños,
y jamás estar riendo como cuando lo que nos asusta
se presenta con traje de cariño a nuestros brazos;
al final no saldré a espantar a los que vienen
porque la muerte me sacará por su puerta trasera.

Pequeñas crónicas para un extranjero (3)

Me molestó mucho terminar castigo y en la cama. Mi padre, hecho una perfecta furia, no dejó de hablar fuerte aquella noche. Cuando ellos -mi mamá y su esposo-se fueron a discutir mis hermanos entraron a recriminarme sobre eso:

-Te voy a decir simplemente que era lo peor que podías hacer-exclamó contenido mi hermano.
-Sin duda hacerte el idiota nos va a fregar...¿Qué hacías sobre el tejado con él?-dijo refiriéndose al indio que estaba a unos metros sentado con una jarra humeante entre las piernas.
-Él me llevó allá, y pasó algo extraordinario...
-Sí, te caíste y nada más; eres un tonto, ahora vamos a tener que trabajar para mantenernos a flote.
-¡Chicos! ¿Qué hacen ahí? ¡Vayan a dormir para que se levante temprano!
-Vamos- le dijo mi hermano a mi hermano.

Cuando ambos se marcharon él se acercó y me miró por un rato, puso su mano en mi pierna y desapareció el dolor; sin embargo se levantó completamente y salió sin decirme nada. La noche estaba iluminada por las luces exteriores y parecía que muy a lo lejos llegaba en su galope el inmenso sol. No lo esperé y me quedé profundamente dormido.

Un olor a pan tostado y a huevos freídos me despertó junto con una gran cantidad de luz que acababa de haber entrado luego de ser descorridas las cortinas. Me di con la sorpresa de que todos en la casa estaban alrededor mío, más vivos que siempre, similar a ciertos cuadros... Sonreían, lo cual siempre me ha resultado muy raro; me dijeron algunas palabras de ánimo y dijeron que pronto me iba a curar, sin prestarles atención noté que el viejo estaba detrás de la puerta. No dije nada en ese momento, pero mi interior me percataba de que él era capaz de alterar las cosas, y eso no escapaba de ser capaz de poner a todos contentos. Y todos salieron; yo aprovechando le llamé y él entró con su mirada de disculpas y con algunas uvas en sus palmas, las dejó cerca de mis manos sobre la cama y me sonrió, pero yo le hice ver que no eran muy confiables las sonrisas, por lo que se fue ni molesto ni satisfecho.

El resto de días fueron semejantes: yo pasé muchas horas aquella vez entre libros que traían de cualquier parte y entre chucherías que eran útiles para entrenar partes precisas de mi consciencia. Una tarde cerré los ojos por un tiempo no recomendado y escuché el deslizamiento de alguien que iba sin detenerse hasta mi cama, abriendo lo más mínimo el ojo vi que era él, con sus manos no tan arrugadas y no tan calientes que las ponía sobre mis piernas mientras rezaba en su lengua algo que me hacía sentir muy bien. Yo no lo puse en evidencia, aunque no olvido hasta estos días lo importante que fue ese momento para mi relación con el viejo.

De eso no hay que decir mucho, pues, al tiempo de que era visitado por el indio mi mejora fue sorprendentemente notoria, y pronto volví a caminar, según mis cálculos a un poco menos de la mitad de lo estipulado...Ya me había acostumbrado a la felicidad un tanto impostada de la magia, que según creo era la vida, y a las caras felices que endulzaban sus personas hasta hacerlas blandas. Ni bien me recuperé traté de comunicarme y entender a aquel sujeto por medio de sus hábitos, cosas que no eran del otro mundo, pero que,guardando una esencia extraña, resaltaban los abismos llenos de su persona. A pesar de todo mi esfuerzo fue inútil: durante medio año, en mis tiempos libres, lo estudiaba con las diferentes maneras de los científicos y de los filósofos que leía, pero me resultaba tan simple como ver a un hombre viviendo. No obstante, la vida tiene sus cielos: el día en que dejé de examinarlo encontré en su cabeza un cabello negro.

miércoles, 28 de mayo de 2008

La muerte artística

Estaba escribiendo algunas cosas cuando giró y con una sonrisa casi forzada recibió a la muerte que lo miraba.

-Hola, así que era verdad...Muy delicado de tu parte cumplirme ese deseo, siempre quise verte de frente, saber dulcemente como es ese miedo.

Sin embargo la muerte no contestó, pues él no deseaba escucharla.

-Pero veo que no soy el primero, eres el vivo retrato de tantos dibujos sobre ti, hasta parecen calcas, ahora que lo pienso...

La muerte empezó a avanzar mientras empuñaba su guadaña, pero él la detuvo.

-Espera, por favor, antes quisiera acabar este verso, ya está, te lo dedico, como la mayoría de mis cuentos...

Se podría jugar que la muerte sonrió con su mandíbula sin carne y de color de plata muy blanca. Cuando bajó intempestivamente su hoz atravesó todo el cuerpo del poeta sin hacerle daño, simplemente fulminando su alma para que, como las esporas, llegue volando hasta el alma de los que alguna vez, por ser simple poeta, lo han admirado.

A Alejandro Romualdo, poeta al fin en el exilio

Hoy ha muerto ése llamado poeta,
ése olvidado por el mismo olvido,
nadie hablará fluido esta tarde,
los corazones se van hacia los tilos.

Murió después de agotar la pólvora,
arrastró su corazón al otro lado,
sembrado estuvo en el cruel silencio,
reía con la voz de un cohete quemado.

Hoy todos los recuerdan esta noche,
también las almas de piedra lo extrañaban,
los ríos que hablan siempre con ellos,
¿alguien mencionó la permanencia del fantasma?

Pidamos que la muerte no nos deje decir nada.
Pidamos que la muerte nos separe, nos desgaje suavemente.
Pidamos que nos haga desaparecer como un ilusionista.
Roguemos porque la muerte llegue como el extraño que nos pregunta por la hora.
(Responso para un payaso negro)

Pequeñas crónicas para un extranjero (2)

A aquel viejo indio nunca lo nombramos, nos resultó al final de cuentas una especie de sacrilegio dotado de la respectiva maldición aterradora, por eso para referirnos a él usábamos pronombres o sujetos tácitos en oraciones pequeñas. Él sabía que lo tratábamos y era muy atento con todo, tanto que nunca dejamos de sospechar que había aprendido sin ejecutarla nuestra lengua. Sin tomar en cuenta eso nos hicimos lo que normalmente no pasa con las nociones etéreas: lo aprehendimos y lo supimos manejar hasta sus últimos días.

Antes mencioné que el carácter de su aspecto me era de una profunda curiosidad: sus rasgos se habían remozado en el periodo que pasó con nosotros. Pude darme cuenta de esto y de confirmarlo con serenidad; cierto día le mentí sobre una tarea y unté sus manos con brumosa pintura, hice que apoyara sus manos sobre el cemento en los dos lados distintos y lo dejé, aquella ocasión me miró con unos ojos piadosos que me convencían de no engañarlo, pero la sinceridad nunca ha sido uno de mis vicios, por lo que pasados unos días le pedí que volviera hacerlo, y aunque estuvo renuente a negarse lo convencí: gracias a esto pude ver pequeñas diferencias que para mí demostraban que aquel hombre estaba rejuveneciéndose, sin embargo al decírselo a los demás se burlaron, y me trataron por un día de loco, pero él no dijo nada, estaba más callado que un ratón asustado por el paso de la serpiente. Cabe resaltar que esto me confirmaba que rejuvenecía totalmente, y no una mera facción de su rostro, lo que me hubiese llevado a pensar, claro está, que se trataba de algún truco de su raza.

Aquella vez dormí y soñé con ancianos que se jalaban la piel con insistencia, y ya creo saber por qué, les debe haber resultado muy desagradable aquella piel tan arrugada y flexible -llevaba a estirarse y obtener el mismo tamaño de un brazo-. Cuando los vi noté que algunos empezaban a romperla, y debajo de toda esa piel habían hermosos jóvenes de todas las razas y combinaciones posibles, más de los que vi en la primera observación, cuando estos giraron en mi dirección la mano de aquel viejo me arrancó de su suerte. Estaba con un semblante extraño, adusto para su dulzura normal; me llevó hasta afuera de la casa por el tejado y haciendo señas me mostró tres direcciones que para mí no llevaban a ningún lado. Me mostró tres veces las estrellas cuando atrapó a una mosca entre sus manos, me la acercó con el puño cerrado y murmurando algo una luz diminuta bajó desde algún rincón del cielo y se adentró entre las fisuras de la mano; cuando la abrió ésta desapareció junto con la mosca. Yo me quedé profundamente impresionado, le hablé como un loco durante un momento y al querer tomarle la mano él se asustó y yo resbalé sin misericordia, como ocurre siempre con los hechos naturales y no humanos; caí unos metros y quedé lesionado. Él dio aviso a mis padres, y luego fui castigado.

martes, 27 de mayo de 2008

Desesperación de realidad

Dormido en el pecho sinuoso
la respiración que mueve el aliento
va desde el beso hasta el frío beso
como una fecha de fiel reposo.

Sin pena el tiempo desastroso
da más de lo que quiere el cuerpo
al instante en que reposa el deseo
sobre la rama en el insomnio.

Cierto asco que nace animoso
recorre la venas llenas de veneno,
terrible mezcla de lo que es verdadero
hasta llegar a lo más incómodo.


Una mano que expulsa todo:
rama, mujer, el resto del sentimiento
cuyo bastión que es como el centeno
cae por la hoz del impropio.

Pequeñas crónicas para un extranjero (1)

Ese día mi padre llegó tarde luego de pasarse todo el día en trabajar. Seguramente lo hizo a consciencia, ya que ni bien estuvo ahí, frente a nosotros, respondiendo lo mejor que podía a mi madre que levantaba peligrosamente sus manos para arrancarle el cabello,nos tuvo que explicar que aquel viejo hombre viviría en la casa a partir de entonces con todos nosotros. Desde eso mi madre no volvió hablarle hasta éste día, el que según mi parecer es el más apto para escribir mis impresiones respecto a este extraño de características indias, tan similar como los que aguardan la vida encerrados en una jaula por voluntad propia conviviendo con el hambre. La primera vez que lo vi estaba muy sucio y su cabello de plata lo tenía en algunas partes enmohecido con alguna especie de resina negra; flaco hasta no tener más que huesos y venas que se podían divisar con facilidad, su cráneo muy marcado y los ojos pequeños y saltones, vestido de harapos o tela burda; mi padre lo había encontrado de regreso a casa, hurgando la basura de una residencia calles más allá. Al verlo a los ojos, según dijo, encontró a su medio hermano que en su niñez había muerto de fiebre en alguna parte de Calcuta, cuando él vivió por un año allá. No pudo dejar de tener lástima por su estado y hablándole en una lengua que hace mucho no usaba lo convenció de que viva con ellos en la casa, así de la nada; luego me contó que estuvo muy arrepentido cuando llegaron a casa. Los primeros días fueron difíciles, debido a que había dejado suciedad por todos lados, lo cual no tenía directamente que ver con él, no obstante entre todos los llevamos y lo lavamos, le cortamos la barba y lo dejamos muy presentable; pero sobretodo lo que dificultaba la convivencia era cada vez que se encontraba con mi madre, de algún modo le tenía tanto miedo que su reacción más normal era tirarse al piso y pedir, lo que mi padre quiso explicar en voz alta, clemencia, esto agradó a mi mamá y pronto lo tuvo bajo su mando aseando la casa o en la cocina, aunque no dejó de tratarlo bruscamente hasta que le volvió a hablar a mi papá. Algo que nos inquietó mucho a todos nosotros fue -y es- la insistencia de la gente por saber sobre nuestro inquilino, día y noche eramos víctimas de interrogatorios que durante el momento no entendíamos del todo, sin embargo con ayuda de nuestros padres alcanzábamos a entender el desagrado que causaba aquella gente tan maliciosa. De esto recuerdo conversaciones o algunos fragmentos:

-Oye, mocoso, antes que te vayas quiero preguntarte algo, pero no le vayas a decir a tu mamá, ¿ya? Es algo que sólo tiene que ver con nosotros.
-Ya, señora, no se lo diré.
-Bien: ¿Ese señor mayor que está viviendo con ustedes es algún pariente?
-No, no tiene que ver nada con nosotros.
-¡Santo dios!...¿Entonces por qué vive en tu casa?
-La verdad es que no lo sé, mi padre lo trajo y se lo presentó a mi mamá...
-No puedo creer lo que me estás diciendo, ¡qué tipo tan marrano!
-¿Quién, señora?
-Nadie, hijo, nadie, ya no quiero saber más. Vete, y no le digas nada a tu madre.

Mis padres hacían muecas y se burlaban, no se hablaban, pero ambos se daban miradas que eran tiernas y que podían partir un gran trozo de hielo. Por eso nosotros nos dedicamos a buscar pretextos para acercarnos a esas personas y aprendernos diálogos como el que escribí más arriba para contárselos luego a nuestros padres. Curiosamente ellos se lograron amistar, justo cuando creíamos que no iban a volver a hablarse. Ocurrió la vez que todos salieron, menos yo; mi madre no lo sabía y yo andaba por la casa como un fantasma, divirtiéndome en una persecución ideada. Mi padre llegó mucho más antes a casa y creyendo que no había nadie se sorprendió a encontrar a mi mamá preparando la cena.

-¿Estás aquí, mujer, o es una alucinación mía?

Mamá iba a contestar, pero su orgullo le prohibió hacerlo.

-De seguro eres una ilusión... Mujer, no me digas que eres ajena a la ilusión...
-A la ilusión no, sino a todo lo estúpido que puede hacer ella.

Dijo esto interrumpiendo el canturreo de mi padre, obviamente con una cara molesta, pero eso no la apartaba de los ojos de él, al contrario, la apretó contra él y le dio un beso que casi le saca sangre, muy violento, como todo lo que hicieron después, de lo cual voy a decir únicamente que botaron todo lo que estaba encima de la mesa...Íbamos bien a pesar de que mi madre tenía razón al quejarse, y era ver como se trabajaba en la casa para alimentar a otra boca, que al final se lo merecía, no nos cabe ya dudas. Nos despedimos de algunos modestos lujos que al comienzo con un poco de rencor extrañamos, pero era feliz ver a ese nombre viejo y feliz pasando sus últimos años, lo que me hizo pensar en la muerte y en el terror que tanto le adhieren, tal vez porque se ven al espejo y se sienten viejos y acabamos, y temen perder eso poco que les queda, viéndolo así le tengo más cautela a la vida, con la cantidad de personas miserables que deja...Bueno, para terminar me falta decir quizá lo más importante, seguramente lo es por la falta de sueño que me está dando, o tal vez eso sea porque estoy creciendo y cada vez los niños duermen menos, eso lo leí por ahí y no sé, lo que sí es simplemente esto: Me da la sensación de ver a nuestro inquilino cada vez más joven que la primera vez que vino acá.

lunes, 26 de mayo de 2008

El espejo

Había dudado en entrar: la ausencia de una persona con apariencia fiable y el aspecto a basural que ofrecía la tienda le daba muchos desaires, pero aquel espejo era tan precioso que no se resistió a entrar: Era un espejo de plata de unos dos metros, ovoide y orlado con hojas de cristal de opacos colores. Un paso frente al espejo y grande fue su sorpresa al notar escandalosamente que la imagen que se mostraba frente a ella era de otra persona de la misma edad, pero con la piel pálida y los hombros siguiendo la curvatura de la espalda, que era gruesa y poco femenina; ésta imitaba sutilmente los movimiento de ella. Horrorizada calló y retrocedió hasta perder el contacto con el espejo. En eso una voz que vino detrás de un biombo le dijo que aquello que había visto era muy bueno, ya que era el reflejo de su interior.

Definición de vida

Yo, corazón de luz sobre la tierra,
músculo trabajador y manoseado
por los embates de las vidas ajenas.

Campeón de esquivar a los orlados
seres de polvo y ropas encargadas
a los altos y modernos casquivanos.

Y perdido con el mundo de las hadas
que de mí hace siglos han preferido
olvidarme en medio de las espadas.

No busco paz estando todo herido
ni pido clemencia al rey de los humanos,
pues, hace tiempo que ya no existo.

Vigésima cuarta hora

Esteban despertó debajo de su cama, atento de que no había sentido la caída y el suelo lleno de astillas de aquel lugar; Mariel dormía con la cabeza apuntando hacia el lado inferior de la cama.Con un movimiento lateral de coxis se acercó a la luz y poniéndose de pie fue hasta el baño, y como no encontró una ducha se lavó todo el cuerpo con el caño.Al salir se encontró con la cara legañosa de Mariel, quién al ver que el baño no tenía regadera hizo una mueca de desagrado y frustración que resaltó cerrando de un golpe seco la puerta. Abajo la vieja los esperaba, especialmente a él. Casi no hablaba, ni habló cuando se pusieron a comer, prácticamente había terminado todo, pero...

-Tenemos que ver el pago.
-De acuerdo, ¿qué quiere usted?
-Quiero la bolsa que usaste para cargar el esqueleto de tu esposa, y tú dame la que usaste con él.
-¿También me incluye darle un pago?
-El pago es sólo uno, ustedes son uno en cuestión de pagos.
-Siempre he tenido que ver por ti, qué más da...
-Las tengo arriba, se las traeré en un momento.
-Qué sea ahora mismo, joven, no debemos demorar más. Acaben de comer y váyanse, su propósito ya acabó aquí.

Comieron y bebieron una comida modesta, pero deliciosa y luego de reunir sus cosas en las maletas partieron; quisieron despedirse de la vieja, pero no la encontraron por ninguna parte.
Caminaron hasta la zona comercial y ahí los mercaderes los saludaron y les desearon mucha suerte. Esteban vio que uno de ellos vendía una estatua de bronce del anciano invidente.

En el terminal bebieron agua embotellada y subieron al transporte. Ahí dijeron esto:

-Hoy comprendí la miserable vida de los personajes de las películas de dos horas- se echó lo que quedaba de la botella en la cabeza-, te juro, un asco.
-Yo creo que dios se cansó de no hacer nada conmigo y me dedicó todo un día.
-Vaya, tú hablando de dios.
-Preferible a que dios hable de mí.

El bus arrancó y poco a poco fueron dejando de lado aquel día que los había llevado a extremos opuestos sin moverlos a ninguna parte.

domingo, 25 de mayo de 2008

La bruja del árbol

Se acercó temerosa a aquella bruja que compartía la piel de corteza con aquel árbol ennegrecido a paso ligero, a unos metros de ella la bruja levantó su frente y hundió su cráneo contra la madera para que sus preciados ojos bajaran del cerebro hasta los orificios de su nariz: uno por uno bajaron hasta el exterior y eran sujetados por unas finas cuerdas de carne que debían ser sus nervios ópticos. La observó sin sorprenderse por su rostro de desagrado y le pidió que dijese con voz potente qué era lo que iba a pedir.

Ver para creer

Muéstreme el secreto de la vena,
la palpitación que estira al mundo
como un rollo oriental de fina seda
expuesta a los ojos impíos, desnudos.

Libera al tordo de la jaula escueta
y a su canto cuélgalo de un nudo
cuyo fin sea sostener lo que la vieja
razón no puede apartar de lo oscuro.

Tal vez si observo las finas estrellas
guardadas por el rencor inmundo
animaré a mostrar mis flamélicas
fascetas de hombre solitario y mudo.

Vigésima tercera hora

Luego de regresar a la pensión y de rechazar una sopa de pelícanos Esteban soñó con Grecia y Roma, ambas ciudades juntas sin rechazarse, el sueño de todo urbanista. Él ahí era senador y se encontraba en una casa que celebraba un fastuoso banquete, estaba sobre un gran mueble de oro y de color púrpura con una corona de olivo orgullosamente puesta en la cabeza. Los invitados descansaban y eran servidos por sirvientas que los alimentaban con gruesos racimos de uvas dulces. Las sirvientas vestían gasas del oriente y las bailarinas movían sus saludables cuerpos al son de la lira y otros instrumentos que las adornaban junto con sus joyas que las cubrían. Una de ellas, la más hermosa, negra y con el pelo enrizado, voluminosamente perfecta, le daba de comer ciruelas mientras alternaba el sabor de la fruta y de los labios. Esteban no la conocía, pero sabía en su inconsciencia que esa era la reunión de todas las mujeres de su vida, y también que se veía bella por la profundidad que es capaz de dar la ausencia de años en los sueños. Pasaron de los besos al amor y lo hicieron ahí adentro de los confines de la púrpura y el oro. Todos se reunieron a su alrededor para verlos jadear y derramar lágrimas de alegría como en un casamiento. Luego de que un charco blanquecino bajara por todas partes de las piernas de Esteban y de que la mujer se recostara sobre su pecho los fisgones se fueron apartando y desapareciendo entre las sombras y las columnas. Se quedaron solos entre platos de plata con desperdicios y copas extendidas en el suelo aún derramando vino. Eres lo más emocionante que he sentido en la vida, dijo jugando inocentemente con su pelo, esperando alguna respuesta que si mente no creó, extrañándolo y obligándole a inventar una respuesta, seguramente la imprecisión del sueño, tal vez de carácter profético, la ausencia de ella en la realidad, o simplemente una omisión de la capacidad fonética que el esquema de la ilusión daba para explicar algo a través de los sentidos interiores que resultaba completamente inefable. A pesar de eso habló con la transparencia de un niño aún no estropeado por alguna norma cultural expresando sus miedos y todo lo que le estaba a su alcance como simple mortal. Habló tanto que no percató de la inundación que había provocado el vino derramado por las copas, una que en ese momento tapaba como un ejercito de olas las cosechas y la ciudad greca-romana. Su mueble de oro y púrpura se iba navegando pacíficamente mientras la aferraba más a su pecho y lloraba por estar tan cerca del abismo que lo llevaba sin misericordia al estado despierto de la mente.

sábado, 24 de mayo de 2008

El pecho

Le estaba mordiendo con cariño en los asientos más lejanos de la pizarra. Casi nadie se había dado cuenta que ella había tirado su lapicero hasta la pata de la carpeta y que se había encontrado sus ojos con los de él en una interrupción no percatada. Luego ella se acercó agachándose un poco y él sin pensarlo la tomó de un extremo con la mano y la besó dándole lengüetazos y dulces mordidas.

-Señorita Costeño, ¿qué está haciendo?

De pronto ella se apartó tratando de cubrir su pecho desnudo izquierdo.

Brutalidad de noche

Aprovecha la más vieja de todas
a abusar contra la más tierna niña
que observa con horror al perro
que está de pie y no tiene cabeza
en medio de la luz naranja y fría
de la calle de las putas de manila.

Tiene un vestido con gasa de cristal
sobre los hombres frágiles, sencillos,
su vestido tiene un aire gris y real
como una asamblea de pavos reales
debatiendo el hambre de los niños
que comen con las manos sin modales.

Sin embargo el esposo le roba cristales
golpeando su delgada pared de sangre
para que abran las lilas el temible cáncer
y haga llegar sus raíces hasta la estupidez
de morir antes de poder siquiera arrepentirse
bajo el puño levantado de la fuerza social
que se lleva todos los días a los bellos infantes.

La raza se fortalece sobre el yunque
y bajo el martillos: las personas son metales
que hacen parar al mundo en la guerra
y sacan chispas de los instantes asesinos
en los que mueren los hijos ajenos y buenos
dejando de ser malos porque están muertos.

Vigésima segunda hora

El entierro fue simple, apenas él y unas cuantas personas, casi todos vagos que llevaron hasta el cementerio, y Mariel, que después de un rato había dejado de vomitar, por lo menos de intentar hacerlo. Los vagos socavaron una pequeña proporción de montículo de arena que sobresalía en el terreno plano, de capa dura, consolidada por el clima y los temporales, también por la composición de la tierra; tardaron un momento en llegar hasta la arena blanca y cuando estaba lista la tumba se les dio los huesos y el dinero para que acaben y se vayan: todo esto hecho y terminaron lejos.

Esteban y Mariel se quedaron un rato. Cada uno hizo unas pequeñas cruces con hilos de sus ropas y con palos delgados, sus pequeños trozos largos de algún bote, los ataron con firmeza y los clavaron sobre la tumba. Estuvieron un rato y se marcharon. Mientras caminaban Esteban vio a su mujer y a su esposo de la mano, felices y sonriendo mientras agitaban con sutileza sus manos de un lado al otro en señal de despedida. Ella tomó con su mano un beso de sus labios y se lo arrojó, no obstante él se volteó antes de recibirlo.

-Dime que ya no habrá más expediciones como esta en nuestra vida.
-Espero que no, son terribles como pruebas y burlas como reto; vaya manera divina de joder.

Estaban algo lejos del pueblo, su destino, pero nunca tan cerca de su razón.

viernes, 23 de mayo de 2008

La moneda y el guijarro

Cuando era niño Gustavo generaba miedo a su alrededor: su labio superior partido le daba un aspecto bastante extraño para los niños que habían vivido ahí. Se sentía solo y bastante aburrido, como era lo más normal que se tenía que sentir. Un día fue a caminar cerca de un lago y al cansarse se sentó sobre una roca y empezó a observar su alrededor. Unos guijarros estaban apilados a su lado y los arrojó uno por uno hacia el agua. Cuando se acabaron pasó un momento y cada uno de los guijarros, en el mismo orden que él los había tirado, regresaron hacia la superficie, expulsados con una adecuada fuerza. Gustavo se sorprendió y volvió a lanzarlos, pero sucedió lo mismo y empezó a calmarse. A partir de ahí no sólo arrojó piedras, sino que lanzaba cosas diversas y grandes y pesadas y todo era devuelto con amabilidad. En otro momento usó un bote para revisar hasta donde podía el lago, pero su búsqueda no obtuvo respuestas.

Todo eso lo hacía muy feliz(¡Al fin tenía alguien con quién jugar!). Siguió lanzando monedas de cobre y,¡oh, sorpresa!,del filo del agua se proyectaban enormes monedas de oro y de cristal. Feliz por eso regresó a su casa convencido de decirle a su padre(¡al fin se acabaría su pobreza!).No obstante su padre creyó que él había robado todo eso y corrió la voz para buscar a los respectivos dueños de las riquezas. Muchos con buen olfato se acercaron argumentando sólidas historias sobre la autoridad de su patrimonio, y manejando bien sus cartas se hicieron de todo lo que aquel día Gustavo había podido llevar. Después de eso su padre lo golpeó y lo tuvo encerrado durando un año, hasta que salió del pueblo con su familia para irse a vivir a la capital. Nunca más arrojó nada dentro del agua de nuevo.

Pasaron muchos años desde eso: su padre y su madre fallecieron,su problema en el labio se solucionó, su educación fue de las mejores por su increíble capacidad para los cálculos, tuvo oportunidades y una vida plena. Cierto día se tomó la semana libre para irse a aquel lugar y sacarse de su cabeza las dudas que lo inquietaban sobre su infancia. Aquel era en ese entonces un pueblo fantasma, arrasado por la leyenda de un tesoro del que se tenía pruebas, pero que nunca nadie halló. Fue hasta el lago y encontró la roca donde lanzaba las piedras, ahí se sentó y ante la necesidad de la verdad arrojó una pequeña, y esperó por un rato para ver si se la devolvían, pero nada pasó. Feliz y desilusionado por distintos lados de su consciencia se levantó y estuvo dispuesto a irse, cuando de pronto sintió en la suela de su zapato derecho un objeto redondo, que de inmediato sacó y limpió con el agua, resultando ser una brillante y dorada moneda.

Declaratoria

La boca apenas se pronuncia
en la hora más simple del amor:
un terrible movimiento usa
el cuerpo para poder decir su razón.

Y hay que ver como escucha
la más flava de las doncellas de honor
con la mano entre la tumba,
¡sabe dios quien con rudeza ya la abrió!

Pero humilde ve en la gruta
que los huesos piden algo de perdón,
cual si portaran la seca culpa
a la que lentamente otro la envió.

No hay respuesta vil o astuta
capaz de mejorar la gracia de los dos:
un beso que en labios se escruta
como un jardinero con flores alrededor.

Vigésima primera hora

Mariel estaba con la cabeza asomada en el borde del pequeño bote tratando de distinguir entre la oscuridad y el agua que trataba de mojarla; todo con un desgano increíble, hasta mirar en lo que era apenas un destello a Esteban que remaba.

-¿Quo vadis?- preguntó Mariel sabiendo lo que significaba-.
-A mi deseo, solamente a eso.
-Entonces no estamos perdiendo el tiempo entre la nada.
-Claro que no, estamos cerca de las cuevas: puedo distinguir la espuma entre las peñas.

En ese momento varios fuegos artificiales subieron raudamente al cielo y explotaron, iluminando la isla a unos metros. Era deforme y completamente dura, por lo menos lo que se alcanzaba a ver desde el bote. Ahí pudo ver Mariel los ojos hinchados de Esteban; desde ahí no quiso quejarse.

-Vaya suerte la nuestra, ¿no, Mariel? Ninguno de los marineros nos quiso ayudar, después de todas las negociaciones lo único que sacamos fue éste barco.
-Pero tú no quisiste hacer caso de la fiesta y del clima. Si hubiéramos esperado hasta mañana- siguió diciendo cuando un movimiento extraño del mar los levantó cuidadosamente hasta una zona alta de la peña y los dejó entre algunas puntas-.

Bajaron y empezaron el descenso hasta las cuevas. Era fácil lastimarse las manos en sujetarse con las piedras afilada por el viento, pero Mariel no se quejó, no quería hacerlo. Y Esteban estaba demasiado preocupado en cumplir su objetivo como para quejarse. Lejos del pueblo la luz de la luna y las estrellas iluminaban lo necesario. Al bajar revisaron las cinco cuevas que habían ahí, una por una, encontrando primero el esqueleto de él.

-Viéndolo así parece un buen hombre- fue lo más raro que le escuchó decir en toda su vida Mariel-.
-Juntémoslo y metámoslo en la bolsa.

Eso hicieron hasta meter el collar de conchas que tenía en la mano. Fueron a otra cueva donde encontraron a la esposa de Esteban. No dijeron, por un acuerdo silencioso, ni una palabra, sin embargo rezaron un momento y luego la guardaron en otra bolsa. Ya en el bote notaron que las olas estaban muy bravas, y era posible no tener con firmeza la seguridad de ambos. Aun así subieron y esperaron que una ola venga, lo hicieron con una rama que la marea había traído y había dejado entre las rocas. Al sentir el agua empujaron con ella para salirse y volver al mar: fue una caída súbita que los llenó de adrenalina. Mariel se mantuvo con la boca abierta sin poder vomitar, ya que no había dentro de ella alimento.

jueves, 22 de mayo de 2008

Televisión

Los policías entraron a la casa acompañados por el vecino. Todo estaba cubierto por una vida del siglo pasado, y mientras se iban abriendo camino entre las cosas y las arañas notaron al cuerpo de la anciana momificado frente al televisor de blanco y negro...

Caza de ballenas

Viendo los caminos dislocados
y la voz profunda de Jonás,
una ballena en el brillante anclado
exprimiendo la luz del animal
con el sol disuelto y casi apagado
por vergüenza de quién mirará
sus costillas por el perro lanado
lamidas como escaparate de cristal.

La luz del cielo sin algún ojo
para que los tiempos se alineen,
y la tierra sola con sus despojos
de luces que anda como cisnes
bajando hasta el abismo de otros,
adentro en el cráneo de almizcle
donde nadan los peces de oro
¡junto a la ballena de candiles!

Vigésima hora

Contempló las estrellas por un largo rato que no sintió. Unos pescadores se le acercaron. Comentaron algo sobre una reunión. Él desde hace mucho los había estado esperando. Se despidió de la anciana que había sacado un dulce pegajoso que mascaba con deleite. Fueron rodeando un pequeño monte hasta entrar por una vereda que se iba aplanando mientras corría la arena cuesta abajo en el declive. Al otro lado un círculo de velas verdes iluminaban potentemente. Su mujer estaba contemplando la nada cuando le dijo sin mirarle que se sentara a su lado. Él no supo de qué hablar.

-Me enteré que lo mataste- dijo con voz sobrenatural, muy decidida-. Vino a verme cuando ocurrió, me dijo cosas muy lindas.
-Quisiera saber por qué lo dejaste.
-A diferencia de ti, que tienes las palabras hechas de hielo-saca de su bolsillo de lana un cigarro-.La respuesta es sencilla: no lo quise, no realmente, me di cuenta cuando ya no me sentía mal por ti, era apenas un bastón, y yo estaba harta de bastones. Aunque él fue uno muy bueno, me dolió mucho dejarlo.
-No lo hubieras hecho, no hacía falta matarte para salir de mi vida, de las nuetras...
-¿Salirme?Nunca quise hacerlo. Mucho antes comprendí que era en vano tratarlo. Aún sigo adentro.
-¿Quieres decir...?
-Quiero decir que ya no importa. Yo ya no estoy en donde tú estás. Lo único que quiero pedirte es,quizá, para el beneficio de ambos...
-¿De qué se trata, qué quieres?
-Cuando yo vine aquí conocí a un tipo que me dijo era marinero, claro, nunca supo mentir y a los minutos me dijo que era pescador. Tenía algo tierno que me gustaba: tal vez porque era todo un caballero. Pienso que es de la clase de hombres que a pesar de estar rodeados de desesperanza nunca deja de perder valor...¡Hasta lo he imaginado en altos puestos! Después de vivir un año con él nos casamos, y luego de eso vino aquella explosíon. En el momento que ocurrió nosotros estabamos a unos metros de la embarcación. Nuentros cuerpos sufrieron muchos daños, él y yo caímos al mar y al no poder reaccionar por el dolor de las quemaduras nos hundimos y fuimos arrastrados lentamente. Ahora nuestros cuerpos están atorados en una cueva que está al ras del mar. Quisiera que recuperaras nuestros cuerpos y nos sepultaras juntos.
-¿Nada más?
-Sí, quiero que seas feliz, que dejes de estar huyendo de tus miedo, y que dejes de sacrificar cosas por sueños vacíos: nada vale la pena si tiene el mismo peso de la vida.
-Te quiero...-empieza a sollozar-.
-Yo también, eres una buena persona, aunque no sé lo que eso al final significa.
-Adiós.
-Adiós...

Las velas se apagaron y todo en el mundo desapareció.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El novio y el rabo

-¿Qué ricas nalgas, no?-preguntó la chica que se había acercado y quedado atrás de él.
-Sí, están para arremeter contra ellas todo el día...
-Apuesto que más, deben ser suaves, calientitas. Deben sentirse más ricas de lo que se ven.
-Sí, tienes razón. Aunque en nuestro caso es diferente, no somos de darles lamidas...
-Nosotras tampoco. Menos yo, yo solamente tengo un novio pendejo, hijo de puta, que se quiere acostar con todas las mujeres que encuentra.
-¿En verdad?- preguntó mientras volteaba y se encontraba con la cara furiosa de su novia-.¡Norma!¿Qué le pasa a tu voz?
-Qué te importa, imbécil- empieza a llorar y se va trotando-.

Pedazos de la tierra

Aquella taza de cristal
aquel trozo de perdón

El pañuelo blanco llorado
el beso caliente enamorado

El ta ra rá suelto del labio
el fondo de la boca pálido

La muñeca de marfil partido
la doncella y el corazón herido

La guitarra suena por el marido
la partera y el infante repentino

Aquella muy mal llamada moral
aquel trozo de perdón

Decimonovena hora

Descendieron por una puerta hasta una zona muy baja de la estructura, la tierra ahí estaba mojada y era dificultoso pisar sin caerse. Fueron por un sendero de troncos roídos y subieron por una escalera de mano que estaba asegurada en lo más alto. Al estar entre la luz los ojos se impactaron con demasiada blancura, pero cuando ésta bajo notaron todo claramente.

-Es imposible, hemos llegado aquí en cinco minutos.
-Tomamos el camino más corto, pero subimos y bajamos más de lo necesitado, ahí está el secreto.

El muelle no estaba destrozado, las edificaciones estaban intactas, como nuevas, las personas caminaban por ahí como si recién lo hubieran hecho. Ahí estaban los pescadores, satisfechos por haber almorzado y sus mujeres conversando cerca del mar; ella ahí estaba.

-Es ella, ¿no? La más bonita de todas...
-Debo hablar con ella...- dijo mientras avanzaba, la anciana con una gran fuerza lo detuvo-.
-No, si lo haces desaparecerá, debes quedarte solamente, esperar que acabe sus cosas.
-Si voy puedo hablar con ella ahora.
-No pienses que tus sentimientos crean razones para asegurar las cosas. Esperemos, ya vendrá.

Se sentaron a unos metros del límite de la arena y conversaron de otras cosas. Él le contó lo que hizo y ella afirmó ciertas cosas sobre la magia y el mundo de los espíritus. Él le preguntó si había muerto y ella le dijo que no, que la muerte era algo que no muchos comprendían que en realidad nadie estaba muerto. Ella probablemente había venido a parar a esas arenas luego de que lo abandonara, se instaló ahí y conoció a alguien, probablemente a ese pescador.

-No me imagino a alguien como ella con un pescador.
-Por favor...No creerás que por el simple hecho de sacar peces uno es menos educado y formal.
-Pues la realidad lo demuestra.
-La realidad lo único que demuestra es que estamos todos equivocados.
-Sí, y los comunistas acabaron con el hambre y las desigualdades de la tierra.
- Mejor mira las estrellas, están impresionantes.

No se había dado cuenta de las estrellas, estaba tan acostumbrado a lo inútil que su alrededor carecía de seria importancia. Lo que sí notó es que había demasiada luz, incluso con el cielo atiborrado de puntos blancos.

-Aquí es otra cosa, si entramos veremos por unos momentos el sol, no te fíes de los ojos.
-Estoy empezando a creerle. No está mal, encaja bien con eso que no sabía buscar.
-Relájate, pronto hablaremos de verdad.

martes, 20 de mayo de 2008

La perra hermana

-Vamos, póntelo ya, se nos hace tarde.
-Rafael quiere hacerme daño, no voy a ponerme eso...
-Simplemente está enojado, no le hagas caso, recuerda que somos tus hermanos.
-¡Qué se apure! Dentro de un rato nos van a llamar.
-Ya, ya, me lo voy a poner.
-Tienes que ladrar como un perro feo.
-Perra, yo no soy ni voy a ser un perro.

Luego de ponerle el alambre en el cuello empezó a gatear y a ladrar mientras su hermano caminaba detrás de ella. Más allá el que estaba molesto por haberlo acusado de comerse las galletas la miraba con furia. Finalmente fue hasta ella y le quitó el alambre a su hermano, lo jaló y empezó a asfixiarla hasta que ya no se movió. Cuando comprobaron que estaba muerta los llamaron con un potente grito y con un cruce de miradas acordaron defenderse entre ambos.

Miedo en la llanura

Silente espacio que perdura
maldiciendo el ojo del loco
la temporada de sangre pura
los coágulos del orto orto

Un libro para quemar la cuna
piel tierna y herida ponto
vidriado encima de la escultura
caminando en el oprobio

El grito se calla en la llanura
es el coyote feo y brumoso
que canta a los ojos en altura
igual que el círculo poderoso

Decimoctava hora

Sí, la posada era de madera barnizada con contravidrieras de llamativos colores, adornadas cada una con un símbolo que hacía pensar en los chamanes indios. La rodeaba un patio de polvo con algunas plantas deprimentes, flacas, de tallo débil y oscuras, semejantes a las que crecen en las partes húmedas de los bosques que no importan destruir. Era una casa de dos pisos, amplia en forma de cuadrado y algo lejos del resto del pueblo. Agotados la rodearon para ver si había alguien- ya habían tenido suficiente de lugares inhabitados-, llamaron dos veces en cada pared y no hubo contestación, a través de un agujero se venía polvo y objetos olvidados; uno de ellos salió arrastrando su mecedora que llevaba una revista de modas. Al verla se le acercaron y le pidieron habitaciones para descansar. Ella, arrugada y con los ojos caídos, les dijo que se quedaran, pero que antes tenía que cruzar algunas palabras con el muchacho. Luego de que Mariel se fue a ordenar las cosas la anciana le tiró la revista que estaba leyendo y le dijo que se sentara sobre ella. Haciendo caso de los rasgos indígenas de la vieja se quedó con las piernas cruzadas, observando aquella cara de corteza como un niño a punto de escribir con una navaja en ella.

-A ti te han traído los espíritus...Háblame de ellos.
-Yo no sé nada de ellos, yo vine por razones personales.
-Ahhh...Razones personajes:¿Tienen que ver con un ser querido?
-Apenas y con un recuerdo. ¿Qué se propone?
-Ayudarte a buscar, soy una guía, puedo hacerte más fácil la búsqueda.
-Me parece más una charlatana.
-También el muelle te pareció real...Nuestros ojos siempre engañan.
-¿Cómo sabe lo del muelle?
-Lo supuse, mi hijo es el único que aún anda por ahí, si están aquí fue porque él se los dijo; aquí nadie del pueblo viene, me tienen de bruja y me aborrecen, mucho más desde que me peleé con un cura en el antiguo muelle. Es un sitio muy triste, se incendió una noche y murieron todos los que estaban. Nadie ni nada quedó. Me echaron la culpa de lo sucedido...¡Cómo si yo le hubiera echado fuego!
-Un viejo ciego nos habló de este lugar, tal vez se está confundiendo.
-Mi hijo es ciego. Cuando pasó a la madurez se cegó. Le gusta andar por ahí comiendo. Hace mucho que no lo veo...
-Usted no puede ser madre de ese señor, debe tener más de 80 años.
-Y yo más de 100. No debería darle crédito a los números, son igual de engañosos que los ojos.
- Usted asusta...
-Y usted es todo un encanto, vaya, hace mucho que no me topaba con alguien como usted, será un placer ser su guía...
-Yo no busco nada más que alejarme un poco de mi vida.
-De la muerte, usted quiere huir de la muerte.
-No la comprendo.
-Se comprende mejor usted. Óigame esto: descanse una rato y dentro de un momento le voy a servir a usted y a su acompañante un buen plato de pescados, cuando acabe nos vamos a ir para allá. No se preocupe, no tomaremos el camino largo.
-Allá no hay nada...
-Allá está todo, joven, todo.

Se puso de pie como drogado por las palabras y subió hasta la habitación, era simple y se veía incómoda, pero no lo era y se recostó; al rato llamaron para que fueran a la mesa. Comieron una sopa de pescado con algunas carnes saladas y un poco de jugo de papaya que no supieron decir de donde la sacó y le recordó a Esteban que no descansara, ya que le debía una marcha.

lunes, 19 de mayo de 2008

Rito irlandés

Aquel rito parecía sacado de una mala comedia me algún escritor famoso, pero era tan estúpido hacerlo que tenía un aire cálido: después de haber mezclado la cerveza con el aceite y el oregano escogieron a uno de ellos para que se sumerja y luego cuente como era el infierno. Esto se hizo y mientras se mantenía con la cara sumergida uno de sus compañeros recitaba versos de tribus irlandéses hasta que ocurrió una controlada explosión en el pequeño recipiente. Cuando sacaron a su amigo se quedaron aterrados, ya que éste tenía en el lugar de los ojos dos heridas y en la frente y en el mentón los ojos que habían sido incrustados.

A James Joyce, por decir que en Perú somos canívales y que pertenecemos a Bolivia... Todo genial, pero aquí metiste la pata...

Nunca hay tiempo

Un tiempo que apremia
en las horas triste de la fiebre
donde cada vez enseña
el mal a que dios es endeble.

Tiempo en que la estrella
se apaga en el rincón celeste
donde no da la colmena
una luz de vida en el puente.

Hambre que no abreva
en los manantiales calientes
del estómago que crea
sustento para las mismas huestes.

Vida que se nos aleja
en la razón de las siguientes:
sueños, amor, carrera;
y poco de libertad para las mentes.

Decimoséptima hora

Al llegar hasta el muelle se encontraron con el aire ocupando lo que era, según empecinaba Esteban, unas chozas y un grupo de pescadores y sus mujeres almorzando. En aquellos restos malolientes de navíos y comercio un pobre ciego tenía las manos metidas entre las rocas del agua buscando comida, tal vez restos de pescados o algún molusco escondido. Sin dejar de hacer lo que estaba haciendo les dijo que aquel lugar estaba deshabitado mucho antes que se volviera ciego, lo cual reunía unos 70 años y media primavera, que la única explicación para que alguien vaya hasta ahí era que había visto fantasmas. Esteban observó hasta donde tenía alcance para confiar que no hubiese ningún error, todo lo que le molestaba era eso. Mariel insistió en que lo dejara y se preocupara por ver donde iban a pasar el tiempo. El ciego les habló de una posada a la que muy pocos iban por tener mala fama en el pueblo, resaltó la idea de que dos extranjeros no tendrían problema en ir a meterse en los problemas del pueblo.

-Gracias, tome algo de dinero para que se compre algo.
-Oh no, joven, yo no necesito eso, por eso soy feliz aun viéndome así, descuide, más bien guárdelo, de seguro lo necesitara, nos estaremos viendo, adiós.

A qué se habrá referido con volverlo a ver, no creo que haya querido sugerir a que me equivoque dos veces... No creo que haya querido decir eso, según él vi fantasmas, yo me contento con que haya sido una ramificación de mi sueño...

Qué frío está haciendo...Dios, y yo de esta manera... ¡Maldito infeliz el del hotel! Ni piense que se va a salvar de mi demanda...Para qué venimos...Qué perdida de tiempo...Vaya manera de continuar mis vacaciones... Ojalá la posada tenga habitaciones, no creo que en esta época algún hotel tenga espacios disponibles...

Vaya tipo, siguiendo una visión de la que es parte. Lo único que necesitaba para llegar al puerto era pedirlo, era dar el primer vistazo y apreciar a la gente muerta a mi alrededor, comiendo y festejando con sus seres queridos, pero no, aún sigue viendo con los ojos...

Hace mucho que no venían por acá, vaya, vaya... Este sujeto es bueno, veremos como le va...

domingo, 18 de mayo de 2008

Modelo para armar

Tenían que llevarla de algún modo al otro lado, su madre que no hace mucho había sido legalizada estaba enferma, necesitaba una operación de la cual ella era de suma importancia. Pero el país donde residía su madre no le otorgaba el permiso, así que iba a entrar de modo ilegal, siendo conejilla al mismo tiempo para un nuevo modo de ingreso clandestino...El trayecto más corto duraba seis horas, una hora antes ella fue anestesiada totalmente y llevada a una sala de cirugía condicionada en un cuarto de hotel, los sujetos le cortaron las extremidades y de ellas separaron cada área principal según la unión de cada grupo. Así hicieron hasta llegar a la cabeza... Después que la tenían descuartizada se encargaron de ocultarla en los modos tradicionales de tráfico: dentro de pastas de dientes, de colonias, dentro de cápsulas de hule en el estómago... Pasaron el control sin dificultades y todos se reunieron en un lugar para volverla a unir: Empezaron por unirle la cabeza al tronco, luego pasaron a cada una de las extremidades...Ella iba reanimándose durante todo el proceso.

-Ya hablamos con los que cuidan a tu madre, apenas terminemos te llevaremos allá. Todavía estamos uniéndote los dedos...Tenemos que decirte que una de las cápsulas se reventó y que los jugos gástricos carcomieron un poco tus dedos... Aún están haciendo vomitar al tipo que los tiene dentro.

Soneto a la irreverencia

El soneto sin arcángeles moros,
sin rey que levante luz de centeno
inclinando con el piadoso cetro
la nuca de la masa, del rescoldo.

Una frase sin solución, de oro,
con el valor exacto de un veneno
cuyas bondades aprecian los besos
incapaces de tocar su gran fondo.

Y el alma rebelde que va saltando
por las piedras sedientas del mundo
buscando en el viento vida eterna,

agua de un manantial que buscado
ya no es más por no tener asunto
con la vida que ya no se descuella.

Decimosexta hora

Hacia sol en medianas horas de la mañana en esa playa eternamente fría. Esteban se levantó primero y al encontrarse como único ser activo de la recámara salió a visitar ese pequeño pueblo que se levantaba de las sombras cerca de la playa. Había gente apresurada en la calle empedrada, corriendo de un lado al otro con una vianda en la bandeja de plástico o con una jarra de un líquido morado. Los turistas iban temblando mientras llegaban al mar, donde un chapuzón los destruía como humanos para reforzarlos con la sensibilidad de las rocas. Mientras paseaba notó que los lugareños cuchicheaban entre ellos para avisar hacia donde iba, eso lo distrajo de su meditación y lo metió de lleno en el objetivo de saber de lo que hablaban ellos. Fue hasta una señora que vendía pequeños modelos de costumbres de la zona y le preguntó sin rodeos sobre todo el palabreo; ella, por supuesto, se hizo la desentendida.

-¿Así que va a negarlo?
-Negar qué, señor; yo no sé de qué me habla.

Alguien habló desde atrás preguntándole a su madre si aquel tipo la molestaba. Ella dijo que no y que más bien iba a comprarles algo. Su hijo preguntó qué era lo que iba a comprar y él eligió un pequeño retrato de un pescador jalando a un bote una red llena de peces. Pagó y siguió: ya el rumor debía llevarle algunas cuadras de ventaja. Se fue directo al mar, dispuesto a imitar los suicidios en los que caminaban hasta que ya no se les viera encima de las olas y quedar atrapado en algo espumoso y marino. Camino al mar se encontró con un grupo de marineros que hacían lo mismo del retrato, los observó a ellos y a un grupo de mujeres que iban hasta el muelle con ollas calientes y termos brillantes. De todas ellas resaltaba una no muy flaca, con un vestido que era manoteado según la merced del viento, uno con el color del mar de acero decorado con claveles lilas y hojas que no tenían nada que ver con el océano; una boca grande y un cabello mal pintado, descuidado, resuelto. ¿Acaso no era ella su mujer, la que cargaba comida para uno más de los pescadores y que se veía soberanamente salada y hermosa? No se sabe cuánto corrió, pero tres tipos lo interceptaron cuando llegó hasta ella y quiso darle un puñetazo por el chiste de haberse muerto. Ella lo miró y algo nerviosa fue caminado hasta unas cabañitas de madera deprimente muerta, donde se quedó y donde él no pudo encontrarla. Regresó hasta el hotel para explicárselo a Mariel, pero ella estaba afuera con las cosas, expulsada de la comodidad por un lío que no entendía, una diferencia que necesitaba una explicación: Esteban se la dio, al parecer el pueblo estaba maldito por un recuerdo que estaba más vivo que nunca, tan vivo como si se le encontrara andando por la calle en busca de un suicidio marino.

sábado, 17 de mayo de 2008

El encuentro entre el teléfono y la bañera

Se había resbalado de la bañera hace dos días y apenas podía mover con el dolor de su pobre alma el dedo índice de la mano izquierda. Se había cansado de gritar al recordar que había cerrado todas las ventanas y que ningún ruido iba a dar a la calle; hace muchos años que no tenía a nadie con quien vivir y a quien visitar: miraba el reloj y veía que estaba tarde para ir al trabajo. Dos días después había encontrado el teléfono debajo de un mueble y había empezado a marcar al hospital.

-Emergencias, ¿diga?
-Me resbalé en la bañera y me golpeé el cuello, no puedo mover más que mi boca y mi dedo...
-¿Hace cuánto sucedió eso?
-Hace dos días aproximadamente.
-¿Y usted quiere que le crea eso?
-¿Me va a enviar la ayuda o no?
-Sí, no tengo más remedio, es mi procedimiento. Déme su dirección...

Palabras a la felicidad

Hay una mancha de sangre en tu zapato
un tomate descubierto que da pena
al comerlo como comerse a un hijo
El repudio de la sociedad entera
La voz de perdón que nadie exalta
El llanto sujeto con pinzas y tirado
desde una nube oscura excluida
como un maletín del pobre que trabaja
Una despedida del corazón a la mente
de las sombras y su esqueleto de telarañas
entre la piel de las hojas que vuelan
sostenidas por una orden erguida de Natura
Un beso frío como el corazón de un rosal
envuelto en una tarde gris de invierno
con las cosas cargadas en los cortos brazos
y los niños que apenas caminan como osos
La invitación que se rechaza por miedo al recuerdo
el pasado que se abre en la torre como una llaga
la mujer que nunca te mira por creerte feo
la sangre que deseas extraer de su garganta
Luz de pájaro sensación de lira romana
Químico que crea hombres y mujeres en tubos
atacados por los flancos por los inquietos ojos
que son las ventanas tapiadas del alma
el sexo que hace dieciocho años no toco
Ojiva que explotas quieta en una vieja casa
la imaginación que desnuda por las avenidas
Todas ésas son cosas que se demandan
¡cómo si la felicidad viniera en lata!

Decimoquinta hora

-¡Qué obediente! Te dije que te quedases quieto y hasta ahora estás ahí-dijo Mariel que se acercaba con un vestido elegante y con un tipo apuesto que era guiado por su brazo.
-Ya sé que esto es un sueño, pues en realidad me fui. Llegué al hotel y nos quedamos dormidos. Tú probablemente sueñas otra cosa.
-Quizá mi sueño es el mismo, tú sabes, mírame lo bien que me veo con el vestido...
-Eso no es verdad, te ves bastante mal, muy extraño.

Empieza a llorar y a ver como de sus brazos crecen enormes vellos que alcanzan los cuatro centímetros. Huye y su acompañante extiende los brazos para pedirle que no se aleje. Luego que se va éste mira furioso a Esteban y lo derriba de un puñetazo, apenas ocurre esto la gente vuelve a divertirse. Su madre se excusa de un grupo de señoras y va hacia él, le ayuda a levantarse.

-Tú nunca pierdes el deseo de lastimar a las personas...
-Madre...
-Sh, no me hables, casi toda tu vida la pasaste sin hablarme. Ahora no es el momento para que lo hagas en modo de disculpa. Soporta que te diga lo que eres, y que me arrepiento de haberte engendrado.
-...
-La única mujer que te ha querido es tu esposa, y no la soportaste, por eso la trataste como a un perro...

Su esposa atraviesa toda la fiesta y le toma de un brazo, empieza a tirar.

-Suéltalo, bruja, regresa a tu tumba con tus amigas, ¡largo!
-¡Es mi fiesta, si no fuera por él no estarías aquí! ¡Ayúdenme!

Nadie de los presentes se acercó a ayudarle. Al final la esposa lo llevó fuera; Mariel, convertido en un gorila, quiso impedirlo, pero con una patada lo alejó. Caminaron por lo que parecía una construcción de ruinas griegas. Ambos vestidos con ropas de la época: él como centurión romano y ella como sacerdotisa griega.

-Este es nuestro pasado-dijo ella.
-La cosa más hermosa y resaltante de la humanidad convertida en pedazos que cada vez menos importan.
-Es que esa es la vida, una constante mutación de pedazos.
-Si estuvieras viva...
-Lo estoy.
-Tu amante dijo que habías muerto.
-Morí para ambos, no solamente para ti.
-Eres una mentirosa, no tenías motivos para alejarte de él.
-Son demasiados para decirlos ahora.
-¿Por qué estás aquí?
-Porque has venido a buscarme. Detrás de todo esto está la playa a la que queríamos tanto ir, ¿lo recuerdas?, pasamos una vez y nos quedamos fascinados por el aire, uno respirable que no se encuentra en ningún lado. Si hay posibilidad de encontrarme, es aquí.

Esteban se detuvo al lado del ómphalos y la miró con sobresalto, vio como se iba convirtiendo en agua hasta terminar tragada por la tierra.

viernes, 16 de mayo de 2008

Pañuelo

Mientras lavaba sintió a un animal viscoso rozarle la mano. De inmediato la sacó y empezó a examinar el contenido con la vista a través de esa agua blanca. No encontró nada, le pareció extraña la idea de encontrar una rana o un pez en agua sacada de un caño. Puso las manos a laborar de nuevo y siguió trabajando. Al momento lo sintió con más realismo y de inmediato arrojó el balde. Luego que se dispersó el agua entre la tierra vio que algo se movía entre la ropa, quiso ver que era, pero de pronto salió un pañuelo que se movía como jalado de una pita. A unos metros éste murió.

La madurez

Apenas la flor nace
y las voces la están mancillando
cual mujer de cristales
que viene al mundo llorando.

Apenas rezuma la piel del cuerpo
mucha de ellos braman
con las lenguas frescas en movimiento
y en círculos de cama.

Apenas y hace un segundo
la hija culminó su camino de niñas,
y todos por ella en ayuno,
¡ay, masticando la carne de su vida!

Decimocuarta hora

Hacía frío en esa época del año en la playa, el sol apenas y relajaba la piel del viento helado y cargado de agua que se llevaba a todos como un aliento mojado de algunas zonas pantanosas y verdes. Los visitantes que acababan de llegar tenían los ojos morados y verdes fosforescentes por el viaje a través de los cerros que daban sueño, pero que no permitían dormir. Esteban estaba mareado, lo cual era poco notorio en él, fue zigzageando hasta el baño. El lugar estaba lleno de personas orinando y refrescándose la cara y el cerebro; más allá dos europeos estaban fumando. Ambos quisieron abordarlo para hacerse de algún dinero, pero él con una amabilidad neutral los alejo.

-Vaya sueño...

Prefería decir las cosas bajo el agua para que nadie comprenda, no quería confesar que él y un grupo de matones asesinaron, que lo hicieron porque el asesinado era amante de su esposa, que su esposa y él se transformaron de un momento al otro-y la infidelidad no tuvo nada que ver-, como si ambos hubieran terminado un camino y al seguir avanzando lo hicieran con personas distintas. Con la cara mojada salió y ante semejante frío del aire se quitó todo rastro de agua que le hubiese quedado en el rostro.Mariel lo estaba cargando las maletas para no caerse en el suelo, él se la quitó y siguieron. Tomaron lo que parecía ser un taxi y fueron hasta la recepción del hotel-que extrañamente estaba en la calle.

-Hola, hace como una hora hicimos reservaciones. Esteban Hesse.
-Un momento...Sí, la habitación matrimonial. Por cierto, no vayan a pensar que tengo algo contra ustedes por mi expresión...Nací con la cara fea...
-No es un buen chiste-musitó Mariel-.
-De acuerdo...Tome, habitación 305.
-Gracias.

Subieron las maletas por no esperar al encargado que lo hiciera-seguro le gritarán por nuestra culpa-y directamente se fueron a la cama, como consumidos por una gran fiebre.

jueves, 15 de mayo de 2008

Dolor de muela

Un sujeto desesperado por una molestia en la muela sacó un cuchillo y lo empezó a manipular mientras escarbaba en las hendiduras de la muela. Su mujer lo miraba perpleja, espantada por la estupidez a la que podía llegar. Y luego de pensarlo un rato se abalanzó hacia él con la palma cerrada y apuntando hacia arriba y golpeó el mango del cuchillo, desviando su trayectoria y terminando unos centímetros dentro del cerebro.

Poema a la inutilidad

Alguien puede manchar con sangre este pecho
y sin embargo no destellará ningún tacto...

Aquel trozo de manos envuelto en cortezas
deseando igualar el cielo, queriendo las nieblas,

manchando con sus estáticos globos de verdes
pupilas dispersas,agua estancada que se bebe.

Podrás unir el cuchillo y la carne, cebar el límite
que un obrero lleva arrastrando de la cola,

pero no será menos densa la piel, no será intacto
el goce de hallar lo que buscamos desde enero.

Decimotercera hora

Sin ánimos de perder el tiempo -pero perdiéndolo-, recibieron el boleto del bus y saltaron al instante a sus respectivos asientos. Ambos cansados conversaron un poco sobre asuntos primordiales y luego se quedaron dormidos...Hasta que el carro se detuvo y ambos despertaron y se encontraron solos en el bus aglutinados en sus respectivos asientos. Una niebla similar a la que cubre Londres en sus noches los había rodeado y cerrado todo posible propósito de visión. Empezaron a llamar a la gente desconocida por su nombre y al ver que no tenía resultado sacaron el arma que cada uno llevaba bajo el brazo y se lanzaron en direcciones contrarias a la de sus asientos. Al constatar que estaban jodidamente solos en medio de la nada fueron a comprobar si el vehículo tenía gasolina, cosa que era así, sin embargo no encendía. Bajaron a ver los cables y Mariel dijo que todo lo encontraba normal. Se mantenías fuertemente agarrados de la mano mientras avanzaban. Esteban sugirió que caminaran hasta encontrar una referencia de la cual guiarse, luego ir hasta un grupo de personas para salvarse. Mariel le aprobó y tuvieron que elegir entre ir en retroceso o avanzar, ambos lamentaron haber dormido. Durante un rato Esteban olfateó el aire para encontrar rastros del mar, lo que consiguió fue terminar con la nariz apuntando al lugar de donde habían venido. Tal vez fue un robo, nos llevaron más allá de nuestro destino y los asaltaron y los mataron a todos, dijo Mariel; claro, y nosotros somos invisibles mientras dormimos, dijo Esteban. Era ilógico lo sugerido, no obstante nada de lo dicho podía ser descartado: "tal vez entraron y no nos vieron, o nosotros no le oímos, estaba con la neblina y ellas supusieron que habían bajado todos". Lo mejor era ir al mar. Afuera el aire hostilizaba y la carretera se mostraba imperfecta en su composición, llena de suelos distintos (¡hasta amazónicos!), lo que daba la sensación de estar caminando por un sueño. Ambos se golpearon la cara con una enorme puerta, de la cual un tipo al que Mariel no pudo verle el rostro les abría y les hacía pasar con presteza, Esteban lo miró con el rostro ensangrentado; "y si fuera....".El interior era un salón confortable con elegantes muebles y una decoración característica de los hoteles privilegiados. Un grupo de gente rondaba con las copas que nunca llegaban a beber entre los dedos de alguna de sus manos y vestían ropas burdamente victorianas. Entre esa gente reconoció Esteban a algunos sujetos de su trabajo que le odiaban pero que ahí saludaban con mucho cariño, unos hombres de los que ayudaron a matar a aquel empresario, amigos de los que nunca había vuelto a hablar, personas que había visto en la calle y que le llamaron la atención, su madre, quien era la anfitriona de la fiesta, y su esposa, la cual se veía perfecta. Fue caminando hasta ella, pero Mariel le jaló del brazo y le dijo que ahí se quedara. Entonces obedeció y quedó quieto. Poco después fue despertando.

-Ya llegamos, Esteban.
-Sí...Vamos.

miércoles, 14 de mayo de 2008

No nos queda nadie

Después de terminar la lucha un grupo de ellos llegó por órdenes de su comandante; nos dijeron que todos nosotros podríamos ser perdonados, siempre y cuando abandonemos nuestras armas y nuestros puestos para ir a servir a la verdadera patria. Al principio nos burlamos y amenazamos con no dejarlos con vida, pero todos nos callamos cuando el hijo del Manolito se largó, lo miramos,recuerdo, con un aire palpable de asco. Y con ese asco nos quedamos, esperamos durante mucho tiempo para ir cediendo, tal vez por la necia convicción de que todo lo podemos. Poco a poco nos íbamos abandonando; y era cosa de verlo, venían los del otro bando y nos preguntaban si había alguien nuevo, nadie les respondía, pero se iban calladitos con ellos, luego les daban armas y empezaban una ronda de disparos...Y así día tras día. Ahora sólo quedamos el Pancho y yo, y ni crea nadie que lea esto que tuve el morboso deseo de traicionarlo, no por las puras somos hermanos. Ahora el me avisa que están viniendo, pondré esto debajo de una piedra e iré haciendo ruegos...

Adentro

Miras adentro del pozo
y ves el reflejo de luz,
piensas que no tiene fondo
porque ves todo azul.

El alma no tiene vacío,
está llena de muchas cosas
pero la suma de ese hastío
es cero, entre algunas pocas.

Los ojos son las ventanas,
pues miramos con el cerebro
que siempre nos acompaña
(a veces desapareciendo).

Duodécimo día

Con una vara fina y de metal dando golpecitos a la acera: así disimulaba estar ciego y estar perdido, dos cosas que necesariamente no tienen que ir juntas. Alrededor la gente y los guardias vigilaban, les llamaba la atención aquel sujeto, muy sospechoso, lo mejor sería ir a verlo y hacerlo circular, quitarle el penoso espectáculo. Haría un bien a todos, incluso a él que arriesgaba algo más que el pellejo mientras hacía de sebo; y Mariel con un arma enorme que no había visto nunca apuntando y escodiéndose. El tipo alto y nervudo de negro yendo hacia él, él preocupado por ser demasiado pronto y mirando el reloj: faltan 10 segundos. Buenas tardes, dice él, ¿me puede indicar hacia donde ha caído y reloj? Acaso no es el que tiene puesto en su muñeca, responde el otro; a no, como cree, éste es el mío, yo busco el que le compré hace una hora a mi esposa. Lo estaba tocando y por un descuido se me cayó, ¿lo ve por aquí?, preguntó. Diez segundos: una explosión, tipos vestidos de militares disparando a todos los guardias que cuidan los exteriores, adentro los otros se atrincheran, sacan los cartuchos y las armas secundarias; lanzan por la ventana granadas de humo que explotan al instante, se ciegan todos, algunos disparan. Cuando el humo se disipa el blanco se ha sido. Asoman a la ventana y otean un carro que va a una gran velocidad, entonces sigue la segunda parte. Los guardias movilizados en vehículos se concentran en la persecución, los otros son introducidos a diversos transportes. Durante el trayecto empieza la balacera, la policía se incluye, entre los dos grupos la rechazan y siguen dando vueltas por la ciudad. Terminan en un estacionamiento subterráneo, no muy grande, apenas adentro el coche volaron las entradas: un solo carro logró entrar, pero fue rápidamente sometido. Bajaron del auto y se fueron por una alcantarilla. Los perseguidores notaron que el blanco no estaba adentro... Efectivamente, el blanco estaba en el mismo lugar, encañonado por tres sujetos, entre ellos Esteban, que acabado su plan buscaba una acción consecuente.

E: ¿Qué hacemos contigo?
B: Yo te sugiero que me mates, porque si vivo te perseguiré hasta el quinto infierno.
P: Yo también creo que será mejor matarlo.
E: Espera, eso demasiado lo quiere, quiere que lo matemos, hay algo más, puedo olfatearlo...
B: Vaya perro que eres; un fiasco, no hay nada, simplemente estoy completamente desanimado para vivir huyendo. Prefiero que cargues con ese peso.

Eliot estaba callado admirando a una chica que pasaba corriendo por ahí, le animó la cara de desagrado que puso al ver lo que para ella era una falta total de la municipalidad. Cuando la perdió de vista giró y pidió permiso con los ojos, después de recibirlo le metió un tiro en la cara. Salieron y se fueron, a mitad del camino se dieron la mano y se despidieron.

M: ¿Y ahora?
E: Quiero marcharme, verás, me he quedado sin trabajo, y tengo muchas ganas de irme de vacaciones.
M:Vamos, yo aún tengo algunos días.
E: Hay una playa a la que no voy hace mucho tiempo...

martes, 13 de mayo de 2008

El observador

El espectáculo de la plaza atraía a mucha gente, especialmente a los extranjeros, les debía parecer raras las vestimentas y los bailes-¿para qué una tijera?-. Estaba muy entusiasmada por el viaje y por lo bien que le había ido, casi no tenía ganas de volver al hotel, a pesar que su novio no la había pasado de maravillas...Llevaba unas gafas oscuras que apenas y le permitían ver, sin embargo era muy peligroso sacárselas. Fue dando la vuelta al espectáculo haciéndose el desinteresado hasta verla, era bonita, alta y tenía las piernas muy amplias. Se le acercó y miró por encima de su hombre un rato, luego bajó su bolsa negra y la dejó en el suelo. Su novio se había percatado de su presencia y creyendo que era un ladrón corrió a sujetarlo, pero él ya se había ido. Al revisar la bolsa encontraron una cámara que la estaba grabando...

La mano

La mano extendida
para alcanzar la mano divina
y traerla para que sufra con nosotros
esta herida...
Aquí en la sinuosa muchedumbre
cuyo séquito va primero a la deriva
antes de la cumbre
que no existe para otros.
Ineluctable movimiento de la vida
bajo el pie de azufre
hundido entre todos
y vomitando saliva...
Pero la mano no envejece inútil
cuando es lamida
por los dulces y azules tordos
que la anidan.

La mano no muere nunca,
la mano nunca se cansa,
la mano da vida a las nucas
y a los muertos engaña.

Undécima hora

La cuadra era un sitio siempre invadido por neblina y los cacharros que las olas débiles traían y enredaban en el puerto. Adentro era como una cantina del siglo XV, y los borrachos que se peleaban por necesidad y placer de hacerlo. La que atendía, una gorda arrugada y nariguda, les dio la bienvenida y los instó a tomar algo. Esteban pidió algo que a Mariel el sonó complicado y esnob, pero que la cantinera entregó al instante. Ella una cerveza y Eliot sólo agua. Dejaron las cosas a medio beber y entraron a un cuarto que iba a través de la parte inferior de la escalera. Ahí el suelo estaba alfombrado y las paredes tenían un tapizado exquisito, una mujer joven y guapa se acercó con una bandeja con los tragos que abandonaron en el otro establecimiento.

-Los trances de la vida. Un día bebiendo con borrachos y el otro con amigos.
-Es tan de tu infancia que sospecho que este lugar lo hiciste tú.
-No sólo-acotó Eliot-, algunos de todos también.
-Bueno, ¿y qué hacemos aquí?
-Beber, parece que no estuvieras viendo.
-Para eso no hubiésemos salido tan temprano de casa...
-Ahí viene.

Conque el viejo caminara con una diferencia mayor entre sus pies los espectadores comprarían otro trago. Pero aquel era hirsuto, blanco de piel y gris de bigotes, pequeños y blanco, curvado, no era de contextura gruesa. Parecía competir con un gusano minúsculo que todos sospechaban a la distancia de sus pies. Su sombrero marrón y su chaqueta de pana rememoraban al siglo pasado.

-¿Quién vive?
-El buscado, quiero comprarle un rifle.
-¿Para qué? Tú ya estás condenado.
-Tengo que cazar tordos antes de la muerte.
-Lo lamento, por ti no puedo hacer nada...
-Pagaré bien por él.
-No todo puede pagarse.
-¿Y la venganza?
-La venganza es un plato frío pero exquisito.
-Quiero enfriar tordos.
-¡Haberlo dicho antes! Ven, conversa con mi hermano, él te dará todo; paga por adelantado.
-Ya va...

Su hermano era un mueble lleno de cables y de diseño avanzando, pedía ciertas cosas que Esteban dio sin vacilar. Acabado eso se dirigieron adelante, hacia una escalera que los acercaba más al centro del mundo. Ahí armas y hombres convivían en similar hábitat. Los vieron entrar y les saludaron. Todos alternaron su interés en Mariel, bramando.

-Aquí el joven tiene para ustedes trabajo. ¡Así que de pie y a prepararse, carajo!
-Todos ellos, de seguro lo haremos.
-Hay que practicar, ¿te acuerdas del curso de tiro al blanco?
-Sí, el tipo era un pesado, felizmente me largué.
-Te voy a ir enseñando.
-Tomen, usen mi arma, allá vayan entrenando...

lunes, 12 de mayo de 2008

Décima hora

Durmieron durante un rato y Mariel preparó algo para los dos. Mientras Esteban seguía durmiendo(llámalo dormir, si quieres, al final está sólo con los ojos cerrados y con una respiración que apenas se siente) y ocupando los extremos más largos de la cama. Finalmente cuando se cansó salió del cuarto y fue hasta la cocina, movido por la necesidad de algo.

-¿Qué hay?
-Lo que ves.
-Sírveme un poco, por favor.
-Gracias por pedirlo, ¿te parece bien así?
-Está perfecto.
-De seguro que has estado pensando en algo.
-Sí, tengo mis ideas, aún tengo que corroborar lo que pienso para que vayamos actuando.
-¿Eso qué necesita?
-Un par de llamadas.
-El teléfono está por allá.
-Espera, que estoy comiendo.

M sirvió dos vasos con jugo de naranja y E tomó uno de ellos, se sentaron y se halagaron por la comida: ambos por la función que desempeñaban. Luego E se acercó hasta el teléfono: caminó un par de cuartos hasta que dejó de hacerlo, ya que M le seguía con insistentes ganas.

-Hola Eliot, ¿aún sigues en el negocio?Eso pensé...Te habrás enterado de mi asunto. Sí, sí, gracias, no esperaba menos de ti, es más , espero mucho más ahora, verás, no tengo muchas opciones, sabes que gente como la nuestra es muy dura de tratar y si sigo así terminaré muerto, me queda un seguro para poder arreglar todo, no, no, sé que es un asunto complicado, por eso te llamo; te aseguro que todo lo económico lo tengo resuelto, nomás te pido que...¡Magnífico, muchas gracias! Nos vemos dentro de dos horas en donde siempre, sí, donde las ratas se pierden suavemente entre lo verde, claro, ahí nos vemos, gracias.

Cuelga. Apoya su mano en su cabeza.

-¿Qué es eso de la rata?
-Es nuestra posición. A esta altura de las circunstancias ellos ya saben que andamos por el bosque, de seguro tienen todos los teléfonos intervenidos, él y yo lo sabemos, por eso nos citamos por ahí; dos horas, ¡ja!, no vamos a esperar tanto; a lo mucho son 5 minutos, él ya tiene nuestro rastro: la rata que atropellé en el camino...
-¡Qué asco! Me dijiste que no era nada.
-No fue nada, y ahora lo es tampoco.
-Busco mis cosas...
-Búscalas, trae el dinero, los cuchillos, alguna cosa que puedan usar para saber como pensamos, en fin, casi no desempacamos. Trae todo...

Oyeron un carro llegar, escucharon el ritmo de la bocina y asomaron por un agujero de un clavo caído, el vehículo que los buscaba tenía el motor encendido y la pintura recién lavada. Abajo se saludaron como viejos amigos y se presentaron- los que se ignoraban-.

-Llévamos hasta La cuadra, lo demás ahí lo arreglamos.
-Va a estar un poco difícil, de aquí he visto a unos 30 limpiando estos lados.
-Contigo me siento más seguro.
-Yo no me siento seguro con deudas.
-¿Vamos?-apuró Mariel.

En la autopista fueron desparramados como dos fideos en la parte trasera del auto. El conductor fumaba mientras conducía con insolente serenidad.

-¿Tú te llamas Eliot?
-No, no tengo la suerte de ello.
-Eliot es su poeta favorito.
-No me lo creo...
-Seguro eres de los que creen que los asesinos somos feos, incultos y que deberíamos estar encerrados para que se consiga la paz mundial.
-Eso último es de los concursos de belleza.
-Ya no, les pareció poco elegante.
-Silencio.

Recordando que al subirse él les dijo que si les decía silencio ellos se pegarían hasta abajo y no moverían ni un dedo. A unos metros una construcción impedía brevemente el paso.

-No creí que en medio de este lugar hubieran cañerías,o tal vez los animales taparon el baño...-mencionó con sorna Eliot-.

Los presentes se miraron.

-Hay un conjunto de casas más allá, señor. Nuestro trabajo será breve. Me permite...
-Sí-contestó enfáticamente- adelante, revíseme; sé de qué se trata.

Uno de ellos sacó su arma y con ella iluminó adentro: nadie.

-Yo también soy del sindicato, pero estoy en mis vacaciones. Un amigo me habló de esto; y bueno, es bastante molesto este asunto de la destrucción de la privacidad, por eso me largo.Ya acabaron, ¿verdad?
-Sí, puedes seguir marchando...Disfruta tus vacaciones.
-Ánimo con el trabajo.

Lo suficientemente lejos como para estar seguros él les habló:

-Pueden salir, ya nos nos ven.

Abrieron una parte falsa del asiento y salieron apurados, faltos de aire.

-Qué horrible. Ya me habían hablado de esto, pero no creí que fuera tan horrible.
-No lo hacen mal, hasta creo que podrán lograrlo.
-Sí, mientras muchos más metros...

domingo, 11 de mayo de 2008

El ducto de los sueños

Se apagaron las luces. Se durmió sobre la cama. Al momento despertó con el arma que tenía en la mano y disparó tres tiros, prendió la luz temblando y vio que no le había dado a nada. Aquella vez durmió con la luz encendida. Días después estaba a punto de traspasar la frontera, algo que probablemente conseguiría, pues, al final era sólo una deuda de prestamistas que no había terminado en peores. Sólo que al avanzar lo detuvieron de inmediato, lo registraron y encontraron su arma. Lo mantuvieron 5 días preso mientras la examinaban. Al día siguiente del quinto lo llevaron y lo acusaron por haber matado con tres tiros a su prestamista.

Lluvia de violencia

Hay tormenta sobre su ojo de paraguas,
azul, fresco como una marina piedra
en las profundidades verdes del agua.

Hay en su boca una sonrisa blanca y pétrea
que recuerda a los toros sufridos en las astas
cuando la verónica cae en sus lomos e incinera

el grito de fervor de los que gastan miradas;
muñecos de sangre que por sangre entran
al circulo de la sequía, a la tierra abandonada.

La sal y el líquido amargado se descuelgan
de los ojos e inundan una tierra despoblada
de corazones humanos, de almas buenas.

Novena hora

Yo siempre enterándome tarde de todo, casi sin necesidad de enterarme.No le salvé la vida por ser especial, sino que la casualidad, la casualidad... Recuerdo- si hago un poco de memoria- la vez que ella me lo dijo, no sin tenerle mucha importancia a ese detalle, en esos momentos los detalles no importan y no pasan de ser apenas ladrillos de esa gran pared que se nos viene encima. Pero es sólo dolor, y el dolor no es de nadie, no es único para decir: "Éste es mi dolor"; todos sufrimos y no todos acabamos en los brazos de la muerte, no sé dónde hallar entre esos dos puntos el puente que atraviesa ese río metafísico tan popular. Ella con su maquillaje tan estropeado como el de los payasos en el último segmento de su acto, yo como un dolor de estómago, él, qué habrá sido de él: es tan extraño que me recuerda a las visitas repentinas que llenan la casa en un día demacrado por la práctica social. Aún está como tarado, el olor de su transpiración me adormece: creo que será mejor abrir la ventana. Ya estamos muy lejos, no saben donde encontrarnos, o tal vez sí, lo han sabido todo el tiempo: la policía, entregarnos y arriesgarnos a ser metidos presos durante largo tiempo mientras que el dinero disminuye nuestra seguridad para poderla someter casi con su consentimiento. No hay opción: felizmente estoy de vacaciones.

-Una vez estuve con un tipo del gobierno. Era bueno a pesar de ser un salvaje. Lo de salvaje era lindo, por alguna razón nunca nos tuvimos miedo y nos mostramos hasta el lado más desagradable...Si supieras. Cierta vez me dijo que me quedase en silencio mientras hacía un asunto: así vi como los tipos tratan a los narcotraficantes y todo eso, nunca voy a olvidar lo que le hicieron a su mano...Pero murió y se acabó el cuento, salvo por todo lo que me enseñó en teoría y que ahora hacemos en la práctica; ¿qué opinas?
-Que como vagabunda de oficinas eres excelente agente...
-Ja,ja, qué idiota. Vagabunda será tu madre.
-Quién sabe...

Mi madre, la desgracia engendrándome. Muerte del amor en el alma para toda la vida. Viveza de los tiempos modernos: imposible de repetir en la época de las brujas y de las hogueras santas. Las sábanas calentadas y sucias, el cordón de metal en el dedo alejándolas, a todas, el amor: una gran farsa.

-Nunca conocí a mi madre.
-Lo sé, era una mancha que muchas veces dejábamos sin cuenta...
-Tal vez si hubiese sido amamantado ahora no estaría pasando todo esto, y estaría con mi mujer en la cama, acurrucándonos.
-Cuántas te habrán dado la teta, las tetas, para ampliar. Olvídate de eso, eres alguien que no tiene fallas; hoy me pareces enormemente derrotado. Y no hablo por todo esto.

¡Demonios! Tenía mucha razón. El ascenso, la llamada, su mujer, su madre, todo era un remolino de los problemas que siempre había llevado y nunca habían podido arrastrarlo. Y ahora era un hombre en aspecto lamentable huyendo como una pulga de todo lo que acontecía en el mundo, incluyendo su derrocamiento.

-¿A dónde vamos?
-A una cabaña, pasaremos los días que me quedan de mi descanso bajo el sol y bajo los mosquitos.
-No, llegaremos, descansaremos y planearemos algo, las cosas no se pueden quedar así.
-No podemos hacer mucho, el dinero lo mueve todo.
-También nosotros tenemos dinero. Lo que dices es falso, no es la cantidad de dinero que tengas, sino como lo usas.
-Tú eres el experto.
-Ya llegamos.
-Es verdad.

sábado, 10 de mayo de 2008

Ahora y mañana

Yo debería vestir de negro,
yo debería tener algo en la garganta,
yo debería tener ya el corazón muerto,
yo: un falso dios que habla.

Mi piel debería ser de sucio hielo,
mis ojos verían la nada,
mis pasos deberían ser un yerro;
mi exterior, una trampa.

Somos lo que trajo el suelo,
somos un viento que el polvo levanta,
somos la caída de los objetos,
somos un pedazo de gloria desperdiciada.

Octava hora

Se le había salido de las manos, tal vez como una pájaro al que tenemos hasta no darnos cuenta que crece y se expande en media luna para surcar las vastedades del cielo,pedazo de celeste que cambia según el ánimo de la tierra. Su error fue creer que estaba tratando como lo hacían los caballeros del siglo XVII, que lo iba a obligar a remangarse la camisa que se igualaba al sueldo de un empleado y que, con orgullo, frente a todos le pegaría un tiro entre los ojos. Ahora estaba golpeado y la droga excitaba a cada golpe como si fuese un batallón de alacranes sujetados como alfileres. Sus pies bajaban si respetar orden y sus codos iban estresados por la posición incómoda con la que lo bajaban los dos guardias: "Al sótano, lugar de nuestros entierros y nuestros deleites sadomasoquistas", pensaba con la lengua bien metida detrás de los dientes, tratando de no morderse. "Ahora o la muerte", pensó antes de girar hasta donde pudo y proyectarse con ayuda de sus pies donde la columna del tragaluz que iluminaba esa serpentina de concreto tenía caída libre: uno de los que lo sujetaban se fue con él, ambos tratando de aferrarse, un impulso natural de supervivencia. Cayó el bulto conformado por dos personas, una normal y otra enorme, y rebotó un centímetro, luego inició la cuagulación de un gran charco de sangre mientras el que había sobrevivido por caer encima del otro trataba de levantarse e ir lo más lejos que pudiera de ese lugar. Se oían los pasos del que estaba más cerca de las escaleras por todo el estacionamiento, bajando como un vidrio circular que hace mucho ruido. Se había golpeado un par de veces en busca de la luz, y la luz terminaba siendo por donde había venido, de donde tenía que huir. Ya había esquivado un disparo por tropezarse y no le quedaba más suerte, no a él. De un modo silencioso penetró un artefacto plateado que impactó de lleno en el perseguidor, lo dejó como un insecto pulverizado en el parabrisas y se llevó a su amigo, digna secuencia de una película de espías.

Afuera las cosas estaban en movimiento, un día entre semana cualquiera; los ojos nos siguieron por más allá: era raro ver tanta sangre bramando del motor de algún carro. Con el riesgo de ser captados por un policía avanzaron unos edificios y bajaron el vehículo; cerraron las puertas y se fueron un rincón más allá, donde les esperaba ropa y galletitas. Cuando se cambiaron y avanzaron más allá explotó el auto, causó una buena distracción.

-Entremos aquí: Recuerda, eres un discapacitado.

Las marcas que ahí vendía tenían promociones y chillones anuncios por los cuales un publicista comía. Una señora arrugada como una verruga nos llevó a un lado con una seña, lejos del desastre vomitivo que se había originado tres pasillos antes. Aquella vez fue la primera en que Esteban pasaba por el conducto de carne con dirección al infierno de ulceras. Sorprendía ver lo adorada que estaba la carne por esos días, no le extrañaba que el prójimo sea carnívoro con el prójimo. Avanzó y al mirar a la ventana se cruzó con alguien que había visto en la empresa, uno de esos que pierden el tiempo y que sabes que lo pierden porque te deben favores que van más allá de las planillas y de los honorarios superfluos.Temió que vaya a reconocerle.

-No nos descubrirán, estás tan cambiado que apenas y te reconozco. Incluso me siento como si estuviera realizando algún acto de caridad...En la vida...
-Por...
-No hables, eres un paralítico, espera.

Fuimos a la despensera con un par de cosas bajo el brazo y nos largamos, sin rumbo hasta los colores de la tarde.

-No te hice caso, como siempre, apenas te fuiste pensé en algo y posteriormente te seguí, estaba dando vueltas por el edificio, si no hubiese escuchado el balazo no te podría haber encontrado.

Las cosas estaban más claras, la tarde tal vez tenía mucho que esperar.

viernes, 9 de mayo de 2008

Cielo de leche

Con los brazos manteniendo recta la nuca la echó para atrás mientras aflojaba las piernas y veía con mejor vista aquel cielo nublado de primavera. Pensó que el cielo era lluvioso y que los ángeles tenían que andar desnudos para no resfriarse...Caviló en esos detalles que no salvarían al mundo hasta que la cabeza de la desconocida se apartó de su cadera y se limpió la boca con la contrapalma de su mano, le sonrió y bajó con cierta prisa, saltando como un ciervo. De ahí que el cielo ya no estaba tan mágico...

Aquello

Aquel verso que perdí
aquella terrible tarde,
tal vez en una Dublín
o en un autor gigante.

Aquel trozo de plástico
hundido en el cuerpo
y saltando en los bazos
del charco del tintero.

Eso inefable y profundo
que viste a lo general,
que tiembla como rumbos
incrustados en el mar.

Séptima hora

W.W. Ahí estaba. El edificio más imponente de la ciudad: sus ventanas color de las esmeraldas y su forma de lanza sin filo que no causaba miedo a los habitantes extraterrestres. 7:00 am. El corazón de unos cuantos haciendo el esfuerzo enorme y cotidiano de ponerse a morir por un buen sueldo. Los taxis parando en la zona establecida y los seres importantes caminando con apuro o elegancia alejándose de ellos y metiéndose adonde la realidad personal se hace más palpable y clara.Hesse llegaba puntual como siempre. Avanzaba entre todos los que había conocido ahí y se pasaba sin saludarlos. Envidiosos. La puerta grande, de oro. La cita que había memorizado en su agenda neuronal. Las 7:00 am con un plazo de 5 minutos.

-Felicidades, Esteban, sabía que en algún momento te vería venir acá y reclamar un puesto.
-El que me corresponde: hay que agregar eso.
-Sí, por supuesto.
-Y bien, ¿dónde debo firmar?
-Por aquí tengo lo que buscas.
-¿También a mi mujer?

Silencio, uno pesado como un edificio con ventanas de esmeralda. Miradas que se buscan por necesidad pero que no se animan. Paso que requiere el destino y su universo.

-Llegaste a enterarte...
-El matón que enviaste antes de morir me lo dijo.
-Me enteré hace un momento del accidente.
-Felizmente calculé bien el impacto.
-Todo lo tienes bien calculado. En especial ahora.
-Por supuesto, si no regreso la otra persona que fue agredida llamará a las autoridades.
-Volverás, pierde cuidado en eso.
-Hablemos de mi esposa.
-Al final lo fue, prefirió morir siéndolo...

¿Muerte? Van cediendo las ventanas que desde adentro son apenas transparentes. Ceden negruzcas, con grumos redondos que llegan y se quedan obedientes en los pies.

-Eso no lo sabías, murió. No sabes muchas cosas. Una de ellas es que yo la conocía desde hace mucho, mucho antes que se conocieran. Habíamos sido amigos hasta cierta edad, muy buenos. Fue por eso que ella llegó un día buscándote y yo la encontré. Salimos a conversar un poco, a recordarnos. Me contó que se había casado, que había sido muy feliz por un tiempo, que su marido la estaba olvidando, que no iba a permitirlo. Al final iba a hablar conmigo: tu jefe; iba a pedirme que te dé menos trabajo, que te despida-yo se lo sugerí-. Le dije que no era asunto mío, que tú eras el que trabajaba y creaba trabajo para trabajar. Prometí hablarte con la condición de que nos viéramos de nuevo. No lo hice, y le mentí diciéndole que sí. Para mí fue una ventaja: mientras tú conseguías lo que querías yo la iba consiguiendo, ganándotela. Empezamos a tener un romance a unos metros de donde estás todo hecho, aquella vez que te mandé a Japón para que cerraras un trato. Al final se cansó y cayó en mis brazos.
-Patético.
-Lo patético fue tu reacción: acostarte con todas, incluyendo sus mal llamadas amigas; por dios, eso es de chicos de 15 años...
-A ti todo te salió perfecto. Yo creí que me engañaba con Mariel, y nada, terminaste con todo el botín.
-Te equivocas, quedé sin nada, es más, terminé robado. Mientras tú hacías tu jueguito de bebé yo la soportaba todos los días, ayudándole a agregar a alguien más en la lista...Fue horrible, un gran dolor para ella,peor para mí, buscaba cualquier excusa para largarte de la empresa. Pero ella me lo pidió, una y otra vez. Al final se fue, quiso ver si alejándose del mundo conseguía lo que quería y lo consiguió: me avisaron de su muerte a los dos días.
-Lo entiendo perfectamente. Oye, hasta parece que la extrañas.
-¿Extrañar qué? Yo nunca la tuve, ni siquiera cuando la tiraba contra el suelo...En esos momentos ella salía de su cuerpo y se iba a verte joder con sus amigas.
-Qué espiritista...
-Cierra tu asquerosa boca: no has ganado, hoy era un día especial para ambos, por eso estuve contento aun cuando te vi tu hipócrita cara...

Unos hombres entraron con las pistolas desenfundadas, le ordenaron que se aleje y que se diera la vuelta. Le preguntaron por la ubicación de su contacto. Él no respondió: sabía que de eso dependía su vida. Lo golpearon y con drogas confesó: la mitad de ellos se fueron, los otros lo llevaron a un lugar para que no lo vieran...