miércoles, 31 de diciembre de 2008

No muestres las fotos

- ¿Qué es esto?
- Son fotos, mujer, qué otra cosa van a ser...
- ¡Me dijiste que no las había sacado!
- Las saque, pues, las saqué, quiero mirarlas, ¿eso es tan malo?
- ¡Pero están repetidas!
- Claro, debo tener varias, sino pues...
- Para venderlas a tus amigos, ¿o crees que no lo sé? Mierda, por eso cuchicheaban cuando los saludé. ¡Eres un pendejo, un puto!
- No, mi amor, eso lo será tú o tu madre.
- ¡Hijo de puta, no te metas con mi madre!
- Deja de molestar; además cachamos rico, ¿o no? Te pusiste a gemir como una perrita... ¡Ahora no me vengas con huevadas!

Le aparta con un manotazo. Toma las fotos regadas por la cama. La mujer lo ha sabido desde antes, y ahora está segura. El cuchillo lo saca por debajo del colchón. Su amante está distraído con las fotos. Lo hace. Un movimiento rápido para abrirle todo el cuello. Serrucharlo. Una vez tras otra, como el pollo en algunos mercados. Cartílago que suena a plástico. El cuerpo cae sin su cabeza. Alivio. No se arrepiente de nada.

martes, 30 de diciembre de 2008

No murió el argentino

El monoplano estaba fuera del hangar; los que le veían sospechaban que una máquina como esas no podía ser dirigida por alguno de los presentes, menos por una persona argentina. "El boludo va a creer que está en las nubes con su compadre cada vez que el motor suelte un "che" que tanto le gusta...", dijo uno. "No olvides que uno se siente mejor en su lugar. No por nada dicen que los de su patria tienen el ego tan grande que necesitan jorobar a otros para meterlo"; disparó el que estaba con ojos bien puestos en las ruedas. Y es que a nadie le caía bien el argentino, como es natural; el que estuvieran presentes no era ajeno al hecho de que el avión se impactara más allá de dos metros, tampoco estos exageraban. Ni bien llegó los mandó a hacerse a un costado; el paso hacia atrás fue más por todos en menos de lo que inspirase su volada. Poco a poco comenzó a acelerar; el venezolano notó que algunos militares estaban desde su palco oteando lo que pasaba. Retomamos cuando todo estaba en marcha, hasta el viento que lo tenía bien en alto, subiendo y subiendo, aunque todavía se miraba. Fue la mala maniobra la que los puso contentos, o quizá era la ráfaga inesperada: las dos alas se proyectaron al lado opuesto, lo que quedó giraba, subía para irse inclinando, pronto bajando, rápido; estaba lejos para escuchar el grito, sólo nos dejó el estruendo. ¡Y a pesar de todo estaba vivo!

Declaraciones de un insomne

Era un poco tarde, según las radioemisoras, para empezar algo largo y tendido -según yo-. Lo mejor que podía hacer era iniciar algo que seguiría luego, cosa que para nada era costumbre mía; tal vez por eso recordé que si no hacía algo, no terminaría algo; un poco similar era el asunto de los tiempos y de acabar con lo que se había empezado. La idea de seguir era inútil: muy temprano, en la mañana, tendría que estar tomando un taxi para ir al aeropuerto; una cara feliz me tendría que brotar para lo que me esperaba. Tenía una segura impresión que todo el sexo que no había tenido se me iba a mostrar en la cara (¡Es que eran casi tres años!). A ella ni le molestaría notarlo, a eso la duda de que ría antes que se moleste y entristezca o lo contrario. Bajaría del avión con una de esas ropas americanas que dejan ver el alma americana de las chicas que las usan y a mí me daría rabia, después estaría callado hasta que la deje sola en un lugar que no recuerdo; no obstante, soy un tonto para estas cosas: hasta le pediría hacer el amor en ese momento, tal vez a mitad de la autopista, sería algo tan rápido, para que así no justificar la abstinencia no compartida... No sé qué me tenía levantado; la estupidez, supongo, era cosa de ir a la cama, de ser grandecito y oírlo de sus labios. ¿Qué es para mí una semana? Ahora no es nada, y la verdad que tampoco lo es tres años. Empecé con los versos. Todavía no empiezo, y mejor voy apurando.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Confesión; diantres, no se entiende bien...

Yo a todos los hermanos que quiero
decir verdad tengo, qué duda cabe,
habrán sentido peso de mi llave
que llevo apretada todo el cuello.

Así va la cosa: "Yo hace tiempo
amé tan tontamente el detalle
de la fiesta morisca de Levante
a la que fui por el aburrimiento".

"A mitad de ella, dentro de gasa,
bailó con todos los que la miraron;
que conmigo al final fue la gracia".

"Baste resumir que luego amamos;
fruto de eso razón de palabras:
agrego que fortuna va a sus manos.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Un padre orgulloso

- Disculpe, ¿usted el papá del alumno Lorenzo?

El padre lo mira con la libreta de notas de su hijo. Los números rojos ocupan la mayoría de casilleros y de venas resaltadas de su cara. No está de más decir lo mal que se sentía el padre.

-No disculpe, mi hijo no es un borrego- soltó sin medirse en sus palabras.

Transformaciones

Un respiro
y luego salta hasta los mares;
ahí es una sirena de cola brillante,
empedrada con las gemas marinas.
Pero el fondo del océano es aburrido
y salta como un salmón hasta la tierra.
Entonces es una zorra que distingue
entre los pinos y entre los hongos azules.
No obstante, se agota su amor telúrico;
tampoco le parecen adecuados los ríos
de aire;
aun así cae en picada por un risco
para alzar el vuelo de los cóndores:
se queda como una
por no volver a repetir el mismo camino
hasta que muera
y sea lo que hasta hoy no sabemos:

La muerte es una respuesta que no entendemos.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Galletas para Noel

El traje de Papa Noel se mostraba ostentosamente a varias cuadras de distancia; era algo tan raro que un traje, una persona, causa tamaña impresión en una época y en una ciudad y en un país que vivía de modo frenético aquella pomposa fiesta. Había una razón especial para tan poderosa atracción: los ojos de ese tipo con traje rojo no combinaban con sus ojos enfurecidos, igual que los de un diablo del otro lado de la frontera. Pocas personas estaban aún en la calle; de esas pocas unas volvían a casa después del trabajo, inconscientemente lamentando seguir con el día en una costosa celebración. Eran ya unas 20 cuadras que aquellas botas negras iban caminando sin cesar; en algunas casas, probablemente con los relojes adelantados, ya habían empezado a celebrar. Al tiempo que llegó al lote que buscaba notó que desde el estómago de la casa los presentes ya se reían; eso acrecentó sus ánimos para acometer hasta el final cada uno de sus planes. Sin mucho escándalo pasó la reja de madera a medio caer y avanzó por el pequeño camino de cemente hasta el pórtico envejecido. Recordó que antes vivía ahí, y de eso ya no más.

No dudó en llamar a la puerta. Al otro lado una voz de niña le interpeló sobre quién era y qué quería, las voces festivas no se habían detenido en absoluto. Un hombre demudado le respondió:

- Abre, reina, soy Papa Noel, tengo un hermoso regalo para ti por Navidad.

La chica se rió y abrió con prisa la puerta. Al estar abierta miró con los ojos muy abiertos al señor que tenía una bolsa tela cargada al hombro con varias cosas cuadradas, lo que supuso cajas de regalos con papel celofán. El hombre bajó de inmediato su bolsa y la dejó en el piso, movió sus manos y levantó la vista hacia el frente: recién en ese momento los comensales detuvieron sus charlas y sus risas para prestar atención al que acababa de entrar; su ex-esposa no le reconoce de inmediato.

- Feliz navidad- dice, luego de hacer una ligera venia a los presentes. De sus bolsillos saca una pistola automática y le dispara sin meditar a la niña en el rostro; el resto de personas no reacciona en un primer momento ante la cantidad de sangre que sale proyectada del cráneo. El hombre levanta la mano con la pistola; dispara a quien fue su suegro y a quien fue su mujer, cuatro tiros a cada uno. Los demás se tiran al suelo o corren hacia el segundo piso; no parece que le faltaran balas al sujeto que dispara a todos los que me mueven. Lo más triste ocurre cuando una chiquilla, al no poder llegar a las escaleras, va hacia la cocina que está al lado del comedor y al lado del vestíbulo y tratar de escapar rompiendo una ventana: el hombre le sigue hasta la puerta y le dispara tres balas antes que su espalda traspase al otro lado. Vuelve a la mesa y remata a los que están en el suelo. Sabiendo que no cuenta con mucho tiempo se prepara para abrir su saco: unas bombas caseras que pone por zonas neurálgicas del primer y segundo piso; en este último no siente a nadie, no le preocupa saber que quienes se esconden morirán quemados. Unos minutos después se desviste en el comedor y se pone una ropa normal, esconde sus ropas debajo de un sofá y va hacia la casa de su hermano. A mitad de la cuadra los pequeños incendios empiezan a reunirse como en una salvaje cena de Navidad.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Ellos no son tus hijos

Malditos muchachos que se fueron con su madre, ¿dónde está su madre, puercos? Seguro con los otros, los que se meten a su cuarto a joderla por toda la noche, ¡bastarditos!, ¡los odio! No se apiadan de mí. Saben que no duermo, no les importa para nada. ¿Qué va a ser de mí cuando esté viejo y ya no pueda trabajar? ¡Qué! No se vayan, no se apuren, esperen a estar conmigo. Los quiero tanto, ¡son tan insensibles! Malditos... Vamos a jugar, quieran o no; no, no arruinen la sorpresa: pagará su madre...

Los chicos llegan al parque, se detienen a ver por dónde empezaran. Aquel hombre que los ha seguido es su vecino, un demente que tiene una llave de tuercas en la mano, con ella, aprovechando que está casi desierta aquella parte comunal, ataca a los niños, que ninguno de ellos hace nada para defenderse. Al estar casi muertos el tipo regresa a su casa, guardando el objeto asesino entre su chaqueta y delirando con el dolor de su exmujer.

Los comensales

Por ende, todos los que estaban reunidos en esa mesa con manteles bordados corrían la pésima fortuna de ser los que digieran aquella mortal nomenclatura, de la cual me es imposible remitir, siquiera lematizar, ahora. Según les dijeron a todos, el químico actuaba junto a dolorosos desfaces, aquellos que suelen devenir después de minutos amables de tregua. Los bastardos seguían pegados a la mesa y a los platillos por la razón de todo el problema: una recompensa por pervivir a aquella velada que divertiría a unos misteriosos ricos que miraran a través de las paredes llenas de cuadros. Todo eso, o sea el resultado final, podía ser considerado como una errata, simplemente. Sin embargo, bastardear el valor de la vida, y por qué no, el valor de la muerte, de aquella manera era muy bajo, demasiado para muchos que apenas y dudaban de largarse, carentes de mayor voluntad; una errata que no debía ponerse sobre ninguna tumba. En cambio, uno de los mozos fue a darles las reverencias correspondientes de todos los que ya estaban observando. Al comienzo empezaron a dudar de comer, incluso de la comida misma, poco a poco fueron masticando, lentamente, buscando el sabor amargo de los venenos; al no sentirlo literalmente devoraron, presas del hambre de su natural condición. Acabados los platos sonrieron alegremente: todo era una broma que tenía por motivo hacerles asustar; nadie moriría, todos estaban a salvo, aun las paredes no tenían los agujeros que pensaban... Ellos razonaron así hasta que alguien tosió sangre por veneno.

martes, 23 de diciembre de 2008

Sueño con perros

De tanto adocenar a los perros de mi vecina -cinco dólares no son nada-, soñé al volver a casa que jaurías enteras de perros de distintos colores y tamaños eran conducidas por ovejas con cayado hacia una gran cala que se encontraba extendida a los pies de una meseta. Yo les seguía con precaución, tal y como debe ser cuando no entiendes las cosas que pasan cuando pasan; y era admirable ver que algunos de los canes ni gruñían y solamente avanzaban por donde tenían que pasar, de tal manera que dichos animales opuestos quedaron separados por hartos metros de caída libre. Cuando se pusieron quietos me acerqué hasta quedar por las espaldas de los entes lanudos; algunos en dos patas, la mayoría en cuatro; todos con la posibilidad de alternar. La más decrépita de las que mandaban se aproximó al límite de la roca; en dos patas, con un cayado de madera no labrada, semejante a una simple rama caída; elevó su madera y extendió sus manos. Ante el cielo, teniéndolo a él como mayor testigo, pronunció unas palabras en un idioma que no conozco, pero que al final entendí; al terminar el celeste fue dando paso a un tono más sombrío y marcado; lo que digo, refiriéndome al tiempo, no será mayor a esto poco que he narrado; y, sin darme cuenta, ya a nuestro alrededor unos vientos imparables azotaban desde todos los extremos. Pude notar que algunos perros tenían la lengua afuera. Sin imaginarlo a tiempo, vi la división de aquel enorme mar del que no me hube percatado en dos fragmentos aparentemente iguales. De pronto, las demás ovejas empezaron a prorrumpir su característico sonido en pos de movilizar a la masa pulguienta hacia el sendero encontrado. Lamentablemente, un poco antes de tratar de sonreír, escuché que una de las ovejas festejaba la masiva muerte de los perros, "y todo por sus ganas de superar la vida". Al saberlo no lo dudé y fue hasta la oveja que creí que mandaba. Algunas de las que estaba por ese lado trataron de detenerme, ninguna con éxito. La así del cuello y continué mi avance con ella; ambos fuimos cayendo en ese precipicio en vueltas sobre el camino vertical sin viento. En esas vueltas vi cómo las paredes de agua se vencían para regresar a su lugar, también vi que unos perros se ahogaban -los primeros-; que otros empezaban a ladrar y que para mí esos ladridos eran una invocación a lo dudosos sobre librarse de la ceguera y acabar con los traidores que tramaron la muerte de todos; no llegaba a verlo, no obstante, al igual que los ladridos y el idioma extraño, sabía que algunos perros habían llegado hasta la cima y que despedazaban entre varios a las ovejas que continuaban vivas. Y yo me vi de pronto caer y caer sin detenerme nada a pesar de estar en lo mismo por un buen rato, mis manos sujetaban apenas una tira celeste del aire que antes compartí con imágenes que eran de sueño al igual que yo, mientras lo demás, hasta la tierra o el vacío, compartían el mismo color sombrío de antes; todo, sin excepción, era oscuro y caliente.

Me despertó caer y golpearme la nariz con el suelo de mi habitación afortunadamente alfombrada. Estaba en mi espacio real, mis paredes de color neutro con algún póster o algún calendario, la luz muerta de la ciudad... Mis ojos se llenaron de un sentimiento indescriptible cuando, de la casa de mi vecina, retumbó un lastimero balido.

Soneto al problema si es mejor casado y fiel que casado y lo opuesto...

Calor de labios al infierno dado
en la tumba nupcial de amor fijo;
no cambia con los años decisivos
y se comporta como iguales años.

Hay tamaña duda en feliz prado;
¿Para qué vivir siempre en lo mismo
pudiendo rehacer mortal sin tino
el gran tornasol bajo el pecado?

Ambas cosas son buenas entre malas;
que es normal estar de esa manera
siendo el mal abundante en mañas.

El frío sobre todo ser sereno
para ir al celeste sin certeza
de saber lo otro malo de lo bueno.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Extraconsciencias...

"Aquí viviremos"; "es demasiado grande"; "con el sol no tendremos demasiado espacio"; "pero el sol no vendrá todos los días";"¡claro que sí!"; "¡No si yo no se lo permito!"; "Tú no harás nada, yo haré todo con él"; "¡y yo quedo como un niño!"; "Yo no te voy a amamantar..."; "¡te quedarás seca! Y él ya no vendrá..."; "¿¡Qué dijiste¡?"; "¡No vendrá! Y volverás conmigo"; "porque estoy contigo él vendrá"; "¡habrá demasiado espacio!"; "Trae a quien quieras, entonces..."; "tampoco compartiré al sol con ella..."; "Te quejas demasiado, vete a otro lugar"; "buscaré algo en donde entremos los dos; al sol no lo quiero ver ni por asomo...".

...

Este oscuro objeto que se esconde en el rincón,
ese que tantos años oculta mi canción,
hoy se expone a la luz de todas las vistas;
no dejar de ser fea la faz por ser perdida...
Y al fin nada importa luego de hacerte a un lado
cuando te hacen elegir entre nacer o un paso al costado.
La existencia no es igual vivir ni ser un lío
bifurcándose por todas las posibilidades de alivio
o de imposible y asfixiante colina que no se puede alcanzar
con solamente mirarla como se mira al mar.
Este objeto tan igual a una pecera de cristal;
Yo nado adentro de un espacio chico y displicente;
nadie puede ser feliz, se ocupa un lugar que no es urgente.

Breve opinión sobre las cruzadas

En la luna de caramelo
vecen los moriscos persas
a espadas del regimiento
traido desde judea.
La arena, igual al camello,
tienes sus lomas desechas:
nada pervive bajo el juego
que hombres ponen y rezan.
Todos aquellos muertos
son así hoy por una idea;
que mala debe ser en pensamiento
cuando se mata a los que respecta.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Puta navidad

El que no hubiera canto de pájaros era un claro símbolo de la llegada de la navidad. Desde el piso más alto del edificio el dueño miraba de su balcón a la gente que se desvivía por conseguir algo para noche; la opción se paseaba entre pavos hasta pequeñas tarjetas conseguidas al paso. Lo cierto era que a él no le gustaba la navidad, le parecía una celebración horrenda, más allá de todo el perfil capitalista que el despreciaba; por supuesto, la razón de que vistiese polo blanco con el logotipo de una empresa de muebles era pura y llanamente por no ser época de invierno, sino al contrario: un calor infernal en este extremo meridional del planeta. Tenía el día entero a su disposición, lo que casi todos los años era no tener que hacer nada de nada durante un cuello de botella por el que los canales de televisión repetían sin compasión la misma película navideña que su competidor había transmitido apenas horas antes. A pesar de eso prefería alejarse del interior de la casa, de la puerta que conectaba al enorme tragaluz por el que se centrifugaba la escalera; desde tempranas horas los mismos vecinos discutían sobre las deudas y sobre la celebración, haciendo contradictoria la idea de que cuando no hay dinero no se debe pensar en gastar. Por lo menos el barullo de la calle no era reconocible para sus sentidos atormentados y derrotados al arrostrar la piel navideña del mundo. A sus pies la sección científica de un periódico daba cuenta sobre los mitos que cundían en aquellas fiestas; se desilusionó al saber que el aumento de suicidio se incluía entre muchos de ellos (Pero es probable que ese estudio no sea nada, que al final la razón común haga resistencia a la mentira científica.): Qué lástima, hoy más que nunca saltar de la ventana que está junto a este balcón parece muy divertido... Su organismo no le molestaba con la sed, a pesar de que no tenía ni idea del tiempo que se había pasado en mirar a los hombres como cuando imitan a las hormigas. La idea del suicidio le desanimaba por la ubicación del balcón, que daba directamente a otro, que era posible chocarse a mitad del vuelo, y eso de golpearse la cabeza y sobrevivir sobre un follaje artificial se veía, desde cualquier punto de vista, horrendo. No obstante, la verdadera causa era una sensación de que no sería igual que en otras épocas ese concupiscente día; no, aquello era una sensación de miel en la garganta; y aunque creyente confeso de la ciencia, una sola esperanza lo dejaba morir bajo un sol imposible. De un momento a otro, pasó: Una bola de nieve que cayó lentamente con otras le refrescó la nariz; el cielo estaba con un color castaño claro, sin ninguna nube. Al reaccionar se incorporó para ver el magnífico acontecimiento: miles de copos de nieve se precipitaban en todos los alrededores visibles desde donde se encontraba; la nieve provenía desde mucho más arriba, a una distancia de la que apenas se vislumbraban las ondas de calor. Hasta hoy no sabe cómo describir la presencia de nieve en ese social infierno.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La costurera

Un esqueleto vestido con traje de etiqueta le pregunta desde el baño, distraído mientras se acomoda los gemelos, a su mujer si ya está lista para ir de una buena vez a la fiesta organizada por los vampiros. Ella le responde y acaba con sus expectativas: Ya se ha puesto el vestido, pero está que da algunas puntadas a ciertas partes descosidas. El rostro careto de nuestro difundo hace una mueca de disgusto, pero no dice nada, total, es algo muy común retrasarse por esas cosas. Con un buen reflejo proyectado del escudo de plata regresa a la habitación para revisar, mientras espera a su esposa, algunas gavetas de su gran mueble de caoba. El vestido de su esposa es de color vino, ideal con algunos pedazos irregulares de aquella piel. Al empezar a sacar algunos cosas de la gaveta su mujer le pidió que parara, que después tendría que guardarlo todo, a lo que él respondió que no había problema, y que en el peor de los casos ella ya había terminado:

- No, mi amor, cómo crees, ¿no ves que se me han roto todos los puntos que atraviesan mi pierna? Tengo que disimularlos lo mejor que se puede, por lo menos hasta esta noche para quedar bien con los vampiros; después, mañana, voy a conversar con el pequeño Edy para que me dé una maldita explicación sobre la calidad de este hilo... ¡Y es que no puedo estar cosiendo los trozos de mi piel a cada rato!

jueves, 18 de diciembre de 2008

El sida

Cuando llegaron él ya estaba muerto. Habría sufridos varios días de una penosa fiebre que lo empotró a la cama; él siempre estuvo en la cama, mucho antes de la fiebre. Su débil cuerpo era la causa, también la de su muerte. Algunos dirían que todo eso era culpa del sida, pero para él eso nunca fue suficiente: tal vez quiso demasiado a su madre, aunque ignorar las razones no es querer a nadie. De todos modos le habrían tenido miedo desde entonces, dada la casualidad que nadie lo sabía; difícilmente, entre nosotros, unos cuantos. Al saberlo lo abandonaron, y eso a nadie le extraño, pues sabemos que en este lugar se cree que estar enfermo es estar condenado, mucho más cuando se trata del sida, una enfermedad que, según ellos, se contagia con lo que respiramos. Pobre, muchos de los que eran sus amigos más recientes lo dejaron, los otros se acobardaron para verlo, solamente hasta el final, después de que el mal olor de su cuarto nos indicara que él estaba completamente muerto.

martes, 16 de diciembre de 2008

Abajo pantalón

- Mamá, este pantalón tiene algo... ¡Me está matando!
- Deja de quejarte, es nuevo, a las cosas nuevas se las quiere sin meditarlas, ¿me oíste?
- Pero mamá.
- ¡No me hagas pasar vergüenza!

Entran los dos a una joyería. En el mostrados una chica guapa con un sobrio vestido negro le sonríe a la madre al verla poner el bolso sobre el mostrador.

- Buenas tardes. ¿cómo puedo atenderla?
- Llamé en la mañana y me aseguraron que tenían varias joyas peruanas, no son muy comunes acá, ¿las tienen?
- Por supuesto. Quiere pasar, si no lo desea puede ir a sentarse, de todos modos no demoraré demasiado.
- Prefiero pasar. Hijo, dame la bolsa -mira dentro de ella por un segundo-. Tengo alguna ropa con la que quisiera combinar las joyas. Puedo, ¿no es así?

La vendedora le pide que pase con un movimiento de palma de su mano.

- Hijo, espera aquí.

Al entrar la madre el hijo, presa de la desesperación, lo piensa: un lugar vacío, poca gente, la mayoría de ella no vendrá, un mueble para no dejar las cosas en el suelo, ¡maldita comezón! Se quita lo más pronto posible el pantalón, la piel roja de sus muslos mienten al sugerir una agresión. El viento fresco lo relaja, se sienta en un sillón; los minutos pasan, nadie entra. Al momento regresa su madre, no reacciona, ella le encuentra con el pantalón sujeto al brazo, le recrimina, se avergüenza, la chica de vestido negro como neumático se ríe; en ese instante entran chicas, la mayoría modelos, le ven, también se burlan. Ante todo esto no sabe en qué lugar ni en qué rato se quedó.

Despojarse

La poesía invisible
para sobre mí;
lo sé porque dimite
de mi rubí
que es la sangre que te di.

Escucha su voz,
que yo no la sentí
ni con toda su canción.
¡Ay de mí!
¡Mañana no te amaré sólo a ti!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Los caballeros

-Qué se yo, no sé- miró hacia el otro lado.

El mozo se puso notablemente incómodo.

-No le haga, caso, mire deje la cuenta aquí, yo se la pago. Vaya más bien por esa señora de la otra mesa, que está con una cara de querer asesinarlo...

Con una ligera reverencia se alejó hacia las recriminaciones de la señora. La cuenta estaba sobre el mantel que no era de terciopelo.

-¿Qué pasa contigo, idiota, no trajiste nada?
-¿Para qué?- le contestó.

Con sus enormes dedos golpeó el borde de la mesa, estaba molesto, no era para nada menos.

-Yo no tengo ni una moneda, nos la van a hacer pasar mal.

Por primera vez le miró fijamente a los ojos.

-No es mi culpa- señaló.
-¿Acaso te burlas de mí? No, claro que no es tu culpa; uno no escoge a sus amistades ni a la gente con la que trabaja. Nada es igual, ni esto ni aquello; lo de antes sí fue un encono... Son, por todo... El vino, la carne magra, o sea la tocineta, el puré, el postre de manzanas...
-Hay que largarnos- interrumpió su compañero.
-Estás mal de la cabeza; sabes de quién es este establecimiento, todo mundo lo sabe, es de los pocos sitios que pagas por la confianza, ¿y esperas irte a correr sin más?
-Hablemos con el dueño, me debe algo... De alguna manera, no sé.
-Si le hacemos perder su tiempo la fregamos más.
-Ahí yo veo.

Al levantarse notaron al mozo que regresaba, le dijeron que iban a conversar con el dueño, él se opuso, bastó con mencionar un modo de acrecentar los ingresos que éste poseía para que les indicaran por dónde se podía entrar. Era un pasadizo flaco y elegante, con alfombra roja y espejos de borde decorado, fiel al estilo gótico; las mesas finas de roble bajo los manteles inmaculados; apenas un par de personas cruzaban por ese lugar. Tocaron a la puerta y una voz moribunda ordenó que pasen; era una oficina hermosa, una mano en pleno proceso de supuración era lo más recriminable del lugar.

-Caballeros, no tengo la más puta idea de lo que quieren, apenas y creo reconocerlos, eso no es suficiente para disculparme por lo grotesca de mi situación, ¿verdad?
-¿Cómo se hizo eso en la mano?- preguntó el que no tuvo con qué pagar la cuenta que su amigo rechazaba.

Miró a sus ojos por un momento, parecía desconcertado. Lazó la muñeca con un reloj de correa negra y señaló a su compañero.

-Él me disparó- contestó.

Al decodificarlo se le pararon los pelos.

-¡Mierda, qué hiciste!- le preguntó, jalándolo de su manga izquierda.
-Cállate -ordenó-. Como bien recuerda, yo le salvé la vida; conviene para ambos que no recordemos cómo; verá, estábamos comiendo aquí y me di con la desagradable sorpresa que no había traído la billetera, mi compañero no tenía dinero, obviamente yo le había invitado... Le aseguro que esto no se convertirá en rutina, ¿le explico?

Sin darse cuenta la pus manchaba por fuera del recipiente ovalado de plata, sobre la alfombra. Al notarlo volvió en sí.

-Seguramente no será una costumbre, usted es un caballero, indudablemente. Por favor, díganle de mi parte al mozo para que les sirva la selección plateada -le alcanza al matón una tarjeta-, cortesía mía. Espero que les vaya muy bien, y gracias por la visita.

El hombre volvió a sus cuentas; los dos salieron para estar de nuevo en el área de servicio, le entraron el recado al mozo que les estaba con sus sacos y sombreros.

-Oye, ¿no vamos a reclamar el vino?- indagó tranquilo su compañero.

El dio una mirada benevolente.

-No abusemos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Las buenas ideas producidas por el catolicismo

Era turno de los terceros; antes los de cuarto había saltado. El profesor, de quien era la magnífica idea, llamaba a los chicos según su lista y su orden establecido. Tocaban los de tercero, unos chicos de trece, ni chicos ni grandes, no adulto, tampoco niños; ninguno daba el paso adelante, todos, por el contrario, se mostraban renuentes, revejidos ante semejante acto.

- Vamos, otros esperan- reclamó el profesor, apoyado por una pifia general de los ansiosos.

Uno de ellos, finalmente, dio el paso. Era de todos el más maduro, cosa que no era nada, por supuesto; estaba ahí por voluntad y, al mismo tiempo, por obligado, en una de esas contradicciones hermosas que se dan en los chicos. Una duda le salía de todo el espinazo, pero a esas alturas una duda no detendría nada, y las quejas eran persistentes. Fue hasta el borde, listo para saltar, no creía en alguna posibilidad de alcanzar el otro lado: a la señal saltó, muy determinado, incluso era posible que lograra tocar el borde de donde hubiera querido estar parado; sin embargo, la cuerda en su cuello, la gravedad, el abismo, no le hicieron llegar.

Cosa de ingleses

Había hecho todo lo más indecente media hora de que la pequeña miss Pokplin viniera, como era habitual, para fregar, como solía ser su costumbre. El jardín era un sitio de nadie los sábados a las cinco; las flores: margaritas, rosas; la mala hierba, el pasto, algunos adornos de jardín que no tenían un valor sentimental, eran arrasados por alguna de las dos señoras que vivían a ambos costados. Desde antes que el señor Patrick llegara a esa casa las dos viejas se juntaban ahí sin importarles lo más mínimo la presencia del dueño de ese domicilio tantas veces cambiado de dueño; generalmente, no les era difícil conseguir la rendición disforzada del nuevo inquilino, ni bien este llegaba, y luego se volvía una costumbre que se volvía tan arrastrante como para estirar a un ser en busca de paz hasta el extremo más caótico de su infinito. En esta ocasión era el señor Patrick el desafortunado que se intranquilizaba cada vez que la hora límite se presentaba. Desde el cristal escondido por la luz cuadrada él veía cómo las dos avanzaban imparables, hechas unas moles que mandaban a su alrededor a todo lo que terminaba cerca de su camino; las jarras de limonada con trozos circulares y verdes, cercanos al hielo estático a la altura del asa, hacían tambalear el líquido, que amenazaba en decantar la mitad de su cuerpo acuoso a un recipiente imaginario. Una mirada que se las quería comer las observaba, finalmente juntas, en el lado seguro de un lugar que debió ser agradable, que tal vez debía de serlo, que posiblemente lo sería, siempre y cuando se animara a lanzar la granada que tenía sujeta a su bolsillo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Zhe vu zasiur

- "Zhe vu zasiur", no entiendo lo que significa, maldita sea... ¡Aborrezco a Nabokov!

Un viejo que estaba a su lado alzó la vista, no por el grito, sino por la situación:

- ¿Le aborreces por no saber unas palabras?
- No, es que está drogado este tío, ¿qué le pasa? Sus conversaciones casi no tienen sentido...
- Casi... No te olvides de lo que significa.

El chico tira el volumen al lado opuesto de la mesa; solamente están los dos en ese espacio acondicionado, un cuarto donde la mesa y cuatro sillas elegantes apenas entran; luz y golpe caliente, inclinada, entran por el cristal y acaba, súbitamente, a unos centímetros de los dedos.

- La luz me provoca arcadas- dice el viejo, al rato que es más amable con su libro al dejarlo suavemente que el joven.
- No sé lo que es eso- responde el joven.
- Yo tampoco sé muchas cosas, por eso vengo. ¿Vienes porque te obligan?
- Tengo tareas...
- Eso es una obligación.
- Cómo sea...
- Si quieres tener éxito manda al diablo esas obligaciones, ¿lo peor que te puede pasar? No aprobar un curso o un examen. ¡Ja, ja! La gente es tan idiota que sigue creyendo que uno es un examen, una nota. ¿Has visto la cantidad de dementes que son padres?
- Ni lo diga, tengo a un par de ellos.
- Siempre se cree que debemos ser mejores que ellos, y en el esfuerzo nos terminan estropeando. Mírame a mí: dejé el colegio a los 10 años, no por problemas, sino porque era muy aburrido, luego me fui a los 14 de la casa, me parecía un asco; estudiando por mi cuenta (Ojo, que me encanta estudiar.) entré a la universidad, ahí tampoco tuve buenas notas, no las necesitaba, los cursos eran mínimamente interesantes, lo demás podías dejarlo de lado. Terminé y publiqué un libro, no me fue bien, así que me fui de marinero. Como nunca tuve a quién darle mis descansos más que a la literatura, escribí un libro más que sí tuvo éxito: lo demás es historia, no quiero aburrirte mucho.
- ¿Y cuál es la idea?- preguntó el joven, bastante interesado por la idea de mandar al mundo y al sistema al cuerno.
- No hay idea, muchacho, no hay regla, si me hubiera quedado con la vida de mis padres probablemente otra sería mi historia; pero no lo hice, tomé otro camino. La vida está llena de ellos, sin embargo, eso poco importa, no eres más por tomar uno u otro; la fama no es gloria; la paz no es esperanza; la riqueza no es poder ni felicidad. Es de todo, con todo, siempre a lo más profundo, igual que esas palabras: No sabes lo que significan, pero no quiere decir que no signifiquen nada, parecido es esta conversación, la luz, el polipero, etc... Resumiendo, eres muy joven para querer leer a Nabokov, de seguro no lo sabe ese viejo que te debe dejar las tareas...

Luego, se rió, el chico hizo lo mismo, aparte preguntó si era posible que eso sea ruso; se fue a buscar un diccionario...

jueves, 11 de diciembre de 2008

No cortar las letras

Para ese instante las letras sobresalían de sus márgenes blancos, alcanzaban el cubrecama de color del nácar , escalaban el panamá que su padre le había traído, iba doblando el tocado que comprimía la coronilla y su cabello; montones de letras se iban despegando de las hojas, la hilera, vista desde lejos, era igual a la de un hormiguero, también a la de un papel lleno de clave Morse. Ella no se enteraba de nada, seguía dormida, cerca de esa puerta que está dentro del laberinto de cabeza por donde andamos en sueños. ¿Quién sabe si con todo ese gran potencial que tenía, hubiese sido algo más especial si lograba abrir aquella puerta? Cuando llegaron sus padres metieron el auto a la cochera, esa fue la señal de retorno para las ramificaciones caligráficas; por poco se levanta al ser llamada por su papá y un poco antes de que regresen a su sitio en el libro todas las letras.

Haciendo lo que más me gusta...

Nunca entenderé
porque Cortázar no es un poeta
si escribió poesía...
¿Es tan clara la diferencia
como para aferrarnos al tópico?
Dulcedumbre es todo lo que toca
(¡Te he visto desnuda tanto lo que he dormido!);
sí sabe normal la muerte
en los labios que se atreven a decir moscas...

Nunca entenderé la razón de esto
ni de el porqué le dedico mi tiempo
a la poesía de Cortázar...

Mal perdedor

No estaba contento, al contrario, sentía un globo rojo de aire caliente crecer y oprimir los órganos contra el tórax o esternón. Todo eso resultaba injusto, la revista con su papel luminoso, sinuosa entre mis manos apretadas, había que bajar un poco más el mentón para esquivar la mácula gris del foco ahorrador. En un recuadro estaba la lista de afortunados, los ganadores con la capacidad de escribir en un teclado usando los diez dedos, con influencias y contactos, pequeños imanes de ira, especialmente de la suya: Él debió ganar ese premio.

El cuento estaba escrito con la intención de Nabokov, aunque los diálogos eran menores y kafkianos; las mil palabras eran correctas en sus respectivas instancias, la historia de un tenor a punto de salir en su primer espectáculo de ningún modo podía resultar desdeñable. Creía que la cosa avanzaba por el lado de las influencias, de la mafia que forman las editoriales y los escritores consagrados para filtrar la literatura de la literatura misma; jamás creyó en serio en lo que otros decía al respecto, incluso había apostado, menos cinco dólares.

Se fue en taxi hasta la redacción de la revista. La recepción le confundió con uno de los ganadores del premio, sólo así se explica que le hayan dejado ver al encargado de este, y este, pensando en uno de sus amigos concursantes y ganadores, salió apresurado a darle la mano, con la sorpresa y el derechazo correspondiente del mal perdedor. Los de seguridad de sacaron, sin embargo aquel globo rojo había cedido en la movida, todo para volver al tamaño normal del corazón.

martes, 9 de diciembre de 2008

El retorno

Recién venido de La Patagonia fue a buscarle a su casa, emocionado, al fin y nada más, a unos metros de darle la noticia. En la casa le comunicaron que se había ido de compras. "¿Sabes adónde?", le preguntó el hermano. "Sí, claro, hombre, ni que fuera un extraño". El tipo parecía no ubicarlo, pero él no lo consideró. Al rato fue al centro comercial de la zona; él recordaba que siempre se divertían en la sección de compras, claro que ella era eso, una compradora compulsiva. Al llegar se encontró con ella saliendo el baño que estaba junto a un local de ropa deportiva. "Hola", le dijo,"cómo estás mi am..."."¿Disculpa, no te conozco?", le lanzó un bombazo la chica que se veía más bella que nunca. "Este...Yo...", balbuceaba el chico, mientras que en ese rato salió de la tienda un chico de la misma edad de ellos, alto, fornido, probablemente practicador de yudo. "Vamos, ¿mi amor?", le preguntó aquel personaje a la chica. "Un momento", mirando a su exenamorado,"¿Te conozco, verdad?". Él no hizo más, ni habló ni dejó que los dos extraños que le miraban de pronto dijeran algo. Simplemente murmuró y se echó a andar a un lado. Como buen hombre, no lloró.

Traficante

La cerveza es buena
cuando Rimbaud avanza por Polvos Azules
y los yuppies sufren de la metaformosis
que los llevará volando hacia la coca
que mascan las presentes
y las pasadas sociedades nuestras...
Mientras tendré frío por no usar chompa
mientras tomo solo una botella verde
que no sé cuánto desea el que mira la espalda
en donde Rimbaud varios colores deletrea...
Algunas manos desconocidas revisarán mis bolsillos
y mi estómago, ya sin comida y sin salud.
Rimbaud traficará con su vida
al irse de Polvos Azules
con la mía en otro frasco de jarabes.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Correspondencia entre amigos

Estimada:

Antes de escribirte tenía ciertas cosas que hacer, lo menciono porque no hice ni recuerdo cuáles eran, cosa rara, usted, sabe, mi extraordinaria memoria. Yo se lo digo porque dichas cosas le concernían. Si de casualidad sabes cuáles eran, hágame el favor de advertírmelas.

Atte. Gabriel

Estimado:

Ignoro las razones que usted tenía conmigo, la verdad es que no se me ocurre nada, y por lo que entiendo todo está en orden en cuanto a usted.

Atte. Yolanda

Estimada:

Conversé sobre el asunto con el señor Baskelin, amigo mutuo, y me explicó de lo que nos trataba; para hacérselo saber le ruego encontrarnos en parque que está próximo a su casa, el que la mitad le corresponde a su propiedad; ¿le gustaría? El asunto es un poco urgente, y perdone que no sepa nada.

Atte. Gabriel

Estimado:

Descuide, le escribo para asegurarle que estaré ahí sin falta. Como lo hacemos de costumbre; lo espero.

Atte. Yolanda

Al día siguiente del encuentro la prensa informaba de la espeluznante aparición de la dama, víctima de un cruento asesinato.

La explicación

Basta. No se sabe con exactitud cuánto tiempo se va a quedar esa gente; ya para esas alturas todos le habrían preguntado, y él, delgado, melancólico, probablemente no hubiera contestado. Era insoportable: los habíamos encontrado camino a casa, unos seis en realidad, el otro no nos daba buen aspecto: peludo, de consistencia extraña a la de sus compañeros, orejas largas, morro. No se comunicaba con los otros; parecía asustado, tímido sobre una lámina de aluminio. Aunque los otros estaban nerviosos, se comunicaban, lo entendíamos perfectamente, a veces trataban de comunicarse con nosotros, y, en culpa, parte de eso era nuestra responsabilidad por haberlo llevado. A cada momento una de ellos nos advertía que eran americanas, que si éramos parte de ese gobierno, extinto, llamado Norteamérica, que si eramos rusos, Chinos; los otros se cansaban de repetirle que era una tecnología demasiado avanzada, y que, sin más inconvenientes, nosotros éramos extraterrestres. Sin duda que sus palabras nos atormentaban: unos, confesándose en secreto con sus compañeros, se imaginaban el resto de su existencia en algún territorio no solar donde siempre hiciera frío, otros eran más severos, daban sólo la muerte. Ante la situación tratamos de razonar con nuestro comandante, incluso le sugerimos que volviera y los dejara, posiblemente no tendría mayor repercusión que una anécdota... Se negó con una explicación muy convincente: "Muchachos, no era nuestro deber evitar que mueran, y ya que lo hicimos para nosotros todo está terminado, al igual que para ellos. No olviden que es un delito mayor volver en el tiempo y transportar humanos".

domingo, 7 de diciembre de 2008

Testimonio de alguien que ve a un natural ganador

Iba a casa para desviarse de una pedida de dinero, pero al final chocó y todo se fue al diablo. De los gritos vinieron los reclamos y el guardia de turno, quien amablemente les dijo que tenían que arreglar ahí sus problemas si en otro lado no querían arreglarlos. Por eso se la llevó a casa, sin importarle que fuera de pie o arrastrado, eso por las veces que sin querer se tropezaba con el calzado. Irremediablemente, ella pedía dinero, una copa de más, lo que a él le irritaba. Empero, ese era su trofeo por haber venido a la vida, una estafa pagada siempre con dinero que le robaban para la cerveza.

Pulcridad

Un charco de rocío putrefacto cae del borde inclinado del techo hundido por la presión de la lluvia cuando las niñas salen felices de sus obligaciones como estudiantes de vestiditos rasos y cuadriculados. Las medias las tienen hasta la cima de las rodillas, no logran alcanzar la parte que se va ensanchando cada día y que es tan suave como un durazno acariciando la comisura o las mejillas de la cara; hacen un perfecto conjunto con el movimiento que salta al estirarse para afirmar la pierna sobre la punta de los zapatos de charol con taco corto. Listones esmerados posan desde sus cabezas, tratando de embelecar a cualquiera que mira esos rostros buscando una niña y no una criatura que está en los más cerca de alcanzar a la definición de una mujer: ese engaño es maligno, y me tiene ahora mismo aprisionado.

Nadie juega ajedrez en un parque, y eso es notorio y marcado, demasiado sospechoso para no ser tomado en cuenta; ¿cómo, además, si he venido desde hace un año aquí, todos los días, sin que nadie se preocupe o se de cuenta? Todo esto tiene el valor agregado de conocer a los profesores, hacerse amigo de los pocos que comparten cierto gusto por el juego de mesa. Se sientan y juegan una partida, cuentan sus historias, sus remembranzas, hasta que nos rodean algunos niños... Y unas niñas...

Ellas llegan y se quedan; son más interesantes que sus compañeros, que a esa edad la mayoría las considera como un espanto. Conversan entre ellas, con su profesor, se ríen, disfrutan, me hacen preguntas que no considero, pero que amo responder y acompañar dicha respuesta con una breve mirada que hace mi día entero... Luego el profesor se va; al principio me mira y sospecha, por lo menos le da mala espina verme luego de terminar, les dice a sus chicas que se vayan. Sin embargo, es distinto después, se quedan, no les dice nada, supongo que no me tiene clasificado, y por esa omisión no me tienen más miedo. Últimamente, algunas de ellas se han quedado, algunas bastante tarde, cuando todos en esa avenida se han ido. Me invitan a jugar, y yo encantado.

Al ser tarde me piden que las acompañe a casa, que hable con sus papás, a ver si les perdonan, yo les hago caso, siempre para no perder mi estigma de líder protector; al final me hago a un lado.

De todas las que trato la que más me gusta es Rita, la más alta y, para mí, la más bonita. Muchas veces he pensado que se trata de una compañera de la infancia, que tiene que ver en algo con esa compañera; sin embargo, no es así. Será por eso, tal vez, que me gusta acariciarla, sentir que no debo temer con ella por no ser parte de mí, parte de nada. Mis caricias no las toma como una ofensa: ella dice que me quiere...Yo también, Rita, Yo también...

Resulta terrible hacer lo mismo todos los días, dormir poco luego del trabajo y disfrutar de la recreación de la visita, y no cambia nada, pero yo s cambio, y de pronto quiero que ese cambio se note afuera, trasgredir lo real y lo claro, herir el mundo para que se muera. Los deseos de hacer daño han ido en aumento, y lo han notado tres profesores en sus partidas, siempre argumentando que jamás me había visto tan despiadado. Empero, yo no quiero hacer daño, dejarme llevar por esos impulso, aunque al mismo tiempo lo deseo, y quiero, sí, quiero; el borde de la acción está camuflado, y Rita guia mi mano en lo que parece uno de los cuatro caminos hacia su casa. Me cuenta algo sobre unas muñecas, no sé, no puedo considerarlo en el momento que me guardo una bomba en el pecho... La quiero tanto, tanto que empiezo a llorar sin que se dé cuenta. Me rindo al verme desviado de la normal ruta, tirando sin forzarla de su mano; y su voz ya no dice nada, está atenta hacia donde vamos, sin saber que es un cordero rumbo al matadero. Me dice que estoy llorando, yo le digo que sí, que me perdone, y me apoyo en la pared trasera de esa casa, por el callejón al que nos hemos metido. Se acerca para darme un beso, me abraza; yo le tomo el cuello en un abrazo también, la acerco, está caliente... Por algunos minuto de explosión la tengo entre mis manos, silenciosa, llorando: ambos sabemos que ninguno va a perdonar lo que le he hecho.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Trivialidades

- ¿Crees que es gracioso?
- Dios, ja,ja, de verdad que lo es; no te imagino, guapa, haciendo eso en la calle.
- No hubo nada más que hacer, el tipo se había puesto sufrido, era para matarse, claro, si era posible matarlo primero.
- Y optaste por lo segundo...
- Exagerada, ¡bien se lo merecía ese idiota! Nunca sabes qué cochinadas hay habitando esta tierra...
- Pero él acertó, ¿verdad?

Ella la mira con desconfianza:

- ¿En qué,ah?

Ella sonríe:

- En que eres lesbiana.

Ambas se ríen, una antes que la otra:

-Cierra la boca, perra.
- Ya.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Microdancing

Aquel hombre que habría tratado de ligársela en ese momento la estaba insultando, diciéndole que era una maldita lesbiana come conchas, a lo que ella le respondía que era un resentido mamón por no tener a las conchas en su dieta. En ese instante una madre trataba de ordenarlos, pero ambos la disminuyeron, teniendo que irse mal parada por la cola entre la piernas. Y hablando de piernas él le dijo que las debía de tener gordas por tantas veces que la habían levantado; a lo que ella, cediendo parte del terreno, le respondió que por supuesto, que era gracias a su mamá (La de él) que tenía las piernas tan tonificadas. Él le advirtió que no se meta con su santa madre, a lo que ella burló de inmediato al afirmar que sí era muy santa, porque todo el mundo la hacía terminar arrodillada. El hombre, que estaba insultando desde lejos, volvió los pasos que había dado y trató de golpearla: no contó con que ella sabía karate; de un movimiento lo dejó en el suelo. Aturdido le dijo perra, y al abrir los ojos no chocó su vista con el sol, que en realidad estaba detrás de ella; aparte de eso vio por entero la parte que cubría la falda, la cual, posiblemente, hubiera causado cierta vergüenza a las pudientes, ya que no tenía rastros de ropa interior, al contrario, se notaba una parte saliente de carnes hinchadas, como estrujadas, con algo de rojo alrededor. Y todo acabó cuando, luego de tragar saliva por el calor que estaba sintiendo, le espetó: Ahora que sí creo que no te gustan las chuchas, perra; a lo que ella le pateó.

Al final nos destruimos

Se beben los regueros de la sangre
tuya que alistan para huir alrededor
de tu descanso con los ojos que abren
un lugar vacío que no llenamos los dos.

La herida siempre fue grande, gigante;
no la ocultó ninguno en el perdón
para seguir estando justos en el aire
hundido por tu error y por mi error...

¡Lloras a pesar de que te ame!
Si nunca fui bueno, por eso fui escritor:
nadie pervive bajo el incesante
flujo de tu sangre en mi blasón

jueves, 4 de diciembre de 2008

La despedida

-¿Aló? Mira, si no contestas es igual, yo sé que estás ahí, ¡y me tienes harto!, me revientas con tus quejas estúpidas. ¡¿En verdad te quieres morir?! ¡Pues, mátate! Hazlo y hazle un bien a la humanidad que se pudre por mantener al ser tan despreciable que eres, ¡sí!, ojalá que sufras, maldita perra, así entenderás que eres sólo sufrimiento y que podrás estar más cerca de acabar... ¡Acabar con tu vida enferma! Óyeme bien: ¡No más llamadas, no más hombros para llorar, no más horas gratis de psicólogo, no más palabras falsas de amistad! ¡Me llegas, eres patética! Si te hablé antes, era porque me dabas lástima, solamente eso; ahora ya no más, desaparece, ¡déjame en paz!

Al otro lado, en la escalera de caracol que da al tragaluz, al costado del pasillo por el que se entra a contestar el teléfono o apagar el televisor, un cuerpo sin vida ya no lucha contra la gravedad, ya no se ahoga ni llora por su cuello medio roto que no la llegó a matar al momento; el viento que baja desde arriba la mece. No se sabe si reír o llorar.

Las clases del muchacho

Regresa de casa lentamente, ya va la tercera vez; cuán complicado debe ser tener que ir el viernes. Toca a la misma hora clase de gimnasia para los del turno de la tarde, pero él debe ir, y eso a nadie le importa.

La entrada con las rejas a ambos lados está abierta e reprimiéndole su reticencia a pasar, más lejos oye que el profesor los está cansando para mejorar las resistencias: cree que es un buen momento y se decide a entrar; todo se pudre de inmediato.

- Oye, tú, ¿qué haces acá?, ¡te dije que no vinieras!
- ¿No es el mariconcito del segundo A?- pregunta con voz fuerte a uno de sus compañeros; el profesor omite esa acción.
- Señor, tengo reforzamiento de matemáticas con la profesora Ybarri... Debo entrar.
- ¡Yo mando aquí, gusano; y te advertí que debiluchos como tú no pueden entrar hasta que se vuelvan hombres!
- ¡Pues no es mi problema, infeliz!- le gritó el chico sin meditar.

Un conjunto de murmullos salieron a espaldas del entrenador, que estaba rojo de molesto.

- ¡Muchachos!Aquel que me trae la sangre de ese excremento se va a casa a descansar, ¡Escucharon!

Todos se pudieron atentos y gritaron:

- ¡Sí, maestro!

Fueron tras él y le dieron una golpiza. La profesora, luego de una media hora de espera, se fue resignada a casa.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Insolvente

Acababa de perderse la imagen de la pantalla que estaba caliente por haber funcionado durante varias horas junto al resto del televisor sucio y de partes de metal granulado, cuyo uso era bastante común desde que los hijos, ¡por fin!, se habían largado.Era una habitación pequeña y tapizada con flores blancas que para ese entonces estaban entre grises o negras; era cuestión de ponerse en puntas de pie para aprovechar la enfocada luz de la lamparilla empotrada por un diminuto brazo de acero dorado en la pared, con ella notabas el polvo que se había acumulado desde antes, aun cuando los muchachos no se habían marchado por las disputas cruentas de sus padres: seres relegados y pervivientes, aquellos dispuesto a matarse para comer lo que quede bueno de sus cadáveres por el resto de los meses, en lo que podría ser un gran festín. A falta de hijos sobraba el polvo que se colaba de las goteras tan grandes como un puño o de la ventana que a través de ella, a las justas, alcanzaba a entrar el aire, contaminado con rastro de carbón y azufre, por cierto. La mutación fue lenta y exagerada, aquella trabajadora de una fábrica de roperos había cambiado su apariencia con dirección a la nada, a eso que se mantiene en lo material apenas con una hilada mordida de consciencia, la más básica, que es comer y dormir, mejor no hablemos del resto. Sola se dio cuenta que no valía para nada, por lo que decidió morir, pero tampoco quería morir, entonces la solución más sensata recorría el desgaste de las cosas ocurridas en uno mismo y que carecen de tregua, segura a la misma vez que no tenía esperanzas. Lo que menos importaba era la comida, pues no sabía quién o qué le daba de comer; carente de amigos, de personas que la respeten, de colegas, de familiares, de todo, era extraño encontrar un plato cerca cada vez que levantaba en las mañanas, como si una intención ajena la mantuviera con vida, o varias que anhelaran similar propósito. No era conocida, su caso- era posible- ni siquiera podría figurar en los periódicos, pero algo le decían los vasos con agua y las salsas dulces de arándano con polenta. Lo que menos importaba no la detendría mucho, es más, no la detendría nada, porque lo que podía hacer le había abandonado cuando todavía era humana, incluso cuando lo que le abandonó lo era. Aquel día no quiso comer nada, simplemente se acercó a la ventana y en el transcurso al suelo se disolvió.

martes, 2 de diciembre de 2008

Carta de un tipo flaco pidiendo consejo...

De un tiempo atrás que me están empezando a gustar las gordas. Sí, lo sé, tiene algo de grotesco, aunque para muchos suene completamente normal; ¿y por qué no? A nadie le hace daño más carne, en sí es mejor que tener sexo con una chica a la que se le notan los huesos, huesos que te llaman o que llaman las agencias de modelos, no sé, mejor no profundizar. No es para nada estético, lo reconozco, la piel tiene algo de horrible en ese lado, cómo estirada, como llena de estrías que la hacen parecer otra cosa, pero, si has vivido como yo, lo que yo, en las épocas de vacas flacas no importa, le haces el favor, te la almuerzas, siempre tratando de no abusar con la grasa. No me imagino qué daño te puede hacer esa grasa; felizmente el falo no sufre de eso: los sabelotodos no han descubierto alguna enfermedad mortal oculta entre las estrías o todo lo que pueda formarse ahí dentro... ¡Menos mal! Lo que reclamo es eso mismo, pero se te hace una costumbre, ¿y a quién entonces reclamar? ¿A la gorda que se comporta como una gacela para complacer tus ansias de león? Por favor, ella feliz de tu hambre, de alimentarte igual que tus compadres del zoológico o de algún club de lectura universitario. Pero luego viene lo feo: te alcanza su mano, la pone entre tu miembro, te dice cursilerías; comienza a pensar que por revolcarte un rato tiene la más miserable esperanza de quedarse contigo; claro, provoca decirle que no es ningún rodeo, pero en fin...Lo peligroso, lo realmente peligroso es empezarle a agarrar el juego, a seguirle la corriente hasta alcanzar la deriva; no, eso es criminal, homicida, ¡hasta quita el suelo! Alucina, hermano, yo hace poco soñé que estaba en el altar, y a mi lado un cerro, un volcán por su cara maltratada, casi el Misti, diciendo "sí, acepto". ¡Te juro que ese día no comí! Por eso estoy sufriendo, no sé si debo abusar de la carne, que no hace daño, o abandonar por ella todos los demás alimentos. Dime, ¿te acuerdas de la Clara? La que vivía con Nolberto...Sí, ella misma, su esposo se largó y la dejó en la casa, ya hace algunos meses, y está perrita la muchacha, seguro que si se anima cambio mi dieta y me olvido del problema, así no sepa decidirme sobre la carne y la grasa.

Natilla

Puede ser el gato negro
deslizando y aullando
sobre los ladrillos nuevos
llamando a otro gato
con forma de orbe
y que tenga de blanco
su porte, sólo su porte.

Puedo ser yo un cuervo
que grazna, lamentando
la partida de mi hueso
que tú fuiste antes de humano...
Ahora eres redonda
como si estuvieras esperando...

La gitana

La andaluza dejó en el suelo al gato negro; todos se quedaron espantados al ver al felino que no se iba del lugar donde lo había plantado su ama. Antes de eso ella echó una de esas maldiciones gitanas, y como todo lo gitano sigue siendo el Infierno para los europeos, lo tomaron como una amenaza; tanto así que el cura del pueblo estaba blanco de ira y de impotencia, ya no era capaz de manipular a los campesinos que guiaba, y estos se daban cuenta. La muchacha regó poca modestia y carcajada, tomó al gato y lo acercó a sus dos pechos que apenas y aguantaban en esos trapos. Los amenazó para despedirse; y se fue caminando.

lunes, 1 de diciembre de 2008

No sexo

Voz horrible que ate
sensación carnal de un vivo goce;
Ojos de un dislate,
amor de los fugaces,
consumido sobre aquellos trotes.

No tiempo en aborde
que se declara ya trascendental
por besos de los torpes
pasos del lado de más animal
en el que puesto estamos los hombres.

Plantado

Esperará. Un sorbo de vino que sabe a mar, cuya hez descansa fraudulenta en el fondo de la botella y del vaso. Esperar un poco más. ¿Caricaturas a las 3 de la madrugada en un bar? Ah... Esa clase de caricaturas... Ladear la cabeza a ambos lados, ignorar las miradas que quieren partir el lomo de alguien. El reloj de la tele. El cantinero, el otro cantinero, la chica que aguanta con los muslos enrojecidos y que cobra una miseria. Esperar un poco más, casi hasta el hartazgo. Un tipo que ha estado mirando desde hace una hora. Un hola; un trago, por favor; un qué pasa, guapo, ¿te dejaron abandonado?; un por favor, lárgate; una llave para que se den un beso forzado; un golpe para dejar en claro la situación del fugaz romance. La huida. Lágrimas en los ojos. Seguridad de saber que él no vendrá.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Alunizaje

Diez vueltas para que el carro marche por buen camino, además los tripulantes están preparados, con las manos apretando el espaldar del asiento. Asoman unos lugareños al ver qué están tramando esos sujetos con esos vehículos refinados. Ellos dan una vuelta brusca para que se lance como un misil el auto, él contra la tienda de joyería que al momentos otros tipos que estaban ahí- y que nadie había notado- entran a saquear y robar. Los hombres del vehículo, aún aturdidos, son ayudados por uno de los ladrones, quien los mete a una camioneta que los está esperando con el botín recaudado: miles y miles de dólares.

Necesidades humanas

Sin hambre sé de hombres que mastican
y mastican y mastican, y lo hacen
hasta morirse de lo contrario al hambre;
pregunto por qué nadie me explica
que no puede ser igual
con los que no aman, no aman, no aman,
¿Por qué?
Porque un corazón vacío sí camina,
a pesar del agua, agua, agua, agua...
La amistad se me enquista
en esos malos amigos
que nunca preguntaron lo que me estaba pasando
con la suficiente convicción
como para responderles...
Yo supe vivir en el otro
(Aunque estos versos no lo noten.),
el problema fue, y es,
que los otros jamás vivieron en mí.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Cielo soñado

Es una ciudad enorme a pesar de que hoy nada es enorme en el mundo, la idea de enormidad dejó de ser efectiva cuando llegamos a todos los rincones del mundo, a partir de ahí no dejamos de mirar lo demás como subordinados nuestros, listos para nuestros antojos y nuestra disposición; ¿y qué hay del cielo? Con el cielo no hay nada, ¿Cuándo fue la última vez que lo miraste? ¿La vez que llovió? Estamos acostumbrado a esa influencia celeste, probablemente pensamos que tenemos un techo sobre nuestras cabezas. Sin embargo, yo hablaba de la ciudad ingente, una que está cerca del Cairo, pero que no es el Cairo, y que tampoco está en las cercanías. Es una ciudad extraña, casi inexistente, posiblemente sea eso: no existe, la habré soñado en tantos viajes que he hecho al Oriente... De arquitectura no sé nada, no sé qué es una pilastra, un arquitrabe, aunque sí sé lo que es un tejado, tan ignorante no soy, es eso que nos cubre las cabezas. Bueno, la ciudad de la que hablo está en medio del desierto, y yo no sé cómo llegar hasta allá, solamente busco en mi memoria y encuentro mi ser caminando, trepando, subiéndose por estructuras bajas intercaladas hasta las plantas más altas de un sitio. Desconozco la causa por la que subía, aunque sé que era urgente que lo hiciera. Como ya se imaginarán todos nada ocurre al final, salvo que no sé cual es aquel final que antes menciono: mi memoria se queda hasta ese momento, el que levanto los ojos al cielo, veo brillar un color blanco...Sólo me queda eso para mencionar, un color blanco.

El asesinato del sueño

La voz infrahumana no se entiende,
es un murmullo; no es voz,
no es voz, no es voz, no es voz.

Tenebroso eco que se intercala:
comporta distinción de miedos
en las instancias superiores...
Yo no sé si hay Dios.

Dios está muerto... Construyamos otro
que use nuestras cabezas,
que no mande por las iglesias,
que motive al sexo,
que sea un orador de la verdad,
que diga basta a las personas,
que ignore el éxito,
que sea calidad y no cantidad,
que no sea un maldito celador,
que tenga más humanidad.

O mejor dejaremos que se lo coman los perros,
o lo mataremos con piedras en Irán;
tal vez gobierne en la ONU,
gobierne de verdad...

Mi voz...¡Qué de mi voz!
son murmullos, balbuceos, piedad...

Deseo final

"Si muero, entiérrenme con el culo al aire, apuntando al cielo, y a mi lápida póngale la siguiente inscripción: '¿Ves, maricón? ¡Para ti siempre estoy servido!".

Los hijos del presente muerto se miraban unos a otros desconcertados: ¿Qué carajos es esto, una payasada? No hay duda de que no buscaban resignarse a que aparezca una cámara escondida de algún programa basura; pero nada, era la voluntad de su queridísimo papá.

Poco antes de morir aquel viejo hombre había tenido una llamada, aquella contenía una trágica noticia sobre un viejo amigo y un gran amor, uno que no volvió a ver jamás; y aun así recibió la llamada. Esto le deprimió insalvablemente, mermó su salud y su espíritu de tanta rabia que evaporó los trozos aún sanos de su alma. Sin que sus hijos lo supieran cambió el testamento, de paso que afinó algunas peticiones que ya no valían nada.

Como estaba escrito los hijos tuvieron que hacer caso, era la petición y la ley, y si no eran ellos, era el estado. Así fue enterrado, y así enterrado no tardó en causar un escándalo entre algunos conservadores que vieron esa actitud como lo que realmente era: una enorme ofensa.

Por algunos meses tuvieron que soportar a las ladillas que viven en la prensa; hasta en determinado momento llegaron a odiar a su progenitor; no obstante, se dieron cuenta de que más inhumano, posiblemente, hubiese sido no haberlo hecho.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Sexo práctico

El corazón no tiene quién le escriba
porque tiene mala letra...
No es víctima del mal trabajo de los profesores
sin la chispa divina de la ética,
sino apenas un ser caminante
que duda al poner sus pies en hogaño.
De la piedra no brotan los relámpagos,
y nadie llora por una mala película
donde dicen que si el corazón no es escriba
poco hay que hacer por remediarlo.
Ni siquiera tiene un paraguas por el esfuerzo:
mejor estar de pie sobre el mojado
de la lluvia siempre fría que no es fría...
Felizmente, algunos locos acusan a los locos
por no tener una letra agraciada:
el amor no es cosa de patrañas,
sino miren al amor que se vomita
entre el "acepto" y el "vete a la otra cama".

Si él no tiene quién le escriba,
yo de él no hago ningún drama.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Bien esquivo

El policía estaba fumando un poco, relajando las piernas en la banca de aquel frondoso parque, las luces naranja. Pensaba en su casa, en su amante y lo rico que sería verla, meterle la mano bajo el vestido, tal vez encañonarla...

Dejó de pensar al ver a una mujer frente a él. Ella con la cara toda ensangrentada, henchida, sus ojos rojos por las lágrimas. En breve le dice que su novio la acaba de agarrar a golpes, que huyó de él y que le debe estar buscando para matarla; a unos metros su novio da con ellos, y se resiste a actuar por la presencia del oficial.

- Mira, mamita, ¿sabes qué? Si tu novio te pega es por algo; él no está loco, seguramente que te has hecho la perra y te has encabritado; ¿Es él, verdad?- pregunta señalándole con un dedo. Voltea hacia la dirección que apunta- Oye, hermano, no pasa nada, ven y llévatela nomás, que me está que jode la muy pendeja.

La mujer se arrodilla y el suplica. Él la empuja hacia atrás con una leve patada. Ya para eso su novio la tiene entre sus brazos, la ase con fuerza; a unos metros, desde donde el policía no alcanza a ver, le mete un puñetazo.

Sueño perfecto

No daba tregua la confusión de mi mente; los pasos por aquel pabellón se volvían cada vez más imprecisos. ¿Amistad? Eso no vale ni el nombre. Todo se remontaba a una hora antes, en la parte superior del edificio, una pequeña recepción para demasiadas personas, y el viejo Logwil siempre equivocándose con la gente que asiste a las fiestas. Era una de reencuentro de los viejos compañeros de clase de... Pasados casi 20 años ahí estábamos de nuevo, pero no sé si de verdad estábamos los mismos: todos estábamos tan cambiados (Considero ahora que tiene algo de verdad eso de la renovación corporal cada siete años.); los matadores eran tipos patéticos, flacos y con manchas en la piel, seguramente por el tabaco, era un grupo pequeño, los pocos que habían sobrevivido, mejor que no lo hubieran hecho, hoy más que nunca se veían miserables. Las mujeres, como siempre, pavoneándose de un lado al otro, algunas, no las que fueron mamás, o sea verdaderas mamás. No alcanzo a comprender el porqué muchas no se ufanan de eso como un logro en la vida, ¿punto al feminismo? Señoras sonrientes, logradas para la fotografía, solamente. Los viejos compañeros, los viejos amigos. Maldita amistad.

De todos me emocionaba ver a Ringo, el muy idiota... Tantos años y aún le llamábamos así, la mayoría ignorando su nombre de verdad. Nos encontró apenas llegamos a la fiesta; una llamada en el hombro, nada más. Luego los abrazos, las presentaciones, las preguntas espontáneas que jamás se contestan. Fue ahí cuando noté el silencio desafortunado de él ante mi esposa. Mi bella esposa, la pequeña Conny, como le nombraron, compañera nuestra, guapa en sus buenos años, tan querida que me da pena hablar de ella. Él dudó en darle la mano, pero a pesar de todo insistió. Tuvo una incomodidad notoria al tocarla, luego al no liberar la mano. Aludió a un burdo mareo y se alejó; yo creo que ahí comenzó la caza. Fue a seguirlo, lo alcancé, le pedí explicación. "Habla, pero no mientas", le dije. No sé qué me dijo o si me mintió. Habló de una chica que según entendí era ella, que tuvieron una relación extraña, que él no la olvidó, que en realidad los sentimientos se habían dormido y, tantos años después, despertaban. Habló de matarme si insistía, de hacerlo él, de hacérselo a ella; creo que amenazó en confidencialidad a todas las personas de la fiesta. Quiso pasar y yo lo detuve, le expliqué que no le había entendido nada. Sacó un líquido de su chaqueta y me tiró en la cara: una mezcla misteriosa de amoniaco o algo parecido; de inmediato me di contra las gradas.

Horas después desperté. Fui a la fiesta, no había ni un alma. Llamé a mi mujer, no contestaba... Amistad y amor, vaya tonterías.

Dioses

Si vamos a morir
moramos como dioses,
puestos en la cumbre sobre el solio
ardiendo por la luz, la flama, los deseos.
Risueño será nuestro deseo,
poderosa nuestra iniquidad que desampara.
No dudemos, que dudar es sólo muerte
y la sombra a veces no acompaña;
los niños no serán niños cuando crezcan,
sino son carne muerta en la batalla
donde algazara enemiga sufre retroceso.
Poco valen las enormes ciudades fenecidas
cuando el horizonte de Dios es nuestro:
esperemos morir más veces nosotros.
Los espejos arderán nuestra presencia.
No será tutelada el alba tranquila.
Empero, abrir y cortar cabezas
en nombre de nuestra gloria escrita.
Tocas una mano y no será la suya;
olvida del amor la leche tibia:
ahora el cetro y el poder manda,
y tú obedeces, es el precio de las cosas.
Nadie necesita un clavel sobre el mundo
porque, ¡la tierra es un planeta de claveles!
Arriba el estupor te aferra al sueño:
sientes viajar, volver atrás de nuevo...
No se desdicen los pasos recorridos;
tú no perteneces a esta mala mitad,
tú eres un Dios, un solio, un insolente.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Palomitas de maíz

Palomas que se quejan en la boca
degolladas por los molares y otras muelas.
Tal vez la tristeza venga desde adentro,
junto con el eructo de la tibia cerveza.
Nadie encontró ese video publicado
del cual hablaban cosas burdas y obscenas;
a veces mencionaron nuestros nombres,
a mí me juntaron con polvo fantasmagórico,
a ti te pusieron como una inconforme,
todo en ese hotel de pocas estrellas...
Yo nunca fui atrapado en la película.
Mi vida estuvo tras los escenarios,
siempre olvidando la palabra exacta:
perdón porque nunca haga poesía
o porque deteste hablar mal de los demás,
también por hacerme el inservible
cuando miro al suelo por las piedras redondas.
No te culpo por no ser una mujer verdadera,
de esas que vomitan en los taxis,
donde hacen el amor y no se acuerdan...
La verdad es que yo no soy sincero:
a mí todo el mundo me parece un desastre
que se desquita por sospecharse inmundo;
no creo en los amigos que te abrazan
para durar junto a ti otros 5 minutos.
No creo en el amor de los padres
que te usan como un chantaje o un trofeo,
y tampoco creo en el tiempo...
En el que dos personas se aman...No, no creo.
Algunas veces fui tan malo como todos,
¿Por qué ya no me acuerdo?
¿Es eterna la incertidumbre sobre la vida?
Son una poquedad de alma los versos.
Los míos se disecan como lagartijas;
y al final no entiendo, no lo entiendo:
el amor, el alma, la belleza, la vida.

Improvisados

A la mitad de la mañana un loco con harto atrezo y donaire se posicionaba en la plazuela Los Descansos, provisto de mucha magia inútil y nada de descaro. Al verlo actuar algunos llamaron a sus amos, perdón, jefes, para avisarles de una posible plaga contra el bien del local y de la mentada clientela. Su aspecto adánico preocupaba, más aún en un lugar que fue y es poco donoso con las partes flacas y humildes del ser humano, en una sociedad tan cucufata, que hasta los chicos tienen miedo de que les crezca pelos en las manos. En fin, el tipo representaba una mezcolanza de Hamlet con toques de La casa de Bernalda Alba (En la que hacía de todas las hermanas a destiempo.)y con ciertas acciones de Esperando a Godot; y la verdad era que daba carcajada del ridículo para verlo, algunos mozos y comensales habían girado de sus mesas por el agrado de observar y reírse involuntariamente, cosa que algunos religiosos no aprueban. Pronto uno de los dueños trajo del brazo, como un niño ayudado por su madre a recorrer las calles caóticas, a un guardia que en ese momento dejaba su almuerzo para volver por un instante al trabajo. Le ordenó que si no lo sacaba el que se iba, posiblemente, sería él. Con tal orden no dudo en ir para imponerse, grande fue su sorpresa al ver que estaba enredado en el hilo de araña invisible de la obra, y que en ese momento representaba a Bernalda. La cosa causó hechos encontrados: la aprobación unánime de los hambrientos con buenos bolsillos y la cólera del señor que era su jefe y que le hacía señas desde donde estaba de degollarlo. Al verse reducido a un mal día de trabajo atinó solamente a quitarse la gorra con visera negra para darle sus respetos al público: algunas copas aprobaron la oferta. Y al final fue la madre de todas las alegrías aquella dupla que no se diferenciaba en ningún aspecto.

martes, 25 de noviembre de 2008

La firma

- Disculpe, su lapicero no pinta...
- ¡Y usted cómo es que lo sabe!- grita, confundiendo las cosas.
- No, ¿de qué habla? Yo hablo de éste, no ve que no pinta, no le puedo firmar nada, y si no le firmo no le entrego ningún paquete, de paso que me tiene aquí hasta la otra mañana.
- Buscaré otro...- se anima a decir.

Luego de su salida, de la puerta que da al salón, asoma una mujer con bata, con el cabello hecho una pelusa, tiene la cara bárbara.

- Hey, venga, ¿sabe por qué gritó? ¿Lo sabe? ¡Porque no le funciona el lapicero! ¡Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja!

Al instante regresa el marido, alertado por el grito de su mujer.

- ¡Qué haces, loca maldita! No eres quién para hablar de nuestros problemas...
- ¿No lo soy? Si te mueres por cogértela a ella; por algo me puse detrás de la puerta ¡para verte babear cada vez que se curva...!

El tipo le tira el bolígrafo:

- Vieja del demonio.

La otra se va, carcajeando. Cuando se anima a voltear para ver a la chica, que se ha ganado con todo el mal rato, descubre que ésta se ha marchado. A un lado de la puerta los paquetes, además de unas formas sin firmar.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ser como el lenguado

Para ser como la arena
no tengo que irme a una playa
con la intención de poner a un lado
de mi cara
mis dos ojos,
mis dos agujeros negros de la cara,
la boca que desea siempre echarse...
¿Dónde podré colocar mi otra oreja?

La belleza no importa cuando escondes;
la mayoría de secretos son belleza,
eso es dado porque fallan los que piensan
que las cosas que guardamos las guardamos:
¡Siempre están ahí, siempre regresan!
Sin notarlo las llevamos en la camisa,
no como una palada de lenguado...
Aquí realmente están cerca los límites
de nuestros miedos;
acá todos nos miran, aunque gente como yo
hace mucho se haya vuelto un sueño.

La misiva...

Estimado señor:

Cascos oblongos se proyectaban a sus espaldas desde la parte de metal pulimentada que se acoplaba a sus viscosos cuellos; largos y con fragmentos, tal vez esquirlas de acero en el tórax y en el dorso, con extremidades reptilianas que los hacen superiores en todas las pruebas físicas comparadas con el alcance humano. Posibilidades que derrotarla: prácticamente ninguna, son muy veloces e inteligentes, pero su fuerza está basada en la lucha frontal. Actualmente el laboratorio está realizando pruebas con organismos parasitantes (Virus, bacterias y algunos organismos nanotecnológicos que funcionan en base a nocivos químicos.), en todas ellas hemos tenido escasos resultado; lo cual deja muy en claro la necesidad de contribuir al estudio exhaustivo del ente alienígena, caso contrario nos veremos en grandes posibilidades de ser aniquilados por una raza notoriamente superior. Cabe recordar que la llegada a la tierra de este ser no fue un hecho aislado, y que todo indica que fue enviado a la tierra en señal de reconocimiento; por los años que las pruebas nos muestran, hace millones de años.

Sírvase a considerar un poco esto antes de pretender eliminar el programa de investigación.


Atentamente, Taiki Yuya, jefe del proyecto EVO

domingo, 23 de noviembre de 2008

La historia del monje, el leñador y el árbol

En cierta ocasión un leñador de Poor River contó, luego de una docena de jarras de cerveza, esa buscada razón por la no había vuelto más al bosque de piedra (Rock Tree.); lo que dijo fue lo siguiente:

"Todos son unos idiotas, cobardes, no saben lo que pasa ahí porque regresan temprano a casa, ¡snif!, pero hacen bien, es mejor estar ahí que en ese condenado bosque. Yo me quedé una vez, lo hice en el día que hubo más luz del año... Por la luz pensé que podía quedar a talar un rato, eso pensé por los inmensos robles que encontré doblando con una pedregosa colina. Estaba por el segundo árbol cuando vi- o me pareció ver- a una persona a un lado de mi carreta; al principio era un tipo de traje amarillo, suelto, pensé en una manta, algún idiota que no se entera que el alma tiene color blanco. Luego seguí, y antes de acabar lo vi a mi lado, a unos metros de mí: no era una manta, era un sayo, uno blanco que no sé por qué vi amarillo; ¡Y yo me orino en tu abuela, imbécil! Sí, sí, déjenme acabar, así se enteran y no me siguen molestando con la misma pregunta; ya ahora me resulta difícil hablar, me da escalofríos... Yo me asusté tanto que lo primero fue atacarlo, meterle un hachazo en el cuello, y eso hice, ¡y sentí su cuello romperse, partirse al contacto con mi hacha! Pero de inmediato vi caer aquel traje, ¡sin cuerpo!, ¿Alguien ha visto a un espíritu que pueda morir? Sí, suena tonto, yo no lo entendí en ese momento, solamente supe que me tenía que ir de ahí, tal vez mi vida corría o corre peligro. Eso no lo sé, ¡ni lo quiero saber!"


Mientras eso pasaba en el los restos de aquel monje benedictino esperaban que al cortarse las enormes raíces blancas de aquel árbol alguien notase su esquelética figura.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Contento por ofrenda

Siempre estoy contento
con esta risa callada
sin necesidad de ruegos
de esa clase tan tonta
que te pide sin demora:
¡Por favor, sé triste luego!

Yo a mi tristeza la quiero
porque siempre me acompaña;
no hay jamás igual compaña
ni son vacíos los cerebros
a su lado, del que no celebro...

Ya sé que me come las vísceras
para apartarme de Dios y sus mujeres.
Sé que no viviré por su culpa;
tal vez será como el cordero
en el desierto que se sacrifica,
una ofrenda para algo que esputa
ante ella, sin mayor suerte...

Y ante todo esto unas palabras:
Yo a mi tristeza la quiero,
eso para quererla siempre.

"Hechar a andar la historia es el primer paso para iniciar la muerte", dice la portaba de un libro sin ilustraciones, de tapa dura forrada en tela azul, sin título, las letras están pintadas con algo que se parece a la sangre; no obstante, es poco probable que sea sangre; en caso contrario, no me extrañaría que el bibliotecario traiga un trozo de cabellera en el siguiente tomo. "Libros extraños", le dije, y no debe ser nada más extraño que este libro, algo similar me dijo él. Brevemente, me contó que lo había leído hace muchos años, siete días después de que se volvió ayudante del antiguo bibliotecario, estaba junto a la zona maldita de los libros de horror y de los libros extraños y de los libros que a nadie le gusta leer, probablemente porque muchos son buenos, por lo menos para alguien tan extraño como yo. Luego de que me los dio me fui a sentar a mi espacio reservado, que es una mesa con una pequeña lamparilla que ilumina lo necesario para poder leer a la sombra de los enormes muebles abarrotados de libro en la zona oeste de la biblioteca, ¿ya mencioné que es pública? Bueno, al abrir el libro me sorprendió hallar el inicio del exordio con las siguientes palabras:

"No cuestiones las razones de estas palabras, puesto que son el final, y al mismo tiempo, el principio del libro; tu única razón aquí es continuar leyendo, lo que hiciste ahora ya es inevitable. El hecho de que dejes de hacerlo no variará nada, salvo la posibilidad de poner en riesgo tu vida. '¿Qué es lo que he hecho?', tal vez te preguntes. La respuesta más simple y profunda se da en el modo presente: Matar..."

Lo demás era una serie de argumentos que no tenían nada que ver con la historia, sino más bien con las razones y dificultades de la historia, pasando por las épocas más famosas del crimen, sus inicios, los fundamentos de distintos pensadores desconocidos que abogaban por una justificación del asesinato, los mensajes soterrados de algunos escritores famosos, entre literatos y filósofos, sobre la misma razón, con la única diferencia de que ellos consideraban un ente, ya sea físico o mental, que regulara dicha acción. Lo demás es vano y manejable: se resume a que el interés por la sangre y el miedo de los lectores de esta clase de novelas son el componente ideal para desencadenar un crimen; unos puntos suspensivos dejan el razonamiento a la mitad.

La historia es prácticamente atemporal; habla, a lo mucho, de hombres y mujeres no tan felices ni tan miserables que viven en un lugar aceptable en una época no muy desgracia y así o asá. La historia de cordialidad desaparece a los párrafos de iniciarse la historia, eso por la llegada de un hombre con un sayo blanco y desgarrado, herido de muerte por lo que él afirma fue una divinidad revestida de lobo, cosa que muchos creen como verdad, ya que en aquellas tierras no existen los lobos. A través de él se enteran que un hombre ya ha muerto y que otro está en camino al mismo suceso, que el primero no es él y que el segundo será uno de ellos, no sabe quién, tal vez sí, pero ante la insistencia de uno se muere. Confundidos deciden enterrarlo; sin embargo, se enteran que una persona acaba de morir en la comarca: el cura, según malas voces, asesinado. Toda la historia transcurre en el seguimientos de aquellos simples -y hasta mediocres- humanos por el camino de la primera muerte y la del siguiente asesinato; a todo esto hay que señalar que algunas cosas son muy interesantes, especialmente el valor teológico que alcanza la novela y que es mencionado por palabras o expresiones tan simples que cualquiera terminaría asustado de sólo escucharlas. Mención aparte es la descripción de la que se presta el autor en su afán de introducirnos a la historia, la misma fiereza de alguien que, por dispuesto a demostrarnos algo, se aventurase a la más frondosa selva y trajera el objeto para ponerlo a unos centímetros de la cara. En cambio, algo de los demás tiene puntos flojos, mas queda la enorme duda de no haber comprendido de modo certero la escritura; no me gustó el opuesto de la grandiosa teología: el rastro miserable y humano de estos malos detectives, el cual siempre roza con un extremo patetismo, sea porque es un momento muy endulzado o porque se rebajan como las fieras a las acciones más ignominiosas que motiva la miseria. Dicho de otro modo, a veces se prestan a la figura de los ángeles, y las otras veces hacen lo mismo, pero con lo peor de los alados y de los caídos y de los intermedios, por no decir humanos. En fin, la historia transforma de manera radical a los testigos: el grupo es obligado a salir del pueblo por las personas que, asustadas, les acusan de ser parte de esto, ergo, potenciales asesinos de la traducción mística; pero al momento de salir ellos ya están tras un castillo levantado no hace mucho por orden de un judío encubierto de la corte real del rey de Francia, el que corresponde a esa época... Después de que consiguen entrar (Usan un método bajo: hacen que una de sus acompañantes se acueste con el mandamás.) averiguan que dicho señor ha tenido visiones extrañas sobre las referidas muertes, tanto que llegan a convencerse que es el asesino, y, en vista de las circunstancias, tratan de asesinarlo, cosa que no consiguen por la actuación de la mujer que se revolcó con él. La cosa es que al final ella es la que muere, pero lo hace después de que uno de ellos descubre un manuscrito del judío que estaba escondido detrás del brocal de un pozo (Hay que destacar la hidrofobia del personajes, aunque, al parecer, se trataba más un terror hacia los espacio cerrados.); esto llama gravemente la atención, debido a la poca probabilidad de que el judío haya escondido ese lugar (Hay que resaltar, además, que el hallazgo del testimonio tuvo que ver en mayor manera con los estragos divinos.) tan atemorizante para su persona. En dicho papel se expone la idea de que todo ha sido un movimiento místico, en el cual no hay intenciones humanas, sino, a lo mucho, meros instrumentos... Lo más curioso es que lleva a la resolución de todo el acertijo: habla del mismo libro que leo mientras apunto estas cosas, habla de mí, aunque lo hace de modo somero, además me informa que la historia está maldita y que algo similar a la historia tiene que ocurrir, todo por causa mía.

Cierro el libro, y de algún modo fascinante me sorprendo. Tal vez por la parte en la que afirma que el tiempo es un gran laberinto en el que se mezclan a la vez muchas historias que ocurren, de algún modo, en un mismo momento. Finalmente, todo resulta ser consecuencias mías. Habráse visto...

Torbellinos

Torbellino sobre el agua,
sobre la arena prístina,
sobre las nubes blancas,
también en vértebras humeantes,
en las salas de la memoria,
por el libro que no entiendes,
entre una palma y otra,
cuando el silencio vuelve,
al envidiar ajeno carisma,
al humildarse a la poesía,
al oscurecer los aires,
a la hora de las imprentas,
bajo la duda soterrada,
sobre la cegador confianza;

torbellinos, torbellinos
lamiento costillas y caras...

viernes, 21 de noviembre de 2008

Extinción

Por una escala de manos hombres fuertes, alpinistas y andinista, descienden al frente de diversas grutas que se proyectan en una montaña de 2000 metros en una de las islas desperdigadas en el Atlántico. Van junto a una bióloga especialista en aves rapaces y a unos cuantos birdwatches que se cruzaron o conocieron durante el camino del crucero que los iba a llevar a la isla habitada más cercana para poder pasar a la otra isla, la cual se alcanza desde dicha ubicación a casi medio día de camino. Habida cuenta de la labor importantísima que realizaban, estos viajeros lograron encontrar el nido de aquella ave, prima, tal vez eslabón perdido entre las águilas y los búhos, de las águilas americanas de cabeza blanca, y, dispuestos a hacer sobrevivir la especie, volver a diseminarla, se enfrascaron en el intento de arrebatar esos huevos y ponerlos a buen recaudo en una máquina que mantendría el calor ideal hasta llegar al laboratorio de Missouri. Al momento de estar tomando la temperatura nadie se percató que la madre de aquellos huevos sobrevolaba por sobre sus cabezas, silenciosa, cuidándose de darle una señal a su enemigo; ésta se lanzó sobre el alpinista que informaba a sus pares que lo esperaban en la parte alta, le atacó directamente al rostro, siendo un ojo la pérdida del primer ataque. Al ser víctimas de la ira materna, también conscientes del peligro que significaba, no quedó mejor opción, inmediata, que derribar al animal, y, con una buena puntería, eso pasó, perdiéndose en un instante todo rastro posible de aquella especie, considerando que los huevos del nido fueron soltados por el tuerto.

El espectáculo

- Hola, ¿qué hay?
- La cagada, mira- le dice, dándole espacio a su costado para que se acerque al monitor.
- ¿Qué es esa huevada?- pregunta luego de ver por un momento.
- ¿No ves que es un pata?
- ¿Y qué importa? ¿Para qué lo estás viendo?- le reclama.
- Es un perdedor que hace como una hora escribió en la página que se iba a matar, eso justamente porque era un triste perdedor; y aparte enlazó el lugar a su cámara, según él para que seamos testigos de su muerte.
- Anda, qué pendejo... ¿Y ya lo hizo?
- Pues, no sé... Creo que sí, a la hora que dijo se puso frente a la pantalla con un vaso de piña y unas tabletas, aunque esas parecían aspirinas; que yo sepa por tomar muchas aspirina no te matas... Después se echó: desde entonces no se ha movido.
- Debe ser una farsa. Puta madre, me revienta los tramposos. Hazte a un lado, le voy a putear sus verdades- la empuja y, para no caerse, se levanta, además se lo perdona.

De ahí le toma vicio a escribir frases obscenas y toda clase de estupideces; la consigna: colgarle su máquina. De eso pasa un tiempo, hasta que los insultos paran a secas: Un grupo de espectadores avisó a la policía del suceso, y ellos fueron hasta la casa del menor; al entrar fueron a su cuarto, forzaron la entrada, se acercaron a ver si estaba vivo, mientras los demás les observaban. Al constatar que estaba muerto hicieron una señal clara de que el tipo había actuado en serio. Todos se quedaron pasmados, y uno de los oficiales fue a desconectar la máquina.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Al otro lado del cristal

Como palomitas de maíz las ametrallas reventaban desde la posición más alta, la cual corresponde a la del campanario de la iglesia. Las tropas alemanas se perfilaban como las ganadoras por su mayoría y la superioridad de su armamento, además de que el que dirigía la invasión era un soldado que se perfilaba como uno de los mejores estrategas o combatientes de su unidad. Las tropas de defensa estaban colapsadas por las bombas de los bombarderos que sobre la ciudad se desplegaban, y cada vez que alguien moría otro que era sometido al fuego nazi tenía que trasladarse a su lugar, todo con el fin de no ceder aquel punto estratégico. Desde el suelo no se alcanzaba a ver con facilidad al francotirador, quien, milagrosamente, no había sido muerto cuando una bomba le explotó casi en la espalda. Una cantidad considerable de arios le prestaba más interés que la pelea, eso debido a la necesidad de eliminar el único brazo que mermaba en aquel lado del río; no por nada, según se había sabido hace unos días, era uno de los mejores francotiradores de la academia principal de su país.

- Oye, la cancha ya está lista, ¿le echo sal?
- No, mi amor, me siento gorda, si quieres ponle a la tuya y a mí me separas algo, ¿ya?

Eremita

No hay nada mejor que una vida sin sexo, y apuesten todo lo que quieran ante mí, no lograrán nada. Yo ha he sido parte de las gentes que se ufanan de ser felices con ello, pero ahora estoy del otro lado, del verdadero otro lado, que es inmune a las debilidades de la carne y al deseo; eso me hace estar listo para la ascensión. Por propensión no soy un idealista, sino al revés: Yo no niego la necesidad de mi cuerpo hacia la sangre, no lo hago, eso, con un propósito más amplio, me transportaría a otro nivel, pero, al mismo tiempo, me alejaría de uno, del que quiero. El alma es distinta a la piel, se alimenta de otros medios, eso lo sabemos todos, y se puede llegar a la exactitud de lograr entre las nubes metafísicas la tenue unión entre ambas, además, si alcanzar a hacer lo que hice yo, puedes romperla. Ya rota el alma no será libre, pero sí, de algún modo misterioso, divinizada, o tal vez sólo reorientada de manera más eficiente hacia la necesidad real. Aquí solamente queda un tormento: la sed de conocimiento. La esencia en nosotros padece de una larga hambruna, la mayoría de las pocas veces solamente aplacada por el resultado de pasadas experiencias, ecos de otras almas de similar envergadura que al final se superponen en una columna que tambalea y que la mayor parte de las veces colapsa por el contradictorio hecho de que nuestra prisión es, hasta un punto considerable, efímera. Empero, diseñar y construir esa enorme columna (Que en el mejor de los casos es una pilastra.) trae a la mente la imagen de un adicto o un emprededor, todas las veces con el resultado falsamente fructífero. Por tanto, lejos de ser un apoyo, el conocimiento se hace una carga, pero, por favor, no una carga que debemos dejar. Je,je. Probablemente, si no lleváramos esa carga en nuestros hombros, seríamos lo más similar a enormes rocas sin uso ni propósito. A lo refiero es al hecho de que cada ser inteligente tiene su final, su límite, algo contradictorio a lo infinito, que es la continuidad. Si hacemos caso de un texto escrito en el XIV podremos vislumbrar que luego de nosotros sigue la nada y el todo, el principio y el final, tal vez el cubo y el círculo. Después, ni el sexo ni el no sexo valdrán. Hasta entonces, cada quien sepa elegir su camino.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

A gatas

Andaba a gatas por el ducto de ventilación de una de las tantas oficinas secretas del gobierno. Esta vez su misión era sabotear un remedio que posiblemente acabaría con todos los tipos posibles de cáncer; su realizador era un idealista que renegaba de las poco éticas costumbres de los laboratorios multinacionales, y que había sentido la presión al ver que el hecho de negarse a vender o a enterrar su fórmula era lo más importante para aquellas empresas. Un alto funcionario del gobierno lo mantenía bajo su protección y su cuidado, todo en secreto, siempre pensando en el beneficio de la calma antes de la tormenta para los interesados. Justamente, estos no se iban a quedar a mirar, por lo que hicieron y deshicieron sus acciones para averiguar la posición del blanco. Y eso era todo su trabajo, casi todo. Desde la rejilla del ducto durmió a los que vigilaban aquel cuarto, a partir de ahí quedaban cinco minutos. Bajó por una cuerda, usó un pequeño aparato de pulso electromagnético para quemar las computadoras del sistema, y solamente le quedaba encargarse del genio, quien justamente se aproximaba a su laboratorio sin enterarse de nada. Dio vuelta a la perilla y entró, al levantar la mirada recibió un disparo fulminante. Le quedaba tiempo para volver con calma, así que entró al ducto y se regresó, siempre a gatas.

Ser en un momento

No vale voltear al muro
cuando inmole mis palabras
y saque de ti el llanto
acompañado de murmullos
en donde te desgranas
en perdón y en canto.
No seremos como el mudo
al que le dicen que ama
porque ve mientras tanto
que su corazón es crudo
para esconder su labia
y contestar "yo demasiado".

Jalaré...

Llevado de su mano yo jalaré al mundo,
y así no quiera, caminará...
Ninguna voz será suficiente rumbo:
quiero contigo chocar en el final.
Nuestra muerte será un camino propio.
Nadie tomará eso como un oprobio,
aunque nuestros pedazos los elevarán
al millar de piezas que reunidas
nace en una pieza distinta de un cubo.

martes, 18 de noviembre de 2008

El truco de las llamadas

En medio de las luces el mago tiene su sombrero de copa (Que, por cierto, saca de otro sombrero, uno de charro.). Se mueve de un lado al otro con insistencia; el público nota que se está exagerando, pero no hay problema, su representante le dice que todo está correcto, continúa nomás. Entonces mete la mano y saca un teléfono, un celular antiguo que es una reliquia. El público no se queda asombrado: unos cuantos hacen ¡boo! y se paran para reclamar su dinero. De todos los que se levantan los que tiene celular se detienen a contestarlo, a parar esa alarma insoportable que es la suma de muchas personas llamando. Contestan casi parejos: nada; hasta que la voz del mago, que sonríe desde las tablas, les pregunta pícaramente el porqué de pararse de sus asientos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Defenestrados

Eran las nueve de la mañana, pero todos no tenían el suficiente café, siempre comparando con el jefe, que acababa de salir de la fila de los desesperados que querían conversar con los dueños; oh, y cuando aquellos querían conversar uno tenía que resignarse ante tamaños terrores, salir con algo menos de alma de esa habitación oculta tras inalterables persianas y vociferar que hay junta, ¡al instante!

Los periodistas de saco y corbata, de vestido sobrio y bien puesto, en fila, algo parecido a las escenas que se dan en los fueros militares, pero sin tanta rigidez, obediencia, y con más miedo. El jefe da pasos apurados, echa humo y se traga el juego, quema su maltratado esófago. Pregunta, mientras guarda la compostura lo mejor que puede, los otros contestan, tratando de restar su miedo. El jefe interrumpe, empieza a hablar, luego a autorcensurarse, luego a recriminar, posteriormente insulta a los presentes, daña la honra de las mujeres, pone en duda la preferencia sexual de los machos; eso sí, a todos llama incompetentes. Uno de ellos, que se cree la gran cosa divina, le reclama: gran error; este pigmeo con un cajón como espalda lo coge de los huevos, los aprieta y lo lanza al costado de su escritorio. Rápidamente, le da unas bofetadas; y es tan intenso su odio que lo coge del cuello y lo arroja a la ventana, luego de eso muerto y despedido. Los otros se aterran porque entienden que está en juego sus vidas; se crea en ese momento una pequeña turbamulta en la oficina del jefe de redacción, quien toma en ese instante a una de las chicas y la tira de espaldas a la ventana que da al frente del edificio en el noveno piso. Algunos de los reporteros se defienden con improvisadas defensas: usan sillas, floreros, premios que
el otrora cuerdo periodista exhibía. Ninguno funcionó, pues, por cosas raras del destino, el hombre era menos hombre y más máquina asesina a lo Terminator.

De todo eso casi todos los presentes murieron; los de afuera, unos cuantos; la chica que sobrevivió pasó el resto de su vida con malas relaciones, en las que estaban incluidas sus loqueros. Al jefe de redacción lo fulminaron de catorce balas.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Espejo

Espero...Y amenazarme no merece
una confrontación con aquel cero
que imita mis ojos, mi boca sedienta,
que hace de mí otro en sus entrañas.
La pena entra por la sangre de la cabra;
sólo así en el campo libre y ligero,
al lado de la madre que enternece
con ese beso que degüella la cabeza.
Ese blanco que lo ocupa ante mi ojos
mi rostro por mi rostro de testigo:
a un lado el inocente y el asesino;
izquierda o derecha, frente o espalda,
daño al tiempo que cruzan los caminos.
Ese saludo que arma mis tormentos
a través de la locura del ojo frío
que ve entre la desesperanza un juego
para enternecer a los pesados niños.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El extraño problema cotidiano

Cuando todavía es tarde y cada uno está en cuarto, toca la puerta cinco veces con una llave de débil metal. Nadie dice nada; el que está junto a la puerta principal, metido en sus cosas dentro de la sala principal, mira con desgano mientras se levanta. Una pérdida de tiempo más. Nadie dice nada, por si acaso. Pregunta antes de abrir sobre quién llama; la persona al otro lado le responde. Un momento, por favor. No dice nada, pero, antes de que diga algo, alguien le llama: "¿Ya llegó?". "Sí, ven, ve tú lo que pasa, no es mi problema". De repente empiezan a hablar todos: el hombre de cara floja y quemada entra pidiendo respetos. El chico vuelve a su mundo dentro de la sala.

Mi hermano no sabe de modales; para nada, y por eso le dice sin tapujos que el problema es el gas que llega hasta la cara al encenderlo. Una tía que acaba de aparecer le indica, además, que el problema debe ser de la cocina. El señor revisa ambas cosas, mientras los otros se comentan sobre el temor que tienen sobre que explote la casa o sea un daño irredimible para los bolsillos. Todos los de la casa, milagrosamente, han bajado y están en la cocina, incluso el otrora patriarca del hogar, ya viejo y con Parkinson, explotado por poco hombre y por un sentido falso de cortesía. Él enciende y apaga las hornillas, una tía sugiere por lo bajo que alguien ocupe su trabajo, ya que da cierta vergüenza ajena... En fin, el hombre ya sabe lo que sospecha. Va a su unidad motorizada y trae un nuevo galón, moradito y rechoncho con orejeras cuadradas; conecta la manguerita y listo, voila, el fuego que antes significo inteligencia ahora es un mero soporte de estúpidas familias en pos de una lamentable existencia.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Al fuego vuelan y en el fuego mueren

Es tan hermosa, tan romana, su nariz respingada y sus pómulos rosas, su cabello que a la poca luz es blanco y con la luna es plata. Tantas veces mencionar la luna, ¡bello mundo este fuera si para ser feliz no se necesitara la luna! Pero el esbelto conde lo sabe, oh, sí... Ser repudiado por hermoso y destructivo, buscado por lo mismo que con otro no encaja, y la belleza, tan normal como siempre, resplendente a medida que se abraza al fuego de la pasión, de los aullidos.

El es glorioso el pecado. Los sabios lo supieron al negarlo: su fuerza para lluvias o ríos, batallas o matrimonios. Es pecado ir contra la naturaleza del ser humano, poner las partes pudendas en las con fines claramente disímiles. El jugo del alma se voltea en el estómago, afluye con fuerza hasta la virilidad que la enrumba al exterior, a los labios abultados que se sienten como dos pedazos muy bien cortados de fuego. La luna todavía está ausente por unos grandes nubarrones que provienen del Oeste. Sus pequeños ojos cerrados ante el amoroso ataque de la masculinidad que escurre en su parte más débil y acusa por su cara; sus pequeños ojos de caramelo apenas mojados por las gotas más semejantes al agua. La mirada profunda que tiene ella, en cuanto abismo infinito, conduce al final del promontorio por el que los amantes ahora, con palabras o gestos torpes, tienen que arrojarse o desvanecerse para no divinizar su amor, porque, ¡ay del amor trágico y divino! Su mano le unta o le orna la nata de sus entrañas en los pómulos y carrillos del rostro, la dirige hasta su boca, donde ella la recoge con una lengua rosada que luego le lame su dedo, le besa las piernas, le ama.

Es el instante cuando la luna aparece en su ingente expresión y las condiciones son aptas. El hombre desnudo se aleja para sufrir la incómoda transformación: sus extremidades se agrandan, su piel deja a descubierto todos sus pelos marrones, su cara rompe su belleza para transfigurarla en un morro horrendo, su tamaño se duplica; el rostro de horror de ella es insuperable.

El licántropo ha torturado a su presa, también le ha amado en todos los alturados momentos, desde que entraron a aquel cuarto: la despedazó sin embargarse, sin miedo al que pueda denunciar si en un día igual hermoso a ese la recuerda entre las flores que crecen en forma de campana. Total, ella, si delicioso bocado, no es la última ni será la primera.